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Portada de la novela Heredero de la Luna

Heredero de la Luna

La frágil paz entre humanos y licántropos se desmorona tras un crimen atroz. Ethan Varela, un detective con un pasado oscuro, asume el caso para capturar a un ejecutor sobrenatural. En su indagación, descubre que está ligado a un legado ancestral que exige su retorno. Con el estallido de una guerra entre manadas y la luna llena acechando, Ethan se debate entre su juramento profesional y la poderosa bestia que lucha por despertar en su interior.
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Capítulo 3

Ethan permaneció arrodillado en el suelo, con el corazón martillándole el pecho y un ardor incontrolable recorriendo sus venas. Nunca había sentido algo así. Era como si su propio cuerpo estuviera en guerra consigo mismo, como si algo enterrado en lo más profundo de su ser estuviera tratando de emerger.

Jadeó y apretó los puños contra el asfalto, sintiendo el sudor correr por su frente. La noche estaba helada, pero su piel ardía.

El tipo de los ojos amarillos se había ido, pero su voz todavía resonaba en su cabeza.

"Estás despertando."

Ethan cerró los ojos con fuerza, tratando de controlar el temblor en sus manos. Lo que acababa de pasar no era normal. Había apartado a ese hombre con una fuerza que no debería tener. Lo había lanzado como si no pesara nada.

¿Era posible que...?

Sacudió la cabeza. No. No podía estar pasando.

Se puso de pie tambaleante y miró a su alrededor. La calle seguía vacía. No había testigos. Ni siquiera un maldito sonido.

El arma seguía en el suelo, a unos metros de él. La recogió y se la guardó en la chaqueta antes de subir a su auto.

Necesitaba respuestas.

Y solo había una persona que podría dárselas.

◆◆◆

Treinta minutos después, Ethan aparcaba frente a una casa vieja en las afueras de la ciudad. Era una cabaña descuidada, con las luces apagadas y el jardín cubierto de maleza.

Bajó del auto y caminó hasta la puerta, golpeándola con fuerza.

Pasaron varios segundos antes de que oyera movimiento dentro. Finalmente, la puerta se abrió un poco y un rostro envejecido apareció entre las sombras.

-Ethan Varela... -la voz del anciano era ronca, como si no hablara a menudo-. Nunca pensé que volverías aquí.

-Tampoco yo, León -Ethan suspiró-. Pero necesito respuestas.

León lo observó con ojos cansados y luego abrió la puerta por completo, dejándolo entrar.

◆◆◆

El interior de la cabaña estaba atestado de libros viejos, frascos con sustancias extrañas y velas consumidas. Un olor a madera quemada y tabaco impregnaba el aire.

Ethan se dejó caer en una silla y apoyó los codos en sus rodillas, sintiendo el agotamiento caer sobre él.

-Dime la verdad, León. Ya no quiero más mentiras.

El anciano tomó asiento frente a él y encendió una pipa con calma.

-¿Sobre qué?

Ethan levantó la mirada, sus ojos oscuros llenos de ira.

-Sobre lo que soy.

León no respondió de inmediato. Solo lo miró, como si estuviera evaluándolo.

-Así que ya lo sentiste -murmuró al final-. No podías escapar de ello para siempre.

Ethan apretó la mandíbula.

-¿Desde cuándo lo sabías?

-Desde que eras un niño -respondió León, dando una calada a su pipa-. Pero no era mi lugar decírtelo.

Ethan sintió su furia crecer.

-Mi abuelo... él lo sabía, ¿verdad?

León asintió lentamente.

-Sí. Y por eso trató de mantenerte alejado de todo esto. Pero la sangre siempre encuentra su camino.

Ethan se recargó en la silla y pasó una mano por su rostro. Todo encajaba.

Los secretos. Las advertencias de su abuelo. El colgante de plata.

Siempre había sido parte de esto.

León lo miró con seriedad.

-Dime, Ethan... ¿qué viste esta noche?

Ethan cerró los ojos por un momento antes de responder.

-Hombres con ojos amarillos. Me atacaron. Y yo... -se detuvo, sintiendo el escalofrío recorrerle la piel-. Hice algo que no puedo explicar.

León asintió lentamente.

-Entonces es oficial. Ya no hay marcha atrás.

Ethan lo miró fijamente.

-Dime la verdad, León. ¿Qué soy?

El anciano tomó aire y lo soltó lentamente.

-Eres un hijo de la luna, Ethan. Un lobo que ha estado dormido demasiado tiempo.

Ethan sintió su estómago hundirse.

-Eso no es posible... -susurró.

-Tu linaje siempre lo fue -León se inclinó hacia él-. No puedes negar lo que eres.

Ethan se levantó de golpe, sintiendo que el aire se volvía más pesado.

-No... no, yo no soy uno de ellos. Yo no...

León no apartó la vista.

-Lo sientes en tu sangre, ¿no? La fuerza, la rabia, el fuego que arde dentro de ti.

Ethan tembló.

Lo sentía.

Lo había sentido toda su vida, pero lo había ignorado.

León suspiró y se levantó lentamente.

-La pregunta no es qué eres, Ethan. La verdadera pregunta es... ¿qué vas a hacer con ello?

Ethan no tenía respuesta.

Pero sabía que no podía seguir huyendo.

El silencio dentro de la cabaña era sofocante. La revelación de León seguía retumbando en la cabeza de Ethan como un eco imposible de ignorar.

"Hijo de la luna."

Ethan se dejó caer en la silla de nuevo, frotándose el rostro con ambas manos. Su mente se negaba a aceptarlo, pero su cuerpo… su cuerpo lo sabía. Esa fuerza inhumana que había sentido en el callejón, el ardor en su sangre, la agudeza de sus sentidos. Nada de eso era normal.

León lo observaba con paciencia, dándole tiempo para procesarlo.

—No soy un monstruo —murmuró Ethan, casi para sí mismo.

León soltó una risa baja y seca.

—¿Monstruo? ¿Eso crees que eres?

Ethan levantó la vista, su mandíbula tensa.

—Las historias no mienten. Hombres que se convierten en bestias. Que matan bajo la luna llena. Que pierden el control y destruyen todo a su paso.

León negó con la cabeza.

—Las historias solo muestran lo que los humanos temen. No somos esclavos de la luna, Ethan. No somos bestias sin mente. Somos mucho más que eso.

Ethan no respondió. No sabía qué decir.

—Escúchame bien, chico —continuó León, inclinándose hacia él—. Tu sangre es especial. No eres un simple licántropo. Llevas el linaje de un alfa en tus venas.

Ethan frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

León suspiró y tomó su pipa de nuevo.

—Significa que no eres un lobo cualquiera. Eres descendiente de una línea poderosa, de aquellos que dominaban la noche mucho antes de que los humanos construyeran sus ciudades.

Ethan sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Eso no cambia nada —dijo con dureza—. No quiero ser parte de esto.

León sonrió con tristeza.

—No puedes escapar de lo que eres, Ethan. Ya comenzaste a cambiar. Y si no aprendes a controlarlo, lo que temes se hará realidad.

Ethan apretó los puños.

—No voy a perder el control.

—¿Estás seguro? —León lo miró con seriedad—. Porque la primera transformación no es algo que puedas evitar.

Ethan sintió que su estómago se hundía.

—¿Cuándo…?

—Pronto —respondió León—. Muy pronto.

Un silencio pesado cayó entre ellos.

Finalmente, Ethan se puso de pie.

—Necesito tiempo.

León asintió.

—Tómate la noche. Pero regresa antes de la próxima luna llena. Si no lo haces… —sus ojos brillaron con un tono amarillo intenso—. Puede que no sobrevivas.

Ethan no respondió. Solo giró sobre sus talones y salió de la cabaña.

La brisa nocturna golpeó su rostro, despejando ligeramente su mente. Se apoyó en el capó de su auto y respiró hondo.

Su vida había cambiado en una sola noche.

Y no había vuelta atrás.

◆◆◆

Ethan condujo sin rumbo fijo por las calles de la ciudad, tratando de calmar su mente. Pero sus sentidos estaban alerta. Podía oír más de lo que antes oía, ver más de lo que antes veía. La noche nunca le había parecido tan viva.

Finalmente, estacionó frente a un viejo bar en la zona industrial. Necesitaba un trago. Algo que lo hiciera olvidar, aunque fuera por un rato.

Entró al lugar y se dirigió a la barra. El ambiente olía a cigarro y alcohol barato. La música sonaba baja, y el lugar estaba medio vacío.

Pidió un whisky doble y se lo bebió de un solo trago.

—Esa fue una entrada dramática.

Ethan giró la cabeza y vio a una mujer sentada a su lado. Era alta, con el cabello negro atado en una trenza y ojos oscuros como la noche. Su presencia era intensa, y su voz tenía un tono burlón.

—¿Nos conocemos? —preguntó Ethan con cautela.

Ella sonrió.

—Aún no. Pero sabía que te encontraría.

Ethan se tensó.

—¿Quién eres?

La mujer inclinó la cabeza.

—Me llamo Selene. Y sé lo que eres.

El pulso de Ethan se aceleró.

—No sé de qué hablas.

Selene rió suavemente.

—Vamos, no juegues conmigo. Tu olor lo dice todo. Estás despertando.

Ethan sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Eres como yo?

Selene sostuvo su mirada por un momento antes de asentir.

—Sí. Y créeme, Varela… estás en peligro.

Ethan frunció el ceño.

—¿Por qué?

Selene miró a su alrededor antes de acercarse a él.

—Porque tu sangre vale más de lo que imaginas. Y hay quienes harán lo que sea por tenerla.

Ethan sintió un nudo en el estómago.

—¿Quiénes?

Selene suspiró.

—Los clanes. Y si no te preparas, no vivirás lo suficiente para conocerlos.

Ethan sintió la furia y el miedo mezclarse en su interior.

Su mundo había cambiado.

Y la cacería apenas comenzaba.

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