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Portada de la novela Un multimillonario descorazonado: nunca debió haberla dejado ir

Un multimillonario descorazonado: nunca debió haberla dejado ir

Brandon amaba profundamente a Camila, pero la agonía de un viejo amor lo llevó a tomar una decisión fatal. Al exigirle el divorcio bajo la promesa de que sería algo momentáneo, rompió el corazón de su esposa. Camila, herida por su traición, decidió marcharse para siempre tras interrumpir su embarazo en secreto. Ahora, sumido en un dolor insoportable, Brandon la persigue buscando perdón, pero ella ya no está dispuesta a permitir que él regrese a su vida.
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Capítulo 2

Al día siguiente, Brandon esperaba en su Maybach, aparcado frente al Juzgado, mientras tamborileaba con los dedos de la mano izquierda sobre el volante.

"Brandon, Camila y tú llevan un año casados. ¿No crees que es hora de empezar a planear tener un bebé?". Una voz de mujer mayor se oyó a través del altavoz del móvil.

El rostro de Brandon se suavizó, aunque con un deje de frustración, pero su paciencia no flaqueó.

"Abuela, aún somos jóvenes. No hay prisa. Tú y el abuelo deberían centrarse en cuidarse. Él...".

"¿Cómo que no hay prisa?", replicó su abuela, molesta. "Puede que la salud de tu abuelo haya mejorado, pero nosotros ya no somos unos niños. No sabemos cuánto tiempo nos queda".

"Abuela...".

"¡No me vengas con cuentos! He oído cosas, Brandon. Pase lo que pase, sé bueno con Camila".

Se hizo el silencio en la línea durante unos segundos.

"Brandon, ¿me oíste?", preguntó la anciana.

Él se frotó la frente con frustración. "Entendido, abuela".

Intercambiaron unas palabras más antes de que él colgara.

Brandon volvió a tamborilear sobre el volante con los dedos, esta vez más despacio, más distraído.

Miró a través del parabrisas hacia el Juzgado y apretó la mandíbula. Luego, abrió la aplicación de mensajería del móvil.

Su pulgar se detuvo sobre una foto de perfil conocida: una sencilla imagen floral con el nombre "Mi amor". La ignoró y abrió el chat con Camila.

El último mensaje que le había enviado se limitaba a recordarle la hora y el lugar para el divorcio.

Ella todavía no había llegado.

Con el ceño fruncido, Brandon envió un nuevo mensaje. "¿Dónde estás?".

Casi al instante, sonaron unos golpes en la ventanilla. Se volvió y vio a Camila de pie junto al coche, con el rostro algo pálido.

Ella abrió la puerta, se deslizó en el asiento del copiloto y lo miró con indiferencia.

Él no se había cambiado la ropa del día anterior, la misma que ella le había elegido.

A lo largo de los años, siempre había sido ella quien elegía sus corbatas y su colonia; quien se encargaba de cada detalle, desde el ajuste de sus camisas a medida hasta el corte de sus trajes.

"¿Por qué llegas tarde?", preguntó Brandon.

Camila apartó la vista.

"No llego tarde", dijo en voz baja.

Simplemente, ya no era la chica que siempre llegaba temprano y lo esperaba sin dudarlo.

Los dedos de Brandon dejaron de tamborilear sobre el volante. Y entrecerró los ojos mientras la estudiaba.

Camila parecía un poco pálida, quizá por una noche de insomnio después de que él le hablara del divorcio la noche anterior.

Aun así, tenía buen aspecto.

"Mi abuela llamó antes", murmuró Brandon, apartando la vista. "No les digas nada sobre el divorcio. Son ya muy mayores para un disgusto así".

Camila no respondió de inmediato. En lugar de eso, preguntó: "¿Qué te dijo tu abuela?".

"Quiere que tengamos un bebé", dijo Brandon directamente, con un destello de irritación en la voz.

El silencio llenó el coche.

Al cabo de un rato, Camila soltó una risita ahogada.

Brandon apretó el puño y volvió el rostro hacia la ventanilla.

Hubo momentos en los que había imaginado cómo sería su hijo.

Recordó una vez que la había abrazado por la espalda, posando una mano con suavidad sobre su vientre y susurrándole: "Camila, ¿cuándo me darás un bebé?".

Pero nunca ocurrió.

De todos modos, podrían volver a casarse dentro de seis meses y empezar a planearlo. Aún habría tiempo de sobra.

A Viviana, sin embargo, solo le quedaban seis meses de vida.

Fuera, los transeúntes iban y venían.

Fue entonces cuando Camila habló. "Una última vez, Brandon. ¿Estás completamente seguro de que quieres seguir adelante con el divorcio?".

"¿Te estás echando para atrás?", espetó él, visiblemente molesto.

Viviana lo estaba esperando en el estudio.

Tras esa confirmación, Camila no dijo ni una palabra más. Metió la mano en el bolso, sacó un documento y se lo entregó a Brandon.

Él lo tomó con el ceño fruncido y hojeó las páginas. Era un acuerdo de separación de bienes.

"Si nos divorciamos", dijo ella. "Será mejor que dejemos las cosas claras. Solo me llevaré la parte que me corresponde de la familia Watson. Y a partir de este momento, todo lo que cada uno gane será de su propiedad exclusiva".

Luego Camila sacó un bolígrafo y lo colocó a su lado.

"Si te parece bien, solo tienes que firmar".

Los ojos de Brandon se quedaron fijos en el documento, pero su ceño se acentuó mientras leía.

El acuerdo era demasiado sencillo. En realidad, no pedía mucho. Y la firma de ella ya estaba allí.

No lo entendía.

¿Qué pretendía? Al fin y al cabo, solo era un divorcio temporal.

A Viviana solo le quedaban seis meses. Él pensaba pasar esos meses a su lado. Después, volvería con Camila, y nadie más tendría por qué enterarse de que se habían divorciado.

Para él, Camila siempre le había parecido ciegamente leal.

Nunca la había considerado una persona con orgullo o límites.

Hubo un tiempo en que, aburrido de ella, la había incitado a propósito a hacer cosas que minaban su orgullo.

Pero Camila nunca se negó.

Siempre volvía con una suave sonrisa, mostrándole los resultados como si fueran un trofeo. "Brandon, mira, lo conseguí. ¿No es genial?".

Era una buena esposa. Dócil. Obediente. Durante siete años, había visto cómo se repetía el mismo patrón una y otra vez.

De no ser por Viviana, su matrimonio probablemente habría continuado así.

Pero...

El recuerdo de Viviana, débil y tosiendo sangre, pero intentando sonreír, le oprimió el pecho. Era un dolor agudo e implacable.

Brandon volvió a mirar por la ventanilla del coche.

En el cristal, el reflejo de Camila le devolvió una mirada vacía, inexpresiva.

¿Era esa su forma de amenazarlo?

Después de todo, ya había falsificado mensajes una vez para incriminar a Viviana.

La odiaba.

Con una risa seca, Brandon tomó el bolígrafo y firmó.

Nadie podía doblegarlo. Ni siquiera ella.

Había dos copias del acuerdo.

Camila tomó su copia con calma después de que él firmara ambas.

Los dos salieron del coche y se dirigieron al Juzgado. Juntos, solicitaron el divorcio.

La próxima vez que volvieran, finalizarían el proceso y recogerían la sentencia definitiva.

Una vez cumplidos los trámites, los dos salieron juntos del Juzgado.

El sol ya brillaba y el calor le acariciaba la piel a Camila.

Brandon observó el ir y venir de la gente.

No era difícil distinguir a las parejas que iban a casarse de las que iban a divorciarse. Algunas personas optaban por celebrar sus bodas en el propio Juzgado.

Una pareja pasó de la mano.

La sonrisa de la mujer despertó algo en Brandon. Recordó la misma mirada en el rostro de Camila hacía un año, cuando se casaron.

Brandon miró a Camila, pero su rostro permanecía impasible.

"Seguiré transfiriendo dinero a tu cuenta durante los próximos seis meses", dijo. "Y no les digas nada a mis abuelos".

No esperó respuesta. Se dio media vuelta y se marchó sin más.

Camila se quedó allí en silencio, viendo cómo su coche desaparecía al doblar la esquina.

Su taxi llegó poco después.

Y entonces, los dos coches tomaron direcciones opuestas.

Uno giró hacia Viviana Arte Floral.

El otro se dirigió al Hospital Crobert.

Brandon entró en el estudio de Viviana, donde ella lo recibió con una suave sonrisa.

Él le dijo: "Ya está hecho. No montó ninguna escena".

Mientras tanto, Camila entró en el área de Ginecología y Obstetricia y se sentó en silencio en la consulta.

La doctora se acercó y corrió la cortina.

"Camila... ¿estás segura de que quieres interrumpir el embarazo?". Su mejor amiga y médica, Alexia Hussain, la miraba con preocupación. "Estabas tan decidida a tener un bebé. Incluso te esforzaste mucho para embarazarte...".

Camila metió la mano en el bolso y colocó el comprobante de la solicitud de divorcio en la mesita.

"Sí", respondió con calma. "Interrumpámoslo. Ya no lo quiero".

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