Portada de la novela Un multimillonario descorazonado: nunca debió haberla dejado ir

Un multimillonario descorazonado: nunca debió haberla dejado ir

9.6 / 10.0
Tras un divorcio exigido por Brandon, Camila decide borrar su pasado y empezar de cero. En esta novela de romance y billionaire romance novels, un multimillonario descorazonado busca redención mientras ella protege su libertad. Lee esta historia en nuestra plataforma de web novel.
Resumen de Un multimillonario descorazonado: nunca debió haberla dejado ir
Brandon amaba profundamente a Camila, pero la agonía de un viejo amor lo llevó a tomar una decisión fatal. Al exigirle el divorcio bajo la promesa de que sería algo momentáneo, rompió el corazón de su esposa. Camila, herida por su traición, decidió marcharse para siempre tras interrumpir su embarazo en secreto. Ahora, sumido en un dolor insoportable, Brandon la persigue buscando perdón, pero ella ya no está dispuesta a permitir que él regrese a su vida.
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Un multimillonario descorazonado: nunca debió haberla dejado ir Capítulo 1

En un dormitorio oscuro de Villa Cresta, en Crobert.

Después de su encuentro íntimo, Brandon Watson rozó suavemente con los labios el pequeño lunar en el pecho de Camila Bennett y luego se sentó.

Soltó en un tono distante: "Divorciémonos".

Camila, que aún respiraba agitadamente tras el encuentro, se giró lentamente hacia él, con incredulidad en la mirada.

Llevaban un año casados, ¿qué significaba que de repente quería divorciarse?

"Tiene cáncer de estómago y solo le quedan seis meses de vida", informó Brandon, encendiendo un cigarrillo.

El humo ascendía en lentas espirales alrededor de su rostro.

"Su último deseo es ser mi esposa", añadió, casi con despreocupación, dejando a Camila boquiabierta y atónita. El silencio se apoderó de la habitación como una niebla espesa.

La lámpara de la mesita de noche brillaba débilmente, proyectando largas sombras en la pared, lo que los hacía parecer más distantes de lo que estaban.

Brandon la observó y frunció el ceño.

"Es solo para consolarla", aclaró. "Nos volveremos a casar dentro de seis meses. No estará aquí mucho tiempo, Camila".

Su voz era serena, casi desapegada, como la de alguien que entrega un mensaje que no le concierne.

Camila miró a Brandon en silencio, fijando la mirada en su perfil.

Hablaba como si sus palabras fueran órdenes, no sugerencias.

Su relación siempre había sido unilateral. Ella lo había perseguido desde el principio, impulsada por un afecto juvenil.

Se había mantenido a su lado durante años, superando cada etapa difícil sin rendirse.

Camila aún recordaba aquel día, bajo la intensa lluvia que los empapaba a ambos, Brandon se había interpuesto entre ella y su padrastro, empuñando un palo roto, y había dicho con fuego en la voz: "Si vuelves a tocar a Camila, te arrepentirás".

Ese momento se había grabado en su corazón. Incluso cuando estaba débil y sangrando, lo vio: inmóvil, protector, feroz.

Desde ese instante, ella se entregó a él.

Lo amó sin pausa, satisfacía todas sus peticiones, y lo hacía con una perfección que nadie más podría igualar.

Él siempre le acariciaba la cabeza con ligereza y calidez, y susurraba: "Lo hiciste muy bien, Camila".

Pero los elogios de Brandon nunca perduraban, sus besos apenas se sentían, y el afecto que compartían siempre parecía inalcanzable. Pero ella se decía que él era así.

Incluso cuando los demás la llamaban ingenua, permanecía a su lado, devota y confiada.

Le había entregado siete años de su vida.

Un año antes, el abuelo de Brandon, Derek Watson, había caído gravemente enfermo. La familia, con la esperanza de levantarle el ánimo, decidió que Brandon se casara. Tal vez la alegría de una boda le daría al anciano algo a lo que aferrarse para seguir viviendo.

Por eso, Brandon se casó con Camila.

Ella creyó que por fin había llegado su oportunidad. Pero después de la boda, algo cambió. Comenzó a alejarse. A veces, la miraba como si fuera una extraña.

"Camila, ¿me estás escuchando?". Brandon frunció el entrecejo al notar la mirada perdida de Camila.

"¿Tiene que ser así?", preguntó ella suavemente.

Él no contestó. En vez de eso, comentó: "Está sufriendo mucho, Camila".

A Camila se le apretó el pecho. "¿Y yo qué?".

Brandon no contestó de inmediato. Sus ojos, oscuros y firmes, destellaron con un atisbo de impaciencia.

Después de unos tres segundos, dijo: "Camila, se está muriendo. Quizá no lo sepas, pero está enamorada de mí. Como estábamos casados y ella no quería hacerte daño, nunca permitió que lo nuestro fuera a más. Incluso cuando intenté compensarla, nunca me lo permitió. Es una buena persona. Por favor, concédele este último deseo. No me hagas pensar que eres una desalmada".

Sus palabras, dichas con tanta calma, la hirieron más que si hubiera gritado.

Entonces, a los ojos de Brandon, una mujer enamorada de un hombre casado, que prometía contenerse pero nunca se alejaba del todo, era una santa.

Y una esposa que solo quería mantener a su marido a su lado era una desalmada.

Camila se quedó mirando su rostro, el mismo del que se había enamorado: ojos intensos, nariz recta, labios perfectos.

¿Cuándo empezaron a desmoronarse las cosas?

Tal vez fue el día en que apareció esa mujer.

"¿Estás seguro de que esto es lo que quieres?", preguntó Camila, tratando de calmarse.

Brandon no dijo nada, apretando los labios.

Finalmente, abrió la boca para responder. "Sí, tú...".

"Está bien". Camila lo interrumpió antes de que pudiera terminar.

Brandon levantó la mirada, visiblemente sorprendido. Frunció el ceño, estudiándola con atención.

"Camila, te estás volviendo más lista", comentó, con un matiz de irritación en la voz. "Sabes que necesito tu consentimiento para seguir adelante. ¿Piensas usarlo para sacarme de quicio?".

Camila no contestó. Se limitó a mirar la pared blanca, viendo cómo sus sombras se estiraban.

Brandon apagó el cigarrillo. Sin decir nada más, se vistió rápidamente y salió furioso de la habitación.

No se detuvo a considerar cómo se sentía ella. Ni se detuvo a considerar lo humillante o dolorosa que era su petición.

Sabía que ella no podría dejarlo.

Estaba absolutamente seguro de eso.

La puerta se cerró con un portazo tras él.

Y así, Camila se quedó sola.

Se quedó sentada, inmóvil, junto a la cama, mirando la puerta como si pudiera volver a abrirse.

Su celular vibró a su lado.

Un mensaje iluminó la pantalla.

Ella tomó el teléfono.

Era de un número conocido. "Volvió a verme".

El texto venía con una foto. El rostro de Brandon se reflejaba en el cristal de una puerta; una suave sonrisa se dibujaba en sus labios y su mirada desprendía una calidez que Camila nunca le había visto.

Se quedó helada. Luego, deslizó lentamente el dedo hacia arriba por los mensajes anteriores. "Dijo que siente algo por mí".

"Las noches lluviosas no son solitarias para mí porque él está aquí conmigo. ¿Y tú?".

"La verdadera 'otra mujer' es la que no recibe amor. Camila, nunca fuiste su primera opción; solo fuiste aquella con la que se conformó. Él ve la belleza como yo, comparte mis gustos y me ama".

Los mensajes continuaban así, probando la traición de Brandon.

El hombre que siempre la había tratado con frialdad durante los últimos siete años había dominado la ternura para alguien más.

Camila siguió deslizando hasta que llegó al primer mensaje. "Deberías saber quién soy. ¿Te gustaron las flores que llegaron hoy a tu sala? Yo las mandé. Él dijo que eran hermosas".

Por supuesto, Camila sabía quién era.

Viviana Simpson, la famosa florista conocida por llenar las grandes villas y las lujosas fiestas de sus adinerados clientes con arreglos florales exquisitos.

Camila ya le había mostrado los mensajes a Brandon antes. Él los había ignorado, argumentando que no había pruebas de que fueran de Viviana.

Incluso había insinuado que tal vez Camila los había enviado ella misma solo para crear problemas. La mayoría de los mensajes no tenían fotos, y las pocas que sí las tenían eran vagas, tomadas de lejos, difíciles de precisar.

Pero la de hoy no. La de hoy era nítida.

Camila pensó en mostrarle la foto. Entonces su mirada se desvió hacia el cajón de la mesita de noche. Se inclinó y lo abrió.

Ahí estaba. La prueba de embarazo que se había hecho esa misma mañana.

Estaba embarazada de Brandon. En el peor momento posible.

Sus lágrimas cayeron sobre el papel, empapándolo y borrando la tinta.

¿Pero qué importaba ya? El corazón de Brandon se había ido hacía mucho tiempo.

Camila se secó el rostro y recogió el encendedor que él había dejado atrás. Las llamas danzaron mientras sostenía el resultado de la prueba contra el fuego.

Brandon no tenía ni idea de que aceptar el divorcio sería lo último que ella haría por él.

Le había devuelto lo que le debía, no en dinero, sino en siete años completos de su vida.

Nunca volvería a amarlo.

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