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Portada de la novela He vuelto por ti

He vuelto por ti

La vida perfecta de Leonardo, marcada por un gran trabajo y una boda inminente con una mujer bella, se tambalea cuando su antigua pareja regresa tras dieciséis años. A pesar de que ella intenta ocultar sus sentimientos y lo anima a seguir con sus planes matrimoniales, el reencuentro desata una nostalgia incontrolable. Ante un presente que se siente vacío, Leonardo se debate entre ignorar su corazón o pelear por ese vínculo que el tiempo no logró borrar.
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Capítulo 2

No estaba soñando, en verdad estaba ahí, y al parecer ignoraba que estos momentos eran los peores de su vida.

“¿Por qué tuvo que aparecer justo ahora? ¡Mierda!” se dice saliendo aún con el jabón en el cuerpo, mientras ella se ponía roja como tomate recorriéndolo con su mirada.

No sabía si sentirme halagado o enojarse por tu atrevimiento. Pero volver a observar esos hoyitos en sus mejillas le aceleraron el corazón de una manera extraña.

— ¿sabes? Adoro cuando me llamas Dani.

— No deberías estar aquí—Insiste acercándose sin escuchar lo que dice.

Daniela retrocede un paso. Apegándose a la puerta.

— ¿Vas seguido al gimnasio? Porque, en verdad, esos abdominales marcados están de miedo— Intenta tocarlo y retrocede por impulso.

— ¿Cómo es que me encontraste, como entraste aquí? ¿Quién te dejo pasar? ¡Dios! Ahora, si estoy muerto—se rasca la cabeza —Pero primero, salgamos de aquí.

Extiende su mano para tomarla del brazo y Dani, sonriendo, retrocede atravesando la puerta cerrada. Eso lo hizo congelarse antes de que pegue un grito aterrador.

“¡Santo cielo!”

Ahora si todo el alcohol que tenía en la sangre desapareció de su cabeza y el corazón por poco se detiene, por unos segundos se queda petrificado.

¿Qué estaba pasando? ¿Acaso soñaba? Golpea sus mejillas para despertar del sueño. Pero, se encontraba bien despierto, escuchando su risa tras la puerta.

— ¿Dani? —Expresa un poco temeroso, abriendo lentamente la puerta.

¿Qué estaba esperado? Qué apareciera otra vez ¿Quería que realmente lo hiciera? Aún seguía temblando. No era normal ver a las personas m-muertas ¿Acaso Dani había muerto? Era lo más probable y ahora lo atormentaría por dejarla y nunca buscarla.

Temeroso la sigue buscando por la estancia, recorre cada rincón de su departamento con la toalla envuelta en su cintura y no hay nadie.

No volvió a saber de ella desde que dejó el país para estudiar en la prestigiosa universidad que deseaba su padre. Trató de localizarla, pero fue en vano, como si nunca hubiese existido. Y ahora aparece de repente para cobra venganza, quizás…

Vuelve a llamarla, recorriendo el departamento, pero, no estaba.

Se mira en el espejo del pasadizo, tenía jabón en el cuerpo y menos ganas de meterse bajo la regadera. Pero debía terminar con el baño. Con cautela vuelve a ponerse bajo la regadera.

“Creo que beber demasiado me está haciendo ver apariciones, ¡ya no volveré a tomar una sola gota de alcohol! Lo juro, de ahora en adelante mis juergas no tendrán licor”

Observa cada rincón, deja abierta un poco la cortina y sin cerrar los ojos deja correr el agua sobre su cuerpo.

Minutos después camina de vuelta a la habitación, más sobrio y no conforme con su búsqueda anterior, vuelve a recorrer cada rincón del departamento y se asegura que la puerta siga cerrada. Aun con esa extraña sensación de miedo y angustia, se sienta en su cama mirando a su alrededor, sin saber qué esperar. Piensa en mil cosas antes de darse cuenta de que ya es tardísimo.

“¡Diablos!” gruñe corriendo al ropero.

Se quita la toalla, cuando una voz enfadada explota a su espalda, poniendo sus pelos de punta.

—¡Muy bonito, Leo!, me dejas preocupada todo el día, no te dignas a contestar mis llamadas y ni siquiera me envías un maldito mensaje ¿Qué diablos te sucede?

—No eres real, ¡Ya basta! —grita girándose, sin recordar que está desnudo con el bóxer en las manos—¿Quieres dejar de aparecer así?

Arrastra la última palabra al darse cuenta de que es Amber, la que lo mira furiosa y camina hasta él.

— ¿Qué te sucede? Espero que solo sea producto de la borrachera que traes encima, el que me mires como un demente mostrándome las pelotas.

—Lo siento —se cubre, la entrepierna al instante, aun sin reaccionar del todo.

—¿Y quién pensabas que era? —Expresa furiosa —. ¿Acaso sigues metiendo a esas mujerzuelas mientras no estoy?—termina gritando haciéndolo reaccionar.

—¡Claro que no! Solo que…

—¿Qué?

—Es que tuve una pesadilla…

—¿Y a tu pesadilla le dices que no vuelva aparecer? ¿Me crees idiota o qué?

—No tengo ganas discutir —empieza a vestirse —. Me duele horrible la cabeza.

—¡Cómo no va a dolerte si te has madrugado bebiendo! Hasta cuanto vas a seguir con esa vida clandestina.

—¡Por favor, cálmate! No exageres.

—Como no quieres que me altere, si no contestas mis llamadas desde hace horas y cuando llego lo primero que veo son tus pelotas al aire y tu cara de demente. ¿Acaso fumaste hierba?

No era fácil dar explicaciones de una alucinación y aunque la cabeza está por estallar, intenta mantener la calma. Los regaños de Amber solo entran y salen de su cabeza.

—No me drogué, solo me pasé de copas.

—Y eso te hace alucinar ¡Por favor! Necesito una explicación.

“¿Por qué tienes que darle explicaciones a esta tipa, Leni?”

Esa dulce voz vuelve a poner de punta sus cabellos, no puede evitar pegar un grito aterrador al mirar a Dani sentada en su cama un tanto molesta.

—¡Maldito idiota! —grita Amber— ¿Qué te sucede? Me asustaste.

—Lo siento es que m-me agarré con el cierre, p-pero ya salió —Dice nervioso mirado a Daniela. Obvio que Amber lo tomó como algo de locura, estaba mirando el vacío, no a ella.

— ¿Cuánto tomaste a noche? Estás actuando muy extraño —manifiesta mirando hacia la cama, con curiosidad—a menos que tengas a esa perra escondida bajo la cama. ¿Es eso?

—¡Claro que no!

“No creo que hayas bebido demasiado, es la presencia de esta mujer la que te desquicia, ¿No entiendo por qué está aquí en primer lugar?” expresa la angelical voz de Daniela.

—No tomé tanto… —Grita manteniendo la mirada en la cama, silenciando la voz desesperante de Dani, mientras se coloca los calcetines.

— ¿Por qué gritas? No estoy sorda —Añade Amber enfadándose más.

“¿Estás con ella? No puedo creer que el sensato Leonardo García, este con una loca como esta, gruñona, controladora, tóxica…” se me acerca Dani muy alterada.

—¡Ya basta! —Grita apartándose, como si huyera de algo. —Bueno, sí… es que es difícil de explicar.

—¡Explicar que estás drogado! —grita Amber tomándolo del brazo, obligándolo a mirarla. —¡Estoy aquí! Y estás ignorándome, hablándole al vacío, ¿Qué es lo que sigue? ¡¿Para eso me pediste que viviera contigo?!

“¿Están viviendo juntos? ¡No puedo creerlo! Pero, si es tan patética. Para nada son el uno para el otro”

—¡Ya basta! —Grita desesperado. No sabe si está volviéndose loco, pero tener a las dos mujeres gritándole sin poder entender una sola palabra, lo hace perder los papeles.

Toma sus zapatos y la chaqueta y sale a toda prisa de la habitación seguida por ellas, que seguían hablando y pidiendo explicaciones.

—¡Leonardo! ¿A dónde crees que vas?

—Lejos de ustedes, me están volviendo loco.

—¿Cómo que ustedes?

—Digo… lejos de ti. —Corrige colocándose los zapatos.

“Me estás ignorando ahora Leni”

La repentina voz de Dani, vuelve a sobresaltarlo, y por poco pierde el equilibrio.

—¿Sigues bajo los efectos del alcohol? —Se enoja Amber.

—Pueden dejar de hablar, por favor—Grita sosteniendo la cabeza con sus manos —. Estoy volviéndome loco.

—Pues, si debes estarlo. —Lo empuja Amber adelantándose— Sigues hablándole al vacío y gritando como un demente.

“Definitivamente, actúas extraño Leni, quizás sea por la presencia de esta desquiciada incomprensible, que te trata como si fueras de su propiedad. Sin duda es la clase de novia, que tu familia aprobaría, no tú” insiste Daniela. Rebasando su paciencia.

— ¡Por Dios! —Grita más fuerte —En verdad necesito que dejes de decir tonterías.

—¡Ahora digo tonterías! —responde Amber, creyendo que es a ella quien se lo dice —Esto ya es demasiado, me voy. Si querías estar a solas, solo debiste tomar el maldito teléfono y decírmelo. No fingir este grado de demencia para echarme.

Camina furiosa hasta donde está su bolso y sale a toda prisa del departamento.

“Ahora se hace la ofendida, ¡Déjala! Que se vaya"

Leonardo se gira y colocándose un dedo en los labios le pide que guarde silencio.

“¡Está bien!, ve por la princesa, aunque te digo que no vale la pena”

Le grita al verlo apresurar el paso para ir por su nueva novia.

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