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Portada de la novela Hasta que la muerte nos separe

Hasta que la muerte nos separe

Kimberly, única heredera femenina y protegida del magnate Marcus Bach tras la pérdida de sus padres, es el tesoro de su linaje. Por otro lado, Liam Simons regresa del extranjero para liderar su poderosa familia ante la enfermedad de su padre y el caos de sus hermanos. Un incidente crítico entre el hermano de Liam y Kimberly fuerza un vínculo obligatorio entre ambos. Juntos deberán decidir si su unión será un edén o un tormento eterno hasta el final.
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Capítulo 8

La imagen que había ante él cuando pasaron al comedor, le hizo entender que ellos realmente eran una familia unida, ante él una enorme mesa para 20 personas estaba preparada, dejando solo tres lugares vacíos.

— Creo que deberíamos mandar a hacer una mesa aún más grande, la familia por fin está creciendo. — Cuando Marcus dijo aquello, solo los tíos de Kimberly rieron, y es que solo ellos y Thomas habían tomado a bien el supuesto romance, aunque Liam no terminaba de entender el porqué, ya que a excepción de Steven y su familia, los otros apenas lo conocían.

Marcus tomó su lugar en la cabeza de la mesa, Sam estaba por sentarse a su lado cuando su abuelo habló.

— Sam, está noche le darás tu lugar a tu futuro cuñado. — En ese momento Liam comprendió que el lugar de Kim era a la derecha de su abuelo y el de Sam a la izquierda, ya que parecía que cada uno de los presentes tenía un lugar designado un puesto que ocupaban en el imperio de los Bach.

Cuando los jóvenes se cruzaron a mitad de camino Sam no pudo con su genio.

— Sí que sabes subir posiciones, sueñas si crees poder ocupar el lugar de cabeza de esta familia algún día. — Liam no pudo responder a su acusación en ese momento, pero era algo que el hombre no olvidaría y antes que la noche terminara le respondería. Su orgullo así lo demandaba.

Cuando se sirvió la cena este hombre no podía creer lo que veía, parecía que estaba en una gala o fiesta importante.

¿Cómo pudieron preparar todo esto de improvisó?

— ¿Qué pasa? — Kim observaba cada gesto de él y es que conociendo a sus primos se había propuesto no permitir que nadie molestara a este hombre, que le daría la libertad de una vez por todas.

— Todo esto... parece un banquete especial.

— ¿Ah sí? Es lo que cenamos casi a diario. — Dijo la joven con un encogimiento de hombros. Algo que denotaba su nerviosismo.

— Para ser más específicos es lo que a nuestra perla le gusta. — Marcus miraba con una sonrisa a su única nieta.

— Abuelo, solo dije eso una vez. — Kim sentía la vergüenza agolparse en su rostro.

— Sí, sí, lo recuerdo, fue cuando Sam se recibió de la universidad.

— Si es verdad Denise, Kim dijo que le gustaría comer así siempre. Y papá dio la orden que cuando la familia esté reunida se prepare así la mesa.

— Tío Cameron era solo un cumplido, pero ustedes exageran como siempre.

— No es ninguna exageración Kim, tú te mereces todo y más, ahora me gustaría saber si Liam podrá mantener tu estilo de vida. — Conall hacía sentir la presión que conllevaba llevarse a la perla que con tanto recelo cuidaban. Todos miraron a Liam por una respuesta y cuando Kim estaba por hablar, él contestó, como todo un hombre, no necesitaba que lo defendieran.

— No, Conall, eso seguro que no, yo le daré todo lo que esté a mi alcance y cuanto necesite, pero ella será mi esposa, no mi prima, sobrina, hermana o nieta. — Hizo una pausa para mirar los ojos de Kimberly quien lo estaba mirando con curiosidad.

— Será mi esposa, por lo que yo me haré responsable de sus gastos y gustos, como también será libre, de trabajar, estudiar o no hacer nada según sea lo que ella necesite, de eso se trata el matrimonio, ¿no? De adaptarse al otro y a lo que necesita, acompañarlo y apoyarlo, no consentirlo y encerrarlo en paredes de oro y lujos sin sentido.

— ¿Estás diciendo que mantendrás a mi prima con la pequeña fortuna de tus padres?

— No Derek, mantendré a mi esposa con mi dinero, no el de mi familia, y no te aflijas, no pasará penurias créeme. Tengo una mesa propia donde yo ocupo la cabeza y ella estará a mi derecha. — Kimberly entendió el mensaje ocultó, ella sería libre de ir y venir, sin guardias, sin sus primos, podría ir y mirar en las tiendas sin que sus tías compraran cada cosa que ella se probará, y es que ellas nunca entendieron que Kimberly tenía una afición por ver ropa, no por usarla y menos comprarla, gracias a esto tenía ropa aún con la etiqueta puesta.

— Sueñas con que mi prima vivirá así.

— Archie cállate, tú no sabes lo que quiero nadie lo sabe más que yo, y como Liam dijo, nos casaremos no le estamos pidiendo permiso, solo les estamos avisando.

— Hay algo que no entiendo, si Liam llego hace dos semanas, como... cuando...

— ¡Bastián! ¡Que te importa mis asuntos! — el pánico de verse descubierta la hicieron levantar la voz.

— Nos conocimos por las redes sociales, y cuando llegue nos encontramos, ¿qué te resulta raro? — Liam era bueno saliendo de aprietos.

— ¡Entonces eres un degenerado que acosa a menores de edad! Porque mi hermana hace tres semanas tenía 17 años y tú tienes 28. — la acusación de Sam le hizo ver que tan pequeña e inocente era Kimberly.

— ¡Le mentí! Sí, no me mires así, crees que no puedo mentir, le mentí, le dije que estaba por cumplir 20. — La joven Bach no dejaría que todo se descubriera ahora.

— Bueno, creo que ese tema ya está aclarado, ahora terminemos de comer. — su tía busco terminar con la acalorada discusión.

— Sí, Rebecca tiene razón, ahora por lo menos entendemos porque Kim lleva dos semanas encerrada en su cuarto sin querer ver a nadie, ustedes muchachos arruinan todo. — Entonces Liam se dio cuenta que estaba en lo correcto, ella estaba entrando en una depresión, no podía ser indiferente a eso.

— Denise tiene razón, le deben una disculpa a Kimberly, ustedes son hombres y no entienden lo importante que son algunas cosas para las mujeres. — Vincent que se llevaba dos años con Kim rompió a reír, al ver la cara al rojo fuego de su prima, sin embargo, Liam se sentía incómodo, ya que él sabía la verdad de lo que pasó hace dos semanas, y lo que menos quería era que la joven recordara ese momento.

— ¡¿Qué te parece tan gracioso idiota?!

— No te enojes Kim, solo disfruto la cara de incomodidad de Liam, me hizo acordar a la cara de Bastián cuando tía Alissa casi lo mató por olvidar usar protección la primera vez. — Y mientras el joven rompía a reír aún más fuerte la cara de Kimberly se transformó, su color rojo desapareció y uno un poco verdoso tomo su lugar. Mientras Liam comenzaba a rezar, ya que reparo en algo que había pasado por alto, si ella estuviera embarazada todo se iría por un caño, el mismo infierno se desataría porque no le quedaría otra que decir la verdad. Alissa miraba el rostro de ambos, de repente se paró y golpeó la mesa tan fuerte que todos la miraron con asombro, y es que de las tres tías ella era la más tranquila.

— ¡Ustedes dos! ¡Vengan conmigo ahora! — Sam lo entendió de inmediato y salió de su lugar para ir por Liam.

— Te mataré, ahora, ¡si te matare! — Y cuando Liam quiso enfrentarlo se dio cuenta que tenía a todos los primos de su futura esposa yendo por él, incluso Thomas, que una vez fue su amigo de infancia.

— Alto, ¿qué hacen? ¡Suéltalo! — Kimberly se abrió paso entre ellos, pero de repente tropezó dirigiéndose directo al piso, entonces cuatro pares de brazos la agarraron.

— ¿Estás bien?

— ¿Te golpeaste el vientre?

— ¡Hay que llevarla al hospital! — Esto era el caos en su máxima expresión, realmente ellos respiraban por y para Kimberly.

Dios, ellos realmente están locos, ¡ni siquiera se golpeó!

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