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Portada de la novela Hasta que la muerte nos separe

Hasta que la muerte nos separe

Kimberly, única heredera femenina y protegida del magnate Marcus Bach tras la pérdida de sus padres, es el tesoro de su linaje. Por otro lado, Liam Simons regresa del extranjero para liderar su poderosa familia ante la enfermedad de su padre y el caos de sus hermanos. Un incidente crítico entre el hermano de Liam y Kimberly fuerza un vínculo obligatorio entre ambos. Juntos deberán decidir si su unión será un edén o un tormento eterno hasta el final.
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Capítulo 5

Tomo con enfado el brazo de Liam, quien la miraba aturdido, y lo hizo sentar en su cama, a su lado.

— ¿Qué mierda quieres? ¿Acaso el hijo de puta de tú hermano te envió? Dile que no tiene nada que temer, yo no diré nada, si ellos se enteran son capases:

1) De matarlo, cosa que no me molestaría a no ser el hecho de que en el juicio todos se enteraran que fui tan estúpida...— las lágrimas casi salían de sus ojos celestes.

2) Obligarme a casarme con él, algo que provocaría que me matara antes de aceptar.

3) Encerrarme de por vida en una estúpida caja de cristal y seguirme ahogando como lo hacen ahora, cumpliendo las expectativas de todos solo porque soy la única mujer de la familia...

Y la joven rompió a llorar, ella podía tener todo, todo en la vida, menos libertad. Esa imagen a Liam lo conmovió, él se había preparado esperando esa reacción de su hermana, por su depresión, pero nunca pasó, y ahora la tenía a ella, una joven que recién comenzaba a ser mujer, confundida y dolida, pero sobre todo enfadada con todo el mundo, lo que provocó que la abrazara.

— Cálmate, no diré nada, aunque creo que lo mejor sería que lo denuncien, es a eso a lo que vine, a ofrecerte todo el apoyo que este a mi alcance...

— No quiero que me miren con lástima, yo provoque esto, y ellos, mi familia por no dejarme ser libre... solo quería salir un rato... solo quería ser normal sin que me digan que hacer...

— Tranquila, puedo ayudarte, deberías ir a algún psicólogo, esto…

— No, jamás le diré a nadie, puedes estar tranquilo, todo el mundo sabe cómo es Jared, no le daría esa vergüenza a mi familia, es solo que... — Al ver que la joven bajó su cabeza con vergüenza, él entendió lo que quería decir.

— Lo sé, lamento tanto que tu primera vez fuera así.

— ¡¿Qué mierda dijiste?!

En ese momento la puerta estaba abierta y un Sam sumamente furioso estaba parado allí, atrás de él su abuelo miraba con diversión y su tía Denise tapaba su boca con ambas manos, todos mirando a Kimberly quien en ese momento estaba en los brazos musculosos de Liam, llorando y en pijamas.

— ¡¿Que hacen aquí?! ¡No pueden pasar!

— Y una mierda Kim, escuché lo que dijiste ¡te mataré Liam! — Liam se levantó con las manos extendida a modo de rendición antes que empezara la pelea, mientras Sam se abalanzó sobre él.

Lo que ninguno de los dos esperaba es que la joven se interpusiera entre ellos.

— ¡Basta Sam, ¡¿qué quieres hacer?!

— ¡¿Cómo pudiste dormir con este tipejo?!

Eso era lo único que Liam no toleraba y lo hacía explotar el hecho que lo menos preciaran, él era un hombre inteligente, sabía que tenía un gran futuro como empresario, no quería que lo reconocieran por ser el hijo de... él sabía que algún día su propio nombre sería de importancia sin importar su apellido.

— ¿Tipejo? Así y como me vez tu hermana se enamoró de mí. — Kimberly se giró en seco a mirarlo, como si de un extraterrestre se tratara.

¡¿Que?! Este hombre se volvió loco.

— ¡¿Estás loco?! ¡¿Quieres que mi hermano te mate?!

— ¿No estás cansada de que te maneje? ¿que controle todo lo que haces? Pues dile la verdad, eres una mujer y no puede decidir sobre ti nunca más. — de donde sacaba todas esas estupideces, ni él lo sabía.

— ¡Tú eres el hijo de puta que le está llenando la cabeza a mi hermanita!

— ¡Si lo tocas no te lo perdonaré! — Kimberly seguía en medio de los dos evitando que se golpearan.

— ¡Basta!, esto lo hablaremos en la cena. — la voz de Marcus sonó con autoridad.

— ¿De qué hablas abuelo? — pregunto con miedo la joven.

— Si el señor Simons es el hombre que creó que es, responderá por lo que hizo.

— ¿Responder?

— Ya hablé Kim, que preparen la cena y llama a los muchachos Denise, quiero a toda la familia en la mesa. Sam vamos, dejemos a los tortolitos solos, no harán nada que ya no hayan hecho.

La cara de Kimberly estaba roja, y la de Liam completamente blanca, pálida como un muerto que no sabe que lo está.

— ¿Qué mierda hiciste? — Dijo ella mientras se metía en la cama, como una niña enojada y caprichosa, tapándose la cabeza con la manta.

— No lo sé, siempre me pasa cuando me menosprecian, digo cosas que me meten en problemas. — Liam estaba tomando conciencia de lo que su temperamento provoco.

— ¿Ha sí? Hola ¡te acabas de meter en uno gigante!, mejor dicho, NOS acabas de meter en uno gigante. — Kim saltó de la cama y fue al vestidor, donde se veía prendas de diseñador en todas partes, aunque ella solo tomó unos pantalones de mezclilla rotos y una remera de franela.

— Qué crees que piense tu abuelo con lo de responder.

— No creo que se refiera a una indemnización económica, de eso estoy segura. — Cerró la puerta del vestidor y comenzó a cambiarse.

— ¿Crees que, querrá que seamos novios? — la ansiedad comenzaba a crecer en este gigante de corazón blando.

— Dios, escucharon diciendo eso... ¡NO! Me van a querer casar, Dios mío no, vete, ¿no que vives en otro país? Toma el primer vuelo y... — Kimberly temblaba de los nervios del momento.

Cuando la joven abrió de golpe la puerta se encontró con los ojos azules de Liam clavados en ella.

— No quedaré como un poco hombre delante de Sam.

— ¡¿Qué importa lo que piensa Sam?! — la castaña podía jurar que en cualquier momento lo golpearía.

— A ti te importa.

— Porque me manda como que soy una niña, y no lo soy, tengo sueños, no quiero ir a la universidad, por lo menos no este año, no quiero estudiar algo que no me guste... quiero vivir, solo eso. — una lágrima traicionera salió sin permiso de sus ojos y ella la quito de un manotazo.

— ¿Acaso no vives bien aquí? — consulto el hombre mientras comenzaba a ver las dimensiones de ese cuarto, decorado con piezas egipcias, que él estaba seguro de que eran importadas, al igual que la ropa que se veía en el vestidor de la joven, si bien ellos tenían dinero, los Bach eran multimillonarios, jamás podrían ostentar tanto dinero como ellos.

— Nunca me ha faltado nada, tengo más de lo que quiero. — respondió la joven en automático.

— ¿Entonces?

— No tengo padres, ¿entiendes? quiero un hermano, no un guardaespaldas, o un maestro, quiero equivocarme y volver a intentarlo, sin que me traten como una pobre huérfana, no quiero que ellos lo solucionen todo por mí, quiero ser útil, no un adorno o una joya intocable. — Kimberly tenía sus manos en puño, y Liam recordó lo que su hermana le había contado y entendió a qué se refería. La joya de la familia Bach, alguien intocable e inalcanzable.

— Entonces, cásate conmigo.

— ¡¿Que?! ¿Acaso estás loco? — Kim lo miraba de arriba abajo, buscando donde radicaba el defecto de este hombre.

Quizás sufre de algún problema mental, si debe ser eso.

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