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Portada de la novela Hasta que el contrato nos separe: casada con el enemigo

Hasta que el contrato nos separe: casada con el enemigo

La fortuna de los Blackwell pende de un hilo tras el fallecimiento del patriarca. Para reclamar su legado, Sebastián debe cumplir una exigencia testamentaria ineludible: casarse con Isabella Hayes en un plazo de seis meses. Aunque la recuerda como una mujer conflictiva que desapareció misteriosamente, Sebastián emprende una cacería implacable para encontrarla. Su único objetivo es forzarla a firmar el contrato nupcial y asegurar su herencia.
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Capítulo 3

POV Isabella

La propiedad de la mansión Blackwell es tal como recuerdo.

A pesar de que han pasado cinco años desde la última vez que estuve aquí siento que nada ha cambiado.

Los árboles, los jardines. Todo sigue igual.

A mí lado Sebastián permanece en silencio. Desde que nos montamos al avión para venir a la ciudad Sebastián ha estado ignorándome y yo he hecho lo mismo.

Cuando el coche se detiene frente a las puertas de la mansión no puedo dejar de sentirme inquieta.

Cuando me fui hace años atrás pensé que nunca regresaría a la mansión de los Blackwell.

Ahora, cinco años después he sido obligada a volver.

- Bájate – ordena Sebastián ya abriendo la puerta de su lado.

Resignada hago lo que dice pero no sin antes lanzarle una mirada molesta.

Sebastián sigue siendo él mismo hombre frío de siempre; hace años pensé, por un muy breve instante que podría ser diferente pero me equivoqué.

Sin esperar a que él se atreva a darme cualquier otra orden me acerco hasta la entrada de la mansión donde el mayordomo ya nos espera.

- Señor Blackwell, señorita... – sus ojos se abren ligeramente cuando me ve. Me ha reconocido.

- John – lo saludo con una sonrisa tensa – ¿Cómo has estado? – pregunto como si estos últimos cinco años no hubiesen pasado.

John ha sido el mayordomo de la mansión Blackwell desde hace muchos años, desde mucho antes de que yo llegase a esta familia.

- Señorita Isabella – sonríe de vuelta aunque la sonrisa de él es sincera – es bueno verla de regreso. Al señor le hubiese encantado verla regresar.

A pesar de que John es solo un empleado en la mansión nuestra relación era más de amigos.

Yo nunca llegué a ser parte de la familia y él a pasear de ser un empleado nunca se dejo intimidar por los Blackwell. Me gusta.

- Siento mucho lo de Julián – le doy mi pésame. Se que Julián era querido por todos sus empleados.

- Lo mismo digo, siento mucho que no haya podido estar acá con él.

En silencio ambos nos observamos.

John tiene la edad para ser mi abuelo, a lo mejor por eso cuando vivía en la mansión sentía que podía confiar en él.

- Si ya dejaron de hablar deberías de entrar – escucho a Sebastián detrás de mi – no te he traído hasta acá para que te quedes hablando en la puerta.

- No, tienes razón – digo sin girar para verlo – tú me has traído acá para que nos casemos.

John me observa con sorpresa.

Con una sonrisa tensa encojo mis hombros en un gesto que busca restarle importancia a toda está situación.

- Permítanme – dice John tomando tanto mi maleta como la de Sebastián para que podamos entrar.

El interior de la mansión también es igual a como recordaba, mármol brillante, candelabros de cristal, retratos familiares por todos lados; aunque ahora el aire dentro es distinto, es pesado.

A mí lado Sebastián se adelanta.

- Pensé que nunca volverías a pisar está casa.

La voz que escucho me hace estremecer.

Esta voz pertenece a alguien que no esperaba ver tan pronto.

Claudia Blackwell, la madre de Sebastián e hija de Julián Blackwell se encuentra de pie en medio del vestíbulo de la mansión vestida de forma impecable, tal como solía hacer.

Vestido de diseñador, collar de perlas, ojos oscuros como lo de su hijo. A pesar de los años ella sigue igual.

A pesar de su hostilidad doy un paso al frente – señora Blackwell – saludo con educación aunque ella me mire con desdén.

- No es necesario que finjas cortesía. Ambas sabemos que no eres alguien con educación – sus labios se mueven con algo que definitivamente no es una sonrisa – yo siento lo mismo por ti – concluye. Siempre directa.

- Mamá – escucho a Sebastián a modo de advertencia aunque ninguna me presta atención.

- Debo de admitir que eres persistente – continua Claudia – primero mi padre, ahora mi hijo.

Sus palabras son como un golpe seco que golpean mi estómago pero intento no demostrarlo.

- Se equivoca.

- Oh, por favor – se burla – ¿De verdad crees que soy como mi padre? Él era un hombre viejo e incrédulo que se dejó seducir por ti, pero yo siempre te he visto como lo que eres.

- Le pido que no manche la memoria de su padre diciendo cosas que nunca sucedieron – molesta no dudo en defender a Julián.

Él no merece que su hija diga cosas como estás.

- Tú solo eres una...

- ¡Basta! – dice Sebastián deteniéndose entre su madre y yo como si pensase que alguna fuese a lanzarse sobre la otra.

- ¿Basta? – repite ella con incredulidad – ¿De verdad pretendes que yo me quedé callada luego de todo lo que hizo? Está mujerzuela se atrevió a engatusar a tu abuelo, ahora por su culpa tú tendrás que casarte con ella y...

- ¡Yo no hice nada! – la interrumpo. Claudia está diciendo cosas sin sentido.

Si yo hubiese tenido una idea de lo que Julián Blackwell pretendía hacer hubiese hecho cualquier cosa para detenerlo.

- Tú te atreviste a engañar a mi padre - me acusa apuntándome con su dedo con manicura impecable – lo llenaste de historias tristes. Lo convenciste de que eras una pobre niña huérfana sin nada para poderte meterte entre nosotros, y ahora pretendes hacer lo mismo con mi hijo. Quieres apoderarte de la fortuna que nos pertenece.

Las acusaciones de Claudia son absurdas.

Yo jamás pretendí ser nada de lo que dice y mucho menos intenté quitarles su fortuna.

- Yo jamás hice lo que usted está diciendo – me defiendo – si Julián...

- ¿Te atreves a llamarlo por su nombre? – chilla Claudia con incredulidad – ¿Una simple camarera sin apellido se atreve a llamar a mí padre, a Julián Blackwell, uno de los hombres más importantes del país por su nombre?

Claudia está histérica pero no me importa.

Decirle que Julián quería que lo llamase abuelo creo que sería peor por lo que me mantengo en silencio. Discutir con personas como ella no me llevará a nada bueno. Ya pasé por eso, no quiero tener que repetirlo.

- No estoy aquí por dinero – digo finalmente lo que hace que tanto madre como hijo suelten una carcajada seca.

Molesta miro a Sebastián quien hace lo posible por disimular su risa burlona.

- Entonces, Isabella Hayes, ¿Por qué estás aquí? – se burla ella.

Ella obviamente sabía que yo vendría así que no entiendo que está haciendo aquí. Si ha venido solo para que discutiéramos lo ha conseguido.

- Madre, no es momento para dramatizar – interviene Sebastián con pereza – esto solo es un asunto legal.

- ¿Asunto legal? ¿De verdad te vas a casar con esta...?

- No te estoy pidiendo tú opinión. Sabes que para obtener el control absoluto de la empresa debo de casarme con Isabella – dice Sebastián con hastío y sin poder evitarlo bufo molesta.

Ambos son tal para cual.

- Esto es manipulación – dice Claudia indignada – tú lo has tramado todo – me acusa – tú convenciste a mí padre para que hiciera esto, ahora por tu culpa mi hijo tiene que...

- ¡Yo no lo sabía! – repito molesta aunque se que ninguno me creerá.

- No te creo.

El aire dentro de la mansión se vuelve aún más tenso.

- ¿De verdad vas a arriesgar todo por esta mujer?

- Yo no estoy arriesgando nada – dice Sebastián quitándose la chaqueta del traje – estoy cumpliendo una condición. Nada más.

Molesta por la frialdad de Sebastián lo observo fastidiada.

Si tan solo hubiese sabido que él era así, yo no... – molesta detengo el rumbo de mis pensamientos. No es momento de pensar en eso.

- Si crees que te permitiré destruir a mí familia, aún no sabes de lo que soy capaz – me amenaza la madre de Sebastián.

Soltando una risa amarga la observo. Yo si se de lo que ella es capaz. Ya me lo ha demostrado.

- No tiene porqué preocuparse, yo no vine a destruir nada.

- ¡Entonces vete! – en silencio observo a Sebastián.

Lo que más quiero es irme pero no creo que él lo vaya a permitir.

- Ella no irá a ninguna parte - dice Sebastián con firmeza como si leyese mis pensamientos.

- ¿Desde cuándo decides sin consultarme? – jadea Claudia.

- Desde que el abuelo murió.

La tensión entre ellos es palpable.

Yo pensé que todos estaban de acuerdo con lo que Sebastián me ofreció pero ya veo que no.

- Puedes tomar tu antigua habitación – dice Sebastián sin mirarme – luego de la boda, ambos iremos a vivir a mi casa.

Sin esperar a que ninguno diga algo más tomo la maleta que John dejó en una esquina y me dirijo a lo que por esta semana será mi habitación.

Solo espero que esté año pase lo más rápido posible.

Si de algo soy consciente es que no creo poder sobrevivir a otro error con Sebastián Blackwell.

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