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Portada de la novela Habibi: Un amor imprevisto

Habibi: Un amor imprevisto

Isabella, tras ser despedida de una importante empresa automotriz, se encuentra en una situación económica límite. Para sobrevivir, acepta un empleo drásticamente distinto a su carrera: ser la asistente de un magnate famoso por su carácter explosivo y por despedir a todo su equipo. Aunque el entorno es hostil y nadie dura en el cargo, ella está decidida a romper el ciclo. Isabella se propone resistir con tenacidad y no renunciar jamás.
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Capítulo 3

Isabella

―Pero antes de que la lleve con él, ¿Trae consigo sus documentos completos? ―preguntó la mujer, yo asentí y lo saqué de mi bolso estilo portafolio –dos en uno—, se los entregué y en lo que lo daba una revisión, miré el lugar, desde que había cruzado las puertas del elevador se sintió el ambiente frío, aun así, lo sentí debajo de mi saco del conjunto. “¿Qué tenían calor?” Estábamos en otoño y esto pareció un congelador minimalista y con cuadros con pinturas extrañas. ―Bien, sígame. ―la seguí intentando no encorvarme por los botones de mi blusa y no abrir muchas las piernas al caminar para no romper la falda, “Dios mío, que no mate a nadie con un botón hoy” nos detuvimos frente a las puertas dobles. ―Cada vez que llegues a entrar con el señor Ashgar, tiene que tocar dos veces, así como lo haré, y esperar que le dé la confirmación de que puede entrar.

―Bien. ―asentí entendiendo lo que me estaba diciendo.

―No puedes tocar más de dos. Y hay una cámara de seguridad ahí misma. ―miré donde señaló. ―Tienes que seguir las reglas. ―asentí ahora lentamente entendiendo lo que me estaba diciendo. Tocó la puerta dos veces delicadamente con sus nudillos.

―Adelante―se escuchó la voz masculina y fuerte del otro lado de la puerta.

―Ahora puedes entrar a la entrevista. ―abrió la puerta y me hizo una señal de que entrara, lo hice y cuando pensé que entraría a dejar mis documentos, cerró la puerta detrás de mí. La oficina estaba fría, no se veía a nadie sentado en el escritorio intimidante, lo único que se podía ver desde mi lugar, era la luz de la lámpara del escritorio y a mi lado derecho a un par de metros de distancia una gran y elegante sala de cuero, las ventanas que daban al mundo exterior eran de techo al suelo, se podía ver los edificios vecinos, pero esta vista desapareció cuando se oscureció el vidrio.

―Te dejo―dijo una alta figura saliendo de un cuarto al fondo, ―Sí, tengo que hacerlo yo mismo, mi secretaria no sabe elegir personal para el puesto. Bien sûr, je t’appellerai plus tard, chérie. ―y colgó la llamada, las últimas palabras que había dicho me habían hipnotizado: “Claro, te llamaré más tarde, mi amor” Amaba el idioma francés, lo dominé en un par de meses, pero nunca tuve la oportunidad de usarlo en mi trabajo anterior.

―Buenos días, señor Ashgar. Soy Isabella Sánchez Figueroa.

―Buenos días, ―no me miró mientras caminó, se acercó a su escritorio para luego dejarse caer en él, la luz de la lámpara apenas dejó visible la mitad de su rostro. No sé por qué me tensé. ―Puede tomar asiento. ―asentí y cuando me acerqué, entré en pánico, “si me siento, ¿Podría romper mi falda?” ― ¿O quiere estar de pie? ―noté que arqueó una ceja y me dio un repaso discreto.

―Preferiría de pie, si no es mucha molestia, señor.

―Bien, entonces vienes para el puesto de asistente personal de presidencia.

― ¿Qué? ―salió esa única palabra sin filtro.

― ¿Perdón? ―dijo de repente no entendiendo al igual que yo.

―Disculpe, ―me aclaré la garganta― ¿El puesto de asistente de presidencia?

―Así es, es la única vacante que tenemos en estos momentos, si mal no recuerdo, lo cual es raro, ya que yo no soy de olvidar algo, ―empezó a revisar los papeles que tenía en la superficie de su escritorio―Eres la persona que recomendó Sophia Maxwell, anteriormente era la jefa de contabilidad y finanzas de WB Automotriz. Ahora lo es de Ashgar Export. ―él esperó una respuesta de mi parte.

―Pensé que el puesto era para una vacante del piso de administración.

―No, es para el puesto de mi asistente personal. ―me tensé.

―Claro, está bien. ―estaba incómoda, no sabía qué hacía una asistente de presidencia.

―Eres Isabella, ―estaba leyendo algo en una tableta, la luz de ese aparato iluminó mejor su rostro y me quedé quieta en mi lugar. “¿Qué es un modelo de revista?” creí por un momento y luego me regañé mentalmente, pero tenía que ser sincera, esto no funcionaría.

―Disculpe, señor Ashgar―el hombre tensó su mandíbula y levantó la mirada de la tableta. ―Sinceramente, no sé por qué la señorita Maxwell me ha recomendado en un puesto en el que no tengo experiencia, sé qué esto es hacerle perder el tiempo, así que me retiraré. Gracias por su preciado tiempo…―me incliné en despedida y luego me volví a la puerta.

―Deténgase ahí mismo. ―me detuve y me volví hacia él.

― ¿Sí? ―él presionó de nuevo sus labios con dureza, se levantó y tomó un control para después darme cuenta de que la luz estaba empezando a iluminar la oficina por completo. “Qué impresionante, tanta tecnología avanzada”

―Eres recomendada de ella, así que dimos prioridad, ya que preferimos los recomendados de los mejores empleados, y ella no es la excepción. ―Hizo una pausa― ¿Así te irás sin más? ¿Solo por qué no es de administradora? ―me tensé.

―No tengo experiencia en ser una asistente, señor.

―Entonces, ¿Por qué no arriesgarte? ―metió las manos en sus bolsillos de su pantalón elegante de vestir y se recargó en la orilla de su escritorio mirando directamente hacia mí. Caminé hacia él y me detuve a cierta distancia prudente y luego asentí lentamente.

―Lamento que haya visto esa parte de mí. ―él apenas estiró discretamente las comisuras de sus labios, pero luego alzó una ceja.

―Entonces empecemos la entrevista. ―rodeó el escritorio e intenté no mirarlo mucho, llegó a su silla y luego suspiró tomando su tableta. ―Por lo que veo en tu solicitud en línea es que tienes experiencia en todo lo que se refiere a lo administrativo.

―Sí, señor. ―contesté, luego dejó su tableta en la superficie del escritorio frente a él, su mirada cruzó con la mía. Me tensé, la mirada era bastante intensa que incomodaba, no sabía para donde mirar. No dije nada más, incluso estoy a punto de buscar la ruta de escape más cercana.

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