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Portada de la novela Gea: Por siempre el deseo del alfa Eros.

Gea: Por siempre el deseo del alfa Eros.

Eros es un alfa de carácter soberbio y egocéntrico que vive obsesionado con Gea, una joven humana sin familia que fue criada por lobos. Aunque su conexión como compañeros predestinados permaneció en las sombras, la verdad sale a la luz junto a revelaciones impactantes. Con la aparición de Isa, la compañera de Xel, se desatan secretos ocultos que amenazan con transformar para siempre el destino de la manada en medio de un ambiente de misterio.
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Capítulo 2

La lluvia, una de las mejores cosas que existe. Nada se compara a ella, si quiera el sol por el cual podemos vivir o al menos eso creía ella.

—¡Odio la lluvia! —La voz de su hermano resonó por toda la casa, un pequeño salto de su parte alertó a sus padres, para ellos era normal pero ella aún no se acostumbraba a la voz de alfa de parte de él.

—Joder que me asustas —Él entró completamente al comedor dirigiéndose a su hermana para depositar un beso sobre su frente saludando a la madre igual y con su padre un choque de puños.

—Esa lengua, Gea —Su madre la reprendió haciendo que bajara un poco su cabeza.

—El alfa volvió de su viaje, llegó con su hermana —Sus ojos se iluminaron, Clarisse la hermana del alfa era su mejor amiga, para su gran conveniencia. Sabía que cuando ella se enterase de que era la mate de su hermano se enojaría por no decirle, ella era de las personas que más vivía el dolor junto a su hermano.

—Iré —Esa fué la única palabra que salió de sus labios, subió a su habitación en busca de uno de sus abrigos tomando una sombrilla y colocando unas botas a sus pies, al bajar de vuelta se despidió de sus padres no sin antes escuchar: —Conserva el anillo.

Sus pasos eran lentos pero firmes, tenía que pasar por varias casas antes de llegar a la mansión principal, no tenía miedo de siquiera caminar, eran todos familia y nadie corría peligro dentro de la manada.

—Gea —Escuchó su nombre en un susurro y volteó su cuerpo dando frente con Xel.

—¿Que haces aquí? Sabes que no puedes estar en la manada —Una sonrisa se deslizó por los labios del nombrado.

—Perder mi vida vale ver tus ojos preciosa — acercándose a él, envolvió sus brazos alrededor de su cuello creando un abrazo y depositando un beso sobre una de sus mejillas—Y más si un beso es el extra —Agregó.

—¿Que viniste a buscar? No me digas que... —Él asintió, una sonrisa se formó por los labios de ambos. Clarisse y Xel, ambos estaban destinados a estar juntos pero sus razas se lo impedían, de vez en cuando ambos se alejaban lo suficiente de la manada para poderse ver, vivir su amor, aunque fuese en secreto.

—Pronto nos iremos y estaremos juntos, deberías venir con nosotros. —Ella lo deseaba, era obvio que pronto se debía de ir de la manada pero quería que cuando lo hiciera fuese sola, no tras sus amigos.

—Yo aún no me puedo ir pero, tranquilo, yo saldré.

—Me tengo que ir, es probable que ya hayan sentido mi presencia aquí. —Ella asintió abrazándolo una vez más, al momento de alejarse él desapareció.

«Cuidate mucho, vampi» Sí, esa era su raza evidentemente, si se enteraban de sus visitas era muy probable que fuese decapitado por instrucción pero, también sabía que la amaba más que a su vida y no le interesaba perder su alma con tal de verla.

Llegando a la gran puerta tocó el timbre siendo recibida por su amiga, la cual la abordó rápidamente con un abrazo y besos repartidos en su mejilla. Clarisse era inteligente, supo en el momento que ella entró que se había encontrado con Xel y sus afectos eran porque la extrañaba y porque debía cubrir su olor.

—Que bueno que estás aquí —Sus manos fueron sujetadas con fuerza y calidez, no importaba cuánto frío hiciera los lobos eran los seres más cálidos que existían sobre la tierra.

—¿Está tu hermano? —Su pregunta fué hecha con cautela.

—Sí, está metido en su habitación con una zorra. Ya sabes. —Sus palabras fueron un trago un tanto amargo, aunque era solo porque ella quería, fácilmente podía detener eso. Eros no era un hombre mujeriego pero sí carente de su mate y no lo culpaba, tenía necesidades y la auto complacencia no era suficiente con el celo.

—Ya —Ambas subieron a la habitación de Clarisse y de inmediato se lanzaron sobre su cama, olía a árboles, olía a casa, el simple hecho de pensar que se alejaría de la manada la desesperaba, no quería pensar en eso pero era necesario, ¿Por qué debía de salir? Era imposible de creer pero, no tenía papeles. No tenía registro de ser parte de aquel país, era increíble.

—La manada está calmada, lastima. —Gea asintió a su dirección.

—Vendran todos pronto, amo estos días del mes pero a veces me abruman, tanto silencio me desespera —Clarisse se carcajeó mirándola.

—¿En serio? ¿Silencio? Yo escucho todo lo que está pasando en estos momentos, es estresante —Los ojos de la contaría de pusieron en blanco.

—Tú eres loba, yo no —Su respuesta fué seca, directa y logró poner incómodo el ambiente.

—Ey, no pienses en ello, desearía estar en tu lugar Gea —Ambas sabían a lo que se referían. Destacar es lindo pero no cuando eres tú, algunas miradas, las restricciones.

—Todos desean lo que no son y no te preocupes, debería irme antes de que el alfa me vea —Los ojos de Risse se achinaron viéndola con duda.

—¿Por qué? —Preguntó.

—No sé.—Dijo borde.

—Andamos bravos hoy —Gea le regaló una mala mirada seguido por una sonrisa, se puso de pie caminando a la puerta de la habitación, su amiga copió su acción y ambas salieron por la puerta.

—¿Mañana vendrán todos? —Risse asintió en aprobación, ella misma se lo había confirmado pero al parecer el nerviosismo de parte de ella estaba a flor de piel. Antes de salir al mundo humano debía entrenar, no solo porque saldría si no también porque debía volver y saber defenderse en caso de encontrarse con alguna persona que le quisiera hacer daño, no importaba la raza.

—Necesito un pequeño favorcito. Debes entrar a la habitación de mi hermano, me quitó el collar que me regaló Xel y le dije que era tuyo, que él te lo había dado. Ayúdame con esto, no puedo entrar yo, tú sí —Sus palabras salieron chocandose una con la otra, se sentía confundida, ¿Por qué no podía entrar ella misma?

—¿No dijiste que estaba con una mujer? —Dijo confundida.

—Mentí, vamos, hazlo —Ella negó constantemente pero los empujones de parte de Clarisse la hicieron seguir su camino.

Respiró profundo. Eros Gaye, un imponente alfa, temido por ella y amado por todos, tenía un siglo de vida pero su apariencia era de alguien que tenía unos veinticinco años, no importaba que edad tenía, él era guapísimo ante todos los ojos.

Gea estaba frente a la puerta roja, no quiso entrar pero se lo debía a Risse, habían veces en las cuales su amiga la tapaba y... ¿Que podría salir mal?

Entró. Sus pies ingresaron por completo a la habitación del alfa, podía ganarse un castigo por eso pero lo valía, caminó directo a las mesitas de noche abriendo cada una de ellas tratando de encontrar el collar de forma desesperada, fué hasta el armario abriendo los pequeños separadores también, no lo encontró, hasta que vió una caja de la que no se había percatado.

Su cuerpo caminó hasta ella abriéndola sin ninguna delicadeza, el collar estaba ahí, tenía una linda forma de caracol, simplemente hermoso. Sonrío.

—¿Que carajos haces en mi habitación Gea? —Sus ojos casi se salen de su órbita, quiso girar pero se quedó congelada, ¿Como rayos no sintió su presencia en la habitación?

—Yo... —Quiso articular palabras pero se le hacía imposible, los pasos de él cada vez eran más cerca y no sabía que haría cuando estuviesen cara a cara, ¿Fingir estar desmayada tal vez?

Una carcajada se escuchó a sus espaldas, sintió su calidez con mucha más intensidad y su única opción en ese momento fué voltear y lo hizo, volteó con su rostro mirando hacia abajo, el collar yacia sobre sus manos, quiso ocultarlo pero sería inevitable que él no se diese cuenta.

—¿Cómo entras aquí, Gea? —Una de las manos del alfa levantó su barbilla, su mirada era tan intensa como el mismo fuego, ella lo miró también.

—Yo... yo bueno, abrí la puerta y, y entré por ella. — Una carcajada resonó en la habitación, el corazón de ella estaba acelerado, debía buscar la manera de escapar.

—No te estoy pidiendo indicaciones, Gea —Su rostro se inclinó abajo nuevamente haciendo que Eros acercara su cuerpo bajando el rostro para poder ver sus ojos, ella se alejó pero las manos de él la detuvieron. —Algún día dejaras de bajar la mirada ante mi presencia.

—No podría hacer eso alfa.

—En mi cama todo se vale.

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