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Portada de la novela Ex esposo paralítico

Ex esposo paralítico

Brianna vivió la peor traición al ser plantada en su boda por Eduardo, quien ahora reaparece sumido en la ceguera y la inmovilidad. Aunque ella intenta reconstruir su vida buscando consuelo en un nuevo amor para olvidar el pasado, la sombra de su ex prometido persiste. Eduardo guarda un secreto trascendental sobre el motivo real de su huida. ¿Podrá Brianna superar el rencor y comprender la verdad oculta tras el sacrificio de aquel hombre?
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Capítulo 3

"Tengo que seguir trabajando", comenta.

"Gracias por preocuparte", añado.

"Va a estar todo bien, acuérdate", comenta Agustín, pero yo no me siento muy convencida.

Sabía que la enfermedad de Eduardo era progresiva, pero no me imaginaba cuánto. Me habían dicho que a Eduardo le quedaba poco tiempo de vida, y me dijeron que lo de la vista no era nada grave, pero ahora tenía que ver a los doctores para obtener más información.

Quería una respuesta, que alguien me dijera en qué estado se encontraba mi futura esposo. Llamé a Melisa y ella me dijo que tenía a mi hija. Mi madre tenía a mi bebé. Suspiré de alivio, lo único que faltaba era que, en medio de todo el apuro, no me hubiera dado cuenta de eso. Un poco cansada, cierro los ojos cuando una voz me despierta.

"Señorita Briana, soy el doctor Alem", dice.

"Hola, doctor, ¿tiene alguna novedad?", pregunto, sintiéndome impotente y con el corazón destrozado por la noticia. Era algo que no podía creer, y mucho menos imaginar.

"¿Él podrá ponerse bien?", pregunto.

"Él está bien, solo tiene eso, aunque sé que es algo grave".

"No puedo dejar de creer esto, me siento tan vacía y triste por él. Siento que no se merece algo así", comento con dolor.

El doctor se marcha y yo me pongo de pie para ingresar a la habitación. El número 8 está frente a mis ojos. Empujo la puerta, bastante cansada y sin saber qué esperar del otro lado. Eduardo está despierto y, en cuanto entro, desvía su rostro hacia mí. Pero sé que no puede ver nada.

En parte, eso es cierto. Sentía tristeza por él, sabía que no podría verme y eso generaba una gran responsabilidad para mí, pero no me importaba. Yo lo quería y, a pesar de todo, estaría allí para él. En ese instante, recordé todas las veces en las que él estuvo a mi lado, a pesar del sufrimiento y de todo. Él seguiría siendo el amor de mi vida. Con esos recuerdos en mi mente, estoy aquí, comento, y él me observa.

"Hola, Briana", dice.

"¿Soy Briana para ti ahora?", pregunto divertida.

"Lo lamento, cariño. Solo que me siento muy mal, soy un inútil. Ahora ni siquiera voy a poder ver", dice.

"No eres un inútil. Eso es lo que la situación te llevó a ser. Era algo que teníamos previsto", respondo.

"No puedo creer que haya ocurrido tan rápido", comenta con los ojos llenos de lágrimas, y no puedo evitar sentirme mal por él.

"Amor, sabes que siempre estaré aquí para ti", comento, y él me dice:

"Briana, quiero divorciarme de ti de verdad".

"Ni siquiera nos hemos casado", comento.

"Lo sé, pero no quiero que nos casemos", responde.

"No… puedes decir eso", comento con dolor.

"Sí puedo hacerlo, y lo estoy haciendo", dice.

"No otra vez. ¿No quieres protegerme de nuevo?

“ Esta vez no es por ti", comentó, y me quedo perpleja.

Me tengo que sentar para no desmayarme.

"Entonces, ¿por quién?", pregunto.

"Es por mí, quiero ser una carga para ti, y eso me pone mal", responde.

"¿Una carga para mí?, nunca lo serías", digo con dolor.

"Quiero estar presente en la vida de mi hija, pero no quiero que me mires con lástima, como lo estás haciendo ahora", dice.

"Yo no te miro de esa manera", replico, y él llega a decir:

"Te pido que te vayas".

"Por favor… ", y yo de cerca, me quedo sentada. "No me iré, porque soy...", empiezo a decir, pero él interrumpe:

"No eres nadie para mí", comenta en tono seco, y yo abro la boca y la cierro. Si no me quería allí, entonces me iría.

Enojada, tomo mi cartera y salgo de la habitación. Pensé que habíamos cambiado y que estaríamos juntos.

Con lágrimas en los ojos, me quedé en el pasillo del hospital. Llamé a Melisa.

“Mel..”, dije con voz entrecortada. Melisa preguntó:

"¿Otra vez no quiere que estés con él?".

“Él dice que no quiere ser una carga para mí”, respondí con tristeza.

"Pero esa es una decisión que tú tienes que tomar", dijo Melisa.

"No sé, pero bien, dile tú, porque a mí no me hace caso", comenté llena de dolor.

"Déjalo tranquilo, seguro que con el tiempo se le pasará", afirmó Melisa.

"¿Cómo está mi hija?", pregunté.

"Está perfecta. Y tú, ¿cómo estás?", respondió Melisa.

"Mal. Pues… mi futuro esposo ya no me quiere de nuevo, y encima no puede ver", expresé con pesar.

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