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Portada de la novela ¿Esto es Amor? Un Amor Falso y Verdadero

¿Esto es Amor? Un Amor Falso y Verdadero

En el siglo XIX, Marianne Cooper acepta casarse con el millonario Conde Edgard para rescatar a su familia, creyendo que Christopher, su gran amor, la abandonó. Al descubrir el engaño de sus padres, intenta escapar con el militar, pero Edgard frustra el plan y la confina en su hacienda. Entre intrigas y la inesperada nobleza del Conde, Marianne descubre que Christopher ha muerto y surge una pasión real por su esposo. No obstante, un secreto revelado desata la ira de Edgard y los separa.
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Capítulo 3

Edgard el nuevo Conde de York llegaría al día siguiente al pueblo donde vivía Marianne Cooper, quien en estos momentos se encontraba en su habitación llorando su desgracia, no podía decirle a nadie que pretendía escapar con Christopher, Amanda la reprendería, y Emmanuell lo impediría, pero su madre ella tenia sus propios planes y los estaba llevando a cabo.

El día que Marianne huiría con Christopher era domingo así que toda su familia acudió a misa, Marianne buscaba a Christopher entre la gente, pero no lo encontró, lo cual le pareció sumamente raro, ya que siempre lo veía ahí.

Al salir de la misa una mujer joven más o menos de la edad de Marianne con dos niños de la mano y uno en brazos se acercó a ella.

—¿Usted es la Srita. Marianne Cooper?—

—¿Si de donde me conoce?

—Usted no me conoce a mi pero si a mi esposo, el Teniente Christopher Blackburn

Los ojos de Marianne se llenaron de lagrimas, no podía creer lo que estaba escuchando, esa mujer decía ser la esposa de Christopher, tenia 3 hijos los cuales se parecían mucho a él, cabello negro y tez morena.

—Debe de haber un error, el Teniente Christopher Blackburn no puede estar casado ¿estamos hablando de la misma persona?

—Esta es su fotografía, mire señorita

La joven le mostró una fotografía de Christopher, de su Christopher, era él, le había mentido, pero no podía creerlo, debía verlo a la cara y saber la verdad, lo esperaría esta noche y lo enfrentaría.

—No puede ser, es una mentira, mentira —Marianne corrió y Emmanuell la siguió, cuando se perdieron de vista, su madre se acercó a la joven y le entrego un fajo de billetes.

—Bien hecho muchacha, aquí está tu pago, aléjate del pueblo y no vuelvas jamás

—Julianne ¿no crees que llegamos demasiado lejos, con esto y con el arresto del teniente? —Charles Cooper había hablado con el General del Batallón de Christopher y había logrado que lo acusaran de un crimen y lo arrestaran llevándoselo preso a una isla.

—No, no llegamos demasiado lejos, esto es justo lo que necesitamos para lograr que Marianne se alejara de ese patán muerto de hambre

Marianne lloró y lloró y esperó, tenía la esperanza de que Christopher llegara como lo había prometido pero no lo hizo, se sintió destrozada, pasó un par de días llorando hasta que su madre la hizo bajar.

—Marianne, hija, sé que estas dolida, pero por algo no permitimos que ese joven se casara contigo, era un cazafortunas que solo quería tu nombre y apellido

—Mamá

—No quiero oír más. No quiero verte así hija, ¡así que arréglate porque esta noche iremos a una fiesta!

—Mamá, no estoy realmente de humor de ir a ninguna fiesta

—Marianne, debes distraerte, además no te estoy preguntando, es una orden

Marianne subió a su recamara, mientras su madre se quedaba platicando con su padre.

—Julianne ¿por que obligas a Marianne a ir a esa fiesta?

—A esas fiestas solo acude lo mejor de la sociedad, y he escuchado rumores que un Conde está en el pueblo, ¿no te parecería maravilloso emparentar con alguien de la nobleza?

—Pero Julianne, no estoy tan seguro que la idea de casar a Marianne funcione

—Funcionará, Charles, funcionará

Marianne se había vestido muy a su pesar, se había puesto un hermoso vestido de brocado rosa con beige, había recogido su cabello en una media cola con bucles cayendo por toda su espalda, su cabello oscuro contrastaba con su pálida piel, no ocupaba colorete ya que usualmente se sonrojaba mucho, sus labios eran rosas y sus pestañas negras, largas y espesas, parecía toda una muñeca de porcelana, con esos profundos ojos color chocolate.

Los cuatro Cooper llegaron juntos a la fiesta. Marianne sabría que no se divertiría ya que Amanda usualmente no era invitada a este tipo de eventos de sociedad, se sentó en una orilla del enorme salón junto a su hermano Emmanuell quien ya estaba buscando que tomar, que comer y con quien bailar.

Julianne se encontraba platicando con otras mujeres del pueblo, todas hablaban de una sola persona. El Conde de York, joven heredero de una gran fortuna, en cuanto Julianne lo vio, supo que seria el candidato ideal para Marianne, así que se acercó a él disimulando chocar accidentalmente.

—Oh discúlpeme ¿se encuentra bien? Oh si, fue una torpeza de mi parte. No lo había visto antes por aquí, señor ¿es usted nuevo en el pueblo?

—Este si, vine a arreglar unos negocios de mi padre. Pero soy muy descortés no me he presentado mi nombre es Edgard Barrington!

—El Conde de York, Edgard William Barrington querrá decir, ¡querido amigo! — Jason lo molestaba de nuevo con ese titulo, que tan engorroso le parecía a su amigo.

—¿Conde? Entonces disculpe mi torpeza debería llamarlo su majestad o algo así — repuso Julianne en un tono lambiscon que no le gustó nada a Edgard.

—Claro que no, mi señora, solo llámeme Edgard Barrington, ese es mi nombre

—Entonces, mucho gusto Sr. Edgard Barrington yo soy Julianne Cooper, y es usted bienvenido a mi hogar cuando guste

—Muchas gracias por su invitación Sra. Cooper pero no pasare mucho tiempo en el pueblo

—Es una lastima realmente, me hubiera gustado que conociera a mis hijos. Ah, mire ahí están Marianne y Emmanuell —Julianne les hizo una seña a sus hijos quienes acudieron hacia donde ella se encontraba.

En ese momento Edgard la vio, venia caminando como un ángel hacia él, tenia los ojos más hermosos que jamás haya visto, y la piel de un hermoso color porcelana, era un ángel caído del cielo, hermosa e inocente, no podía dejar de mirarla, hasta que Julianne se la presentó.

—Ellos son mis hijos Emmanuell y Marianne! Hijos, les presente al… ! —Edgard la interrumpió tomando la mano de Marianne para besarla, no permitiría que ese ángel lo conociera por su titulo primero que por su nombre.

—Edgard William Barrington, a sus pies, Srita. Marianne Cooper

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