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Portada de la novela ¿Esto es Amor? Un Amor Falso y Verdadero

¿Esto es Amor? Un Amor Falso y Verdadero

En el siglo XIX, Marianne Cooper acepta casarse con el millonario Conde Edgard para rescatar a su familia, creyendo que Christopher, su gran amor, la abandonó. Al descubrir el engaño de sus padres, intenta escapar con el militar, pero Edgard frustra el plan y la confina en su hacienda. Entre intrigas y la inesperada nobleza del Conde, Marianne descubre que Christopher ha muerto y surge una pasión real por su esposo. No obstante, un secreto revelado desata la ira de Edgard y los separa.
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Capítulo 1

—Aun no puedo creer que estés enamorada, Marie — Amanda le dijo a Marianne o como solo ella y su hermano Emmanuell le llamaban (Marie), Amanda era pequeña de cabellos negros como el carbón, pero unos hermosos ojos verdes, era alegre y la mejor amiga de Marianne.

—¡Estoy feliz Amanda! Christopher es cariñoso, sensible, amable y me ama, me lo confeso Amanda y me dijo que en cuanto lo asciendan pedirá mi mano a mis padres! —Marianne estaba feliz a pesar de llevar poco tiempo de conocer a Christopher se había enamorado de él y ahora que él le había confesado su amor estaba feliz.

—Pero Marie ya pensaste en lo que dirán tus padres? Sabes bien como es tu madre y bueno tu padre la apoya en todo, Christopher no tiene fortuna alguna, ¿tú crees que ellos permitirán que su única hija mujer se case con un militar sin fortuna alguna?

—¡A mí eso no me importa en lo más mínimo, y si no lo aceptan soy capaz de huir con el!

—¿Huir con él? Hasta para mí que soy liberal me parece una locura, Marie, ¿de que vivirías? ¿Donde? ¡Sabes bien que Christopher no tiene dinero para mantenerte, y que vive en la pensión del pueblo!

—¡Pero él tiene una finca, una pequeña, lejos de aquí podría irme allá!

— Marie, no quiero arruinarte tu felicidad, pero realmente no conoces bien a Christopher Blackburn como podrías irte con el sin conocer a su familia, ¡a un lugar que ni siquiera conoces!

—De cuando acá te interesa la familia de las personas Amanda Byron, tu que pregonas la libertad y que el apellido no da el estatus social y ¡ahora me sales con eso!

—Marianne Cooper, jamás dije nada sobre el apellido de Christopher, hable sobre su familia, sus padres, hermanos, los conoces, apenas llevas un par de meses conociéndolo a él y ya quieres huir a tierra desconocida con un desconocido, lo único que digo es que te presente a su familia, que dejen de verse a escondidas, ¡eso no me da buena espina!

—Si nos vemos a escondidas es porque yo se lo pedí, mama jamás hubiera aceptado que nos viéramos, si supiera que no tiene fortuna y ¡es solo un militar!

—Pero el como buen caballero jamás debió aceptar verte a escondidas Marianne aquí hay algo que no me gusta y aunque amo verte así de feliz, ¡no quisiera que te llevaras una desilusión!

—Amanda no puedo creer que te estés comportando como mi madre

—Jamás digas eso, te apoyare todo el tiempo, y jamás te traicionare, pero solo te pido que lo conozcan mejor antes de tomar cualquier decisión, ¿te parece?

—¡Está bien Amanda! Oh es tardísimo tengo que irme, o mi mamá pensara que me he convertido en monja, tardo tanto en la iglesia

Marianne se retiró a su casa, iba pensando fuertemente en los comentarios de Amanda, pero los borró inmediatamente de su cabeza diciéndose que Christopher la amaba y jamás le mentiría.

En su casa sus padres discutían en el estudio la precaria situación económica que vivían, y como solo un milagro podría salvarlos.

—Julianne no sé qué vamos a hacer, ya casi no tenemos dinero, y las deudas son cada vez más grandes, ¡a ese paso vamos a quedar en la quiebra en muy poco tiempo! — Charles el padre de Marianne era un hombre de carácter débil que había perdido toda su fortuna gracias a los despilfarros de su esposa Julianne.

—Eso jamás, no permitiré que nuestro apellido ande por los suelos, tenemos que buscar una solución — Julianne se quedó pensativa y observó una fotografía de Marianne en el escritorio de su marido, su hija era hermosa y admirada por muchos, ahí estaba la solución.

—Lo tengo, Marianne nos salvara

—¿A qué te refieres Julianne? ¿Marianne que puede hacer?, nuestra dulce hija para ayudarnos

—¡Casarse! Casarse con un hombre rico que nos saque de la quiebra, que cubra nuestras deudas

—Estás loca Julianne, quieres… ¿vender a nuestra hija al mejor postor?—

—No lo veas así Charles, nuestra hija ya esta en edad de casarse, es de las pocas jóvenes del pueblo que quedan solteras, además, buscarle un buen partido como marido es nuestra obligación, y si este marido nos saca del hoyo ¡pues mucho mejor! Decidido, tenemos que buscarle un marido a Marianne

Una vez que a la madre de Marianne se le metía una idea en la cabeza era difícil sacarla de ahí, y aunque Charles amaba a Marianne y quería que fuera feliz aceptó la idea de su mujer después de todo solo un marido rico podía proveer a Marianne de todos los lujos a los que estaba acostumbrada y así sería feliz.

Marianne se encontraba en el jardín cuando su hermano Emmanuell llegó.

—Emmanuell, hasta que te levantas

— Marie, querida hermanita por favor no hables tan fuerte que me estalla la cabeza

—Emmanuell ¿nunca vas a cambiar? ¿No crees que ya es hora de que sientes cabeza? Deja de parrandear ayúdale a papa con los negocios. Deberías de sentar cabeza hermanito

—¿Casarme? ¿Estás loca? Además ¿con quién lo haría? la mayoría de las jóvenes del pueblo o están casadas o son horribles.

—Claro que no, ahí esta Amanda por ejemplo, es hermosa y soltera

—¿Amanda? Es verdad que es hermosa, pero la veo como una hermana para mí, además ¿quieres provocarle un ataque cardiaco a mama?

—Yo pienso que harías una hermosa pareja con Amanda

— Marie, sabes bien que el matrimonio no se hizo para mí! Aún no ha llegado la dama que me robe el aliento, que me robe mi corazón. Pero dime, te veo muy contenta ¿qué ha pasado con tu militar?

—Se me ha declarado al fin, Emmanuell me ha pedido que sea su novia y en cuanto lo asciendan pedirá mi mano ante mis padres

—¿Y cuándo será eso? Marie. no me gusta que se vean a escondidas te lo he dicho antes eso no es de una señorita decente

—De cuando acá tan puritano Emmanuell

—Que se trata de mi hermanita de la que hablamos ¿Cuándo lo vas a ver?

—Hoy por la tarde

—Quiero que le digas que me busque, quiero platicar con él, saber sus intenciones hacia a ti

—Emmanuell, no lo vayas a asustar

—Solo quiero hablar con el pídeselo, por favor

—Está bien, Emmanuell

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