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Portada de la novela Esposa divorciada para el millonario

Esposa divorciada para el millonario

Después de sufrir la traición de su marido y su amante, una mujer se enfoca en su profesión para sanar. En su camino se cruza un magnate prepotente, pero su destino da un giro drástico al despertar en un avión rumbo al extranjero, sin memoria de lo sucedido. Un oscuro mafioso la ha secuestrado, llevándola a un entorno lleno de enigmas. Pese al rapto y la incertidumbre, ella se siente extrañamente atraída por este nuevo y peligroso mundo que la rodea.
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Capítulo 1

Debajo de sus pies solo había agua, una laguna casi infinita. Clara miraba a su esposo con los ojos perdidos, sin amor, cargados de esa decepción amarga. Mientras tanto, el tiempo seguía corriendo a altas velocidades y su corazón no aguantaba aquella revelación tan repentina.

Una infidelidad imperdonable, él lo negaba. Esa rabia de saber que alguien en quien confiabas te ha mentido toda la vida.

El esposo solo negaba con la cabeza, tratando de calmar la situación y a las personas que no podían contener el asombro. Era una situación vergonzosa y como siempre, Lucio intentaba mantener las apariencias para que no lo juzgaran, porque su reputación siempre era impecable. Clara, con su vestido de bordados violetas y azules, parecía una princesa encadenada, cubierta de esa pintura de color rojo intenso que manchaba su pulcritud. Ya no lloraba, no podía ni siquiera gritar de la rabia, esa infidelidad había llegado demasiado lejos.

—¡Clara! —Escuchaba decir a sus multitudes, sus seguidores preocupados por su seguridad. Retumbaban en su confundida mente. —¡Apártate de ahí!

Ella no quería apartarse de su obra principal, el fruto de su esfuerzo. El esposo solamente, seguía negando, con la voz ardiente. La otra joven, que cargaba él bebe en brazos, llevaba el bote de pintura roja con el que había ultrajado a la tan preciada escultura. El niño no paraba de llorar.

Esa muchacha también gritaba toda clase de maldiciones hacía el hombre, que Clara por tantos años creyó que sería su fiel esposo, con el que había vivido más de diez años. Un caballero cortés, amable y apuesto, pero de corazón frío y quebrado. Se oía su infidelidad, ahora ya no podía ignorarlos por mucho que quisiera cerrar sus ojos.

Lucio, mantenía aún el ramo de rosas rojas para su amada esposa mientras su amante lo maldecía con su bebe a cuestas. Se llamaba Cielo, una mujer joven a la que la vida no le había sonreído ni una sola vez.

Cielo despertó aquella mañana movida por el miedo a que su niño no estuviera, como si la noche pudiera robárselo. Lo vio en su cuna y pudo ver en el los ojos de su padre, el hombre al que amaba y al que odiaba al mismo tiempo. Conocía a Clara, la esposa oficial de su amante, sabía que ese día era la apertura de su galería de arte. La esposa era una mujer talentosa, de buena posición y estaba empezando su camino hacia la fama. Aquella galería simbolizaba sus inicios hacia la grandeza. Cielo no contó nunca con esas opciones, siendo la segunda en discordia, siendo siempre la hija menos amada.

Al verse en el espejo comprendió que debía hacer algo, la cosa llegaba muy lejos y el pequeño dependía solamente de ella. Lucio no quiso hacerse cargo de su primogénito y ahora, debían pagar ambos las consecuencias. Debía dejar su huella, para que no siguieran viviendo como si nada mientras a ella solo le tocaba llorar.

Por el contrario, para Clara, su día comenzó embelecado por la luz del sol y el desayuno sorpresa que su marido le había preparado. Sobre las mantas vio depositada una caja envuelta en papel de seda azul, que contenía un maravilloso regalo, el cual estaba titulado con una dedicatoria.

“Para mi artista soñada”

En una caligrafía impecable que lo caracterizaba, siendo sumamente prolijo y detallista. Clara se puso su bata de la mañana y se quedó descalza, caminando por la habitación con la caja entre las manos, descubriendo su regalo. Entre el papel de seda descansaba un broche de oro en forma de pez espada, con engarces de piedras preciosas, era una pieza magnifica. Al verla se maravilló al instante, deseando colocársela para su gran día.

Su esposo entró a su cuarto con la bandeja de desayuno y ambos se sentaron a platicar mientras tomaban café. Parecía un sueño hecho realidad, contando las horas para su estrellato. Trabajó en esa obra por tanto tiempo, buscando cada detalle en la escultura, cada color para pintarla. Era una mujer echa en su totalidad de yeso trabajado, hermosa y con ojos sumamente expresivos. Se trataba en específico, de la figura de una mujer de agua, con sus cabellos largos y ondulados mezclándose con las algas marinas y los juntos, con un vestido en los tonos de un océano apacible, que parecía ondear en movimiento. Los colores eran fríos, azules, celestes y algunos verdes, conformando la armonía marina.

Estaría en el centro de la exposición, donde Clara haría su presentación y tendría su sesión de fotografías. Allí asistirían más de mil personas invitadas a presenciar sus creaciones, lo que le generaba cierta punzada de nervios. No obstante, Lucio la había consentido desde la primera hora del día y eso hacía que se sintiera gratamente acompañada. Antes de partir a su encuentro con la fama, cerró los ojos y agradeció el poder vivir aquella vida de ensueño, con un compañero leal y atento. Caminó por todo el salón antes de que llegaran los espectadores, buscando un detalle o algo que faltase, pero todo estaba en perfecto orden y el servicio del lugar brindaba una gran atención.

Ella se hallaba muy hermosa, con un vestido largo y un peinado alto, que recogió sus bucles rojizos y castaños de una forma elegante. Llevaba su tapado favorito, que cerró con el broche que su esposo le obsequió por la mañana y unos zapatos altos de gamuza. Su perfume de jazmines invadía el salón entero, cubriendo sus ansias porque todo saliera bien.

Entre los principales invitados de honor se hallaba su hermana Estela, su esposo, su madre y dos de sus mejores amigas, junto con el jardinero de la familia al que consideraba un gran amigo. Estaban cerca de la obra principal y fueron los primeros en felicitarla. El momento ya casi llegaba.

Clara preparó su discurso de apertura, con la presentación y explicación de su escultura principal. Se aproximó al frente, con la sonrisa plasmada en su rostro y las manos algo temblorosas.

“La mujer de agua me representa, enteramente. Tengo que ser sincera, siempre me ha gustado fluir en los caminos de la vida con esa libertad. Siento que, al crearla, he dejado allí parte de mí misma, de mi juventud y mi presente, del amor que poseo en cada día que camino. Eso significa para mí, la tranquilidad y la calma que completan a cada persona, poder respirar profundo y sumergirnos en las aguas de lo eterno.

Un agradecimiento especial para los que me acompañan de forma incondicional, porque sin ellos no sería quien soy ahora, por ese amor que me dan. Por, sobre todo, agradecerle a Lucio, mi esposo, quien se ha desvivido por verme alcanzar todos mis sueños”

Al decir estas últimas palabras una lágrima rodó por su mejilla, la emoción la dominaba. Frente a ella, Lucio llevaba un gran ramo de rosas rojas para entregarle cuando finalizara, lo que hizo que su corazón nuevamente se regocijara. Su hermana y su madre aplaudían sin parar, sintiendo ese orgullo en su pecho. Las personas fotografiaban la escultura maravillados por su belleza, una autentica pieza agradable de contemplar.

Terminando con su presentación, Clara hizo una reverencia en agradecimiento a su pequeño público, sin dejar de sonreír.

Cielo logró entrar por la puerta delantera, aprovechando el momento de emoción, con su bebe pegado a su pecho. No había llorado hasta entonces, pero ahora los dos lagrimeaban. Con el bote de cuatro litros en la otra mano, la muchacha iba frente a un destino dudoso, un llamado de atención que llegaría lejos.

Con un grito como entrada principal, Cielo empujó y miró cara a cara a su amante y a la esposa. Su intención era manchar a Lucio con la pintura, fracasando y volcándolo todo en Clara y su escultura. Luego, por la furia que le ocasionó la mirada desdeñosa y despreciativa de su amante y de todos a su alrededor, arremetió contra esa mujer de yeso y esta fue a caer al suelo. Gritaba, sacando ese secreto a la luz al fin, necesitaba ser escuchada.

—¡Tu quisiste matar a mi niño! —repetía con las lágrimas atravesadas. —¡Me has usado y luego has querido matarme! Dile, dile a tu esposa quien soy. ¡Díselo de una buena vez!

Cielo soltó las verdades que hacía tanto tiempo llevaba sepultadas en su interior, haciendo que su amante palideciera y comenzara a negarlo todo. El público no comprendía lo que allí sucedía, con el bullicio digno de un escándalo, las infidelidades que iban surgiendo.

Clara se quedó paralizada mirando a la otra mujer de su esposo, con su hijo en los brazos. Estaba cubierta de pintura roja, como si estuviese bañada en sangre, con los ojos incrédulos y esa tormenta de verdades que no podía asimilar. Veía a su marido con la mentira en su rostro y en sus manos un ramo de flores, un hombre de ensueño. La amante la miraba con los ojos repletos de ira, deseosa de venganza para repartir entre ambos.

Hubo un fotógrafo que obtuvo la imagen más impactante de todas, capturando el preciso momento de su sufrimiento. Cuando Clara, cayó en la cuenta del mundo de fantasía donde había sido engañada y de rodillas, se desplomó en el suelo para ver su escultura pedazos. En la fotografía, la mujer ensangrentada se hallaba llorando a una dama de agua que estaba completamente rota.

Esa imagen llegaría a ser la ganadora de un concurso renombrado y pasaría, a ser la más famosa de todas. Nadie olvidaría el rostro de la despechada Clara, con el corazón roto y el arte fragmentado de rodillas, humillada.

No obstante, la esposa no olvidaría a Cielo, ni a Lucio, ni a todos los que la dañaron alguna vez.

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