Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela ESCLAVA DEL DEMONIO PARTE 1

ESCLAVA DEL DEMONIO PARTE 1

Inmersa en un violento mundo dominado por el narcotráfico, una mujer enfrenta una lucha desesperada por su supervivencia. Su pesadilla se intensifica cuando la obsesión de un hombre la somete a un infierno de manipulación y cautiverio. Entre el síndrome de Estocolmo y un embarazo forzado, esta cruda trama explora los límites de la resistencia ante la crueldad. ¿Podrá liberarse de su opresor o quedará atrapada para siempre en ese abismo de perdición y destino trágico?
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Esclava del demonio.

En el invierno los pequeños copos caen en una danza armoniosa, testigos que se conectan entre todos, el trabajo pesado atormenta mi noche. Es un patrón un poco extraño, un poco distinto pero así se dibujaba la jerarquía de esta sociedad; un empleado casi nunca tiene un derecho a algo, siempre es ser explotado de una manera inhumana. Horas, días, semanas así me la he pasado desde que llegué aquí al centro comercial: Haitnel.

Contamos hasta tres, mis manos y pies se tensan, me quedo callada con una dulce sonrisa en mis labios fríos. La atención al cliente era demandante, algunos se iban temprano, otros se quedaban hasta tarde pero yo, no obtengo nada, solo debo continuar aún si no consigo un extra; recuerdo claramente el verano pasado como un grupo de personas se venían encima por el hecho de trabajar acá. ¿No sé pudieron poner a pensar en cómo me estaba poniendo?. Mi cuerpo gritaba descanso, y mi alma que suelte todo lo que traía atorado, pero silencio, un año después no fue mejor, estar aquí levantada sin saber cómo seguir pero con una meta clara; salir adelante con o sin ayuda.

Poco a poco, mis ganas de renunciar y empezar de nuevo en otro lugar, iban aumentando como una pequeña bola de nieve. ¿Quien no se cansaría? Llevaba mucho tiempo trabajando para una empresa que no valoraba los derechos humanos, era una persona, una persona que también siente: llora, ríe, se enoja. Y el salario es tan miserable que no comprendo aún por qué sigo aquí. Setenta y seis horas aquí, y pocas horas en casa, enviaba a los que tienen suerte, mi jefe es alguien vacío que no le importa a quien tiene que sacrificar para que logre su objetivo final.

Las horas iban aumentando como iban bajando, el tiempo se detenía cuando el momento se acercaba. El desgaste mental que este entorno me subía era dulces cuchillas. Mis pensamientos viajaban en un pasado dulce pero regresaba en un presente ácido; todo lo que yo podía jurar que es mío, se me iba de las manos : la juventud, el dinero, y sin el futuro que añoraba tener en mi niñez; siendo una princesa que se convierte en médica, lo había soñado desde que mamá murió pero también cuando ella murió, mi vida se estaba convirtiendo pero apenas comenzaba.

En este universo en dónde lo malo y lo bueno coexisten, en una perfecta armonía. Cómo el deseo y la frustración es una sensación que el mismo universo brinda en el momento que nosotros llegamos a esta vida; las ganas que tenía de huir de aquí, aumentaban a un ritmo rápido, como si fuera un disparador de oferta que añoraba ansiosamente poder ser utilizado. Me sentía prisionera de mi propia existencia, un viejo sofá aguarda por mi; era como una ave enjaulada, por alguna razón detestaba este destino, las diez horas diarias por cada día de la semana junto con un descanso que me va matando lentamente. La salida llegó, un suspiro de alivio salió de mis labios, ya había acabado este día. ¿Qué puede cambiar? Nada, solo tomo mis cosas que llevaba en mi vieja cartera vintage de tonos oscuros, y como un rayo salgo de ahí, como una estrella fugaz, como si salir de aquí tuviera mi último aliento de vida.

Mis miedos susurraban en mi mente con el frío de invierno, me abrigo bien, antes de salir de mi centro de trabajo; no quería agarrar una hipotermia en estos momentos. El frío calaba mis huesos como miles de tornillos que atraviesan mi piel. El sonido grisáceo de la multitud era lejana, el intento de mantenerme caliente era en vano, una funda de color morada con detalles de mariposas, un detalle que mamá y papá me regalaron a la edad de cuatro años, hace dieciocho años atrás que recuerdos con momentos que no volverán, y un abrigo de color marrón oscuro, aquel abrigo que llevaba parches por varias partes. ¿Porque nunca me he podido comprar algo decente? Por el simple hecho de que todo era para mí hogar, y el inútil de mi marido.

El vacío que había en estás calles que estaban repletas de nieve, con una nevada casi perfecta. Las personas no estaban transitando, se veía tan tétrico, tan muerto y sin vida en plena oscuridad; mi reloj marcaba casi media noche, mis manos rosadas cambiaron a un tono morado, como los golpes de mi alma. Mis pasos eran rápidos por qué cada vez que pasaba el tiempo, mis miedos aumentaban, pero mi mente se pudo tranquilizar cuando pude ver a unas personas tomando un café, o un buen vino en un restaurante de lujo, envidiaba esa vida que otros se pueden dar, son lujos que nunca me podría dar, y menos cuando tengo un hogar que mantener.

Las luces de las calles parecen desaparecer en cuanto me acercaba cada vez más, dos kilómetros para llegar a casa. Unos veinte minutos fueron suficiente para llegar, mi sueño de descansar se desvanecen como espuma al ver mi hogar, tan descuidado, sin alimentos básicos; estaba existiendo solo por existir, al ver de reojo mi cama tan cómoda me fui quitando todo lo que traía encima, en mi mente me mire con una bata de hospital, gire mi cuerpo para dirigirse a la cocina, viendo que había para poder comer, no había nada. Quizás debería pensar en poner una lavandería en este lugar para que pueda apoyarme, para que sea alguien productivo y no un vago bueno para nada. Los platos sucios,lavarlos y secarlos para mantener un orden; una lucha interna que llevaba tiempo en querer escapar en sollozos, pero al menos ya estaba en mi hogar, sin miradas de superioridad como si ellos fueran los reyes del mundo, y nosotros los esclavos, mire a hacia el techo tratando de dejar todo para mañana, necesitaba dormir.

Era una tregua momento entre el silencio y el sigilo, me consideraba una persona que sabe entrar tan callada, mi habitación estaba a unos quince pasos, el sonido de la televisión invadía el lugar, un berrinche por falta de snack se hacía presente, me maldije internamente

En el etéreo silencio, soy demasiado consciente que en cualquier momento se dará cuenta que estaba aquí, observaba con incertidumbre aquel pasillo gris; un crujido del sofá, sonó de repente, giré mi cuerpo hacia atrás para visualizar un poco mejor el lugar, pero no había nada, respire hondo para tranquilizarme. Un grito ensordecedor retumbó por mi memoria, siempre para él, había un motivo para tratarme mal, era doloroso ver cómo no me respetaba como su esposa, creía que al pasar el tiempo, iba a comenzar a tratarme mejor pero ese trato nunca llegó. Mis manos tocaron una vieja foto, ahí estaba yo con un vestido de novia; recuerdos pasados, suavemente me aleje de aquel cuadro pequeño, camine hacia mi habitación que me esperaba con desespero: tiro mis zapatos aún lado de la cama, y mi bolsa la había dejado en la entrada, al final caer en la cama, siento como mi cuerpo se relaja como si tocara el mismísimo cielo. ─── Al fin..─── la sensación que me hace sentir, era algo como una luz y una oscuridad que bailaban en un hermoso ritmo de un compás. Pero es inevitable permitir a mi cuerpo este tiempo para relajarse, después de estar sin descanso durante horas que me torturaba completamente.

─── ¡Alexandra, Alexandra! ─── La bestialidad de su voz al gritar como cada día al anochecer o al despertar, sin un descanso certero para aquellos gritos que me molestaban. ─── ¿A qué hora está en tu reloj? ¡Alexandra, estúpida ¿Que esperas?!.

Me levanto de la cama, las energías se habían ido, el dialecto del diálogo se había esfumado en el primer grito, aunque no era un mal hombre por qué jamás me ha levantado un solo dedo pero era una bestia cuando tomaba alcohol; desde que perdió a la persona que amaba solo se volvió un parásito de esta inmunda sociedad. El olor a licor y a tabaco, era una rutina matutina, sin decoro alguno mientras cuenta sus anécdotas de niñez, que al principio me encantaba escuchar. Un maldito hijo de puta, que solo pensaba en él, y en su dolor.

─── ¿Por qué no hay comida en la mesa en qué has estado pensando, Alexandra? ─── Su mirada furiosa, me atraviesa por dónde quiera que mire; mire al suelo con un semblante serio ¿Acaso él no tiene manos para que se cocine solo?. Simplemente no. ─── Cassandra, siempre me tenía todo listo, en cambió tú, jamás tienes algo listo. No eres buena en nada por eso tu papá te detesta. ─── Aquel dardo me lo tira en la cara como si no me doliera todo lo que él habla, y siempre era las mismas palabras que me tenían cansada.

─── Estaba trabajando, si te olvidas , claro. ─── Le recuerdo una vez más, mis pensamientos eran un torbellino que nunca se cansan:Mateo, no estaba de fiesta ni mucho menos buscando un amante que me dé lo que tú no me das. Me estaba rompiendo la espalda para que a esta casa ni a ti, te falte algo. pero no dije nada, lo guarde como ecos de mi voz interior, por qué se que si le digo todo eso a él, no solo le va a ofender si no también doler. Y es lo que menos quiero.

─── No me hagas reír, . ¿Que son estas horas de llegar?, tú lugar es acá en la casa, conmigo que soy tu esposo; debes atenderme, mientras lavas los platos, y haces los quehaceres del hogar, por favor, busca un nuevo trabajo por qué dónde estás actualmente es un basurero, y no me alcanza para más cervezas este mes. ─── Puñales, y más puñales, sus palabras eran filosas cuando se trataba de hablarme; no había una máquina del tiempo que me haga retroceder, y evitar este matrimonio tan ruin. En mi rostro dibuje otra bella sonrisa, tan falsa, tan hipócrita que era una máscara a la perfección para no mostrar mis emociones, evitando caer en el juego de un borracho; solo están dejando que hable sin pensar en sus consecuencias.

─── Alexandra, por favor, haz algo por mi, y por esta casa ¿Si?. Ponte a recoger todo este basurero para que sea un hogar más agradable para mí, ya que yo estoy veinticuatro horas aquí, esperando por tí. ¡Vamos floja!.

Miraba como las latas de cervezas con los empaques vacíos de comida rápida. Zapatos y ropa regada por cada rincón de éste hogar, era un dolor de cabeza, los platos sucios en el lavadero, todo un desastre; la complejidad de mis ideas, se unían a una sola que era descansar pero no todo se podía en esta vida. Sus berrinches eran un río de quejas y desprecio que aumentaba sus tempestades, era una batalla de supervivencia, dónde yo iba perdiendo. Mis cosas estaban cerca de la puerta, quería ir y tomarlo para salir de aquí por esta noche ¿Pero a dónde iría si no conocía a nadie?. El desprecio que me da,me estaba cansando. Quiero agarrar mis cosas e irme por esta noche de aquí, ¿A dónde? un lugar más lejos de aquí,ya no lo aguanto. Pero soy muy miedosa para hacerlo,las calles frías y aunque no soy bien recibida aquí, estoy caliente y abrigada.

El vacío de mi corazón es un hueco que no puedo llenar con facilidad; mientras comenzaba a limpiar, cocinar, y lavar todo rápidamente, como flash en plena carrera. Para ya no oír sus quejas, sólo añoraba un poco de ayuda ,un poco de silencio que tanto le costaba brindarme. La tranquilidad era efímera, un poco que pedía era tan frágil como una copa de cristal, tranquilidad invisible. Me estaba muriendo en vida, no era una exageración, y la paz que solo encontraba en mi niñez se había esfumado hace mucho tiempo.

Hay contradicciones que me hacían pensar distinto por cada minuto. La comida estaba lista para servir, cuando le comienzo a servir, podía escuchar como mi estómago rugía, pero hoy no era mi día para probar bocado; había preparado unos espaguetis francés con queso rallado encima. La alteridad de el, me confunde, Mateo, pone una cara de asco y repulsión, como si la comida que había hecho fuera de la basura. Quería golpearlo, envenenarlo, yo ya no lo soportaba; suspiré para calmarme, aguantando todo con una sonrisa que lentamente se rompe como cristales.

─── Alexandra , quiero hacerte una pregunta. ¿Por se acaso no sabes otra comida que no lleve queso?. ─── Me pregunta con un disimulo de tranquilidad; sus ojos demostraban asco.

─── Mateo por favor, solo deseo descansar, y que me ayudes en los quehaceres del hogar, es lo mínimo que te pido, porque, dinero no te pido. ─── Mis palabras salían en un hilo, que se quebraba en cada sílaba, la rabia me consumía; mis lágrimas salían por la frustración, y el coraje que habitaba en mi interior, por qué todo lo hacía yo, aún si me estaba enfermando, debía hacerlo, yo. No existe equidad para solventar entre dos un matrimonio. Apreté mis manos, la situación de truenos en mi cabeza, mientras trabajo, limpio, y cocino. Hacer de todo en este hogar, me consumía a tal punto que ya no podía más.

─── ¿Alexandra, no hay cerveza para beber? ─── la normalidad con que dice es tan normal que parece que no me sintiera mal con su comportamiento ruin; entendí que nunca seré valorada como otras mujeres. Nací para vivir un infierno.

─── Yo no, no lo sé; por qué al final del día, el que se queda en casa hasta por gusto, eres tú qué solo se dedica a tomar sin parar como si no tuvieras un trabajo que realizar, Mateo no somos niños. ─── Escupí esas palabras con veneno; no tenía miedo a nada, solo tenía miedo a lo que me sucederá después

─── ¿Acaso me estás diciendo borracho? ─── parece que no se cansaba de hablar, quería que se callara, y que se durmiera pero eso no quiere suceder.

─── ¿Yo decirte borracho? Claro que no, solo te estoy diciendo que eres una hada madrina que huele a flores de margarita ¿Acaso no ves o no hueles? ya ví por qué dicen que eres un ciego. ─── las huellas de mi sarcasmo, se hicieron presente frente a él. ─── ¡Y si, si te estoy llamando a ti, borracho!. Yo ya no te aguanto, tú me tratas como tú sirvienta como si no valiera nada, me tienes trabajando como mula para que te dé la gran vida, ya no quiero esto, yo simplemente no me lo merezco; primero mi papá, y ahora tú. Prefiero estar en el infierno que contigo en la misma casa. Y maldigo el momento en que me case contigo, solo para huir de mi hogar y miserias.

Camine hacia la nevera, asomando mi cuerpo para sacar una lata de cerveza; podía visualizar la falta de alimentos, agarra una lata, mis acciones eran burdas , y mi actitud era hostil.

─── ¡Alexandra, tú comida sabe a nada, que asco!

¿Porque entregarse a alguien que no te amaba ni te trataba como persona? La situación me estaba superando; sentía mi rabia salir por mis orejas, camino hacia la puerta, agarrando mis cosas para poder irme de aquí. No quiero solo abrir la puerta, y quedarme aquí, viendo cómo me tratan mal. Al tener la puerta abierta, el aire entra por mis poros congelando de inmediatamente, sintiendo los músculos de mi cara entumecerse; que frío

─── ¡¿Alexandra a dónde crees que vas?! ¡¿Acaso no ves que es muy tarde y es peligroso para ti?! ─── se podría hacer una revolución desde mi interior pero siempre un bache me dejaba a la mitad, y su preocupación, al principio creí que era mentira pero en su voz se sentía pero eso nunca lo ha pensado, por segundos, días, semanas e incluso meses para tratarme por lo que soy; una persona que también siente.

─── Me voy a ir, ahí afuera, por qué en este maldito lugar, no recibo ningún trato humano. ─── mi mente es un campo de lucha; en dónde gritar, llorar era la solución. Al pisar fuera de casa, ya no había vuelta atrás, solo caminar sin una dirección fija.─── y para que te informes que yo no pienso volver contigo nunca más, contigo solo hay malos tratos, quizás en la calle encuentre lo que aquí no encuentro.

El vacío era un sentimiento que no sabría cómo llenar a partir de ahora, sabía que volvería, tarde o temprano, aunque me enoje o no me comprenda demasiado, toda mi vida era un lienzo de las películas de tim Burton, pero cuando llegó Mateo a mi vida, esa oscuridad se volvió luz, era su hermana menor, su esposa, y no mejora como persona. Al menos con esta acción el pueda tratarme como alguien que siente, antes de que me tratara como un animal; el siempre me exigía como si fuera mi padre, ya no había un límite a sus ataques simplemente eran cuchillas. Al pisar por completo la puerta, cerrándola en el paso; comienzo a huir de él, pude verlo correr hacia mi con gritos y súplicas. Huyó de él, lo más rápido que pude, por la misma adrenalina no lograba escuchar bien sus palabras.

Al estar fuera de mi hogar, siento como todo se congela; me arrepiento enormemente de haber salido de ahí pero no es por mi trato a Mateo, si no, es por el frío intenso que había que superar mi resistencia y enojo ante una bestia inhumana como el. Me abrigo como puedo, porque el abrigo estaba con un lado roto, que se rompió cuando lo saqué de la pequeña madera con clavos que usaba como colgador; las calles vacías, taxis que cobraban caro que eran escasos así era vivir en una parte pobre de Manhattan, el coraje se desvanecía como un río en un caudal. Aún podía sentir lo cómodo de mi cama con sábanas calientes, y me podía preparar una tacita caliente de chocolate o agua hervida que me esperaban en casa, pero esa bestia sin corazón, y sin razón lo custodia de una manera inexplicable. Yo pago, yo compro cada alimento en vano por qué no podía comer nada más que un poco de sobras de un día anterior.

Hace unos meses atrás, cuando el calor del verano azotaba mi rostro, tenía una vida social media activa, cuando mi hermana y yo vivíamos aún juntas, ahora simplemente solo quedan recuerdos por qué ya no hay nadie a quien acudir en momentos así; seguramente se burlan de mi, por como estoy ahora, saco mi celular de tercera, un teléfono que salió hace diez años atrás; revise que si aún seguía agregada de veinte amigos pase a nada. ¿Qué más me puede suceder?. Mi trabajo me come viva con apenas veinte años he perdido gran parte de mi juventud, porque soy una esclava de un matrimonio, y una sociedad que solo piensan en su propio beneficio.

Caminaba sin rumbo fijo, las calles vacías, y la nieve caían en un desorden por el viento fuerte que azotaba en esta noche. La tranquilidad que sentía en esos momentos era mágica, como si me hubiera transportado en el mismo cielo, una canción de Taylor Swift, exactamente la canción shake it off , revise mi teléfono, y era un llamada de él, no conteste solo lo deje sonar. Seguí un rumbo vacío, por unos treinta minutos aproximadamente, al alzar la mirada podía ver un antiguo restaurant- café, dónde en mi juventud, no hace más de cuatro años, yo solía venir con un grupo de amigas de mi adolescencia, y en donde conocí mi primera ilusión; Damián, un joven de lentes con una cara llena de barritos, una sensación agridulce se formó en mi garganta al ver que nunca he podido ni podré estar con el ,por qué es una ilusión de antaño, y amor de primavera.

No llevaba encima mucho dinero pero al menos podía darme el lujo de un pequeño café de un dólar, y que sea caliente; el sabor era lo de menos, mientras me sienta segura, todo estará bien. Al entrar el olor a licor inunda mis fosas nasales, y tomó asiento a una vieja mesa rota con clavos expuestos, esto era peligroso si alguien se podía poner a pelear aquí, o usa esto como arma. Miraba cada rincón, ya no era como antes, los adolescentes vienen a beber, o pasar una noche de fiestas, yo quería un buen café de esos que alimentan el alma con energía. Las luces se apagan, la oscuridad me envuelve, tenía miedo por qué nunca he experimentado una sensación tan frenético, me sentía una hormiga delante de tantos lobos, jóvenes y adultos bebiendo cada uno en su respectivo lugar, eran igual de borrachos sin beneficio, igual que mi esposo, se le nota en la ropa vieja, y sucia que llevaba encima.

Varios minutos después de solo observar, un mesero pone un vaso de cerveza; me quedó mirando detenidamente, buscando alguna respuesta por el motivo de este obsequio, si podría llamarlo así, el desliz de la cerveza a unos centímetros de mis manos, me hizo sudar frío. Él me miraba detenidamente, investigando mi rostro, yo me sentí muy avergonzada. ─── Hola, disculpa, yo quiero un café caliente de un dólar; la cerveza me hace daño, gracias.

─── Hermosa, es una invitación ─── su ojo derecho me hizo un guiño, tragué en seco; y unas deliciosas ganas de envenenarlo se hizo presente. ¿Pero si yo fuera una chica normal y que el me ve atractiva?. Espera, quizás él me estaba ligando, di un suspiro, sonreí ligeramente para acomodar mi cabello hacia atrás.

─── solo necesito un café, joven ─── Mencioné con una sonrisa, le guiñe el ojo correspondiendo a sus insinuaciones; con mi mano derecha le devolví la cerveza en sus manos. ─── Cielo, como dije me hace daño, por qué soy intolerante al licor.

El chico de un porte que llamaba la atención por sus ojos heterocromaticos que cubría sus labios con un cubrebocas; era un hombre misterioso, y coqueto, me fascinaba de una manera desconocida pero todo lo bueno termina, cuando el se retira llevándose el vaso de cerveza,sentía que volaba en el cielo como una ave en libertad que cae rápidamente cuando está herida. La puerta estaba a unos pasos , necesitaba salir de aquí, aún si me vieran como una amargada mi presentimiento me decía : huye. Él regreso con el café, agradecí, parecía que estuviera en menopausia, sudando por todo esté momento que va más allá que yo, es como si la sensación efímera pronto cambiará. El sabor amargo pasaba por mi garganta como un dulce de azúcar, el momento era único y endulzado que todo termina al ver la hora, en el reloj de la pared, veinte para la una de la mañana, saco el único dólar que tengo en mi bolsillo, y siento como la vibración de mi teléfono no paraba, él estaba preocupado por mí, debía volver para hablar con él, como dos personas civilizadas, y llegar a un acuerdo por el bien de ambos.

─── Disculpe ¿Cuánto es en total? ─── estaba parada frente a él; me veo como una chica infiel al sonreír a otro hombre, pero toda mis ilusiones me dejaron ahí sin una respuesta que podría responder rápidamente, me quedé helada.

─── Es una invitación. ─── sus palabras cortantes como cuchillos, su cabello negro perfectamente ordenado, era como un dios griego al estilo Hércules pero sin músculos. Quedé como una tonta.

─── Supongo que gracias. ¿No? ─── Estaba confundida, por qué cuando era una niña, mis propios padres me decían como un cassette casero que no vaya a aceptar nada de extraños, y las mismas palabras me decía Mateo, pero aquí estaba aceptando algo de quién sabe quién.

─── No me agradezcas a mí, por qué yo si te hubiera cobrado el doble, o quizás hasta el triple. Hasta haría que kabutomaru te envenenara lentamente pero lastima, eres un cliente más de este bodrio lugar. ─── quedé paralizada, cohibida por sus palabras; mis ganas de tomarlo por el cuello, y azotarlo hasta que deje de respirar se hizo presenté, pero solo sonreí, hipócritamente sonreí, y esperé con molestia que siguiera. ─── Pero si deseas agradecer a alguien, puedes hacerlo a un idiota de cabellos negros con ojos azules que tenía mirada de psicópata del closet, que por cierto se acaba de ir por esa zona de allá.

En este momento de enigma al no saber quién me dió está invitación, sin siquiera habernos conocido; sonreí al mesero que me miraba con aire de superioridad, claro, yo vestía como vagabunda, y él con ropa decente. Mi mente viajaba en mis errores del día, uno de ellos es creer que alguien como el, se fijaría en alguien como yo, que por cierto estoy casada, y trate de tener una relación extra marital, quería que la tierra me tragara, que me arrojara en dónde sea, que se olvide en dónde porqué él, solo quería mantener un personaje amable, que idiota que soy.

La cortina de la moralidad se cubre de lo malo, y de lo bueno, yo estaba tomando caminos grises. Mi andar era desorientado, con un frío que calaba cada parte de mi, la noche era más oscura, los pequeños sonidos de finas capas de cristal se hacían cada vez más presente, la calle vacía completamente, ya no había taxi, no había nada solamente se escuchaba canto vacíos. Meto mis manos, tratando de calentarlas en mis bolsillos; caminar sin un rumbo fijo, la consciencia me gano, debía volver al menos para tener dónde pasar la noche, el frío ya no me deja pensar con claridad, mi mirada siempre adelante; como si eso fuera suficiente para mantenerme a salvo. No deseaba, no quería mirar a hacia atrás, las luces se quedaron en nada, oscuridad total, entraba en pánico, trate de correr pero algo me detenía, unos pasos se acercaban desde atrás, eran silenciosos, trate de encontrar un lugar donde esconderme pero estaba en un callejón sin salida ¿Como lo sé? Por qué sentí mi cuerpo golpearse contra algo concreto, trate de huir, moví mi cuerpo hacia atrás para retroceder, posiblemente sea el peor error de mi vida, pero quiero intentar en vez de morir en el intento. Corro como puedo; las calles estaban silenciosas, pude ver un poco de luz, era un auto que se acercaba.

Lo que era valioso para algunos para otros era intrascendente para otros; mientras dirigía mi mano a mi bolso para poder sacar mi celular, y poder llamar a Mateo, para regresar a casa, siento como el aire se me va rápidamente, mi cuerpo se quedó pasando por el miedo al tener a alguien detrás de mí. No me da tiempo de escapar ni de gritar, estaba oscuro, mi voz no salía de mi boca, pude sentir como mi cuerpo va perdiendo fuerza,un fuerte olor a alcohol invade mi fosas nasales, no escuchaba nada sólo silencio, en mi mente solo era un bucle de palabras que pedían a gritos un poco de ayuda :¡Ayúdenme por favor! Se lo ruego, no me dejen sola. Nadie escuchaba mis lamento, mi respiración contenida para no inhalar aquel paño que llevaba mezclado somnífero, y alcohol. ¿Dónde estaban las personas? ¿Por qué me está sucediendo todo esto?. Forcejeo con fuerza, era en vano, sin éxito alguno. El hombre que me tenía en sus manos era fuerte, y más grande que yo; sentía el coraje invadir mis entrañas, era un maldito hombre, mi corazón se acelera del miedo. ¿Acaso este malnacido no ha nacido de una mujer?. El olor me terminó ganando, mis párpados cansados, podía sentir de sus mejillas una cicatriz, no veía su rostro pero claramente sentí aquella cicatriz que jamás voy a olvidar. Todo se volvió oscuridad y sin un solo eco, no había nieve, no había nada, solo oscuridad total, dejándome en merced de aquel hombre.

También te puede gustar

Portada de la novela Arder en libertad
9.4
Jessica Giovanna Blosson vive una crisis profunda tras una traición que desmorona su realidad. Rodeada de violencia y amenazas constantes, debe sobrevivir a un entorno despiadado mientras experimenta un despertar feminista. En su camino hacia la identidad y la autonomía, descubre un amor genuino que le permite sanar. Esta es una historia de crecimiento personal donde la protagonista arriesga todo para escapar de la hostilidad y alcanzar su libertad.
Portada de la novela Desde la tumba del océano hasta Reina
9.5
Pasé quince años construyendo un imperio con Bruno, solo para que mi prometido me traicionara por Valeria. Tras ser incriminada y abandonada en un acantilado por él y mis propios padres, magnates de la tecnología que prefirieron salvar a otra, caí al mar y me dieron por muerta. Dos años después del abismo, regreso a Monterrey con una identidad renovada. Es el momento de reclamar mi trono y ejecutar mi venganza contra quienes decidieron soltar mi mano.
Portada de la novela Divorciamos En La Novena Vez
8.3
Ricardo impone a Ximena un pacto despiadado: tras nueve abandonos en favor de su ex, Mariana, el matrimonio terminará. Tras ocho desprecios, la traición final llega bajo una tormenta, dejándola vulnerable. Después de ser atropellada al salvar a su propia rival, Ximena entiende su nulo valor para él y exige el divorcio. Mientras Ricardo se pierde en peligrosas carreras por quien lo arruinó, ella encuentra su libertad y un amor real al lado de Alejandro.
Portada de la novela El regreso de la compañera rechazada
8.1
Tras el cruel rechazo de su pareja predestinada, Caleb, la vida de Debra se desmorona. Siendo hija de un Alfa caído, huye embarazada y encuentra amparo en la Manada Espina. Cinco años más tarde, una misión secreta en la Ciudad de Roz provoca un reencuentro inesperado. Aunque Caleb busca redimirse tras enamorarse de ella, Debra prioriza su libertad y oculta el secreto de su hija. Firme en su independencia, se niega a perdonar las heridas que marcaron su pasado.
Portada de la novela El Secreto de Sofía: Venganza
8.1
Sofía planeaba anunciar su embarazo durante el festejo de su triunfo empresarial, pero la traición de su prometido, Mateo, lo cambia todo. La noticia de que su secretaria también espera un hijo suyo desata una crisis donde los padres de Sofía la fuerzan violentamente a perdonar la infamia. Tras sufrir agresiones y humillaciones, ella decide romper sus vínculos. Impulsada por el desprecio, abandona su rol de víctima para ejecutar una fría venganza contra todos.
Portada de la novela La Mercancía
8.6
Tras la muerte de su madre, Hellen es traicionada por su propio padre, un adicto que decide venderla a la élite por puro rencor. El comprador es Alejandro, un influyente magnate que lidera en secreto una peligrosa organización criminal. Para sellar el trato, él impone un matrimonio forzoso bajo leyes iraquíes para legalizar la unión en España. Así comienza una cruda realidad de tortura y abusos donde la joven es tratada como simple mercancía mafiosa.