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Portada de la novela Esa chica será mía.

Esa chica será mía.

Christian O'Connor, heredero de una influyente familia irlandesa, abandona Dublín para liderar la expansión de su imperio en Nueva York como ingeniero civil. Tras un pasado de excesos, busca tranquilidad hasta que una enigmática española despierta en él una obsesión incontrolable al ignorar sus encantos. En este escenario de lujo, la seducción se entrelaza con traiciones y oscuros secretos, revelando que en su juego nada es lo que parece realmente.
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Capítulo 1

Salimos corriendo de la fiesta de los chicos. No sabía lo que hacía, pero la forma alocada en que esa mujer me llevaba de la mano era la que me tenía a mil la revoluciones.

- ¡Esto es una locura! Ni que fuéramos los novios.

- La vida es una sola ¿no? Y ya bastante había esperado por esto- de la nada, se lanza a mis brazos y me besa con pasión, una desenfrenada que había nacido meses atrás, donde ella era el enemigo a vencer o eso pensaba.

- No sabes cuánto había deseado esto, Rocío.

- Pues vamos y me lo demuestras.

Seguimos en nuestro escape y nos subimos a su convertible blanco, dios cuanto deseaba estar entre las piernas de esta mujer.

Cuando cualquier pronóstico podría estar en mi contra, ella por fin estaba aceptando los sentimientos que habíamos forjado en todo este tiempo y después de todo lo que habíamos pasado juntos estaba demasiado feliz porque ella me aceptara. Yo no era un santo, ni tampoco un mal nacido, pero tenía mi historia y creo que eso era lo que a ella la detenía y, bueno, también el hecho de que nos tratábamos como perros y gatos.

Con un suave movimiento del volante, Rocío detiene el auto en un costado de la carretera, suelta su cinturón de seguridad y se abalanza nuevamente hacia mis labios.

- No aguantaré llegar a la ciudad, ¡Quítate la ropa!

Y qué hace el muy imbécil crédulo de mí, pues le hace caso y comienzo a desvestirme como un animal deseoso de esas curvas que todos los días me volvían más y más loco.

Mientras ella miraba el espectáculo y mordía su labio inferior al ver mi torso desnudo yo buscaba la manera de sacarme los pantalones, quedando solo con mis calzoncillos y mis zapatos puestos.

- Listo ¿Y tú?

- Ya voy, solo déjame admirarte.

Levanta el techo del auto y el frío de la noche neoyorquina nos recibe, ella se levanta su hermoso vestido color lavanda y se deja caer sobre mí, sentándose a horcajadas. Nuestros sexos se encuentra por sobre la tela de nuestra ropa interior y comienza a moverse sobre mí colocándome más duro que roca.

- Te he deseado tanto, Rocío, no sabes cómo quería que pasara esto entre nosotros.

Nuestros cuerpos vibraban de placer, con mis manos amasaba sus pechos, mientras mi lengua jugaba con la suya y, en un acto verdaderamente animal, ella sacó mi miembro y me hizo ver las estrellas cuando levantó un poco su cuerpo para dejarme paso entre medio de su ropa y sus pliegues.

- Ah...

Sus gemidos junto a los míos eran música para mis oídos y comenzamos esa danza maravillosa que me haría llegar pronto al éxtasis.

No nos importaba nada y una mierda si nos descubrían, estaba dispuesto a ir a la cárcel con tal de seguir dentro de ella y disfrutarla hasta el final.

Su cuerpo comenzó a moverse rápido y eso me señalaba que mi bella española estaba por llegar, moví una de mis manos hasta abajo y comencé a pellizcar su clítoris.

- Dámelo, fiera. Quiero oír como llegas con mi miembro dentro de ti.

- Oh, Chris, me corro- levanté mis caderas y recibí su orgasmos para dar unas cuantas estocadas más y liberar todo lo que tenía para darle en ese momento, sus ojos me miraban con una intensidad que jamás había visto y mis labios se fundieron con los de ella, nuestras respiraciones eran irregulares y juro que estaba a punto de caer muerto de un infarto por toda la experiencia que estábamos teniendo.

Con cuidado, ella se bajó de mí y sentí de inmediato la necesidad de volver a estar dentro de ella, pero su rostro había cambiado, su sonrisa había desaparecido y de la nada...

- Ahora, ¡Bájate! Ya lograste lo que querías y yo también.

- ¿De qué mierdas estás hablando, Rocío?

- Querías sexo, lo obtuviste, ahora ¡sal de aquí! - de la nada baja su mano debajo de su asiento y saca una nueve milímetros, le quita el seguro y me apunta entre los ojos.

- Ro... Rocío, para, me estás asustando.

- Si no sales a la cuenta de tres mi pobre auto quedará absolutamente sucio con tus sesos, Christian.

- Ro...

- Tres... dos...

Como puedo me bajo del auto subiéndome los calzoncillos y ella esboza nuevamente esa sonrisa matadora que tanto me gusta.

- Rocío, ¿Qué te pasa?

- Esta fue la última vez que te aprovechas de una mujer, disfruta de lo que se te viene por delante.

Enciende el auto y comienza a moverse, no sé porqué pero corro tras ella gritando como un imbécil y de un momento a otro veo mi celular que sale disparado por la ventana.

- No, no, no - corro para alcanzarlo y en una maniobra casi a lo Jason Statham lo alcanzo cayendo estrepitosamente al asfalto, el dolor es inmenso, siento que me he quebrado cada parte de mi cuerpo, pero lo peor es que siento que se ha quebrado nuevamente mi corazón.

Dos malditos años célibe, dos putos y malditos años célibe, buscando por ahí a la que me llene el alma y el cuerpo, pero justo hoy y ahora... ¡Ahora! Estoy en calzoncillos en medio de la autopista central.

- ¡Rocío Arismendi, te juro por mi vida que me las vas a pagar, esto no se quedará así!

Como puedo me levanto y camino hacia los matorrales, desbloqueo el teléfono y llamo a la única persona que se me ocurre en estos momentos.

Mi cuñado...

- ¿Dónde te metiste? te hemos estado buscando y...

- Necesito que vengas a la autopista y me traigas algo de ropa, Jex.

- ¿Qué?

- ¡Apresúrate si quieres saberlo! Te mando mi ubicación.

Hago lo que le dije y me escondo lo más que puedo entre unos matorrales, son pocos los vehículos que pasan en estos momentos y el frio me está calando hasta las bolas. Estoy que me muero de la hipotermia y de las ganas de asesinar a esa mujer. Los minutos pasan y nada que aparece Jex, estoy casi congelado y para peor se ha puesto a nevar. Mis ojos se están cerrando, cuando escucho el ruido de un auto al detenerse.

- Chris ¿Dónde estás? - genial, este idiota trajo a mi prima y todo se me viene encima, los recuerdos me ataca y siento que mi cabeza va a explotar cayendo en un pozo sin fondo.

Hace un año atrás...

- ¡La encontré, Christian, la encontré! Necesito que viajen ya a Nueva York, su prima está frente a mis ojos y aún no me lo puedo creer- me dice al teléfono mi padre y a mí se me cae la cara de la impresión.

- Pero papá ¿Estás seguro que es ella? ¿No sea que nos pase lo de la otra vez con ese investigador.

- ¡Qué no! Te lo aseguro, Christian, es ella. Deja que te envíe una foto y me entenderás.

A los pocos segundos, llega un mensaje de WhatsApp y abro la imagen y lo que aparece en mi pantalla me deja de una pieza.

- ¡Me cago en dios!- salgo como poseído de mi estudio y corro al de mi hermano, abro la puerta sin pedir permiso y mi hermano me ve con cara de odio porque lo he interrumpido.

- ¿Qué quieres Christian?

- ¡Hermano, la encontraron!

Los hermanos O'Connor no podían creer lo que estaban viendo, por fin su única familia aparecía frente a sus narices y nada más ni nada menos que en las oficinas del amigo de su padre.

Sin mediar nada, tomaron sus maletas y volaron a Nueva York, esa ciudad que les traería más de una sorpresa y sobre todo un cambio radical a la vida de paz y tranquilidad que tenían en su amada Dublín.

Al momento de su llegada tuvieron que escuchar lo que su padre les contaba de su prima y aguantar, sí, aguantar el no poder decirle quiénes eran, pero Christian era un tozudo y cada vez que podía se acercaba a ella, era como un maldito imán al verla tan parecida a su madre.

Christian, tuvo que aguantar las burlas y las molestias de la familia que la acogió, pero sobre todo, tuvo que aguantarla a ella, a esa castaña de ojos de avellana que se presentó frente a ellos como su nueva asistente.

Ella sería su verdadero talón de Aquiles y aunque cayó deslumbrado por la belleza de aquella madrileña ese día que la conoció, se negó a mirarla de otra forma más que como la reemplazante de su prima. Lo que no sabía es que amaría estar cerca de ella y a la vez lo odiaría de la misma manera.

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