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Portada de la novela ENTREGADA A LOS PLACERES DEL MILLONARIO

ENTREGADA A LOS PLACERES DEL MILLONARIO

Clara queda devastada tras el engaño de su prometido y busca refugio en Aria, su mejor amiga. Así conoce a León, un hombre que oculta su amor por ella y es experto en juegos de poder. Bajo identidades falsas, ambos acuerdan una cita de sumisión y deseo que desata una conexión arrolladora. Todo cambia al descubrir que su encuentro fue orquestado por Aria. Ahora, deben elegir entre dejar que la verdad los destruya o rendirse a una pasión inevitable.
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Capítulo 2

*Espero con ansias nuestro tiempo en la sala de juegos. Todos están esperando que estes lista. ¡No me obligues a castigarte!*

Sonrío como tonta al leer el mensaje, mientras soy consciente de que si no me apuro a terminar de arreglarme, seré severamente castigada. Aunque pensándolo bien, ¿por qué no un castigo de los suyos?

Había tenido el mejor de los sueños, pero siempre su rostro era el que aparecía delante de mí. León Sanetti.

Me siento estúpida, porque seguramente ni debe acordarse de mi existencia. Seguramente haya otra mujer que esté día y noche en sus pensamientos. No lo sé, solo sé que podría preguntarle a Aria, después de todo es su hermana. Sin embargo, a veces es mejor no saber.

—Dale, Clara. Si no te apuras serán otros los que te maten —me dije a mí misma observando mis piernas en el reflejo del espejo. —Mojada —musito y muerdo mi labio inferior recordando lo vivido hace minutos.

—¡Claraaaaaa!

El grito de mi mejor amiga me trae a la realidad y de inmediato busco en los cajones ropa interior. Mi tanga estaba empapada. Resultado de unos sueños que cada vez se hacen más presentes.

Cuando al fin me puse ropa acorde a la ocasión, me miro por última vez en el espejo.

—No puedo creer que realmente esté haciendo esto —dije y carcajee.

En realidad, me estoy preparando para mi cita a ciegas, un viaje a lo desconocido. Lo único es que esto no es solo una reunión regular con él en un restaurante, sentarse a cenar tranquilamente, conocerte un poco a ciegas. Si tan solo mi vida fuera así de simple. De hecho, me reuniré con él en un club extremadamente privado, y sobre todo exclusivo. The Clímax.

Probablemente sería más fácil vaciar las bóvedas del Banco Central, que ingresar a ese club. Tienes que conocer a alguien... quién conoce a alguien... que salió con otra persona ... que en realidad era la hija de nadie en particular para entrar. Algo parecido. Lo que intento decir es que, para ingresar en ese club tan exclusivo, si no es por recomendación no puedes ni pasar por la puerta.

Afortunadamente, no tuve que pasar por una serie de alguien solo para terminar con nadie, ya que mi mejor amiga y su prometido son miembros VIP de dicho club.

Bien, creo que meterme en un lugar que no conozco y encerrarme con un desconocido a tener sexo sin que pueda verlo no es algo que cualquiera haría. O por lo menos yo no soy así, pero él es diferente. Además, confío en Aria. Ella me había pedido hace dos semanas configurar esta cita y bueno, puse en sus manos toda mi confianza y el permiso para que le diera mi número de celular y así poder conocernos sin intermediarios.

La primera vez que me envió un mensaje, demoré tres horas para responder y solo me había dicho «Hola, Clara. Aria me concedió tu número». Luego y poco a poco fuimos ganando confianza y fue explicándome todo aquello que consistía ser una sumisa y lo que él hacía en ese club. The Clímax.

Al cabo de dos semanas ya teníamos una fluidez impresionante. De hecho, hemos estado hablando de la "celda especial", como la he apodado tan gentilmente, durante la semana pasada y cada vez que mencionaba todas esas cosas que deseaba hacer conmigo, mordía con fuerza mis labios.

Aun desconozco su nombre, pero mi cuerpo reconoce su voz y puede hacerme eyacular cuando me ordene. Él me lleva a otro plano y con solo decir algunas palabras.

Vuelvo a sonreír cuando releo el mensaje que me había enviado y me llevo el celular al pecho para luego cerrar los ojos y soltar un jadeo.

Si alguien me hubiera dicho que esto era posible hace dos semanas, me habría reído. Ahora... no resulta tan gracioso.

Mi prenda interior se empapa solo de pensar lo que sucederá esta noche. Se que en más de una ocasión me ha dicho todas las cosas que hace con una sumisa, pero no puedo ni pensar en lo que es estar en ese lugar y, aunque no sepa ni su nombre, confío plenamente en mi mejor amiga. Si ella dice que está bien, entonces no necesito saber absolutamente nada más sobre él.

Si debía ser sincera, hacía rato me había interesado en el BDSM, pero siempre había sido un secreto. Supongo que Aria me conoce lo suficiente como para haberme propuesto ir a ese club, aunque ha disfrazado su verdadera intención al decirme que, luego de lo fracasado que fue mi intento de matrimonio, no podía cerrarme al amor y conocer a alguien nuevo me haría bien, pero las dos sabemos que no se trata de eso. Aun así, confío en ella y quizás, pensar solo en sexo me hará olvidar el engaño de mi ex.

Creo que esa necesidad incontrolable de encontrar un Dom para que me haga su sumisa surgió desde la primera vez que leí un libro de esa temática, y se intensificó gracias a los sueños eróticos, los que cada vez se vuelven más intensos y más vividos.

—¡Claraaaaaaaaaaaaa! —Aria vuelve a llamarme y vuelvo a la realidad una vez más.

—¡Ya voy! —le informo a los gritos, mientras busco mi perfume. Y es mío porque él me lo ha enviado con mi amiga. Para ser sincera, la envidiaba un poco y estoy segura que mi Señor también. Aria es la única que conoce nuestra identidad y por alguna razón, lo conoce muy bien.

A veces me da a pensar que ha estado con él, luego y por algún motivo esa idea me resulta repugnante. Por ser mi amiga, quizás. No lo sé.

Vuelvo a aperderme en mis pensamientos, cuando la puerta se abre y me sobresalto.

—Clara, te estamos esperando —dice la rubia parada en la puerta, pero cuando nota mi nerviosismo pregunta con miedo—: ¿Te arrepentiste?

—No —digo con toda seguridad—. Solo estoy algo nerviosa. Sabes que es mi primera vez en ese mundo.

Ella pone su mano en mi hombro y luego me abraza con el otro y tras mirar nuestros reflejos en el espejo me anima.

—¿Confías en mí? —asiento. No tengo que pensarlo—. Todo estará bien. Te lo prometo. Además, si no fuera porque lo conozco muy bien, no te entregaría a él. Enserio, confía en él. Estas en buenas manos.

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