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Portada de la novela Entre copas

Entre copas

Marcus abandonó a Mía creyendo que era lo mejor para ella, pero su ausencia solo la sumió en un profundo vacío. Tras un año de lucha por sanar sus heridas, ella se traslada a la costa para retomar su carrera profesional y hallar tranquilidad. No obstante, su nuevo comienzo se ve alterado por una sorpresa impactante: en ese refugio marino se cruza con Marcus, su marido, el hombre que juró no volver a ver y que ahora pone a prueba su frágil estabilidad.
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Capítulo 2

Mía

Después de meses y meses de terapia puedo decir que he comenzado oficialmente mi recuperación. Todavía no me siento como la antigua Mía, aunque me han dejado claro muchas veces que no debo insistir en volver a ser la misma, todos cambiamos, evolucionamos, y las circunstancias nos convierten en lo que somos.

Ahora soy una Mía nueva, más seria y sensata, más tranquila y con menos expectativas, pero convencida de que la vida merece la pena.

Salí del centro hace un par de meses, y aunque decidí no volver al castillo, Killian me ha ayudado muchísimo, me buscó un apartamento y se encarga de la nómina de Tom, mi psiquiatra, que se ha convertido en mi familia y me alegra tenerlo siempre cerca.

Estoy terminando de hacer las maletas. Necesito salir de Verona, necesito empezar una nueva vida lejos de todo lo que me recuerda lo desgraciada que fuí.

Una tarde Tom y yo abrimos un mapa y empezamos a investigar sobre que lugar sería el ideal, después de pasar toda la tarde aprendiendo lugares que no conocía, los dos coincidimos en qe queríamos un lugar tranquilo y relajado y de esta forma llegamos a Obbeggio, un pequeño pueblo con menos de mil habitantes en la parte norte de Italia, está bañado por el lago Maggiore, y más al norte linda con Suiza.

Estoy deseando salir de aquí, dejar todo atrás y comenzar de nuevo. Suena el timbre. Camino hacia la puerta, pero estoy segura de que es Killian, todos los días viene tres o cuatro veces a vernos. Ha cambiado muchísimo, al principio no me fiaba de él, estaba convencida de que en cualquier momento me haría daño de alguna manera, pero los meses fueron pasando y siguió cuidándome, y ahora se ha convertido en mi familia también. Mi familia es rara; un hermano que intentó matarme, mi cuñado que me odiaba a muerte y mi psiquiatra, somos bastante pintorescos, pero me encanta y supongo que con eso es suficiente.

Abro la puerta y lo abrazo.

- Lo tengo todo casi listo.

Deja un beso sobre mi cabeza y entra en la casa con  su brazo todavía rodeando mi espalda.

- Tengo una sorpresa para ti.

Me giro con la cara iluminada. Siempre me han gustado las sorpresas.

- ¿Qué es?

- Pregunta equivocada, la pregunta sería ¿dónde es? - Dice consiguiendo intrigarme aún más - te he conseguido un trabajo de enfermera en el pueblo de al lado,  en Cannero Riviera.

Me tapo la boca emocionada. Estaba segura de que no volvería a cuidar a nadie. No me he sentido preparada para buscar un trabajo y volver a lo que hacía por más que Tom me intentaba convencer, y una vez más Killian me ha dado el empujón que necesitaba.

- ¿Hablas en serio?

- A ver, es una pequeña consulta. No es como los hospitales a los que estas acostumbrada.

Salto sobre él y rodeo su cuello quedándome colgada literalmente, ya que es bastante más alto que yo. Killian ríe conmigo.

Me suelto y me pongo sería. Pasan tantos pensamientos por mi cabeza, tengo tantas cosas que decirle. Mi hermano ha estado a mi lado tambien, pero Killian se volcó completamente para que me recuperara. Le debo la vida. Evitó que saltara del castillo ( no se como pude hacer algo tan drástico) , me buscó ayuda, me ha encontrado una casa en Obbeggio que según dice me voy a enamorar en cuanto la vea y ahora me ayuda a retomar mi trabajo.

- Ni en mil vida podré compensarte por todo lo que has hecho.

Me revuelve el pelo como si fuera un niña pequeña.

- Déjate de dramas pequeñaja y termina la maleta o llegareis tarde.

Terminamos de preparar las maletas. Tom levanta su copa y brinda con Killian, yo lo hago con fanta, sigo tomando medicación y no me dejan beber alcohol. Aunque ya estoy bien casi a todas horas aún hay momentos que pienso en todo lo que pasó, en mi hijo, en Marcus, en mi padre, incluso en lo roto que está mi hermano. Cuando eso ocurre me cuesta controlarme, es como si una parte de mi se rompiera una y otra vez. La medicación me ayuda a mantener la calma y alivia parte de la depresión que me acompaña desde aquel día...

- Iré a veros antes de que os deis cuenta - Killian nos da un abrazo y recoge mi maleta para ayudarme a meterla en el coche.

- Más te vale si no quieres que vuelva a Verona y te patee el culo.

Tom se monta en el coche mientras me despido de Killian, me da mucha pena irme, pero sé que es lo que tengo que hacer.

- Te quiero mucho - digo conteniendo la emoción.

- ... Y yo a ti pequeñaja.

Me rodea con sus brazos y me pega a su pecho.

- Venga vete ya - Dice soltándome - La semana que viene iré a veros.

Me monto en el asiento del copiloto y me despido sacando el brazo por la ventanilla mientras me alejo de todo lo que poco a poco me destrozó hace ya una eternidad.

Casi cuatro horas después llegamos a nuestro destino. El pueblo es exactamente lo que habíamos pensado, tranquilo y rodeado de bosque con infinidad de rutas para hacer senderismo.

Tom saca el mapa y con sus gafas de sol puestas en pleno noviembre, parecemos forasteros a punto de perderse. Llegamos a la entrada de una casa enorme, rodeado por un jardín bien recortado. Después de cruzarlo llegamos a una pequeña puerta de madera que da acceso a unas escaleras que terminan en una pequeña playa privada, solo compartida por un vecino que no tengo ni idea de quien es.

- ¿Tu sabías que esta era nuestra casa? - Pregunto impresionada.

- Yo que voy a saber. ¡Mira! Tenemos hasta puerto privado.

Veo un pequeño muelle. Lástima que no tengamos un barco para atracarlo ahí. Saco el móvil para mandarle un mensaje y regañar a Killian, pero en el último momento me arrepiento y pulso el botón de llamada.

- ¿Ya habéis llegado?

- ¿Te has vuelto loco? Nos has alquilado una mansión con playa privada, solo nos falta el barco - Bromeo.

Es un exagerado. Podría haber buscado un pequeña casita en medio del bosque y disfrutaría de ella y estaría eternamente agradecida.

- El coche de la entrada es para ti, para que vayas a trabajar y el barco está en camino - ríe.

- Estás de broma ¿verdad? Todo esto debe ser carísimo...

Dejo la alegría a un lado para empezar a sentirme un poco mal. No me gusta ser una carga, yo antes era muy independiente, por lo menos era capaz de pagarme mis propios gastos. No se cuanto puede costar esta casa, pero mi sueldo de enfermera no me va a llegar para pagar ni la luz.

- Lo que cuesta el alquiler lo gano en media hora en una de mis locales así que deja el drama y disfruta un poco.

- Vale, vale, tienes razón, perdona.

Estoy intentando ser positiva, pero por algún extraño motivo siempre veo la parte negativa de las cosas y eso no me deja disfrutar del todo, así que es nuestro trabajo de la semana en la que Tom me ayuda a ver lo positivo hasta de lo más oscuro que me pueda encontrar.

Vuelvo a la entrada después de colgar el teléfono para admirar mi nuevo coche, ni me había fijado en él cuando he llegado. Hay un mini en uno de los laterales de la entrada. Los hay de todos los colores, y Killian ha tenido que elegir el amarillo, el más llamativo y estrambótico.

Por la parte de atrás estamos rodeados de bosque y tranquilidad, no se que va a pensar mi vecino cuando vea el amarillo pollo de mi coche y a Tom en una de sus sesiones de yoga en el jardín, seguro que es un viejo de esos amargados que no soportan a la gente.

Entro en la casa en busca de mi amigo - psiquiatra. Lo encuentro abriendo las puertas de la planta de arriba para decidir la habitación que se queda.

- Tom, voy a ir a Cannero Riviera para ver si soy capaz de encontrar la consulta ¿vienes?

Se vuelve despacio, termina de abrir la puerta y levanta la mano para enseñármela. Es impresionante. Es tan grande como el Salón y la cocina del piso donde nos mudamos hace unos meses. Tiene baño propio con jacuzzi y una cristalera que al abrirla da a un balcón con vistas al río.

- ¿Estás de coña? Pienso disfrutar de cada segundo aquí. El mapa está en la entrada y te he marcado el camino. Buenas suerte.

Le hago burla antes de cerrar la puerta. Cojo el mapa y lo miro antes de arrancar mi nuevo coche. Tiene razón, el camino está tirado. Tienes que ir por una carretera que bordea el río durante cinco kilómetros. Lo dejo doblado en el asiento del copiloto y salgo decidida a volver a tomar las riendas de mi vida.

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