
Entre Copas y Secretos: Mi Verdadera Libertad
Capítulo 2
Hoy es mi aniversario de bodas.
Llevo un vestido rojo que a Máximo le gusta, con un collar de diamantes que él me regaló. Me siento en la mesa del comedor, frente a una cena fría que preparé durante tres horas.
Él no ha vuelto.
Son las once de la noche, mi teléfono no ha sonado ni una sola vez.
No hay mensajes, no hay llamadas. Solo el silencio de esta casa enorme y vacía.
Me levanto, mis tacones resuenan en el suelo de mármol. Subo las escaleras, empujo la puerta de nuestra habitación, pero está vacía.
Un impulso me lleva hacia la bodega privada, el lugar que diseñé yo misma, mi único santuario en esta casa.
La puerta está entreabierta, y desde dentro se escapa una luz tenue y el sonido de risas ahogadas.
Mi corazón se detiene.
Empujo la puerta suavemente.
Allí, sobre una alfombra de piel que compramos en nuestro viaje de luna de miel, están Máximo y su asistente, Sasha. La ropa de ambos está desordenada, y la botella de Vega Sicilia que yo guardaba para una ocasión especial está abierta y a medio beber sobre una caja de madera.
Máximo me ve, pero no hay pánico en su rostro, solo una sonrisa burlona.
"Vaya, Annabel. Justo a tiempo para la fiesta."
Sasha se ríe, una risa aguda que me revuelve el estómago. Se acomoda el vestido, mirándome con descaro.
"Feliz aniversario," dice ella, con un tono venenoso.
Siento que el aire me falta, pero me obligo a mantenerme en pie. Mis manos tiemblan a mis costados.
"Máximo, ¿qué significa esto?"
Él se levanta, se acerca a mí y me toma de la barbilla, su aliento huele a vino caro y a otra mujer.
"Significa que estoy aburrido, querida. Este matrimonio es un aburrimiento."
Suelta mi cara con desdén.
"Pero tengo una solución. Tengamos un matrimonio abierto. Tú puedes buscar a quien quieras, yo haré lo mismo. Así todos contentos, ¿no crees? Podrías empezar por buscar a algún jornalero de tu viñedo, seguro que alguno te encuentra atractiva."
Me quedo helada, la humillación me quema por dentro.
Él no siente culpa, no siente remordimiento. Solo arrogancia.
Me doy la vuelta sin decir una palabra más y salgo de la bodega.
Salgo de la casa.
Conduzco sin rumbo por las carreteras oscuras de La Rioja hasta que mis faros iluminan el viejo cartel de madera: "Viña Salazar". El viñedo de mi familia.
El único lugar que alguna vez sentí como un hogar.
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