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Portada de la novela Entonces, ¿Nos casamos?

Entonces, ¿Nos casamos?

Caleb Palmer, el ambicioso y calculador director de la cadena hotelera Atlantis, ha blindado sus sentimientos tras un fracaso sentimental, limitándose a relaciones sin compromiso. Su estructurado mundo se tambalea al cruzarse con Olivia Millán, una carismática trabajadora de la boutique de su complejo. A pesar de los esfuerzos de la joven por mantenerse oculta y evadir al poderoso magnate, el destino forzará un encuentro que cambiará sus vidas para siempre.
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Capítulo 2

Su turno había terminado, y ya era hora de volver a casa. Después de despedirse de Leticia, Olivia tomó el camino a la salida, tenía que cruzar todo el centro del hotel para poder llegar a la misma. Mientras avanzada, Olivia sentía que estaba siendo observada por todos, no le agradaba sentir que todos la miraban.

Se preguntó si era por su atuendo, después de trabajar, las empleadas podían salir del trabajo con el uniforme puesto. Pero a ella no le atraía mucho que digamos salir vestida así, le gustaba usar un lindo vestido, ¿Eso qué tenía de malo?, muchas mujeres usaban vestidos, además, siempre los encontraba a buenas ofertas. No podía desaprovecharlos.

A más de que, le lucia muy bien, y prefería ponerse un vestido, que unos vaqueros. De todos modos, sus atuendos no eran vulgares, no comprendía por qué la miraban como si tuviera algo raro encima. Luego negó, quizás eran ideas suyas y solo estaba siendo algo paranoica.

Lo que pasaba es que a Olivia no le interesaba ser el centro de atención de nada, prefería pasar desapercibida que estar haciendo escándalos.

Miró la hora en su reloj, fijándose que con un poco de suerte podría agarrar el transporte del hotel que la acercaba a su casa. Y si no, le tocaría tomar el autobús en la parada. Al salir del hotel, ella se fija que el transporte arrancaba, alejándose del edificio.

—¡Ay, no! —Exclama corriendo hacia el mismo —. Espera, por favor —Pero fue inútil. El autobús ya estaba lejos —. Demonios, voy a tener que caminar hasta la parada.

Caleb presenció la escena de esa chica desde el interior de su coche, se preguntó muy curioso porque esa jovencita corría detrás del autobús del hotel, ¿sería una empleada?, pero con esa vestimenta lo dudaba mucho.

La mayoría de las veces que observaba a los empleados salir del hotel, todos llevaban puestos el uniforme de sus trabajos. Y una huésped mucho menos podría ser, quizás, el chófer le hacía el favor de llevarla a alguna parte. Esa teoría le hizo fruncir el ceño.

No es que fuese un jefe gruñón, y mucho menos egoísta, pero el transporte de su hotel no era para prestar servicios a las amistades de los empleados. El CEO observa detenidamente a la joven, parecía enojada porque la dejaron, pero también la detallo muy bien y por un segundo le resulto…

< ¿Qué diablos me resulto?>

Se pregunta al momento de negar, Caleb se bajó del coche olvidando ese detalle de la chica del transporte, ya resolvería ese asunto. Pero antes necesitaba recoger algunas cosas en la oficina, para marcharse a casa antes de salir a su cita de esa noche.

Olivia soltó el aliento al ver su transporte alejarse, la joven se da la vuelta, pero al hacerlo se fija en el sujeto que había entrado en la boutique. El hombre bajaba de un impresionante coche, llevaba puesto el mismo traje con el que lo vio ese día. Y allí estaba, nuevamente, su corazón, volviéndose loco con un completo extraño.

La joven traga saliva al verlo entrar en el hotel, se imaginó que tenía que ser huésped, ¿Por qué, que otra cosa haría allí dentro? Y sin darse cuenta, ella lo estaba observando como una fisgona. Cuando de la nada, él voltea y le echa el ojo. Inmediatamente, Olivia gira el rostro y se encamina hasta su parada.

Se reprocha mientras que caminaba toda erguida a la parada de autobuses, lo que menos deseaba era voltear y tener que encontrarse con la mirada de ese hombre. Qué vergüenza seria eso.

No fueron ideas suyas, esa muchacha lo estaba mirando desde que se bajó del coche. ¿Acaso lo conocía? Él no recordaba haberla visto en ninguna parte, aunque eso no tenía nada que ver. Muchas personas los miraban sin detenimiento alguno, pero por alguna razón Caleb se quedó un momento en la entrada del edificio observando a esa mujer. Frunce el ceño cuando la deja de ver, ya que cruzaba la calle y se perdía por la cuadra.

Suena las llaves del coche en sus manos, para luego negar y adentrarse en el interior del edificio… No tardo ni diez minutos cuando regreso a su coche emprendiendo la marcha hacia su casa.

De camino, una pequeña llovizna nada fuerte, pero sí de las que te moja empezó a caer. Caleb enciende el parabrisas, y justamente cuando las aspas de goma limpian el parabrisas, él se percata de que aquella joven que vio en el edificio minutos antes, se encontraba sola, debajo del techo de la parada de autobús.

Caleb disminuyo la velocidad del coche, no supo por qué, pero lo hizo. Paso muy lentamente del otro lado de la calle, pero sin quitarle la mirada a esa mujer. No se estaba mojando por completo, pero la brisa comenzaba a golpearla con más insistencia, no tardaría mucho en empaparse.

De pronto la detalla con más detenimiento, estaba mucho más cerca que hace rato. A quien se le ocurría salir con un vestido a esas horas de la noche, seguramente, se congelaría en minutos.

El CEO frunce el ceño, ¿Por qué estaba pensando en esas cosas? ¿Y por qué ella le resultaba intrigante?, posiblemente era por qué la había visto intentar subirse en el transporte de su hotel. Pero por más que intentara recordar, no le venía ningún momento a la mente en donde ella estuviera presente.

Era extraña la sensación que estaba experimentando, pero no podía dejarse llevar por esas emociones sin sentido. Desde cuando sentía ese tipo de impresiones por alguien que apenas y había visto un momento.

Regreso la vista al frete y acelero el coche. Tenía que llegar a casa…

[...]

Mierda, la lluvia estaba jodiendo su noche. Primero perdía el transporte, luego ese sujeto la pilló espiándolo y, encima, terminaba por mojarse con la lluvia. Es que no podía ir peor su día.

Y para completar su noche, el autobús estaba tardando un montón, mientras que ella seguía mojándose con la brisa. Mala suerte el haber elegido un vestido para salir, pero qué demonios iba a saber que llovería. No era climatóloga.

La joven levanta la mirada a medias y se da cuenta de que un coche se aproximaba y empezaba a disminuir la velocidad a medida que se acercaba a la parada, este automóvil le resulto un poco familiar. Se parecía el coche del tipo del hotel, pero, ¿cuánto podría ser el porcentaje de posibilidades de coincidencia de que fuese el mismo coche?, y desde luego el mismo conductor.

Sea lo que fuera, no quería averiguarlo. Así que ella baja la mirada, e implora al cielo que el autobús llegará lo más pronto posible… pero de la nada, el carro acelero y se perdió por la avenida. Olivia frunce el ceño al mirar las luces traseras del auto, y justamente en ese momento, las luces blancas del autobús se acercaban.

—¡Bonita hora en la que apareces! —Masculla.

Pero sus ojos estaban fijos en las tenues luces rojas que aún se podían distinguir a lo lejos, era imposible que fuese el coche del mismo sujeto. Se confirma internamente.

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