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Portada de la novela Entonces, ¿Nos casamos?

Entonces, ¿Nos casamos?

Caleb Palmer, el ambicioso y calculador director de la cadena hotelera Atlantis, ha blindado sus sentimientos tras un fracaso sentimental, limitándose a relaciones sin compromiso. Su estructurado mundo se tambalea al cruzarse con Olivia Millán, una carismática trabajadora de la boutique de su complejo. A pesar de los esfuerzos de la joven por mantenerse oculta y evadir al poderoso magnate, el destino forzará un encuentro que cambiará sus vidas para siempre.
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Capítulo 3

—Entonces que, ¿hiciste algo anoche? ¿Saliste a conocer a alguien?

—No, Leticia. No fui a ninguna parte —Olivia rueda los ojos.

—Qué aburrida eres, es increíble que siendo tan guapa y joven no lo aproveches.

—Sé que voy a conocer al hombre indicado en cualquier momento, no hay porque apurar las cosas.

—¿Y cuándo será eso? ¡Cuando seas una vieja decrépita!

Olivia niega ante el comentario de su compañera, era muy insistente con eso de que se buscará un novio. No es que no lo quisiera, pero tampoco pensaba apresurar las cosas con un hombre, y menos, cuando había pasado por decepciones con sus últimas citas. Todos mentían, siempre mentían al final.

Era muy difícil encontrar a un hombre, fiel, pero sobre todo sincero. De pronto ese rostro le vino a la mente, arrasando con todo a su paso. Olivia se irguió, sintiendo un fuerte estremecimiento en su interior. ¿Por qué estaba pensando en ese hombre? Ni siquiera lo conocía como para que viniera a ocupar sus pensamientos.

Rápidamente, niega… no tenía sentido que le viniera a la mente ese tipo.

En eso, el teléfono de la tienda comenzó a sonar. Leticia contestó cordialmente mientras que Olivia continuaba limpiando los vidríales de las vitrinas.

—En seguida, no se preocupe por eso —La castaña escucho decir a su compañera, para luego mirarla colgar la llamada.

—¿Qué ocurre?

—Necesito que subas al último piso del hotel y recojas una prenda que será devuelta.

—¿Devuelta? Pero si no se aceptan devoluciones, Leticia. ¿Estás loca? Si la jefa se entera, nos echará.

—Este es un caso diferente, sube al último piso y ve a por ese vestido. Revisa que esté en perfecto estado.

—¿Y por qué tengo que subir yo? Tú has sido la que atendió la llamada.

Olivia se negaba a subir, ella sabía que los últimos pisos del hotel eran oficinas. Mayormente, donde se la pasaban personas importantes.

—Porque yo tengo más tiempo que tú trabajando en esta tienda, así que tú iras por esa prenda.

—¿Y por qué no lo envían con alguien?

—Olivia, por favor —Su compañera se cruza de brazos.

La castaña suelta el aliento, no tenía otro remedio que subir… mientras que el contador de números del ascensor aumentaba, Olivia soltaba el aliento cada dos por tres. Su cerebro no paraba de refunfuñar, todavía seguía pensando por qué no enviaban la prenda con alguien.

Ella no fue contratada para buscar vestidos a las oficinas, era injusto que la enviasen como si trabajará como mensajera. Se cruza de brazos sintiéndose molesta, Leticia era una mala compañera, se basó del tiempo que tenía trabajando para enviarla a ella.

Olivia miró el marcador de números, fijándose que ya había llegado al último piso. De pronto las puertas se abren y ella se encamina hasta la oficina que le indico Leticia. La castaña se topa con una atractiva secretaria que no paraba de escribir.

—Buenos días, vengo de la boutique del hotel a recoger una prenda —La rubia levanta la mirada.

—Pasa, la están esperando dentro.

< ¿Pasar? ¿Y por qué rayos no me dejaron el maldito vestido con la secretaria?> ella mira la puerta de la oficina y se lo piensa un momento.

—¿Vas a pasar o te piensas quedar allí parada todo el día? —La secretaria la miro como si le estorbara su presencia.

—Sí, claro —Asiente.

Oliva camina hasta la puerta, cuando escucha el teléfono de la odiosa sonar. Inmediatamente, contesta y en cuestión de segundos la voz de esa mujer la detiene.

—¡Espera! —Olivia se da la vuelta —. No entres, yo entrare por el vestido.

La mujer se pone de pie y pasa a la oficina. La castaña suelta el aliento de alivio, algo le decía que no entrara en esa oficina. Menos mal que la secretaria fue la que entro, mira de reojo el sofá y decide esperar sentada.

En tan solo un par de minutos, la puerta de la oficina se abre y por esta sale la secretaria con una bolsa que lleva el logotipo de la boutique. Olivia hace amago de ponerse en pie, cuando de la nada de la oficina surge ese hombre que había visto en la tienda y luego en la entrada del hotel.

La castaña vuelve a sentarse sintiéndose petrificada, ¿Qué estaba haciendo ese hombre en esas oficinas? Se pregunta, ¿no era un huésped del hotel? Ella parpadea varias veces, mientras rogaba al cielo que ese hombre no se diera la vuelta.

Estaba tan nerviosa, que ni siquiera presto atención a la conversación que mantenía con la secretaria. Simplemente, observaba lo ancho de su espalda, y esa manera tan arrogante con la que se paraba. Olivia traga saliva, esa sensación de nerviosismo no la había experimentado con ningún hombre. Pero con él sí, ni siquiera lo conocía.

Para cuando Olivia reacciona, se fija que él pretendía darse la vuelta. ¡Mierda, la iba a ver! Los instintos actuaron de inmediato, tomó una revista de una mesita a su lado y rápidamente metió el rostro en medio de las hojas. Su corazón latía muy rápido, si a él le daba por hablarle o preguntarle algo estaría perdida.

Caleb, al terminar de hablar con su secretaria vuelve al interior de su oficina, pero al darse la vuelta, nota la presencia de una joven sentada en su sofá. Se detiene un momento para mirarla, llevaba lo que parecía ser un uniforme, se imaginó que sería la enviada de la boutique para recoger el vestido.

El castaño frunce el ceño al ver que no podía ver el rostro de la muchacha, estaba metida de lleno en aquella revista que por cierto estaba al contrario, ¿Qué diablos estaba leyendo?, intentó acercarse a ella para quitarle la revista, cuando su línea privada comenzó a sonar.

Necesitaba atender esa llamada…

Vuelve a la puerta de su oficina, pero no sin antes decirle algo a esa muchacha.

—Debería darle la vuelta a la revista —Luego de eso cierra la puerta.

Olivia explaya los ojos al darse cuenta de que la maldita revista estaba al revés. Y ese hombre se había dado cuenta de ello, ¡Por todos los cielos! Era tan estúpida que no se percató de que estaba haciendo el ridículo.

Cuando escucho el sonido de la puerta, bajo la revista y observo a la secretaria de brazos cruzados.

—¿Estás loca?

—¿Y el vestido?

—Si no querías verlo, te hubieras inventado otra excusa que utilizar la revista al revés.

—¿Dónde está el vestido?

—Ten.

El deber de Olivia era revisarlo allí mismo, pero no quería arriesgarse a que ese hombre saliera de nuevo y la encontrara. Tomó la bolsa y salió disparada hacia el ascensor.

Sujetaba la bolsa con fuerza sobre su pecho, las coincidencias si existían, quien iba a pensar que el mismo que vio entrar en la tienda fuese el que llamo para devolver el vestido. Dios santo, estaba de malas.

Pero lo peor de todo era, ¿Por qué carajos no quería que él la mirase? Que tenía de malo que la viera, es que no encontraba ninguna razón explicable. Porque se tenía que paralizar cuando lo veía, ella niega.

—Ese hombre debe ser muy importante para estar en estas oficinas. ¡Ay joder!, y yo vine hacer el ridículo —La joven golpea su frente un par de veces con la palma de la mano —. ¿Por qué hice eso?, que me costaba dar la cara, bruta, eres una bruta Olivia Millán.

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