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Portada de la novela Enredada con su arrogante jefe

Enredada con su arrogante jefe

Traicionada por su prometido y su prima, Blair intenta mantenerse entera, pero una noche de copas termina en un encuentro apasionado con Román, su frío y autoritario jefe. Lo que ella pretendía olvidar como un desliz pasajero se convierte en una obsesión para el influyente empresario. Decidido a no dejarla marchar, Román inicia una implacable persecución para reclamarla, entrelazando sus destinos en un juego de poder, deseo y seducción.
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Capítulo 2

"Maldición". Dan se alzó con fuerza de la cama, empujando a Laura.

Blair pudo ver el horror en el rostro de él cuando la vio de pie en la puerta. Lo había atrapado con las manos en la masa.

Laura se arrastró por la cama, tirando de una manta para cubrirse. Su rostro reflejaba una sorpresa genuina, lo que demostraba que no tenía ni idea de que su prima estaba allí. Su expresión era increíblemente real e imposible de fingir.

"Veo que no es necesario, gracias. Parece que Laura ya se encargó de eso por ti". Blair se sorprendió de lo tranquila que sonó, cuando lo único que realmente quería hacer era gritar, llorar y lanzar cosas. ¿Pero qué conseguiría con eso? El resultado sería el mismo: una relación destrozada.

"¡Blair! ¿Qué haces en casa hoy?". A Dan se le quebró la voz. Agarró la sábana, intentando cubrirse, recordando de pronto que la modestia existía.

Blair alzó una ceja. "¿Eso es lo que te preocupa? Quizá sea buena idea que te cubras".

Lo observó con los ojos entrecerrados. Lo había amado, pero el hombre que tenía delante ahora le resultaba repugnante. Ya no importaba que fuera tan atractivo. Para ella, era feo. Nadie debería engañar a alguien a quien decía amar. Aunque le hubieran puesto una pistola en la cabeza, en su lugar, ella se habría negado. Era una lástima que Dan no sintiera lo mismo. Por los sonidos que había escuchado, Laura no había tenido que forzarlo a nada.

Blair dejó el bate en el suelo, apoyándolo contra la pared cerca de la puerta, por si acaso. Se dijo a sí misma que no lo usaría, pero ¿quién sabía? Los crímenes pasionales tenían que surgir de algún lado, con gente normal perdiendo los estribos en el calor de la traición. Así que era más seguro dejarlo ahí. Luego cruzó los brazos sobre el pecho, mirando a Dan que se había levantado de la cama y se estaba subiendo los pantalones del traje.

Finalmente, desvió la mirada hacia Laura. La muy perra tenía una expresión de suficiencia en el rostro. La sorpresa inicial había dado paso a la arrogancia. ¿Por qué?

La sangre rugía en los oídos de Blair mientras asumía la destrucción total de su vida personal. Nunca quería volver a verlo, pero Dan también trabajaba para Kingston. Ella se había postulado primero, y él no se había unido hasta un año después.

Aun así, ella decidió en ese mismo instante que no dejaría su trabajo. Era lo único concreto a lo que podía aferrarse, así que lo conservaría. Después de todo, no era como si trabajaran directamente juntos.

De pronto, Dan dio un paso hacia ella, extendiendo la mano. "Cariño…".

Blair retrocedió.

"No te atrevas a tocarme". No podía soportarlo. Ni siquiera quería su sombra cerca.

El veneno en su voz lo detuvo en seco, y se giró para mirar a Laura antes de volver la vista al rostro blanco de su prometida. ¿Quién no se pondría pálido?

"Tienes que creerme. Esto fue algo de una sola vez. No volverá a pasar. No significó nada", suplicó Dan.

En ese instante, Blair captó la expresión en el rostro de Laura. Incluso antes de verla, sabía que él estaba mintiendo. Dan tenía un tic que delataba su engaño: siempre levantaba la ceja derecha. Antes de ese día, las mentiras nunca habían sido un gran problema, solo cosas pequeñas y estúpidas. ¿Lo había notado cuando él hablaba de Laura? No estaba segura.

'A veces la mente te protege de lo que no quieres ver', pensó.

"¿Sabes qué, Dan? No importa". Blair alzó el mentón mientras sus uñas se clavaban en las palmas. "Esta única vez es suficiente".

"¿Qué? No, Blair, cariño, por favor, te amo". Él intentó rodearla con los brazos.

Sin embargo, ella se movió rápido, tomó el bate y presionó la punta contra su pecho, empujándolo hacia atrás. "Ni se te ocurra".

Dan bajó la vista al bate, alzando las manos en señal de rendición. "Por favor, ella me sedujo. Sabes cómo es. Yo te echaba de menos".

Ambos oyeron el bufido que salió desde la cama.

"Está mintiendo, Blair. Esto lleva meses pasando. Poco después de que se mudó", espetó la modelo.

"¡Cállate, Laura!", le ladró Dan antes de volver a girarse hacia su prometida. "Ella miente".

Blair se encogió de hombros.

"No importa. Con una vez ha sido más que suficiente, Dan". Lo empujó ligeramente con el bate. "Y no insultes a Laura. Puede que nunca la perdone por esto, pero el que estaba en una relación eras tú, no ella". Por el rabillo del ojo, vio a su prima deslizarse fuera de la cama, buscando su ropa a toda prisa mientras seguía aferrada a la sábana. "Si crees que ella es todo lo que acabas de decir, ¿en qué te convierte eso a ti?".

Blair sabía que no se sentiría limpia ni siquiera después de diez duchas. Esto iba a llevar tiempo.

No podía lidiar con nada más en ese momento. Tenía que irse antes de que ambos estuvieran vestidos. Necesitaba pensar, respirar. No podía derrumbarse frente a ellos.

Dándose la vuelta, bajó corriendo las escaleras. Agarró su maleta y su bolso, y solo se acordó del maletín cuando llegaba a la puerta principal.

"Estúpida, ¿por qué tenías que abrir la boca?". La voz furiosa de Dan resonó desde arriba.

Blair corrió hasta su escritorio, tomó el maletín y se detuvo en la salida, lista para irse. Sabía que una vez que cruzara el umbral, no habría vuelta atrás. No tenía idea de adónde iba, pero cualquier lugar era mejor que quedarse allí.

Tras el insulto de Dan llegó la respuesta cortante de Laura. "No soy como acabas de llamarme, Dan".

"Tú y tu bocota. Querías que esto pasara, ¿no?", acusó él.

Blair pudo oír las lágrimas en la voz de Laura. "¡Antes no te molestaba mi boca, Dan!".

"¡Shh!", siseó él, de repente preocupado porque su prometida estuviera oyéndolo todo. "Me tendiste una trampa, ¿verdad? Sabías que ella iba a volver a casa".

"¡Dan, no lo sabía!", lloró Laura.

Si Blair se quedaba más tiempo, bajarían las escaleras, y no podría soportar otro enfrentamiento.

Así que, respirando hondo, cruzó la puerta principal sin mirar atrás, ni siquiera cuando oyó que Dan la llamaba por su nombre.

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