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Portada de la novela Enamorada de un Mafioso

Enamorada de un Mafioso

La vida de Andrea, una estudiante colombiana en su último año escolar, cambia para siempre tras una tragedia inesperada. Durante una fiesta que su hermano organiza mientras sus padres están fuera, la joven termina secuestrada. Su destino se vuelve oscuro al ser vendida a un poderoso cartel del narcotráfico en México. Lejos de su hogar, Andrea se ve forzada a sobrevivir en el violento mundo de la mafia, enfrentando un futuro incierto y peligroso.
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Capítulo 2

Andrea

—No hay nada que pensar, te vendieron y lo más probable es que haya sido como una virgen, así que costaste mucho dinero. En lo que tienes que pensar es en que alguien que estaba en ese lugar fue el que lo hizo sin duda alguna. —Dijo Fernanda.

Después de lo que me dijo Fernanda me quede pensando por un buen rato y tal vez si tenía toda la razón. Según millones de programas de televisión que había visto a lo largo de toda mi vida, las personas que cometen asesinatos, secuestros y robos son personas con algún trastorno y de paso son muy cercanos a uno, que nos conocen, como actuamos, como somos, nuestra familia, nuestros horarios y lo que hacemos día a día. Pero a la vez me costaba creer que algún amigo de mi hermano o alguien cercano a mi pudo hacerme eso, venderme a gente que no le podían dar certeza de lo que pasaría conmigo, ya que todos me conocían, casi desde que nací y mucho menos mi novio.

Seguía en ese camión que nunca se quedaba quieto, siempre en rumbo a un lugar desconocido para mí y para las chicas que me acompañaban, solo paraba dos veces al día y por unos pocos minutos. Ninguna de nosotras sabía a donde íbamos, era lejos, de eso no había duda. De vez en cuando abrían las puertas de atrás del camión para darnos agua y comida, por lo menos estaban invirtiendo en nosotras, obvio no les convenía que bajáramos de peso o que nos enfermáramos, mucho menos que termináramos llegando muertas. En un momento el camión se detuvo, María tenía un reloj y puso un cronómetro y llevábamos ya veinte minutos ahí. Nos preocupamos ya que pensábamos que habíamos llegado a nuestro destino y lo más probable era que nos habían vendido para un prostíbulo. Escuchamos las voces de unos hombres y luego las puertas se abrieron, la luz del sol nos encandiló por completo. Después de algunos segundos vi a dos señores, uno vestido como el propio narco que aparecían en las películas y el otro un camionero bastante común.

Ya para ese momento estábamos con muchísimo miedo, pero habíamos quedado en que no lo demostraríamos por nada del mundo. Nos vimos las caras y luego el camionero nos pidió que nos bajáramos, al principio los calambres no nos permitían mover las piernas y ya unos minutos después fue que logramos bajarnos del camión, hablaron entre ellos. Luego el señor se subió en su furgoneta y se fue. El tipo que obvio era un narco, nos observaba de arriba a abajo a todas lo que causaba bastante incomodidad.

Emiliano (narco)

Me encontraba en la oficina de mi mansión esperando al tipo que me traería a las tres chicas y una de ellas era virgen, pero la conseguí por un precio razonable. Mi hijo se encontraba resolviendo algunos problemas de nuestro negocio, mercancía que no había llegado y gente que no había pagado. Me cansé de esperar tanto, así que me dirigí a la cocina y le pedí a la señora que hacía la limpieza y la comida en la casa para pedirle un café bien cargado. Luego de haberme terminado de tomar mi café entre al baño y mi mano derecha (Charly) me dijo que el camión con las muchachas ya había llegado. Las había mandado a traer a las tres de forma vip, ya que según fotos que me enviaron tenían muy buena figura y buenos atributos, cosa que no les abundan a las mujeres mexicanas y no quería que el asqueroso camionero las tocara.

Salí de la casa en compañía de mi mano derecha (secretario). Una vez estando en el garaje de la casa vi, cuando el camión llegó, se detuvo y el conductor se bajó.

—Hola, espero que tengas ahí toda la mercancía y que sea tal cual como me las enseñaron en las fotos, de lo contrario me tendrán que devolver mi dinero. —Le comenté al tipo.

—Si señor todo lo que usted pidió, se lo traje, espero que tenga un poco de consideración conmigo y me dé una buena propina, acuérdese desde donde vengo manejando para traerle sana y salva su mercancía. —Me respondió con un tono autoritario.

—No pienso darte ni un solo peso. Yo hice negocios con tus jefes, no contigo. De lo que yo les pague a ellos que te den esa supuesta propina que te mereces. Pero como me imagino que no tienes las bolas bien puestas, no le vas a decir eso a ellos ¿O sí?. —Le contesté al hombre con aires de gran empresario.

—Yo puedo decirles a ellos que me den algo más, pero aquí el interesado en que las chicas les llegarán bien es usted porque como ya sabemos, usted le pago a mis jefes ¿O me equivoco? —Siguió respondiendo el hombre.

—Mire mijo, no se ande metiendo en lo que no le incumbe porque como dice el dicho “la curiosidad mato al gato” y usted es solo un simple empleado que hace las carreras, ubíquese si es que quiere conservar su trabajo. Muéstreme, pues, a las chicas que no tengo todo el día. —Le respondí en un tono amenazante.

—Hágale, pues, cómo diga. —Fue su respuesta. Luego de eso abrió las puertas de atrás del camión. Pude ver a tres chicas, se veían mucho mejor de como estaban en las fotos que me habían enviado. A leguas pude ver quien era la virgen que me había costado tanto dinero, tenía buen cuerpo, pero sus caderas se veían cerradas a diferencia de las otras dos chicas. No se podía negar que cada una de ellas era hermosa, pero la que sobresalía era la chica virgen. Me quedé muy impresionado viéndolas a todas, estaba como el propio niño viendo dulces.

—¿Las va a querer sí o no? Mis jefes me están esperando en Colombia, señor. Tengo otras carreras que hacer. —Me dijo el tipo que las trajo sacándome de mi trance.

—Claro que las quiero. —Le respondí sin dejar de ver a las tres mujeres que al escuchar lo que dije tragaron grueso y se pusieron pálidas. A veces se me olvidaba la pinta de vendedor de drogas sin sentimientos que tenía y lo imponente que me veía siempre. Soy un hombre musculoso, alto, de cara sería y sin ningún tipo de expresión, eso a la gente le asusta, en especial a unas chicas que saben que fueron vendidas lo más probable para prostituirlas.

—Está bien, señor, entonces aquí se las dejo. —Dijo el hombre y las saco del camión con delicadeza.

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