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Portada de la novela ¿ENAMORADA DE UN FUTBOLISTA?

¿ENAMORADA DE UN FUTBOLISTA?

Una joven que apenas empieza a explorar su camino experimenta un cambio radical tras conocer a un deportista de fama global. Mientras ella vive con sencillez y grandes ilusiones, él se encuentra sumergido en el éxito mediático y la presión de las canchas. Esta trama profundiza en el choque de sus mundos distintos, narrando cómo la frescura juvenil intenta coexistir con la agitada y compleja realidad de un futbolista profesional de élite.
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Capítulo 3

Abro mis ojos grandes —¿Cómo sabes tanto?— limpio mi boca con la servilleta.

—Por el escudo de la remera y porque me encanta el fútbol— sonríe

—Está bien y ¿él juega?—preguntó.

—Claro que si por eso se me hacia conocida su cara. Juego dos veces en la primera de su equipo y es delantero—pone sus manos en la mesa— Uno de los mejores jugadores que entro el año pasado aquí— seria.

Dejo el vaso que tenía en mi mano—ajam y yo que pensé que era retrasado—lo quedo mirando.

—Asique que se conocen—sonríe en forma picará — Es uno de los más deseado y guapo del equipo, es soltero. Ojo— tose disimuladamente.

—No me interesa—digo cortante.

—Todas dicen lo mismo pero créeme todas caen a los pies de Nicolás Smith— dice acercándose rápido.

—Pero qué decís, ni que se hubieran extinguido los hombres—afirmo.

— ¡Cuidado amiga! Además de ser buen jugador también tiene la fama de enamorar a las chicas y dejarlas por otra—dice abriendo sus ojos.

—Pobres que ingenuas son algunas mujeres—niego con la cabeza—Mira que yo me voy a fijar en eso —señalo la mesa donde está él.

—Como digas, te creo. Pero ¿por qué no lo conociste cuando lo viste?—sonríe con ese gesto pícaro en ella.

—Será porque no me gusta mirar tele y menos fútbol—le digo en forma sarcástica

—Tienes razón, mira sigue mirando para acá— me guía con sus ojos.

—Ya déjalo se va a cansar de mirar— acomodo la servilleta.

Seguimos comiendo con Emma mientras que en la mesa de los jugadores se sentía como se reían y la estaban pasando bien.

En la mesa de ellos:

—Vamos Nicolás deja tranquila a esas chicas—le dicen riéndose.

Con la mirada en la otra mesa —Cállate. Fue la primera chica que no grito al verme— apretando los dientes.

—¿Pará ya extrañas que una chica no te pida una foto o un beso? Déjate de joder— pegándole en el hombro.

—Shh!! déjame tranquilo. Quiero a esa chica—señalándola.

—Anda y preséntate—lo empujan.

—Pero estás loco—niega con la cabeza y se acomoda mejor en su lugar — No puedo, es mi vecina. Simplemente no puedo—se toca su nuca.

—Mándale con el mozo tu número como siempre haces—señalándole las cosas.

—Tienes razón. Gracias amigo— asistiendo con la cabeza. Agarra una lapicera, y escribe el número en una servilleta. Se lo pasa al mozo indicándole la mesa al cual debía dejarle eso.

Con Emma estamos charlando y contándonos cosas —Señorita. Aquel joven manda esto para usted—me entrega la servilleta escrita.

La abro. Estaba su número, Emma me mira con una sonrisa enorme. Mi cara cambia a sería totalmente—¿Qué se piensa que soy?— arrugo el papel fuerte con la mano.

—Pero Isa—la interrumpo.

Aprieto los dientes fuerte —Pero nada Emma, ya me va a escuchar— Me levanto de mi mesa, hago un bollito a la servilleta escrita y cuando estoy caminando hacia la mesa donde estaba veo que me espera con una sonrisa en su boca y escucho a sus amigos diciéndole " ganador. Grande". Lo veía orgulloso, llego me paro en frente a él. Le tiro la servilleta en la cara —¡¿Quién te crees para mandarme tu número?!— le grito. Apunto con mi dedo en su hombro —Que te quede claro, yo no soy unas de tus putas—Me doy media vuelta y me voy.

Pagamos la cuenta y nos retiramos con Emma. Saliendo por la puerta siento que alguien me agarra fuerte el brazo y me da vuelta —¿Por qué gritaste? ¿Qué te costaba decírmelo a mí solo?—Me tironea varias veces—Me dejaste en ridículo frente a mis amigos—Soltándome con todo.

Abro mis brazos—Oh! Perdona señor importante. No quise lastimarlo con lo dicho— grito y me rió a carcajadas.

Se acerca furioso —No me hables así pareces una niña caprichosa— sostiene

—Vamos ya deja de pelearte con él—me agarra la mano.

—No, Emma—me suelto de su agarre.

—Escucha a tu amiga es más inteligente — la mira a ella ahora— Gracias Emma. ¿Quieres venir a terminar de almorzar con nosotros?— le sonríe.

—No. Ella se va conmigo—la pego casi a mi cuerpo.

—Bueno Nicolás—sin escucharme. —Pero voy con ella—me abraza.

—Está bien. Mira te dejo que vayas porque Emma me cae bien— Hice un esfuerzo por mi mejor amiga, ya que, era muy fanática del equipo de fútbol ese. Disimule mi cara fea y me esforcé en poner mi sonrisa más falsa. Nos sentamos en la misma mesa con todos los jugadores, mire a Emma como se notaba feliz hablando de fútbol con todos. Yo solamente escuchaba, no entendía nada. Mire alrededor y note un montón de gente mirando a la mesa donde estábamos. Pedí permiso para ir al tocador.

Camine y un nene no más de 10 años me llamo. Me agacho a la altura del niño— ¿Qué pasa pequeño?— le pregunto.

Se acerca a mi oído —Estas comiendo con mis ídolos—dice susurrando.

Me alejo y le acaricio la cara —¿Y por qué no te acercas?—me arrodillo para quedar más cómoda.

—No, nos podemos acercar a ellos porque tienen seguridad— mira su costado.

Miro a mi alrededor girando la cabeza para todos lados —Pero aquí no hay nadie cuidándolos— lo vuelvo a mirar.

—Si mira ahí—señala a su costado

Mire a los costados y veía a unos tipos con traje parados mirando para todos lados. Se los notaba serios, sin hablar respetando todo y escuchando todo mientras observan la mesa donde estábamos sentados. Observo la mirada de ese niño —Tienes razón. ¿Quieres conocer a uno?— pregunto.

—Si. Y quiero que firmen la camiseta todos—dice feliz casi emocionado.

Me levanto lentamente y le toco el pelo —Espérame acá y te traigo a uno—aseguro.

Me voy a la mesa, agarro de la mano a Nicolás me mira extraño y me sigue. Siento que un tipo nos sigue también —Dile a tu seguridad que no nos siga—susurro en su oído.

Se frena enfrentando—Pereyra. Quédate en tu lugar. Yo solamente necesito privacidad con está preciosura— Me mira dedicándome una sonrisa.

Tan solo bastó sonreírle falsamente —Como usted ordene, señor—se frena y se queda ahí.

Me queda observando de arriba hacia abajo —Hubieras inventado algo mejor—se acerca. Lo sigo tironean mejor con mi mano —¿Y a donde me llevas?—

—Tranquilo, no te voy a secuestrar— le aseguro.

Seguimos caminando y vemos al nene esperando. Le suelto la mano —Acá está. Cumplí—me paro frente al nene.

—Increíble. Nicolás el mejor de todos— lo abraza. Nicolás le responde al abrazo y me mira con una cara sin entender lo que estaba pasando. Se separan —Gracias. Cumpliste mi sueño—me abraza.

Le doy un beso en la mejilla —De nada pequeño—me quedo mirándolo.

—¿Y dime cómo te llamas?—Le pregunta agachándose.

—Soy Emi. Soy fanático del Club, tengo 9 años. ¿Me firmas la camiseta?—extendiéndole la camiseta.

La toma entre sus manos — Claro Emi con mucho gusto—sonríe.

Mientras le firma lo queda mirando entusiasmado —Gracias. Eres mi ídolo— dice emocionado.

—Ahora falta la foto ¿no?—le sonrío.

Sin dejar que responda le tomo una foto con el pequeño y la camiseta. Me acuerdo que mi promesa no estaba toda completa ahora debía llevar la camiseta a la mesa para que la firmen los demás. Dejo Nicolás con el pequeño, voy a la mesa le entrego la camiseta y todos me la firman. Cuando vuelvo al lugar los veo hablando felices —Aquí tienes. Me gusto ayudarte a cumplir tu sueño—le devuelvo la camiseta.

La agarra, me abraza y luego abraza a Nicolás. Corre al lado de su padre con la camiseta puesta. Quedamos solos con Nicolás—¿Y ahora que recibo a cambio yo?—poniendo sus manos en el bolsillo.

Lo quedando mirando seria —Nada. Ni te ilusiones. Bastante que tengo que verte todos los días— le digo cortante.

—Te ayude. ¿Y no recibo nada a cambio?. Eso es injusto—Se acerca.

Me acerco a su lado furiosa —Me hablas a mí de injusto. Mira no dejas que nadie se te acerque de los niños solamente las mujeres que tu quieres. ¿Qué clase de persona hace eso?—le pego en el pecho. No me respondió y nos quedamos en silencio mirándonos. Hasta que rompo el silencio incomodo—Déjalo así. No respondas. Vamos mejor—le ordenó.

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