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Portada de la novela En nombre del Amor

En nombre del Amor

La vida de Julianny era un ejemplo de éxito y alegría hasta que conoció a Edder, un magnate con un carisma arrollador. Su conexión nació en la universidad, convirtiéndose pronto en un noviazgo intenso que todos envidiaban. Pero tras la imagen ideal de su relación se oculta un secreto perturbador. Julianny se verá obligada a sortear desafíos extremos mientras intenta descubrir si el sentimiento que los une resistirá el peso de una verdad sombría.
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Capítulo 1

La vida era demasiado dura y a mí me había tocado la mejor parte. A diferencia de mis compañeras de universidad, mi vida era plena y maravillosa. Escuchaba quejas y más quejas, pero de mi parte no escuchaba nada.

Mi padre era un hombre maravilloso, trabajador y luchador, y mi madre era una repostera de alta gama, además de ser una mujer de hogar. A pesar de discutir, siempre resolvían sus problemas. Todos los días me esforzaba para ser una excelente alumna. Estaba en el último año de mi carrera y había hecho equipo con una linda chica de la ciudad, con una buena posición y un alma libre. Hacíamos una buena combinación. A pesar de ser buena estudiante, me gustaba la fiesta, la bebida y el desmadre. Soy un alma libre.

Hoy tenía un importante examen de contabilidad y estaba preparada, así que no tenía miedo. Salgo de mi casa a las siete de la mañana, me gusta ser puntual. Cuando estoy en camino, mi querida Lis me llama.

— ¡JULI! —grita mientras corre para alcanzarme.

—Hola cariño, ¿por qué corres? —pregunto mientras sonrío.

—Intento alcanzarte, ¿estás preparada para la matanza? —dice sonriendo.

Sonrío—Claro, estudié mucho para eso.

—No estudié nada, mis padres me matarán. Luego de estudiar, quiero que me acompañes a hacerle barra a mi primo. Está en el último año de administración y además juega fútbol, así que iremos a hacerle barra.

—Oh no, no, no, no intentes emparejarme. No quiero novios ni salidas con extraños —digo seria.

—Está bien, te acompañaré. Pero vamos, llegaremos tarde —digo mientras sigo caminando.

Caminamos rápidamente, no me gusta llegar tarde. Sin embargo, me retrasé por estar hablando con Lis. Cuando llegamos al salón, el examen ya había comenzado, así que me gané la mirada furiosa de mi profesora. Pero no me importa y continúo mi camino. Tomo asiento y la profesora me entrega mi hoja. Resulta que el examen está bastante complicado, pero no tengo miedo, así que me enfrento a todos los números. Los cuarenta minutos pasan rápidamente y cuando termino, entrego mi examen y salgo del salón. Camino hacia la cafetería para esperar a Lis. Pido un café bien cargado y sin azúcar, lo prefiero de esa manera. A pesar de que mi madre es repostera, no me gusta lo dulce.

—Lis, ¿cómo te fue? —pregunto mientras ella llega a mi mesa.

—De puta madre. Si sigo así, no lograré graduarme —dice mientras coloca la cabeza en la mesa.

—Cálmate Lis, seguro saliste bien y estás exagerando. Deja de rumbear tanto y ponte a estudiar —digo regañándola. Le tengo mucho cariño, la quiero, es mi única amiga.

—No puedo, las fiestas me llaman —dice sonriendo.

Luego de terminar con el resto de las clases, le envío un mensaje a mi madre notificándole que iré con Lis a un juego de fútbol. Ella confía en mí, pero me gusta que sepa dónde estoy.

Cuando llegamos al dichoso juego, el equipo está compuesto por muchos chicos de tamaño monumental. Son demasiado altos y corpulentos. Nos sentamos en las gradas y cuando uno del equipo anota, Lis se levanta y comienza a gritar como loca.

—ESE ES MI CHICO, TÚ PUEDES EDDER, ¡SI SE PUEDE! —grita emocionada.

Sonrío mientras la veo emocionada. El fútbol americano es un deporte demasiado sanguinario. No me gusta el sonido de los cuerpos chocar cuando se enfrentan. No me agrada ver este tipo de cosas. Mi teléfono suena y es de mi casa, así que contesto rápido.

—Hola mamá, ¿qué ocurre?

—Hola cariño, necesito tu ayuda. Tengo unos pedidos que hacer y tu padre no se da abasto. ¿Será que puedes venir? Sé que es tu tarde libre, pero necesitamos de ti.

—En cinco minutos estoy allí —digo colgando.

—Lis, debo irme. Mi mamá me necesita —digo en su oído para que me escuche.

—¡ESPERA! No te vayas —dice Lis.

—Mi madre me necesita. Te llamo luego —digo mientras salgo del lugar.

Está relativamente cerca de la casa, así que voy caminando. Cuando llego, mi padre tiene enormes cajas en la camioneta y mamá está full en la cocina.

—Oh cariño, llegaste. Ven, ayúdame.

Pasamos la tarde haciendo tortas y ponqués. Mi madre tiene un enorme pedido para el matrimonio de una cliente fija. Resulta que la señora tiene una hija que se está casando con un importante empresario. Así que no escatiman en gastos. Mi padre ha llevado una gran cantidad de dulces de todos los sabores y colores. Me gusta verla horneando. Me enseña cómo hacer los ricos suspiros. De todos los dulces que he podido hacer, solo los suspiros son mi perdición. Me encanta el sabor cuando se derriten en mi boca, y más aún si están rellenos de chocolates.

Después de ayudar a mi madre con los dulces, ella me vuelve a llamar a la cocina. Así que no dudo ni un segundo en ir a su lado.

—Dime mamá, ¿para qué soy buena?

—Hija, sé que has trabajado mucho, pero hoy necesito más de tu ayuda. Debemos ir a la fiesta para la que trabajamos, es un matrimonio y a última hora uno de mis chicos no puede ayudarme. Así que no me queda de otra que molestarte.

—Tranquila mamá, tú me dices qué hacer y listo.

—El uniforme está en mi habitación. Escoge uno de tu talla, pero muévete, cariño, se nos hace tarde.

Salgo disparada de la cocina, corro hacia su habitación y hago lo que ella me indica. Escojo uno de esos trajes de pingüino. Por suerte, solo hay uno que me queda medianamente bien. Está un poco apretado para mi gusto, pero es mejor ir así. Salgo de allí hacia mi habitación, donde me doy una ducha rápida. Cuando estoy lista, seco mi cabello y lo recojo en una cola de caballo bastante alta. Luego procedo a colocarme mi uniforme. Para ser sincera, no me veo tan mal. No soy muy alta, pero ahí estoy con mis mejores tacones, los más cómodos para trabajar. Estoy enamorada de esas botas desde que cumplí los quince. Amo el color negro y el estilo un poco roquero. Salgo de la habitación media hora más tarde. Cuando llego a la sala, mi mamá ya está esperando.

—Te queda muy bien, cariño —dice mamá sonriente.

Rio—Sí, claro, mamá. Solo que no podré reírme ni comer, si no quiero que un botón de esta camisa salga volando y mate a la novia.

—Oh Dios, eres demasiado elocuente. A veces pienso que eres hija de tu tía —dice mientras salimos de la casa.

En el camino es bastante cómodo. Resulta que los empleados de mi madre son solo un poco mayores que yo, así que compaginamos muy bien. En total, somos quince personas y todos vamos en una pequeña Mini. Los chistes no paran de llegar, haciendo el viaje más agradable y menos duradero. Cuando la camioneta se estaciona, todos bajan haciendo una rueda y dejando a mi madre en el medio. Me quedo estática, viendo lo que está sucediendo. Los chicos hacen un pequeño rito antes de entrar a servir las mesas.

—Chicos, más que un trabajo, esto es una familia. Saben que estaré para lo que necesiten. Si se les presenta algún problema o ven que no pueden más, solo tienen que llamarme. ¿Entendido? —dice mi madre.

—Sí, señora —contestan todos al mismo tiempo. Estoy sorprendida por la dinámica que tienen estos chicos y mi madre. Es grandioso.

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