Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela En nombre del Amor

En nombre del Amor

La vida de Julianny era un ejemplo de éxito y alegría hasta que conoció a Edder, un magnate con un carisma arrollador. Su conexión nació en la universidad, convirtiéndose pronto en un noviazgo intenso que todos envidiaban. Pero tras la imagen ideal de su relación se oculta un secreto perturbador. Julianny se verá obligada a sortear desafíos extremos mientras intenta descubrir si el sentimiento que los une resistirá el peso de una verdad sombría.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Entramos todos y empezamos a arreglar las cosas. Las mesas aún estaban vacías y el bar no tenía nada de licor. Mi madre me encarga arreglar las mesas, entregándome cuatro enormes cajas. Dentro de ellas estaban los centros de mesa, más hermosos que había visto, tarjetas de identificación, cubiertos y muchas cosas más para adornar las mesas, incluyendo regalos para cada una de las personas que representaría este núcleo. Pero, ¿no se supone que si te casas, deben darte regalos? ¿Por qué regalarles a los demás? No entendía nada, pero tampoco preguntaría. Me muevo con agilidad por todo el lugar, como si lo conociera. Lo cierto es que era la primera vez que estaba aquí, pero debía ayudar a mi madre. Ya casi era la hora y faltaba mucho por hacer. Reviso la lista y veo que todos los números concuerden con las mesas y los invitados.

Termino de ordenar los cubiertos por tamaños y tipos. Nunca me había imaginado que existían cuatro tipos de cucharillas y cada una era para un uso diferente. Jamás había visto semejante locura. Para mí, la cucharilla de la sopa era la misma que usábamos para todo, incluso para agarrar el azúcar. Esto de los cubiertos era demasiada fanfarronería.

Paso de las mesas, que eran ciento veinte en total, paso por la barra y comienzo a arreglar las botellas por colores y tamaños. Había cervezas de todos los tipos y colores. Supongo que habían sido exportadas de otros países, porque había una que se llamaba Corona, decía que era hecha en la República de Colombia. También estaba una de botella negra llamada Polar, traída desde Venezuela. Cuando termino de arreglar todo en el bar, mi madre me llama.

—Cariño, necesito que vayas conmigo a la cocina y me ayudes con los bocadillos salados —dice mi madre guiándome a la cocina. El lugar era maravilloso. Había unos diez chefs o más, no me dio tiempo de contarlos, pues todos corrían de un lado para otro. Había todo tipo de comidas y platos fuertes. Una de las bandejas estaba repleta de mariscos y cosas del mar, acompañados con canapés. Se veía bastante asqueroso. No lo tomen a mal, pero la verdad es que odiaba todo lo que proviniera del mar.

Mi madre me lleva hasta el área de frituras. El aceite y la manteca que usaban para freír se notaban que estaban bastante nuevos. No usaron nada recuperado, así que supongo que todo lo que sobre podrá llevárselo el personal.

—Hija, presta atención. Necesito que me ayudes a freír estas bolitas de queso y estas empanaditas de carne. No debes dejarlas tostar ni quebrarse. Las personas que asistirán a esta fiesta son bastante adineradas y no les gusta los errores. Ya sabes que todos comemos con la vista —dice, dándome instrucciones.

—Perfecto madre, no hay ningún problema. Lo haré lo mejor que pueda —digo, poniéndome manos a la obra.

Me tomo mi tiempo para separar cada bolita, cerciorándome de que no se rompieran o el queso estuviera afuera. No quería problemas, ni mucho menos causárselos a mi madre. Empiezo a freír muchísimas. Han pasado como unas dos horas y aún estaba en esta tarea. Era muy difícil, no es lo que se cree. Cuando estoy a punto de darme por vencida, un chico entra y me mira fijamente.

—Hola, ¿puedo ayudarte en algo? —pregunto mientras lo miro fijamente.

—Hola, solo… —pero no lo dejo terminar, porque mis queridas bolas estaban quemándose.

—¡Oh mierda! Mamá va a matarme. No puedo permitir que se me quemen —digo nerviosa, mientras comienzo a sacar las bolas, pero dos manos no eran suficientes. Estaba perdiendo la batalla. El aceite quería ganar.

—Te ayudaré, ven aquí —dice, mientras me quita de las manos el utensilio para sacar las bolas.

El chico es muy hábil con las manos. Comienza a sacar las bolitas con maestría y esmero. Su cuerpo se mueve de un lado para otro, haciendo que mis ojos vuelen de un lado a otro sin parar. Lo veo freír una nueva tanda y dejarlas en su punto. Así transcurre mucho tiempo. Cuando me doy cuenta, ya está con las empanadas. No me doy cuenta de lo que hace hasta que comienza a hablarme.

—Debes bajar un poco la candela, preciosa, sino todo se quemará y los dueños de la fiesta se molestarán. Son unos estirados de mierda —dice, mientras sonríe. Su comentario me hace reír, pero no le contesto nada.

—Ven, te enseñaré cuál es el truco. Todo está en la vuelta —dice. Me acerco a él y toma mi mano, dándome el utensilio. Toma mi muñeca y me enseña cómo hacerlo. Nuestras miradas se encuentran y puedo ver algo que no sé cómo describir en su mirada. Era de esos chicos de alma libre. Sus ojos estaban tan transparentes como el océano. Cuando se da cuenta de mi mirada, él pone una distancia entre nosotros.

—Creo que ya aprendiste, así que debo irme —dice el chico, intentando huir de mí.

—¡Espera! ¿Trabajas con el equipo de mi madre? No te vi con los demás chicos.

—No, soy de otro grupo. Debo irme —dice, despidiéndose de mí, pero antes de salir se regresa y me da un beso en la mejilla, luego desaparece dejándome tan roja como una manzana. No es que nadie me haya regalado un pequeño beso, pero este chico era especial. El simple roce de sus labios me había hecho sentir de una manera inexplicable. Era como si sintiera un tropel de caballos dentro de mi estómago.

Luego de una terrible hora más friendo estas cosas, gracias al cielo termino haciéndolo muy bien. Salgo de la cocina empapada de sudor. Una brisa fría refresca mi rostro. Cierro mis ojos para sentir la frescura. Me gustaba el ambiente fresco y frío. Odiaba el calor. Incluso podría asegurar que los días lluviosos eran mis favoritos. Busco a mi madre por todo el lugar pero no la encuentro, hasta que uno de los chicos me dice que está en la cocina, en el área de dulces. Salgo en su búsqueda y la veo dándole el último toque a un hermoso y enorme pastel. Tenía unos doce pisos y era de blanco con una cascada de chocolate. Los novios estaban hechos de chocolate blanco. La verdad era bastante impresionante.

—¿Qué tal se ve? —pregunta seria.

—Es hermoso, mamá. Cuando me case quiero uno idéntico —digo sonriendo.

—Así será hija, pero tendrás que buscar un buen partido. Solo nos casamos una vez. Sabes que soy de las que piensa que el amor se encuentra una vez en la vida —dice, dándole el toque final a la novia de chocolate.

También te puede gustar

Portada de la novela Casada por accidente con el tío multimillonario de mi ex
9.2
La traición de Sinclair destroza el mundo de Cassandra, quien, en un arranque de desesperación, termina unida legalmente al misterioso Alaric Von Duvall, el tío de su antiguo prometido. Ahora, cautiva en un matrimonio con un hombre dominante y sombrío, debe sobrevivir a una red de engaños y oscuros secretos de familia. Entre el dolor de su pasado y la amenaza de su nuevo esposo, Cassandra ignora si este vínculo será su refugio o su perdición final.
Portada de la novela El camino a reparar tu corázon
8.9
Después de tres años de un matrimonio marcado por el desprecio, Sabrina acepta que Tyrone nunca la amará. El regreso de una mujer del pasado de su esposo acelera la ruptura definitiva. Aunque ella intenta salvar su relación revelando que espera un hijo, él la rechaza con frialdad. Destrozada en el hospital, firma el divorcio. Sin embargo, Tyrone reacciona con un arrepentimiento inesperado y le ruega perdón, dejando a Sabrina ante un difícil dilema.
Portada de la novela Él creyó que lo soportaría callada
9.0
Cinco años de matrimonio se desmoronan al descubrir que mi esposo atesora un archivo secreto sobre su primer amor. La traición se agrava cuando la contrata y le otorga mi proyecto estrella. El punto de quiebre ocurre en la gala anual: tras una mentira de ella, él me humilla públicamente. Pensó que mi sumisión no tenía límites, pero se equivoca. Delante de todos, vacío mi copa sobre él, terminando para siempre con mi rol de esposa sustituta.
Portada de la novela Hija del rey del casino: la venganza
9.6
Tras enriquecerse en el casino, Smith Caldwell traiciona a Sofía Croft y la deja por otra mujer. Sin embargo, su fortuna desaparece pronto, llevándolo a entregar a Sofía a unos usureros para pagar sus deudas, bajo el pretexto de que su orfandad la deja indefensa. Lejos de acobardarse ante sus captores y el personal, la joven reacciona con una risa cargada de desafío y exige una reunión inmediata con el líder máximo de la organización.
Portada de la novela La esposa de zapatos rotos del multimillonario
7.8
Florencia aceptó casarse con el magnate Javier para cubrir una deuda de su familia, pero vive sumida en la precariedad con una asignación miserable. Mientras ella usa zapatos rotos, su marido entrega millones a su exnovia. Tras sufrir humillaciones públicas donde la comparan con un animal, Florencia entiende que su unión es solo una prisión de abusos. Lista para recobrar su honor, acude a Campos Elíseos con el fin de ejecutar un plan definitivo para huir.
Portada de la novela Memorias quemadas, el ardiente regreso de una esposa
9.0
Después de forjar el éxito tecnológico de su marido, ella enfrenta una traición atroz: él asiste al funeral de su hijo con la mujer responsable de la tragedia. Para ocultar su culpa, el hombre la interna en un psiquiátrico y destruye las memorias de su pequeño. Tras saber que él se divorció a sus espaldas, ella finge fallecer. Ahora, aliada con el mayor enemigo de su ex y armada con el código fuente de su empresa, ejecutará una venganza implacable.