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Portada de la novela En las Redes del CEO.

En las Redes del CEO.

Olivia Báez es una joven de veinticuatro años con una carrera prometedora como asistente en una firma hotelera de renombre. Sin embargo, su prometedor porvenir y su calma interna se ven alterados tras cruzarse con el magnate Andrés Navarro. Este poderoso empresario entra en su mundo con una fuerza arrolladora, arrastrándola a un juego de seducción y pasión. Este encuentro fortuito cambiará el rumbo de su vida y su destino para siempre.
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Capítulo 3

El resto de la tarde la paso en un estado de felicidad indescriptible. Lamentablemente, como no aún no es público el retiro del señor Navarro, no puedo comentarlo con nadie, así que no me queda de otra que guardar mi alegría para mí.

A los ojos de cualquiera, un ascenso no es nada del otro mundo, pero yo, que he perdido tanto en esta vida, sé muy bien lo dulce que de esta victoria.

En mi escritorio miro con cariño la foto enmarcada de mi familia que tomamos en mi cumpleaños número dieciséis cuando nos fuimos de vacaciones a Hawaii. Observo la foto estudiando cada detalle. En ella, aparecemos mis padres, mi hermano Erick y yo. Mi papá, un hombre corpulento, de cabello y ojos oscuros se ve feliz, abrazando a mi mamá, quien tenía ojos castaños y cabello claro, quien era muy esbelta a pesar de haber tenido dos hijos. Contrario a lo que dice la mayoría de la gente, que las niñas se parecen a su padre, en mi familia no fue así, ya que, tanto mi hermano y yo somos la copia de mi mamá. Éramos tan parecidos que nos preguntaban que si éramos gemelos a pesar de que él era tres años mayor que yo. Hoy, al verme en el espejo, veo mucho de ella en mí, tengo el mismo tono de cabello que ella, un castaño claro, que puede pasar por rubio, y ojos color miel.

Una lágrima se me escapa sin querer. Recuerdo ese día, estábamos en la playa, listos para irnos de excursión a ver a los delfines, como lo había pedido yo. Fue un viaje asombroso, el último que tuvimos como familia, ya que mi hermano se iría a la universidad y ya no podríamos salir juntos.

Verás cómo lo vamos a repetir, cariño. Todavía puedo escuchar la voz de mi madre con una promesa que no pudo cumplir. Dos años más tarde, mis padres murieron en un accidente automovilístico. Venían de visitar a mi hermano quien estaba a punto de graduarse en derecho, como mi papá. Yo no los pude acompañar porque tenía examen de admisión para entrar a la universidad y estaba muy estresada. Lo siguiente que pasó lo recuerdo de manera confusa: era ya oscuro cuando alguien llamó a mi puerta, una patrulla de policía con la horrible noticia. Un camión de carga había perdido el control de los frenos, haciendo que se descarrillara, el conductor al no poder maniobrar, se salió de su carril, aplastando contra un enorme muro de concreto el auto de mis padres. Murieron al instante, según me informó el forense.

Ese día mi mundo se vino abajo. Mi familia estaba destrozada. Erick y yo estábamos solos contra el mundo. Sin embargo, Él lo tomó peor que yo, porque les había insistido en que fueran a verle, quería mostrarles su nuevo apartamento y accedieron para complacerle, orgullosos de su hijo mayor.

La culpa se adueñó de él, al principio regresó a la casa conmigo, pero luego comenzó a salir, a beber, a estar ausente. Dejó la universidad, a pesar de que le faltaba muy poco para concluir, al principio con la excusa de que era por el luto, pero yo sabía que se estaba hundiendo. Intenté ayudarle. Él era todo lo que me quedaba, no tenía a nadie más. Sin embargo, el día que el banco embargó nuestra casa por la hipoteca que tenían mis padres que no habían pagado, fue la última vez que le vi. Tomó su mochila, dijo que iría a buscar un lugar para nosotros, y se marchó, no le he vuelto a ver desde ese día, hace casi seis años.

 Por mi parte, yo sabía que no había nada que pudiera hacer para detener el embargo, así que pedí una prórroga de dos días para desalojar. Saqué todo lo de valor que tenía y monté una venta de garaje. Mis vecinos acudieron de manera masiva a ayudarme a sacar los muebles y uno de ellos que trabajaba en la radio, coló un anuncio para atraer al público. Estoy muy agradecida con ellos, que me apoyaron de manera increíble. Recaudé una buena cantidad de dinero, no lo suficiente para el valor que tenían todas esas cosas, pero lo justo para no quedar desamparada. Empaqué lo que pude, tomando alguna que otra posesión para mí y así, con el corazón roto y completamente sola, tuve que abandonar la que fue mi casa durante toda mi vida.

Una vecina, la señora Lorena, me ofreció hospedaje en su casa para quedarme con ella, cosa que acepté durante algunos días. Mi mente estaba hecha un caos. Mis padres habían muerto, mi hermano se había largado, mi casa ya no era mía. Se suponía que en un mes debía entrar en la universidad… Estaba perdida y no sabía qué hacer.

Por un momento pensé en suicidarme, la tristeza me arropaba y no veía otra salida. Tenía pesadillas con el accidente, no comía, no dormía. Había perdido cuatro kilos en apenas tres semanas. Mi vida era un desastre, pero la señora Lorena, más sabia que yo, me dijo que debía buscar ayuda, porque si no me iba a hundir.

Dudé mucho al instante, pensaba que ir al psicólogo era de locos, pero ella me convenció y esa fue la mejor decisión que pude tomar en ese momento. Al principio iba con miedo, la psicóloga era una señora morena de unos cuarenta años, de gesto duro. Parecía ser la persona más pesada de la tierra, pero me di cuenta que era todo lo contario. Ana, que era el apodo que solía usar con ella, porque Anastasia era demasiado largo, se convirtió en mi aliada, en mi amiga y me ayudo a superar todos mis traumas.

Pude inscribirme en la universidad, y con el dinero de la venta de garaje, pude rentar un pequeño cuarto en una posada, donde solo iba a dormir porque mis días y noches estaba ocupada estudiando y trabajando como mesera en un restaurante.

Miro la foto con cariño, porque estoy seguro de que mis padres estarían orgullosos de la mujer en que me he convertido.

—Este triunfo también es suyo — digo en voz baja mirándolos a ambos, segura de que es solo el inicio de una vida de éxitos como la que pienso lograr.

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