Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela En el nombre de Los Hicks

En el nombre de Los Hicks

Nathan Hicks y su esposa Norma, imposibilitados para concebir, recurren a Margaret, la mujer de su fiel conductor Bernard Sullivan, para asegurar un heredero. No obstante, la codicia de su primo Louis y la banalidad de su hermana Rebeca ponen en riesgo el bienestar del clan. Tras una tragedia repentina, Bernard asume la protección del recién nacido en solitario. Para sobrevivir a la ambición familiar y obtener justicia, deberá enfrentar amenazas y usar la seducción en honor al legado Hicks.
Capítulos
Compartir

Capítulo 1

El despertador sonó y él estiró el brazo para apagar la alarma; hacía rato que estaba despierto pero no quiso levantarse hasta que sonara, con los ojos fijos en el techo, pensando. A su lado, su esposa se despertó también y volteó hacia él, poniendo su brazo sobre su pecho y acariciando el escaso vello que tenía.

–¿No quieres levantarte? –le preguntó ella, viendo que no hacía movimiento alguno para pararse–. Hoy es tu primer día en tu nuevo trabajo y no deberías llegar tarde.

–Sí, lo sé –contestó él, acariciando a su vez la mano de ella–. Según Thomas, hoy debo llevarlo a él y a su esposa a consulta médica, como a las nueve de la mañana.

–Debes agradecerle a Thomas que te haya recomendado para este trabajo, él te aprecia mucho.

–Sí, oficialmente hoy pasa a retiro, el pobre anciano ya no puede conducir, a pesar de que no quería reconocerlo. El señor Hicks le insistió mucho, y finalmente aceptó.

–Tenemos que hacerle a él y a Laura una cena de agradecimiento.

–Espero que la paga sea buena, tenemos muchas deudas, en especial el arriendo, ya debemos tres meses. El casero ha sido muy considerado al darnos más tiempo.

–Ya verás que es buena, trabajarás para uno de los hombres más ricos y poderosos de Nueva York, y tal vez del país.

–Eso es lo que me asusta, ¿sabes? No sé si pueda desenvolverme en ese mundo de ricos y gente estirada.

Ella soltó una risita.

–¿Qué es lo gracioso? ¿Te burlas de mí?

–No, mi amor, es que estás pensando que estarás todo el tiempo con esa gente; solo serás el chofer del señor Hicks, no creo que te codees mucho con ellos.

–Bueno, igual estoy un poco nervioso. Espero hacer todo bien, y agradarle al señor Hicks.

Dicho eso se levantó y fue al baño a darse una ducha, mientras su esposa se acurrucaba contra la almohada de él, aprovechando a dormir un poquito más hasta que saliera del baño.

Bernard Sullivan y su esposa Margaret eran un matrimonio feliz y estable; él ya tenía treinta y cuatro años y ella treinta, con tres de casados. A pesar de las dificultades, habían logrado consolidar su amor y seguir adelante juntos, manteniendo un poco de optimismo y esperanza por un futuro mejor. La primera dificultad que enfrentaron fue el estar solos en una ciudad inmensa, despiadada y feroz como lo es Nueva York, pues ambos provenían de un pequeño pueblo al norte de Arkansas y luego de casarse, decidieron buscar mejores oportunidades de desarrollo y crecimiento económico, eligiendo a la gran manzana como la ciudad donde las encontrarían.

Ese era su primer año allí, y las mejores oportunidades, así lo creían, aún no se les presentaban, procurando sobrevivir con pequeños trabajos que muy poco contribuían a la economía familiar. Ella, dedicada a ser mesera medio día en un pequeño café, y él como oficial de seguridad en una tienda de empeños gracias a su estatura y corpulencia adquirida como Navy Seal en su paso por la marina.

La pequeña casita donde vivían la habían alquilado con los pocos ahorros que tenían, y el sustento diario lo conseguían con la poca paga que sus trabajos les aportaban. Afortunadamente, contaban con el apoyo de muchos de sus vecinos, entre ellos la pareja de ancianos que vivían a su lado, Thomas y Laura Peterson, quienes los veían como los hijos que nunca tuvieron. El viejo Thomas era el chofer de un importante hombre de negocios, trabajándole durante treinta años y ganándose su afecto al punto de ofrecerle un retiro digno y sin preocupaciones. Viéndose ya retirado, el anciano propuso a Bernard para ocupar su puesto ante el señor Hicks, su patrón, y éste aceptó de buena manera, ofreciéndole comenzar de inmediato.

Y allí estaba, en su nuevo trabajo, y conduciéndole al que sería de ahora en adelante su jefe, algo nervioso e inquieto, pues no había trabajado antes como chofer.

Nathan Hicks no era lo que Bernard esperaba, su amigo Thomas nunca se lo describió y por alguna extraña razón pensó que era también un anciano. Pero para su sorpresa, Nathan Hicks era un hombre joven, de cuarenta y dos años, de aspecto enérgico y bien cuidado, propio de un acaudalado hombre de negocios. Al principio pensó que se encontraría a un déspota e implacable billonario, acostumbrado a maltratar a todo aquel que no estuviera a su nivel y que conseguía todo lo que quería. Pero Nathan Hicks no era ni remotamente eso, más bien se mostraba atento y cordial con todos, y especialmente amoroso con su esposa, cosa de lo que Bernard se dio cuenta cuando los llevaba a consulta médica.

La fortuna de Nathan Hicks provenía del negocio de la minería, específicamente del oro y diamantes, y de una extensa cadena de joyerías a lo largo de todo el país, con su sede principal y centro de operaciones en Nueva York. Su empresa, la Southern Hilltop Gold, se encontraba entre las diez principales empresas mineras con sede en los Estados Unidos, con una larga e interesante historia en el área desde comienzos del siglo XX, y que tradicionalmente era manejada por las familias Hicks y Randall, las cuales poseían el sesenta y cinco por ciento de las acciones de la misma, y a cuya cabeza se encontraban Nathan Hicks, su hermana Rebeca y el primo de éstos, Louis Randall, un hombre implacable para los negocios y con una personalidad despreciable y egocéntrica, capaz de llevarse por delante a quien se le atravesase en su camino.

La hermana de Nathan, Rebeca, se encontraba constantemente fuera del país, disfrutando de la vida y su fortuna en viajes y placeres exóticos, sin más preocupación que la de cambiar de amante cada cierto tiempo, una vez que el de turno ya no le es de utilidad para satisfacer sus caprichos y excentricidades en la cama. Era la despreocupada de la familia, sin tiempo ni ganas para dedicarse al negocio familiar, el cual Nathan lideraba exitosamente.

Habían llegado al consultorio médico, ubicado en la quinta avenida. Bernard vio el nombre: Centro de Fertilidad de Nueva York, y de inmediato se dio cuenta de que Nathan y su esposa tenían problemas para tener hijos. Viendo su expresión de sorpresa mientras les abría la puerta del Bentley, Nathan le palmeó el hombro luego de salir del vehículo.

–Sí, Bernard –le dijo–. Ahora también lo sabes, pero te voy a decir algo: es un secreto. Luego hablo contigo.

Dicho eso, él y su esposa entraron al centro de fertilidad, mientras Bernard se preparaba para esperar a sus nuevos patrones.

También te puede gustar

Portada de la novela El heredero perdido (#2 P.M)
8.8
León Romanov, poderoso magnate y futuro líder de un clan criminal, decide abandonar su oscuro legado para huir de su familia y de un enemigo implacable. Tras ser herido de bala, queda vulnerable en un callejón hasta que Ana Mojica, una enfermera solitaria, lo encuentra y decide salvarlo. Ella lo oculta en su hogar sin sospechar su verdadera identidad. La tensión estalla cuando Ana descubre que el hombre que cuida es el peligroso príncipe de la mafia.
Portada de la novela El hijo del alfa y la híbrida
8.2
Dylan, sucesor de la manada Rayo dorado, siempre ha sentido desprecio por la audacia de Legna. Tras un largo entrenamiento, ella vuelve con un poder renovado. Justo cuando Dylan planea rechazar a su mate para unirse a su amiga Clara, descubre que su vínculo sagrado lo une a su antigua enemiga. Para disolver la conexión, Legna debe consentir el rechazo. En una encrucijada de orgullo y rencor, ambos decidirán si sucumben al odio o aceptan su destino.
Portada de la novela La falsa esposa del multimillonario, mi venganza
8.5
Al volver tras tres años, descubrí que mi esposo, el magnate Ricardo Villarreal, se casaba con mi media hermana, Valeria Torres. Mi matrimonio fue una farsa: yo era solo su doble para un siniestro plan médico. Ricardo pretendía arrebatarme mis órganos para salvar a Valeria, los mismos que asesinaron a mi madre. Ya no soy una presa vulnerable; ahora regreso con un objetivo claro, desatar una ruina absoluta sobre ellos y ejecutar mi fría venganza.
Portada de la novela La Hija Firme Del Detective
9.5
Bajo el yugo de los Salazar, mi existencia es un sacrificio para salvaguardar a Miguel, mi hermano convaleciente. Tras el fallecimiento de mi padre, un detective íntegro, sufrimos el constante acoso del narco. Cuando Ricardo y Sofía destruyen la medalla de papá y mancillan su honor, mi paciencia se agota. La humillación se transforma en una rabia imparable: planeo rescatar a mi hermano y aniquilar desde sus entrañas a quienes nos destruyeron.
Portada de la novela La traición del cirujano: La venganza de una esposa
8.2
Tras tres años de encierro injusto en un psiquiátrico por culpa de Arturo, la protagonista huye y descubre que su esposo profanó la memoria de su madre. Junto a su amante Brenda, él destruye su reputación profesional y, en un quirófano, la abandona a su suerte para priorizar a Brenda. Sin embargo, Joel, su fiel amigo de la infancia, interviene para salvarle la vida. Ahora, con una nueva oportunidad, ella inicia una fría y calculada venganza contra quienes la traicionaron.
Portada de la novela Pasión ardiente: la esposa culpable del CEO
7.9
Lo que debía ser la boda de ensueño de Marian se transforma en un calvario cuando Rogelio, impulsado por el deseo de vengar la muerte de su hermano, decide convertir su vida en un infierno. Sin embargo, un encuentro inesperado culmina en un embarazo oculto. Entre humillaciones y una protección obsesiva, el CEO elimina a sus rivales mientras le entrega su fortuna. Cuando ella intenta escapar, Rogelio la intercepta para reclamar su paternidad.