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En busca de la magia

La supervivencia de la naturaleza peligra debido al olvido de los humanos, que debilita progresivamente a los espíritus elementales. Decidido a frenar el colapso, Patrick convoca a los últimos seres mágicos para salvar sus hogares. Así conoce a Jason, con quien mantiene una tensa relación, pero el destino los obliga a unir fuerzas en una aventura épica. Mientras luchan por restaurar la magia del mundo, descubrirán un vínculo sentimental inesperado.
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Capítulo 1

El mundo mágico existía, desde el creador del viento que soplaba para mover las hojas a capricho propio hasta las estaciones del clima que eran creadas por poderosos espíritus naturales. Estos seres vivían exclusivamente para celebrar y alimentar el don que les había sido otorgado, cada aspecto de la naturaleza era protegido por un espíritu natural. Estos seres habían nacido exclusivamente para celebrar y alimentar el don que les había sido otorgado.

El mundo estaba en constante declive, los humanos se reproducían con rapidez mientras los recursos se agotaban. Estos seres mágicos estaban siendo afectados, los espíritus tenían que fingir que sus poderes no se debilitaban e inclusive lugares que debían su existencia solo a la magia corrían el peligro de desaparecer.

Patrick era el protector de los árboles, un espíritu natural que intentaba mantenerse alejado de la devastación que provocaban los humanos. Él nunca había intercedido en el ciclo de vida de los mortales, hasta que una serie de incendios forestales a gran escala logró afectar sus poderes.

A medida que pasó el tiempo comenzó a notar los cambios en él, creyó que no era algo para alarmar a nadie por lo que lo ocultó y en su lugar se esforzó por facilitar la reforestación. Patrick había errado, la magia que lo alimentaba no era suficiente, la falta de ella volvía al mundo cada vez más gris.

Al chico castaño le molestaba admitir que necesitaba de alguien más, usualmente podía valerse por sí mismo sin prescindir de nada ni de nadie. Sin embargo, era momento de tragarse el orgullo para pedir ayuda a los cuatro espíritus más poderosos: los creadores y protectores de las estaciones del año.

Mientras volaba las nubes parecían apartarse de él, Patrick presumido como siempre, sonreía con superioridad ante eso; surcaba el cielo empujado por el viento, al igual que una semilla buscando germinar. Evitaba acercarse a las ciudades, no quería ver los grises edificios que pavimentaban el firmamento, temía que el poder de su vuelo disminuyera debido a la falta de vegetación.

Después de mucho tiempo comenzó a divisar el palacio de Nikolai, aceleró el vuelo para que pudiera llegar al hogar del espíritu del otoño en cuestión de minutos. Solo había un pequeño detalle que sabía le dificultaría mucho las cosas: ¿cómo lograría sobrellevar el cambio estacional?

Había estado intentando entrar al palacio de Nikolai por cientos de años, claro, nunca pasó de las murallas de hojas. A Patrick siempre le pareció divertido hacer las estrategias para entrar al palacio de Nikolai, pero la reducción de luz y las bajas temperaturas lograban desequilibrarlo como espíritu de los árboles.

Mientras el joven espíritu pensaba en una nueva táctica de espionaje, Nikolai reducía sus defensas para permitir el ingreso de los creadores de las estaciones. Patrick se detuvo en seco al ver la manera en que las murallas de hojas descendían cayendo hasta desaparecer, era algo que llamaba su atención de manera casi hipnótica.

—Asombroso —dijo en un susurro, embelesado.

Voló un poco más cerca de aquellas murallas, quería tocarlas, estaba convencido de que podría tomarlas antes de desaparecer, pero un empujón lo tiró directo hacia un montículo de nieve. El golpe frío aturdió al castaño, el culpable interrumpió su vuelo por un segundo, sin embargo, no se acercó hacia el pobre tipo que había enterrado por un descuido.

Jason estaba tan ensimismado en romper su propia marca de vuelo que no pudo ver que alguien estaba flotando en medio de la nada, no era común que otros espíritus además de los grandes protectores de las estaciones visitaran a Nikolai.

—Lo siento, amigo —se escuchó la voz alegre de un chico—, pero llevo prisa.

Patrick colocó la mano en su cabeza justo en el lugar donde sentía la pequeña molestia del golpe y se frotó para suavizar el dolor, apenas pudo ver al chico que se había tropezado con él. Siguió con la mirada al espíritu de vestimenta extraña, entró al palacio de Nikolai dejando un camino de escarcha tras él y recordó la existencia de un espíritu capaz de hacer algo como eso.

En el palacio el resto de las estaciones esperaba a que el protector del invierno apareciera, finalmente, Jason llegó al gran salón con una entrada triunfal. Pascual rodó los ojos al verlo, pensó que no era necesario crear una ventisca helada al llegar.

—No llores más, Pascual. Tu querido amigo está aquí —dijo sarcásticamente.

El nombrado solo bufó en respuesta.

—Has llegado, Jason. Te estábamos esperando —saludó Nikolai.

El creador de la primavera parecía impaciente, Pascual evitó hacer una reprimenda por el retraso porque sabía que no tenía caso. Jason en su defensa siempre alegaba que la puntualidad no era algo que lo destacara, el invierno llegaba antes o después.

—Ahora que el cubo de hielo llegó, ¿puedes decirnos qué pasa? —dijo Pascual cruzándose de brazos.

El hombre se acercó al enorme globo terráqueo que mostraba el cambio en la tierra, sus ojos parecían brillar menos al posarse sobre el.

—Madre Naturaleza habló conmigo —les informó.

—¿Qué te dijo? ¿Es sobre el planeta? ¿Algo malo ha vuelto a pasar? ¿Nos acercamos a la extinción? —habló Summer a gran velocidad.

Jason parpadeó un par de veces aturdido por las palabras, preguntándose cómo era posible que estuviera acostumbrado a la velocidad en que hablaba la creadora del verano.

—Me dijo algo que nosotros hemos estado ignorando, o al menos, fingiendo que lo hacemos —dijo el misterioso hombre del otoño.

—¿De qué hablas, Nikolai? —preguntó Jason totalmente confundido.

—La magia se está acabando, nuestro poder no es capaz de interceder sobre lo que están haciendo los humanos —señaló el globo.

Se apreciaba un planeta menos verde, algunas áreas parecían en peligro y otras más desapareciendo. Todos se quedaron impresionados al notarlo, sus rostros se ensombrecían al ver frente a ellos lo que más temían y no querían aceptar.

Jason era el menos sorprendido, lo había asumido y en realidad se había vuelto a acostumbrar; las nevadas duraban menos, el granizo aparecía en ciudades en los que nunca había estado y las temperaturas cambiaban constantemente.

—¿Cómo es posible, Nikolai? Se acerca el invierno, deberíamos estabilizarnos en esa estación —se escuchó a Summer preocupada.

—Debería —dijo Nikolai desanimado.

—No lo entiendo, la primavera pasada los humanos comenzaron a crear huertos urbanos. No entiendo qué es lo que está mal —murmuró Pascual consternado.

—Ellos creen que ayudan, pero el daño que han hecho es irreparable —susurró Jason, con un agrio sentido de la realidad.

—¡Por supuesto que se puede hacer algo! —replicó Pascual.

—No creen en la magia, nuestro poder es tan débil ahora debido a eso. Solo hacen un negocio con nosotros —dijo sin poder evitar sonar cruel—, el invierno es la cúspide del consumismo.

—No, no, no puede ser —comenzó a balbucear—. No me harán lo mismo que a ti, la primavera es algo sagrado para mí.

—¿No crees que es importante para mí? Ahora se trata de comprar obsequios —alzó una ceja—, me sorprende que no mueran de hipotermia solo por espera en la intemperie por las rebajas de fin de año.

—Jason no la pasó muy bien cuando comenzaron a tratar su estación del año como algo falso y comercial —comentó Summer—, creo que lo que más le dolió fue ver que no retrataron su belleza al convertirlo en una festividad liderada por un anciano de traje rojo.

Jason sonrió al recordar el aspecto del hombre que tenía importancia en el invierno, era considerado el espíritu natural más bello, pero nadie podía evitar pensar en Santa Claus al pensar en navidad.

—Claro —dijo Jason aún con su sonrisa—, no me hace mérito.

—Jason y sus problemas de autoestima no me importan, lo que es importante son mis pequeñas obras de arte que los humanos no pueden cuidar —negó Pascual con la cabeza.

—¿Qué dices? Pero hasta han replicado tus flores, es un alivio que los humanos tengan flores de plástico que durarán en este planeta incluso más que ellos —se burló Jason.

—Cállate, cubo de hielo.

Pascual no sonaba molesto, parecía dolido y eso no pasó desapercibido para el creador del invierno. Para un espíritu proteger su don era su vida entera, solo tenían eso como razón de existir y ser protectores de las estaciones servía como incentivo para continuar luchando por lo que creían.

—Pascual, yo...

—Déjenlo —interrumpió Nikolai—, sabemos que es cierto.

Jason miró a Pascual con la suplica brillando en sus ojos, se encogió de hombros en disculpa, él solo volteó la mirada en otra dirección.

—Vamos, quiten esas caras largas —dijo Nikolai entre risas.

Todos observaron extrañados el repentino buen humor del creador del otoño, parecía que había enloquecido.

—Creo que el frío de Jason le ha congelado el cerebro —murmuró Pascual.

—No es así, amigos míos. Madre Naturaleza dijo que nos ayudarían a restaurar la magia y por lo que veo —dijo señalando la puerta—, nuestro invitado especial ha llegado —agregó canturreando.

Todos observaron la puerta, un ayudante de Nikolai había entrado al salón.

—¿Acaso Phil nos será de gran ayuda? —preguntó Pascual con incredulidad.

Nikolai solo sonreía y miraba a su centinela, el cual miraba a todos con la formalidad de un soldado. Jason alzó una ceja, comenzando a creer que solo estaba perdiendo el tiempo.

—Wow, wow, wow, de verdad has enloquecido. Abrígate un poco y háblame por la mañana —dijo mientras se disponía a emprender el vuelo.

Jason no culpaba a Pascual por ser incrédulo respecto a los ayudantes de Nikolai, es decir, son buenos en muchas cosas pero dudaba que ayudaran a restaurar la magia. Y Jason, bueno, digamos que debía llevar el invierno a todo el mundo. La vida era corta y no tenía tiempo para perderlo.

Já, chiste de espíritus naturales.

Summer sostuvo su brazo haciendo que se detuviera, le dedicó una sonrisa que desprendía confianza. Todos observaron al centinela, Phil tiró al piso el saco que llevaba en su espalda y que casi nadie había notado.

—¡Ouch! —se quejó el saco.

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