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Portada de la novela Embarazada del maldito Alpha

Embarazada del maldito Alpha

Tras una existencia marcada por el sufrimiento, mi única ilusión era hallar a mi compañero predestinado para alcanzar la paz. Sin embargo, el destino me traicionó cruelmente. Aunque mi realidad y nombre cambiaron al encontrar a mi Alpha, el tormento persiste. En lugar del amor y protección que esperaba, recibí desprecio de un hombre despiadado. Ahora cargo con su hijo en mi vientre; estoy embarazada de un maldito y mi futuro es una total incertidumbre.
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Capítulo 4

— Será mejor para ti que cooperes, no creo que tu cuerpo soporte que te tome como el animal que soy.

Siempre me sentí impotente, toda mi vida fue miserable, pero jamás sentí la desesperación como ahora, no era dueña de mi cuerpo y gracias a la fuerza de este Alpha, ni siquiera puedo gritar mi dolor, mi pena, mi humillación, cuando desgarra mi ropa y tomándome desde atrás simplemente me penetra.

— Mierda, sí que eres estrecha. — gime en mi oído y yo lo único que quiero es morir, el dolor de mi vagina no es nada a comparación del que siento en mi corazón, toda la vida soñé con este momento, con tener algo bueno que ofrecerle a mi compañero, pero ahora este Alpha acaba de destruir lo único que podría hacerme especial. — Si, maldición, sí. — su mano en mi boca me ahoga de a momentos ya que casi tapa mi nariz, no le preocupa en lo más mínimo el matarme, aunque quizás debería hacerlo, ya no quiero vivir, ya nomas.

— Por favor. — murmuro con la poca fuerza que me queda, pues mi cuerpo esta herido en demasía entre la lucha que acaba de tener, y la forma en la que este Alpha está tomando mi cuerpo, al fin libero mi boca, pero solo fue para poder tomar mi cadera con ambas manos y clavarse aún más profundo en mí, siento sus garras enterrarse en mi cadera, pero no es lo único que siento, ya no me queda fuerza ni para gritar y aunque lo haga, sé que nadie va a ayudarme, estoy sola, siempre lo he estado.

— No lo puedo creer, si eras una brujita virginal. — informa con burla, dejando caer mi cuerpo una vez más al piso sucio de aquel callejón, como si fuera un objeto el cual se desecha luego de ser usado.

— ¿Por qué? — indago con la voz rota, como mí misma alma, ¿Por qué yo?

— Porque eres una sucia bruja, ¿acaso nadie te lo dijo? — sus ojos rojos me ven con burla, mientras a mí ya no me quedan lagrimas que verter. — Los lobos y los brujos no se llevan, ustedes nos consideran perros, y nosotros… los vemos como las cucarachas que son. — acompañado de su insulto su saliva cae en mi cara, me acaba de escupir, como si realmente fuera basura, como si no valiera nada.

— Te odio. — esa palabra sale de mi como si mucho le importara a ese maldito, lo que ocasiona que rompa a reír.

— No me debes odiar a mí, sino a Ciro, gracias a él estas tendida en este callejón, pero para que veas que no soy tan hijo de puta como él, como premio por dejar que estrenara esa linda vagina tuya, te puedo asegurar que Ciro no vivirá mucho, acabare con la manada rosas y espinas en cuanto asuma como Alpha.

— Por mi pueden matarse los dos, maldito perro. — es lo último que digo, ya que pateo mi cabeza y la oscuridad cayó sobre mí.

Mi conciencia se perdió en la oscuridad a causa del dolor, nunca había sentido algo así, estaba desconectada de mi cuerpo, estaba perdida en mi mente y lo que más me altero era que no estaba sola, ¿quién era esa entidad que me hacía compañía en la inconciencia y trataba de reconfortarme? ¿Quién soy?

Al abrir mis ojos de golpe, me di cuenta de que ya no estaba en el club, tampoco en el callejón, era una residencia lujosa de cristal y madera, estaba segura de que era la casa de Víctor y solo me basto unos minutos para confirmarlo.

Las horas que pasaron sirvieron para que mi cuerpo se cure, o casi, ya no hay huesos rotos, pero si las marcas que quedan luego de cada lucha, aunque lo que más quisiera en este momento es que mis heridas empeoren y caiga en la inconciencia nuevamente, así no sentiría, ni sería consiente de nada, sé que lo que sucedió en ese callejón y lo que vendrá a continuación, dejara una marca en mí que jamás podre borrar, y odio no poder hacer nada para evitarlo, no soy rival para un vampiro como él, me imagino que al ser tan antiguo y de la realeza debe ser casi indestructible, si Dima con todo el poder que mostro poseer no fue capaz de ganarle, ¿qué posibilidades tengo yo de vencerlo en una lucha cuerpo a cuerpo?, sino pude vencer a un futuro Alpha, no podría hacer nada en contra de Víctor.

Jamás entendí porque mi familia me desprecia, en estos 23 años de vida, lo único que eh recibido de ellos son golpes y malos tratos, desde mis padres a mis hermanos, es como que a sus ojos no valiera nada, como si mi sola presencia los molestara, me privan de aprender sus hechizos, dicen que no merezco saber los secretos de los brujos, pero ¿es que acaso no soy una bruja?

Durante años eh tratado de escapar de su desamor, golpes y humillaciones sin éxito alguno, siempre saben encontrarme, estaba segura de que tienen un conjuro sobre mí, ahora Baltazar y Dima me lo habían confirmado, solo soy un objeto, alguien a quien usan para ganar peleas y así obtener dinero, de todos ellos soy la única con el poder de sanar rápido, aunque casi nada puede dañarme, o eso creía hasta hoy que me enfrente con esos malditos de Risto y Ciro. Pero juro que pagaran por mi desgracia, no soy oponente para un vampiro antiguo, pero si para dos futuros Alpha y la próxima vez que la diosa los ponga en mi camino, no tendré piedad, como ellos no la tuvieron conmigo.

— Veo que ya estas mejor mi dulce Laura. — El hombre alto de modales antiguos y caballeroso se deja ver ante mí y no puedo evitar temblar.

— Víctor, por favor. — trato de pedir una vez más, sintiendo las lágrimas agolparse en mis ojos.

— Shhh, pequeña, no gastes tus energías, es inútil, sabes… podrías ahorrarte todo esto, si decides ser mi esposa, todo será distinto, jamás tendrías que subir nuevamente a la jaula, solo tendrías que estar a mi lado, ser tratada como una dama, que es lo que eres. — Su oferta es buena, no lo dudo, pero aun así no puedo, no quiero, sé que en alguna parte de este mundo mi compañero espera por mí.

— No siento nada por ti, esa es la verdad, sé que estoy destinada a alguien más, lo siento dentro de mí, algo me dice…

— Tu estas destinada a mí, ¿por qué no lo puedes ver? Solo tienes que amarme y todo mejorara para ti, me cautivaste del primer momento que te vi, cuando eras apenas una niña. — me informa mientras, se acerca a paso de humano, mi estómago se retuerce por su comentario, trata de tocar mi rostro, algo que logro evitar, a la vez contesto a su propuesta, si así se le puede llamar a lo que dijo.

— Yo no puedo amarte, ¡ni tampoco quiero! — me gustaría gritarle lo mucho que me repugna.

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