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Portada de la novela Embarazada del maldito Alpha

Embarazada del maldito Alpha

Tras una existencia marcada por el sufrimiento, mi única ilusión era hallar a mi compañero predestinado para alcanzar la paz. Sin embargo, el destino me traicionó cruelmente. Aunque mi realidad y nombre cambiaron al encontrar a mi Alpha, el tormento persiste. En lugar del amor y protección que esperaba, recibí desprecio de un hombre despiadado. Ahora cargo con su hijo en mi vientre; estoy embarazada de un maldito y mi futuro es una total incertidumbre.
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Capítulo 5

— ¡Silencio! si así quieres que todo suceda, así será. — toma mi rostro y lo aprieta, provocando que un gemido de dolor salga de mis labios, retiro lo dicho, no solo ese maldito Alpha pudo dañarme, es más que obvio que un vampiro también puede hacerlo.

No entiendo como no puedo mantener mi boca cerrada, sé que este loco vampiro tiene un tipo de obsesión conmigo, pero simplemente no me sale más que sentir repulsión por él , no es feo si vamos al caso, es bien parecido, pero aun así, sus manos frías me provocan querer alejarme, como si un instinto primitivo dentro mío me avisara que él representa el peligro, algo que tampoco entiendo, los brujos y vampiros se llevan bien, siempre tienen alianzas, confianza y demás, pero yo no siento eso, cada vez que estoy cerca de Víctor u otro vampiro solo quiero arrancarle la cabeza, ¡como si eso fuera posible!, quizás si supiera más conjuros podría hacerlo, pero no así, no ahora, lo único especial que ahí en mi es mi rápida sanación, pero nada más.

A pesar de que hice todo lo posible por alejarme de sus manos, él finalmente me paralizo con su mirada, hubiera preferido que me dejara inconsciente con algún golpe, pero no paso, solo se aseguró de que no pudiera mover ninguna parte de mi cuerpo, pero que si sea consiente de todo lo que me hacía, durante toda la noche fui prisionera de mi propio cuerpo, mientras él lo tomaba una y otra vez a su gusto y antojo, no sé qué me causo más asco, si tenerlo dentro mío o que me mordiera y bebiera mi sangre, aunque si debo ser honesta, lo que siento en este momento es asco, y lo que sentí en el callejón fue dolor, aunque ambos monstruos hicieron lo mismo, tomaron mi cuerpo, rompieron mi alma, solo queda mi corazón latiendo, como si sobre mi pesara una maldición que me impidiera morir, como es mi deseo.

Cuando por fin me deja y me quita la maldita parálisis a la que me había inducido, quise irme, pero mi infierno estaba lejos de terminar.

— Laura, mi dulce niña, ¿a dónde crees que vas? — Su rostro mostraba lo divertido que le resultaba mi dolor y yo solo queria ducharme, quitarme la sangre seca de mi lucha y limpiar la evidencia que hay entre mis piernas de que hoy mi inocencia fue masacrada sin piedad, estoy segura de que, si fuera una humana, ya estaría muerta.

— A mi casa, ¿a dónde más? — sabía que no era bueno hacerlo enojar, pero ya no me importaba, solo quería salir de este maldito lugar, prefería mil veces los golpes de mis padres y hermanos antes que dejar que me volviera a tocar.

— ¿Y tú crees que dejare que te marches ahora que probé que tan exquisita eres? Ahora que sé que solo has sido mía — Sus ojos resplandecían de deseo y por muy retorcido que suene, estoy tentada a decirle que gracias a él y su estúpido poder de congelar mi cuerpo, otro tomo lo que él tanto deseaba, pero eso sería solo humillarme aún más, maldito vampiro loco, esta tan cegado con su obsesión por mí que ni siquiera se dio cuenta de ello.

— Mis padres vendrán por mí, este no era el trato y lo sabes. — Mis nervios eran reflejados en mi voz, ellos vendrían ¿verdad? Les hago ganar mucho dinero, me necesitan por lo menos para eso.

— Pequeña, solo te iras de aquí si tu familia puede derrotarme en la jaula, ahora eres mía.

Estaba perdida, esto era todo, ellos jamás enfrentarían a Víctor, no por mí, yo no significaba nada. Estoy sola.

Con el paso de los días, descubrí que algo podía dejar cicatrices en mi cuerpo, y ese algo eran las marcas de los colmillos de Víctor, mis muñecas ya no volverían a ser las mismas, pero ¿a quién engaño? Yo tampoco volvería a ser la misma, mi cuerpo se curaba rápido, si, era verdad, aun con las cicatrices que cubrían mi espalda por los latigazos que me dieron de niña mis progenitores, pero mi alma estaba peor, esa estaba dañada, ahora y para siempre y todo por el deseo de diversión de un maldito lobo, Ciro, Ciro, Ciro, es lo único que mi mente repite, cada vez que Víctor me toca, la cara del maldito Alpha viene a mi mente, todo es por su culpa, creí que no podía odiar a nadie más que a mis padres y Víctor, pero me equivoque, Ciro es el culpable de mi desgracia, gracias a él quede a merced del otro Alpha… Risto, si, él también está en mi lista, un día, lo juro, un día, me vengare de todos ellos.

Una semana paso y con ella las esperanzas de que mi familia me saque de este lugar, tampoco tenía posibilidad de escapar, a pesar de que nadie cuidaba este lugar, y es que el dueño es ¡Víctor!, él no necesita que lo cuiden, solo me inducia a un estado de inmovilidad cada vez que salía, y con eso se aseguraba de que no hiciera nada estúpido, como acabar con mi vida, pero también me dejaba a merced de cualquiera que viniera a este lugar, como en este momento, alguien entro en la gran casa, a pesar de no poder verlo u oírlo, lo sentía, cada nervio de mi cuerpo sentía una presencia y eso me alteraba aún más, solo me había sentido así cuando escuche la voz de Risto, pero no era él quien ingreso, mi corazón se aceleraba a cada segundo, mientras al fin un olor dulce a algodón de azúcar y goma de mascar llenaba mis fosas nasales.

— ¿Quién eres? — pregunto con voz profunda haciendo temblar cada uno de mis huesos.

Ante mí se dejó ver un hombre, no aparentaba más de 25 años, alto de cabello corto y negro como la misma noche, sus ojos de un color café y su piel pálida me hacían saber que era un vampiro, pero por alguna extraña razón, no sentía miedo o repulsión, sino… tranquilidad, su presencia aliviaba mi pena, calmaba mi corazón y eso me confundía.

— Estas bajo la parálisis de Víctor.

Dijo lo obvio mientras caminaba a mí alrededor, como quien observa una obra de arte, quería seguirlo con la mirada, pero no podía, mi corazón latía cada vez más rápido, casi causando dolor, hasta que se colocó en frente de mí, a escasos centímetros, entonces coloco su mano en mi vientre.

— ¿Loba? — ¿He? ¿Dónde hay una loba?, de qué demonios hablaba. — Es imposible… ¡MALDICION!

Si no hubiera estado inmóvil estoy segura de que hubiera brincado, me miraba con sorpresa y de pronto sus ojos se dirigieron a mis muñecas, se lo que veía, las marcas de los colmillos de Víctor, esos que le hacían saber a los demás que yo le pertenecía, aunque era claro que yo no sentía lo mismo, sentí vergüenza, me sentía sucia.

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