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Portada de la novela Embarazada del CEO Viudo

Embarazada del CEO Viudo

La niñera Alicia enfrenta un destino inesperado tras un encuentro íntimo con Ricardo Fernández, un poderoso empresario viudo. Al descubrir su embarazo, opta por el silencio, pero el tiempo la fuerza a revelar la identidad del padre. Ante el riesgo de un escándalo público, el CEO plantea un matrimonio de conveniencia para resguardar su reputación. Este acuerdo formal pronto evoluciona hacia un amor auténtico que permitirá a ambos sanar las heridas del ayer.
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Capítulo 2

La fiesta había terminado y las luces del salón comenzaban a apagarse, dejando solo algunos ecos de risas y conversaciones dispersas. Alicia se encontraba en la esquina de la habitación, observando cómo las últimas personas se despedían, ansiosas por escapar de la formalidad que había caracterizado la velada. La charla con Ricardo había sido interesante, pero también desconcertante. Nunca había conocido a alguien como él, alguien que pareciera tan enigmático y, al mismo tiempo, tan distante. A lo largo de la noche, se había sentido atraída por su mirada, por esa calma inquietante que parecía irradiar de él, como si estuviera siempre un paso adelante, consciente de todo pero sin implicarse realmente en nada.

Beatriz se acercó, con una copa de vino en la mano, y la mirada brillante de alguien que había disfrutado la fiesta. "Vaya, Alicia, veo que has hecho un amigo interesante," dijo con una sonrisa cómplice, siguiéndola con la mirada hacia Ricardo, que ahora hablaba con otro grupo de hombres cerca de la salida.

Alicia asintió con una leve sonrisa, pero no dijo nada. No estaba segura de lo que había sentido en su conversación con Ricardo. Algo dentro de ella la había atraído, pero al mismo tiempo, había una parte que la hacía sentir incómoda, vulnerable.

"¿Vas a quedarte hasta el final?" preguntó Beatriz, pero Alicia no tenía muchas ganas de seguir allí.

"Creo que ya he tenido suficiente por hoy," respondió Alicia, mirando de nuevo a Ricardo. Él estaba de pie en el centro del salón, rodeado de personas, pero algo en su actitud la hizo sentir que, a pesar de la multitud, se encontraba completamente aislado. No podía entender por qué esa sensación le provocaba una mezcla de curiosidad y deseo de conocer más.

Beatriz la observó un momento, conociéndola lo suficiente para saber que algo estaba pasando por su mente. "¿Estás pensando en irte sin siquiera despedirte de él?" le preguntó, sin ocultar su tono juguetón.

Alicia se encogió de hombros, un poco avergonzada. "No sé... no quiero hacer nada extraño. Después de todo, no es como si lo conociéramos bien."

"Pero eso es lo emocionante," insistió Beatriz, animándola con una sonrisa cómplice. "Vas a arrepentirte si no aprovechas la oportunidad. ¿Quién sabe cuándo tendrás otra ocasión de hablar con alguien tan... interesante?"

Alicia dudó. Su mente estaba llena de pensamientos contradictorios. Por un lado, quería irse a casa, alejarse de todo ese ambiente sofisticado que tanto la hacía sentir fuera de lugar. Pero por otro lado, algo en ella sentía que debía seguir adelante, romper la rutina, explorar lo desconocido, aunque solo fuera por una noche. Sus ojos volvieron a encontrar a Ricardo, que ahora parecía estar observándola también.

Beatriz, viendo que Alicia no parecía decidida a marcharse, se acercó al grupo de hombres y comenzó a despedirse. Alicia aprovechó el momento para alejarse discretamente y dirigirse hacia la salida, donde Ricardo la había visto antes. Solo quería respirar aire fresco, alejarse un poco de la multitud.

Pero, en ese preciso momento, cuando ya había dado un par de pasos hacia la puerta, sintió una presencia detrás de ella. Una sombra alargada que se acercaba con paso firme.

"¿No me vas a despedir?" preguntó una voz profunda, familiar y, al mismo tiempo, algo inquietante.

Alicia se dio la vuelta rápidamente. Allí estaba Ricardo, apenas a un par de metros, observándola con esa intensidad que había notado durante toda la noche. Sus ojos oscuros se clavaron en ella, y por un momento, Alicia no pudo evitar sentirse atrapada por su mirada.

"No sabía si debía," respondió ella, sintiendo una extraña combinación de nervios y curiosidad. "No me gusta ser una molestia."

"No eres una molestia," dijo Ricardo, su tono bajo y suave. "Solo que no esperaba que te fueras tan pronto. Pensé que podríamos hablar un poco más."

Alicia sintió que su corazón latía con fuerza. ¿Por qué la estaba invitando a hablar más? ¿Realmente quería conocerla o solo estaba siendo cortés? Sin embargo, algo en su voz la hizo ceder. "Bueno, entonces, ¿qué quieres saber?"

Ricardo sonrió levemente, un gesto que le dio un aire de misterio. "No sé. Quizá algo más sobre ti. Hay algo en ti que me resulta... intrigante."

Alicia levantó una ceja, sorprendida. "¿Intrigante? ¿Por qué?"

Ricardo se acercó un paso más, su presencia haciéndola sentir pequeña pero al mismo tiempo cautivada. "Porque pareces ser diferente a las demás personas que conozco. No eres como las mujeres con las que suelo tratar en estos eventos. Hay algo más... real en ti."

El elogio, aunque sutil, la hizo sentirse vulnerable. Nunca había pensado que alguien como Ricardo Fernández, un hombre de éxito, podría ver algo en ella. No era que fuera tímida, pero el mundo en el que él se movía era tan distante del suyo que no comprendía cómo podía estar interesándose por ella.

"Supongo que solo soy una persona común," dijo ella, con una ligera risa nerviosa.

"Y eso es lo que más me atrae," respondió él, sin perder esa mirada intensa. "A veces, la gente como yo se siente atrapada en un mundo donde las apariencias lo son todo. Pero tú... no pareces preocuparte por eso. Eso me gusta."

Alicia no sabía qué responder. Se sentía atrapada en la conversación, pero de una manera extraña, casi placentera. Los latidos de su corazón se hicieron más rápidos, y sin pensarlo, dio un paso más hacia él, como si su cuerpo hubiera reaccionado antes que su mente.

"Quizá podríamos... salir a tomar algo. Después de todo, la noche no tiene por qué terminar tan pronto, ¿no crees?" sugirió Ricardo, ahora con una ligera sonrisa en sus labios.

Alicia miró a su alrededor, viendo que la fiesta estaba decayendo, y no había nadie más cerca. La idea de escapar de ese entorno y tener una conversación más íntima con él la tentó. "Está bien," dijo finalmente, aunque con una pizca de incertidumbre. "Pero solo un trago, ¿de acuerdo?"

Ricardo asintió, tomando la delantera. La llevó a un pequeño bar cercano, fuera del alcance de los asistentes a la fiesta. El lugar estaba tranquilo, con luz suave y música de fondo, el ambiente perfecto para hablar sin distracciones.

Se sentaron en una mesa privada y pidieron dos copas de vino. Alicia no podía evitar sentirse algo nerviosa, aunque la compañía de Ricardo la relajaba. Mientras conversaban, se dieron cuenta de que compartían más de lo que pensaban. La charla fluía con naturalidad, y Alicia comenzó a sentirse más cómoda con él. Hablaban sobre la vida, sobre los altibajos de sus respectivas carreras y lo extraño que era ser parte de un mundo que a menudo parecía tan vacío.

Sin embargo, lo que había comenzado como una charla casual comenzó a tomar un giro más tenso y cargado. Alicia comenzó a notar cómo la distancia entre ellos se iba reduciendo, cómo sus palabras se volvían más susurradas, más cercanas. Ricardo la miraba de una manera diferente, como si estuviera evaluando algo más allá de lo superficial.

Sin previo aviso, él se inclinó hacia ella, sus rostros ahora tan cerca que Alicia podía sentir la calidez de su aliento. Antes de que pudiera reaccionar, Ricardo la besó. El contacto fue suave al principio, pero al instante se convirtió en algo más intenso. Alicia cerró los ojos, dejándose llevar por el momento, por la atracción que había estado ocultando toda la noche.

El beso fue una explosión de sensaciones que la sorprendieron, pero a la vez la hicieron sentirse viva de una manera que no había experimentado en mucho tiempo. El deseo creció entre ellos, rápido y sin remordimientos. Sin pensarlo, se levantaron de la mesa y se dirigieron al hotel cercano, donde la pasión que había comenzado en una simple conversación se desbordó en una noche que ninguno de los dos olvidaría.

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