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Portada de la novela Embarazada del CEO Viudo

Embarazada del CEO Viudo

La niñera Alicia enfrenta un destino inesperado tras un encuentro íntimo con Ricardo Fernández, un poderoso empresario viudo. Al descubrir su embarazo, opta por el silencio, pero el tiempo la fuerza a revelar la identidad del padre. Ante el riesgo de un escándalo público, el CEO plantea un matrimonio de conveniencia para resguardar su reputación. Este acuerdo formal pronto evoluciona hacia un amor auténtico que permitirá a ambos sanar las heridas del ayer.
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Capítulo 3

El sol entró por la ventana de la pequeña habitación en la que Alicia dormía, iluminando suavemente la cara de la joven. Había pasado la noche más agitada de su vida, una noche en la que sus emociones habían sido un torbellino. El recuerdo de los labios de Ricardo sobre los suyos, la calidez de su cuerpo, el deseo que se había desbordado entre ellos... todo parecía haber sucedido en un abrir y cerrar de ojos.

Alicia se despertó lentamente, sintiendo el peso de su cuerpo y el cansancio que aún la envolvía. Se levantó de la cama con cautela, como si no quisiera despertar completamente de ese sueño que se había convertido en algo más real de lo que había anticipado. Miró el reloj. Había pasado casi todo el día en la habitación del hotel, después de la fiesta, y no podía dejar de pensar en lo que había sucedido la noche anterior. El beso, la pasión, la conexión... había sido un desliz, un impulso, una noche que parecía estar destinada a no repetirse.

A pesar de todo, algo dentro de ella se sentía extraño. No era solo el cansancio físico o la incomodidad por haber estado con alguien que, aunque encantador, seguía siendo un hombre al que apenas conocía. No, había algo más. Un sentimiento que no podía identificar, una mezcla de incertidumbre y... miedo.

Decidió levantarse de la cama y dirigirse al baño. A medida que caminaba, sus pies descalzos tocaban el frío suelo del hotel, recordándole lo efímera que había sido esa noche de pasión. Se miró al espejo, los ojos rojos por la falta de sueño, pero su rostro estaba más pálido de lo normal. Algo no estaba bien.

Se metió en la ducha, el agua caliente cayendo sobre su piel, tratando de despejarse, de quitarse la sensación incómoda que la invadía. Fue entonces cuando lo pensó. En una fracción de segundo, una imagen vino a su mente, tan clara como si estuviera frente a ella: el preservativo. Se había protegido, por supuesto. Pero incluso así, algo en su interior no podía deshacerse de la pequeña semilla de duda que se había sembrado en su mente.

Alicia salió de la ducha con rapidez, tomando una toalla y envolviéndola alrededor de su cuerpo. No podía seguir pensando en eso, pensó. Era solo una preocupación sin sentido. Pero las palabras que se repetían en su mente no podían ser ignoradas: ¿Y si... ?

El miedo la invadió por completo. A pesar de la protección, algo le decía que no podía estar tranquila. Se dirigió rápidamente a la pequeña farmacia cerca del hotel, ignorando las miradas curiosas de las personas que la veían caminar con paso apresurado. Cuando entró al lugar, sintió una extraña mezcla de vergüenza y determinación. No quería admitir lo que sospechaba, pero tenía que saberlo. Tenía que estar segura.

Al llegar al mostrador, tomó el primer test de embarazo que vio. El farmacéutico le dio una mirada rápida, como si hubiera percibido algo en su rostro, pero no dijo nada. Alicia pagó rápidamente y salió de la tienda sin mirar atrás.

De vuelta al hotel, entró al baño y tomó el test con manos temblorosas. Durante los siguientes minutos, se quedó allí, mirando el dispositivo en sus manos como si pudiera evitar lo inevitable. ¿Qué iba a hacer si el resultado era positivo?

Su mente estaba llena de preguntas, de incertidumbre. Pensó en todo lo que había pasado en los últimos meses: su relación con Beatriz, su trabajo como niñera, sus planes de futuro... todo lo que había estado tan cuidadosamente planificado. Nada de eso incluía un embarazo inesperado, mucho menos uno que pudiera cambiar por completo el curso de su vida.

El test dio su respuesta, y cuando Alicia miró el resultado, el mundo que había conocido hasta ese momento se desplomó. Positivo.

Un nudo se formó en su estómago, y por un momento, todo quedó en silencio. No podía procesarlo. Estaba embarazada. El miedo la envolvió como un manto pesado, y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos sin previo aviso. No sabía si era porque no estaba lista para ser madre, o porque no sabía qué significaba esto para su futuro.

Se sentó en el borde de la bañera, la toalla cayendo de sus hombros mientras dejaba que las lágrimas fluyeran libremente. Sentía una mezcla de emociones contradictorias. No estaba preparada para esto. No podía estarlo. Su vida era suya, su carrera estaba apenas comenzando, y ahora todo eso parecía estar en peligro.

El rostro de Ricardo apareció en su mente, claro y nítido. ¿Qué significaba esto para él? ¿Le diría? ¿Quería incluso saberlo? Alicia sabía que la decisión que estaba a punto de tomar cambiaría todo, pero no tenía ni idea de cómo hacerlo. Y si Ricardo no estaba preparado para ser padre, o peor aún, si no la quería involucrada en su vida después de lo que había sucedido...

Con un sollozo, se levantó de la bañera y se miró al espejo. La joven que veía allí no era la misma que había entrado en esa fiesta semanas antes. En ese espejo vio la incertidumbre, el miedo y la desesperación de alguien que había dado un paso demasiado grande, demasiado rápido.

Su mente comenzó a dar vueltas, evaluando todas las posibilidades. No podía seguir adelante sin una decisión, pero no sabía por dónde empezar. ¿Qué hacer ahora?

Decidió salir a caminar, a despejar su mente. Necesitaba tomar aire fresco y dejar de sentirse atrapada. Mientras caminaba por las calles, sus pensamientos seguían regodeándose en el mismo círculo vicioso. Al principio, pensó que lo que más quería era que Ricardo se enterara. Pero ¿y si no estaba listo? ¿Y si todo lo que había sucedido entre ellos fuera solo una noche de pasión y nada más? Alicia había escuchado historias sobre hombres que se asustaban ante la idea de ser padres, que huían de la responsabilidad y la obligación. ¿Qué pasaría si Ricardo no quería saber nada de ella ni de su hijo?

Cada paso que daba la llevaba más lejos de la certeza, pero también más cerca de una verdad que no podía ignorar. Lo peor era que ni siquiera sabía si estaba preparada para enfrentar esa verdad. ¿Podría criar un niño sola? ¿Tendría los recursos, el apoyo, la fortaleza para hacerlo?

Al llegar a un parque cercano, Alicia se sentó en una banca, sus pensamientos atormentándola. Miró a su alrededor, viendo a madres caminando con sus hijos, familias felices, y todo parecía tan ajeno a su propia situación. ¿Qué diría Beatriz? Su amiga siempre había sido tan abierta con su vida, tan segura de sí misma. Pero Alicia no podía imaginar cómo le contaría a Beatriz que estaba embarazada, que su vida iba a cambiar de manera tan drástica.

Y Ricardo... su mente volvió a él. ¿Qué haría él si le decía? No podía siquiera imaginar cómo reaccionaría. El miedo a su rechazo la aterraba. ¿Estaba realmente dispuesta a arriesgar todo por él? O peor aún, ¿estaba dispuesta a arriesgar la estabilidad que había construido durante tanto tiempo por algo que podría ser solo un mal momento, una equivocación?

Su teléfono vibró en su bolso, sacándola de sus pensamientos. Era un mensaje de Beatriz.

"¿Cómo te va? ¿Todo bien? Ven a casa, te necesito."

Alicia miró la pantalla con una sensación de vacío. Beatriz no sabía nada. Nadie sabía nada. Solo ella. La pesada verdad de su situación pesaba sobre sus hombros como una losa. ¿Cómo seguir adelante después de esto?

Tomó una decisión. Necesitaba hablar con Ricardo. Tenía que ser honesta, aunque no sabía si estaba lista para escuchar lo que él tendría que decir. Pero, en ese momento, era lo único que podía hacer. El futuro, al menos por ahora, dependía de esa conversación.

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