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Portada de la novela Ella no supo ser Julieta

Ella no supo ser Julieta

Tras la pérdida repentina de su gran amor, Eliot se sumerge en un duelo egoísta que lo lleva al límite. Al cruzarse con Mia, cuya apariencia es un calco de su difunta pareja, decide moldearla para recuperar lo perdido. Sin embargo, la esencia de la joven choca con las expectativas de él, revelando que el parecido físico no basta para revivir el pasado. Un relato crudo sobre la obsesión, la negación y la imposibilidad de forzar un alma ajena.
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Capítulo 3

El viernes había llegado por fin y Eliot salió a caminar por el parque al salir de clases. Era evidente que aún faltaban unas cuantas semanas para que se acabara el invierno, así que se acomodó la bufanda y siguió caminando.

Observaba los puestos que vendían rosetas, manzanas acarameladas y cafés. Decidió sentarse en una de las bancas de color verde a deleitar su mirada con el niño y la niña que se encontraban jugando con bolas de nieve. Sonrió al recordar su infancia con su hermanastra.

El clima blanco abarca las fechas más bonitas que hay, como lo son la navidad, el año nuevo, San Valentín y el inicio de la cuaresma.

Bueno, así lo veía él.

Se sintió animado por el vivo recuerdo que recopiló a causa de ver a los chiquillos reír. Se quedó anonadado, viendolos sin un por qué en específico, solo sonreía.

—Yo clasifico las estaciones por color —una voz baja y cautelosa lo hizo girar.

Era ella.

Eliot le sonrió y se hizo a un lado para invitarla a sentarse.

—Hola —la saludó cuando se sentó—, ¿qué decías?

—Que clasifico las estaciones del año por color —repitió y apretó los labios con algo de timidez, pues pensaba: ¿por qué le digo esto si ni siquiera me ha preguntado?

—¿Como así? —inquirió, posando toda su atención en la chica que traía puesto un gorro de lana rosa.

—Invierno es blanco —miró al frente al sonrojarse, nunca un chico la había mirado tan de cerca—, primavera es verde —prosiguió—, verano amarillo y otoño naranja.

—Y tú hermosa —Eliot creyó que solo lo pensó, pero también lo dijo.

Ella giró su cabeza rapidamente hacia él sin creer en lo que había dicho.

—Lo siento —rascó su nuca con pena—, es que me recuerdas mucho a alguien.

—¿Eso es malo o bueno? —preguntó, cabizbaja.

—No lo sé —contestó en medio de un suspiro—, Pero, cambiando de tema —arrugó levemente el entrecejo y sonrió un poco, o más bien hizo una mueca—, ¿Por qué relacionas el verano con amarillo? ¿No sería algo como azul? O quizás gris.

—Pues... —Mia jugaba con los dedos enguantados sobre sus piernas. Ella sabía como responder, pero la impresión de que alguien se interesaba por saber su opinión, le comió la lengua unos segundos. No obstante, ella contestó —Porque es la época donde el sol irradia más con su luz —lo miró de reojo, y contemplo su rostro para arrojar una pregunta—, pero, ¿Quién relacionaría al verano con un color tan neutro como lo es el gris?

El castaño se encogió de hombros.

—El verano es para ir a la playa con amigos, jugar con la familia o salir de paseo con tu pareja —relamió sus labios—, o tal vez todas las anteriores. Pero hay personas que no viven cerca de la playa o no tienen amigos, aún así, podrían hacer las otras cosas...

—Perdón, pero no entiendo lo que intentas explicarme —lo miró ella con curiosidad.

—Es porque no he terminado —le aclaró él—. ¿Qué pasaría si hay una persona que no puede hacer ninguna actividad veraniega solo porque no tiene con quien? Alguien que carece de amor propio no iría por un helado estando sin compañía sólo porque le parece algo absurdo. Una persona que se siente y está sola, no disfrutaría del verano, solo esperaría a que pase para volver a clases, donde se distrae con las ocupaciones escolares —realizó una mueca de pesar—. Por eso yo relacionaría el verano con el color gris.

Mia asintió lentamente con su cabeza al lograr comprender el punto de vista de Eliot.

—Pero, ¿Por qué no relacionar las otras estaciones con el color gris también? —prosiguió el muchacho —Si tu familia está lejos, no habría motivo para celebrar la navidad en el invierno. En la primavera todo florece, pero no tiene sentido que lo hiciera, ya que en ciento ochenta días el otoño acabará con todos sus bonitos avances. Y el otoño... Bueno, todo se seca —rascó su cabeza tranquilamente—. Yo amo la naturaleza, pero esa no es razón para relacionarla con colores alegres.

—Pero por eso la luna cambia de fases, alguna vez volverá a estar completa —opinó la pelirroja—. Lo mismo pasa con la primavera, tiene que pasar por distintos climas para ser más fuerte al volver a florecer —sonrió, viendo el horizonte—. Quizás por eso las plantas son tan bonitas... —Eliot soltó una risilla que la interrumpió —¿Qué ocurre? —Mia lo vio con una confusión inexpresiva.

—La luna es gris —él se encogió de hombros—, pase por lo que pase, no dejará de ser gris. Algunas veces es roja, amarilla, azul... No importa, pero su estado natural es gris.

—Bueno —ella se dio cuenta de lo que el chico quizo decir con aquello, pero igual continuó con lo que decía—. Las personas somos como las estaciones del año y las fases de la luna, nadie está bien todo el tiempo, aunque lo parezca. Hay que pasar por varias fases y estaciones para volver a ser fuertes.

—Las personas mostramos nuestro arco iris a los demás —coincidió—, pero el gris siempre estará dentro de nosotros, y en algún momento, tendrá que opacar a los otros colores.

Mia alzó ambas cejas, pues aquello tenía bastante sentido.

—¿Y eso que te encuentro por aquí? —decidió preguntar Eliot —Mejor dicho, ¿Y eso que te acercaste a mí?

—Puede que te haya dado una mala imágen al evadirte las veces que has querido acercarte —comenzó a explicar—, no soy odiosa, sólo fue muy raro que alguien te persiga cuando no sabes ni su nombre ¿entiendes?

—Te dije mi nombre —él le recordó.

—No me refiero a eso...

—Lo sé —la interrumpió mientras soltaba una pequeña carcajada—. Y gracias por darme esa explicación, ya te lo dije una vez, solo me aseguro de que tu vida esté bien. Pero si aquello es lo que te causa molestia, te ofrezco que nos conozcamos más —ladeó su cabeza—, Mucho gusto, me llamo Eliot —reiteró y le ofreció su mano.

—Mia —ella la estrechó.

Y aquel casi insignificante contacto, fue el verdadero inicio de todo.

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