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Portada de la novela EL TRATADO GRANT&CRIGHTON

EL TRATADO GRANT&CRIGHTON

Sara, una mujer brillante e independiente, y Nicholas, un heredero amante de la libertad, se oponen al matrimonio forzado por sus clanes. Sin embargo, un accidente inesperado obliga a la pareja a simular un compromiso, conviviendo en un entorno paradisíaco para engañar a sus familias. Aunque la pasión surge entre ellos, Sara escapa convencida de ser un peón. Nicholas, tras perderla, comprende su amor real e inicia una búsqueda desesperada para recuperarla.
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Capítulo 2

–No Nicholas. Tengo ganas de desaparecer por un tiempo. –Cementó Clio la prima de Nicholas

Nicholas miró preocupado a Clio, su prima, no era propio de ella huir de las situaciones complicadas.

–No puede ser tan grave. –Prima mi tío deberá frenar sus emociones

“Respuesta errada, sabía que sus padres tenían normas estrictas con eso de las tradiciones”

De su madre y de sus primas había aprendido a respetar el temperamento femenino. Era evidente que la situación era seria.

–¿Ah, no? –contestó Clio–. Es el único tema de conversación de mi padre, y ha convencido a mamá. –Nicholas se alarmó al ver a su prima llorar por primera vez en su vida. Eran primos segundos, pero estaban tan unidos como si fueran hermanos.

–Pronto es la boda de Ann, ¡y no sé si puedo asistir a la boda de mi hermana pequeña!

Nicholas se sintió culpable, Clio estaba pasándolo mal y él solo quería irse.

–Papá no para de decir que yo, siendo la mayor, debería casarme antes. Que Brant y yo somos la pareja perfecta y que soy una egoísta por no aceptar a un hombre decente y honesto –Clio se mordió el labio–. Por supuesto, también contaba la fortuna de él, era lo primordial para su padre.

El recurso al sarcasmo despejó un poco la nube que había nublado la conciencia de Nicholas

Pero no era ninguna broma. Brant era difícil, y podía convertir la vida de Clio en un suplicio.

–Lo siento –dijo, tomando la mano de su prima–. No debería...

–No te hagas ahora el macho echándote la culpa, Nicholas.–Clio lo mira y continua . . .

–Ya sé que acostumbras a asumir todo tipo de responsabilidades, pero aquí no eres el único culpable –Clio suspiró–. ¿Crees que no he disfrutado de ir a fiestas contigo y no he aprovechado para hacerme con una lista potencial de clientes para mi negocio?

–La idea fue mía.–Respondió sonriendo Nicholas

Llevar a Clio como su acompañante regular a fiestas y reuniones le había facilitado muchas cosas, sobre todo había ahuyentado a mujeres jóvenes con ganas de casarse.

–No has hecho nada malo –dijo Clio, apretándole la mano.

Nicholas la miró con picardía. Era típico de ella absolverlo de culpa. Ella lo había apoyado en todo momento, y no era justo que su vida se complicara de aquella manera.

–Está bien, ninguno de los dos tiene la culpa –eran dos adultos con derecho a salir juntos aunque no fueran amantes–.

–Pero, eso no resuelve el problema con tu padre. Tenemos que conseguir que se olvide de sus pretensiones sin que te culpe.

Clio se pasó las manos por su cabellera negra.

–Ya te he dicho que voy a huir. Me ire a los confines límites entre Canada y el Polo Norte .

–¿Sabes dónde está?

–Vale, no. Pues al Círculo Polar. Abriré un negocio de diseño de iglúes.

Nicholas no pudo contener una carcajada. Su prima era una diseñadora con una gran talento, ella era capaz de superar ese reto. Pero no bastaría su palabra para convencer a su tio y a Brant, que de que Clio y Brant se comprometieran como pareja y se casaran.

Esa era una de las razones por las que había acudido a su prima: un millonario griego soltero era un trofeo para muchas mujeres; y uno que no estuviera calvo y al que no le faltaran dientes era muy escasos en estos días.

–Olvídate de los iglúes y deja esto en mis manos.

–¿Tienes una idea? –preguntó Clio esperanzada.–Nicholas asintió.

–Tengo que perfilarla, pero creo que sí. Confía en mí.–Respondió Nicholas a su prima.

El semblante de Clio se relajó.

–Gracias, Nicholas, sabía que podía contar contigo.

Veinte minutos más tarde,Nicholas estaba junto a su mejor amigo, Seth, que estaba a punto de casarse. Seth estaba mirando su teléfono, y Nicholas en lugar de contemplar la vista panorámica de la costa de Corfú, aprovechó para estudiar a los invitados reunidos en el jardín de la villa.

Necesitaba a una mujer. Y pronto. Una mujer que interpretara el papel de su amante el bastante tiempo como para que su padre, lo dejará en paz por un tiempo.

Si acudía a la inminente boda de Samatha, su otra prima y la hermana menor de Clio, con una novia despampanante, su padre se quedaría tranquilo; y si la mantenía a su

lado al menos una par de meses como su acompañante...

Pero ¿quién podía ser esa mujer? Tendría que estar soltera y ser muy atractiva para convencer a su padre.

Igualmente Nicholas necesitaba a alguien que no pretendiera aprovechar la situación para acabar ganándose un lugar en su vida.

–Relájate –la voz de Seth interrumpió sus reflexiones–. Soy yo el que se casa, no tú.

Nicholas sonrió.

–Y con la misma mujer por segunda vez. Has batido un récord. –Exclamo Nicholas sonriendo y Seth abrió las manos.

–La primera vez no tenía ni idea de cuánto la quería. Esta vez, se lo que quiero. Solo espero que alguna vez encuentres una mujer como Emily, que sea el centro de tu vida y a la que ames por encima de todo.

La sonrisa de Nicholas se paralizó. Él ya no creía en cuento de finales felices. Había perdido la inocencia una década atrás. Ahuyentó los recuerdos de las situaciones que habían cambiado su vida y la de su familia para siempre. Aquel era un día para celebrar, así que Nicholas tomó dos copas de champán de la bandeja de un camarero y le pasó una a su amigo.

–Por ti y por tu encantadora Emily –bebieron y añadió–: Y por que yo encuentre a la mujer perfecta para mí.

Que fuera atractiva, complaciente y, sobre todo, prescindible.

–Estás preciosa, Emily –Nicholas retrocedió un paso para ver a su amiga con el velo. Nunca la había visto tan feliz ni tan guapa.

–Ya me habías visto vestida de novia, Nicholas –dijo Emily sonriendo.

Era el mismo con el que se había casado la primera vez con Seth, antes de averiguar que no la amaba y abandonarlo. Desde entonces habían tiempo y situaciones superadas Emma y el millonario griego habían limado sus diferencias. Estaban tan enamorados que su felicidad casi resultaba difícil de creer.

–¿Estás bien, Seth? –preguntó Emily.

Cuando Seth había recogido a Sara la amiga de Emily en el aeropuerto de Corfú le había inquietado su semblante de preocupación, pero Nicholas se resistía a arruinar la felicidad de su amigo y no quiso preguntar. Seth pensaba que encontraría una solución a la situación que se presentaba, pues Nicholas no tenía conocimiento que la madrina de la boda era Sara Grant, la mujer con la que querían casar.

–Claro que estoy bien, solo un poco sentimental al verte tan radiante. Pareces una princesa.

–¡Así es como me siento! –dijo Emily y Seth la abrazó.

–Te lo mereces, Em.

–No es cuestión de que me lo merezca... –Emily dio un paso atrás

como si fuera a añadir algo, pero Seth la detuvo.

–Vamos, Em, tenemos que salir.

Emily se sobresaltó al ver la hora y se volvió precipitadamente hacia la puerta. Seth le recolocó el velo y la siguió al escenario perfecto para una boda: el jardín de la villa con el espectacular azul turquesa del mar al fondo.

–¿No lo estás pasando bien, querido Nicholas?

–Tan directa como siempre, Stephanie.

Stephanie se mordió el labio, irritada por la facilidad con la que aquella voz activaba sus hormonas femeninas. Que Nicholas fuera la única persona que la llamaba por su nombre completo, sonaba como una invitación al pecado.

–Así entenderás la indirecta y te marcharás.

La respuesta de Nicholas fue una risa seca. Ella era su ex y estuvieron comprometidos en el pasado

–Te he traído una rama de olivo. Maqui están la madrina y el padrino de los novios, muy propicio.

Una mano cetrina de dedos largos y uñas perfectas apareció ante Nicholas. Sujetaba una copa de champán. Antes de que pudiera rechazarla, Stephanie continuó:

–Brindemos por la feliz pareja.

Siempre tan astuta. Sabía que era una sugerencia a la que no podía negarse.

Tomó la copa evitando tocarle los dedos. La alzó y dijo:

–Por los novios. –Exclamó Nicholas mirando a la madrina de la boda.

Bebió y, al volverse, bebió de nuevo para calmar la súbita sed que sintió y por su cuerpo recorrió una corriente al mirar los ojos de la joven madrina.

Sara con cierta discreción observó de cerca a Nicholas, quien no parecía la serpiente que era. Era realmente guapo, los pómulos marcados, mentón firme; nariz larga, unos labios

sensuales y unos ojos verdes como un bosque y coronado por un cabello oscuro que se veía lo suave que era.

–Por Emily y Seth –dijo él–. Y por que sean felices el resto de sus vidas.

Sara Bebió y miró fascinada el movimiento de su nuez. Entonces él la miró y ella sintió una sacudida.

«No, no, no. No es atracción. Lo rechazas, lo desprecias».

–Gracias por la copa –dijo Sara, esforzándose por tratarlo como a un desconocido–. Será mejor que vuelva junto a Emily

–Está rodeada de familia y amigos. Puede prescindir de ti un rato.–Comentó Stephanie

–Aun así, quiero volver.–Respondió Sara

–Pensaba que podríamos compartir los tres un buen rato Sara.

–No tenemos nada de qué hablar –dijo Sara con firmeza.

La mirada de Stephanie se ensombreció y súbitamente Sara intuyó que pasaba algo.

–De donde eres, querida, quien es tu familia, qué haces.

–No hay nada que decir. –Contesto Sara de forma inmediata dispuesta a marcharse

–Deja a la madrina en paz, querida Stephanie.

Ella asió el pie de la copa para reprimir el impulso de tirarle a la cara lo que quedaba de champán.

–¿Te sorprende? Mi actitud, querido–preguntó la ex.

Nicholas alzo los hombros la miro con una gran indiferencia y la ex comento con sarcasmo

–Hice lo necesario para ayudar a un amigo.

–¡No entiendo a qué te refieres!

–Ahora averígualo por ti mismo, querido.

–Asumiste que lo sabía, pero alguien me comentó que no lo sabes –dijo ella, manteniendo la vista fija en su rostro.

El la miro con algo de intriga

–Ahora averígualo por ti mismo, querido.

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