Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El silencio del violinista

El silencio del violinista

Elías, un virtuoso del violín, ve su mundo desmoronarse tras un accidente que lo deja sordo y sumido en la frustración. Su aislamiento termina al cruzarse con Abril, una bailarina que, pese a su sordera congénita, percibe el ritmo mediante las vibraciones. Esta conexión transformadora le enseñará que la esencia del arte no depende del oído. Juntos enfrentarán el duelo y el desafío de redescubrirse en una emotiva historia de superación personal.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

La lluvia había dejado un olor nuevo en el aire. Tierra mojada, corteza, hojas recién caídas.

Elías caminaba por el sendero con pasos lentos, observando cómo el agua aún goteaba desde las ramas más altas. La mañana estaba envuelta en una niebla suave, como si el mundo no quisiera despertarse del todo.

Llevaba la libreta en el bolsillo.

Desde su encuentro con Abril, había comenzado a llevarla a todas partes, aunque aún no entendía por qué. No esperaba hablar con nadie. No quería que nadie lo obligara a hacerlo. Pero había algo en esa chica que le removía fibras dormidas. Su forma de moverse, de sonreír sin pedir explicaciones. De aceptar el silencio como si fuera parte del lenguaje.

La encontró sentada en la tarima donde solía bailar, con los pies colgando sobre el borde, mordiendo una manzana verde. Al verlo, alzó la mano y le hizo una seña sencilla: un saludo. No usó palabras. No escribió. Solo le hizo espacio a su lado. Elías se sentó junto a ella.

Abril sacó su libreta y le ofreció una hoja:

¿Siempre fuiste músico?

Él lo pensó un momento, luego escribió:

Desde que tengo memoria. Creo que la música me encontró antes de que yo supiera hablar.

Ella asintió, como si eso tuviera todo el sentido del mundo. Luego escribió:

¿Y ahora?

Esa pregunta era un nudo en la garganta.

Elías miró al frente. El arroyo corría en silencio, al menos para él. Se tomó su tiempo antes de contestar:

Ahora solo respiro.

Abril no respondió de inmediato. Cerró la libreta, guardó el lápiz, y se levantó. Con un gesto, le indicó que lo siguiera. Caminaron juntos entre los árboles, dejando atrás la tarima y el sonido (que Elías suponía que existía) de los pájaros. Llegaron a una cabaña de madera pequeña, cubierta de hiedra, con una puerta que parecía no haberse abierto en años.

-Aquí vivía mi abuelo -le dijo, vocalizando despacio para que pudiera leerle los labios-. Era carpintero. Amaba la madera como tú amabas la música.

Entraron. El lugar olía a serrín y aceite viejo. Sobre una mesa, aún estaban las herramientas: cepillos, formones, un banco de trabajo cubierto de polvo. En una esquina, un estante lleno de pequeños instrumentos de cuerda a medio terminar. Elías se acercó con curiosidad. Sus manos tocaron la superficie de una mandolina sin cuerdas. Luego una flauta. Una caja de resonancia vacía.

El silencio lo envolvió como un abrigo viejo.

Abril sacó una caja rectangular de debajo de la mesa. Se la mostró.

Dentro, envuelto en un trapo de lino, había un violín.

No era nuevo. Las curvas estaban ligeramente agrietadas, la madera desgastada por el tiempo, el barniz opaco. Pero aún conservaba su forma. Su dignidad. Su alma.

Lo hizo para mí cuando era niña. Nunca aprendí a tocarlo.

Pensé que a ti te gustaría verlo.

Elías lo sostuvo con una mezcla de temor y reverencia. Lo acarició como si fuera frágil. El instrumento no estaba afinado. Las cuerdas eran viejas, el puente flojo. Pero el peso era familiar. Una vibración se despertó en su pecho.

Un eco que no era sonido. Era memoria.

Lo llevó hasta el banco de trabajo.

Se sentó. Lo sostuvo contra su barbilla.

Cerró los ojos.

Y tocó.

No escuchó las notas. Pero las sintió.

La madera vibrando contra su cuello. El arco rozando las cuerdas con suavidad. El leve cambio de tensión bajo sus dedos. Era como caminar por un lugar que conocía de memoria, con los ojos vendados.

Cuando terminó, Abril tenía los ojos húmedos.

Él la miró, sin saber qué decir. No podía saber cómo sonaba. No podía saber si aquello había sido música o un balbuceo. Pero en su rostro no había compasión, ni lástima. Solo una admiración honesta, una gratitud muda.

Ella se inclinó y escribió:

Puedo enseñarte a bailar, si tú me enseñas a tocar.

Elías sonrió por primera vez en semanas. No con melancolía. No por cortesía.

Una sonrisa verdadera. Lenta, torpe, pero sincera.

Tomó su lápiz, y escribió:

Trato hecho.

Esa noche, en la cabaña, Abril limpió el polvo del banco de trabajo. Elías revisó el violín, reemplazó una cuerda suelta, ajustó el puente. No dijo nada. No necesitaban decirlo. Algo había empezado a moverse. Algo más grande que ellos.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Amor, Ambición y traición
8.4
Un indigente de diecinueve años cambia su destino al ser reclutado por un poderoso magnate tras infiltrarse en su propiedad. Para obtener una vida de lujos, el joven acepta ejecutar un crimen atroz: terminar con la vida de un muchacho. Pese a lograr su cometido, el remordimiento lo persigue mientras inicia un romance con Clara, la hija de su mentor. Entre traiciones y secretos oscuros, su sangriento pasado amenaza con destruir su única esperanza de redención y amor.
Portada de la novela Cinco Años, Un Voto Forjado
8.4
Durante un lustro, luché por consolidar el éxito de Alejandro, pero su traición fue absoluta. Me dejó desamparada en plena tormenta, ignorando mi fobia, para correr tras Cristal. Al saber que mi boda fue un engaño y que solo fui el relevo de su ex, decidí romper los documentos falsos y esfumarme para siempre. Aunque hoy reaparece suplicando perdón y arrepentido, el daño es irreparable. Mi devoción se extinguió; ya no hay lugar para él en mi destino.
Portada de la novela Demasiado tarde para arrepentirse
9.5
Lynda logra casarse con Charles Watson tras ocho años de espera y un embarazo sorpresa. La tragedia estalla cuando Eleanor, el verdadero amor de Charles, asesina a la madre de Lynda. Para encubrir el crimen, Charles humilla y chantajea a su esposa mientras ella pierde a su padre. Él cree tener el control, pero Lynda escapa con su hija para aliarse con el mayor enemigo de su marido. Ante su arrepentimiento, ella solo busca verlo caer para siempre.
Portada de la novela Destinada a ese hombre
9.2
Lilian equilibra su vida académica con un trabajo nocturno de barwoman, valorando la libertad y la música por encima de todo. Para Alex, un estudiante brillante de clase alta, ella representa un misterio indescifrable que lo ha cautivado en secreto durante un año entero. Pese a su gran carisma y posición, él no ha conseguido romper el hielo con la joven. Mientras ella sigue ajena a su interés, un giro inesperado del destino los obligará a encontrarse.
Portada de la novela El amor que trasciende la propia muerte
8.9
Al cumplir veinticinco años, descubro la traición de mi pareja y mi mejor amiga. Tras humillarme con regalos idénticos, él me abandona en el frío invierno, ignorando que mi salud se desvanece por un cáncer terminal. Mientras ellos celebran su romance, yo oculto mi agonía para sufrir en soledad. Cuando él intenta reaccionar, ya es tarde: me dirijo a Guadalajara. Mi último adiós les entrega la libertad que deseaban, pagada con el sacrificio de mi propia vida.
Portada de la novela Él Es Un Vampiro
8.1
Christopher, un influyente magnate, oculta su adicción al juego bajo una vida de lujos. Sus noches se pierden en un casino clandestino donde las deudas no dejan de crecer. Tras una racha desastrosa, el dueño del lugar le impone un ultimátum brutal para saldar lo que debe. El multimillonario tendrá que elegir entre conseguir una cifra inalcanzable de dinero o entregar la inocencia de su hermana al oscuro hombre que la reclama como pago.