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Portada de la novela El sexy chico del café

El sexy chico del café

Camila, una mujer de naturaleza soñadora, suele prendarse de extraños que desaparecen sin dejar rastro. Su vida cambia al cruzarse con Jake, el seductor camarero de una cafetería por quien desarrolla una intensa fijación. Para dar rienda suelta a su pasión, comienza a realizar dibujos eróticos de él en el mismo establecimiento. Tras ser descubierta, el pánico la invade: ¿la verá Jake como una pervertida o querrá materializar cada uno de sus deseos?
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Capítulo 2

Salir corriendo era una opción, aunque dejar plantada a mi querida amiga, no. ¿Me perdonaría? Es que, tener frente a mí al chico por el cual me estaba masturbando momentos atrás, no era divertido. A parte, hice un comentario que obvio escuchó, no podía haberlo dicho más fuerte.

Mi cara debía parecer un tomate, no había pasado un minuto y ya estaba sudando, nerviosa y queriendo irme de ahí.

Soltó una carcajada que me dejó desconcertada.

—¿Tú eres la amiga y vecina de July? —cuestionó, cruzado de brazos.

Se veía sexy.

¡Camila! Ya basta de tus perversiones por favor, no es momento.

—Eh, sí... Soy yo... —hablé con las palabras enredadas en mi boca.

Con solo verlo sentía mi parte de abajo caliente.

—Pasa, supongo que mi hermana te metió cosas raras a la cabeza y por eso dijiste lo de antes —contestó, dándome un espacio para que entrara.

¿Vergüenza? Yo creo que estaba sintiendo más que eso. ¡Para nada me imaginé que el chico que me atendió en la mañana sería el hermano de July!

—Claro, gracias. Ya sabes lo atrevida que resulta ser July —añadí, riéndome en conjunto, para que no pensara mal de mí.

Con qué cara dices eso, Camila, si la pervertida eres tú.

Estaba cagada de nervios. A parte quería agradarle y darle una buena impresión.

Entré y él me siguió, ya conocía el lugar, primero estaba la sala y más atrás las escaleras, la cocina y una puerta que llevaba al patio. Los esposos estaban en la sala, en un mueble comiéndose a besos, el aire estaba encendido y casi que nevaba en el pequeño espacio.

Tosí para que me prestaran atención.

—¡Camila! Te estábamos esperando —Se levantó a toda velocidad, dejando a su hombre de lado y tomó del brazo a su hermano—. Él es Jake, puedes cogértelo si quieres, total; es un mujeriego y no le importaría.

July siempre siendo tan sutil con las palabras. Su esposo, Mykel soltó una carcajada que retumbó el lugar, ese hombre si se reía horrible.

—Tampoco me dejes mal, hermana —dijo el sexy hombre, sonriéndole a July. Me miró y añadió—: No hace falta que te presentes, Camila, July me dijo tu nombre y muchas cosas sobre ti.

Que delicada, todo indicaba que ella sí quería emparejarnos, pero yo solo quería que alguien me cogiera y ya, nada serio. Por lo menos esa mujer no sabía que  estuve dibujando a su hermano desnudo y que hice el auto delicioso pensando en él, era mejor que nadie supiera eso.

—Claro, no creas que me gustas ni nada por el estilo —refuté, haciendo un ademán con la mano de "nada que ver".

Cada vez le agregaba más caca a la impresión que daba, sin darme cuenta, ¿por qué tenía que ser así? Jake solo se echó a reír, al igual que los demás, quedé en ridículo básicamente y por cuenta propia.

Rodé los ojos y caminé hasta el sillón, me senté junto a Mykel, después de saludarlo, tanto él como July eran unos buenos amigos para mí, siempre me apoyaban en lo que podían y gracias a ellos conseguí muchos clientes interesados en mi arte, sobre todo en cuadros que realizaba, Mykel tiene una gran lista de contactos, les estaré eternamente agradecida.

El pelinegro me ofreció una bebida, por lo que olí parecía vodka, no era fan del alcohol pero por esa vez tomaría. ¿Qué era lo peor que podía pasar? ¿Terminar follando con el hermano de mi amiga? Lo dudaba, y si ese fuese el caso, lo disfrutaría.

Es que, viéndolo bien, era un tipo atractivo, por el que muchas se babearían, lo que dijo July de que era un mujeriego, lo creía. Un hombre como él seguro estaba rodeado de mujeres, era un pensamiento que me dejó un poco afligida, me atraía mucho, pero el hecho de que tuviera una manada de perras detrás de él, me molestaba, aunque no fuéramos nada.

Camila, a penas lo conocías, ¿qué cosas estúpidas pensabas? Si dieran un premio nobel por obsesionarse y fantasear con un desconocido, yo ganaría.

—Puedes comer todo lo que quieras, hice muchas galletas y ponquesitos —July se dirigió a mí, me guiñó un ojo antes de sentarse al lado de su marido.

Y comerse a besos, quéeenvidia, casualmente estaban a mi lado, podía escuchar con claridad cómo sonaban, iuk.

Ellos siempre tan melosos, algo que me molestaba cuando salíamos los tres juntos es que yo parecía una lámpara, es decir; estaba demás en su relación.

Miré a Jake, estaba sentado en el sillón pequeño, mirando el celular y comiendo de las galletas que estaban en un bol, en la mesa del centro. Aproveché que estaba concentrado y lo volví a detallar.

Era tan jodidamente sexy, moría por lanzarme encima de él y comérmelo a besos, para luego comerme otra cosa. Sus músculos se notaban gracias a la camisa pegada qué tenía.

De nuevo, me había quedado absorta en mis pensamientos, en cómo estaba imaginando a Jake estando encima de mí, cogiéndome mientras se mezclaban nuestros jadeos y el sudor.

Ver porno y películas eróticas me había afectado mucho.

—¿Por qué me miras tanto? —inquirió, su voz me devolvió a la realidad.

Camila, podías no haber sido tan obvia, por lo menos aprende a disimular.

—¡Ah! Este... Me preguntaba si vivirás aquí con tu hermana —solté, no sabía qué decir, mis palabras salieron atropelladas.

—No, ni loco me quedo con estos dos, nada más míralos —señaló a los mencionados, se estaban... ¿Manoseando?—. Me harán vomitar arcoíris. Tengo alquilada una habitación en un depa cerca de la cafetería La Onza de Oro.

Por como me lo explicaba, supuse que no me reconoció, no tenía idea de que yo había ido al café en la mañana, aunque bueno; con tantos clientes que habrá visto, para qué memorizar sus rostros.

—¿Trabajas allí? —pregunté, haciéndome la tonta.

—Sí, empecé en cuanto llegué y abrió, aunque ya tengo experiencia haciendo café y ateniendo personas, la jefa ya me adora —explicó, sonriente. Tomó un sorbo de refresco.

¿Cómo no adorarlo? Hasta a su jefa le mojará las pantis sin saber.

—¿No bebes? —cuestioné al ver que se servía refresco.

Habían cervezas, refresco y vodka en la mesa. Negó con la cabeza.

—No —respondió sin más, para luego concentrarse en su celular.

¿Tal vez era niño bueno? Y yo pensando tantas barbaridades sobre él.

Aunque, no lo conocía lo suficiente todavía. No podía llegar a conclusiones.

El tiempo pasaba, los enamorados habían dejado de comerse y decidieron charlar con nosotros al ver que nos invadía un silencio incómodo, estuve bebiendo, en un intento de calmar mis nervios y ser más social con mi crush.

Decían que la bebida le quitaba la timidez a las personas y las hacían más extrovertidas, pero demasiado, a tal punto de decir cosas que no deberían decir, secretos por ejemplo. No me asustaba mucho, yo solo quería lograr entablar una conversación con Jake, tampoco me iba a emborrachar.

Pero, como casi no había bebido en mi vida, solo unas pocas veces con July, me afectó más rápido de lo que esperaba. Me levanté del mueble para ir al baño, me estaba orinando de una manera exagerada, sentía que mi vejiga iba a explotar en cualquier momento.

Al levantarme todo a mi alrededor daba vueltas, tenía náuseas, estaba mareada, aún así logré llegar hasta el baño como pude, tambaleándome.

Oriné, descargué todo lo que había bebido, ya no quería más, tampoco quería llevarme las sobras de la comida que quedaba. Ansiaba por irme a casa y dormir, no tenía idea de qué hora era, posiblemente la madrugada, la noche había sido genial, sobre todo con July embriagada sacando sus pasos de baile prohibidos, parecía un mono en celo.

Fue divertido.

Pero ya tenía que irme, salí del baño y al abrir la puerta me encontré con Jake, me estaba mirando, ¿acaso le gustaba? ¿Quería cogerme? Él no estaba borracho.

—Camila, Mykel me pidió que te acompañara a tu casa para estar seguros de que no te desvíes —informó, me detalló de arriba abajo.

Estaba sudada y apestaba a alcohol, la camisa que tenía puesta era una franelilla blanca, sencilla y que gracias al sostén me marcaba los pechos, me había quitado el suéter en cuanto apagaron el aire y empezó a hacer un calor tremendo, me seguía tambaleando.

Al intentar dar un paso hacia delante, me tropecé con él, cayendo en su pecho, apoyándome, dejando que mi cabeza descansara ahí. Escuchaba los latidos de su corazón, eran normales.

—Llévame de la mano —ordené, separándome y tomándolo del brazo, sentía que si no lo hacía me caería.

—Vamos.

Caminamos hasta la sala, quería despedirme de los enamorados, pero no estaban, supuse que se habían ido a la habitación a dormir o hacer otra cosa.

No solté a Jake, la cabeza me daba vueltas y tenía unas ligeras ganas de vómitar, pero no quería cagarla y echarle todos mis desperdicios a un chico tan apuesto. Aún estando ebria seguía pensando en cogérmelo.

Era tan sexy que me ponía caliente.

Estando en ese estado me sentía más excitada y eso que él no me había hecho nada, solo era yo imaginando cosas.

Sin darme cuenta ya estábamos frente a mi casa.

—Tengo las llaves... —solté un hipo, me trabé sin querer—. En mi bolsillo de atrás —agregué, aferrándome a su brazo.

Asintió y metió su mano en mi pantalón, justo en mi nalga derecha, me estremecí pues sentí lo grueso de sus dedos escarbando en mi bolsillo, me mojaba. Solté un leve jadeo, a lo que él sacó las llaves y me miró confuso.

—¿Estás excitada o qué? —cuestionó al verme.

Abrió la puerta.

—Eres sexy —susurré, lo más bajo que pude, no quería que me escuchara.

Me ayudó a entrar, me iba de un lado a otro por lo que me sostuvo de ambos hombros para que no me desviara. Caminé delante de él para guiarlo a mi habitación.

Nunca llegué a imaginar que tendría a mi crush de hace un día metido en mi habitación, parecía libro cliché, aunque; él no me cogería, que lástima.

Zeus seguía dormido. Jake me ayudó a sentarme en la cama, lo miré con deseo, moría de ganas de follar, coger, besarme con alguien, con un chico, sentir un pene erecto dentro de mí, estando en ese estado me sentía más caliente, me mojaba más rápido con solo pensar en situaciones comprometedoras.

Él seguro estaba pensando mal de mí, que era una borracha, no me importaba.

—Duerme un poco —comentó y se echó para atrás, ya se iba.

Yo seguía sentada, antes de que se diera la vuelta salté sobre él, mis brazos rodearon su cuello y lo atraje hacía mí. Lo tomé desprevenido, por lo que cayó junto a mí en la cama, él estaba sobre mi cuerpo, mis manos rodeaban su cuello y nuestras narices se tocaban, escuchar y sentir su respiración hacía que mi corazón latiera con fuerza, quería besarlo, acortar la pequeña distancia entre nuestros labios.

Su miembro... Estaba a la par de mi parte íntima, aunque; no sentía nada duro ahí abajo. Lo miré, se notaba confundido, yo estaba deseando que me hiciera de todo.

—Sé que piensas que soy sexy, pero no te adelantes, pequeña —habló, con un tono de picardía.

Regalándome una sonrisa llena de perversión, sensual. Acto seguido se levantó, dejándome ahí acostada, desconcertada por sus palabras.

—¿No quieres cogerme? —cuestioné, haciendo un puchero.

—No lo hago con ebrias, tengo respeto. Cerraré con seguro y lanzaré las llaves por debajo de la puerta para no tener que llevármelas —añadió y se marchó de mi habitación.

Me dejó pensando que me arrepentiría de todo lo que hice y dije a la mañana siguiente, era obvio. No debí haber bebido.

Y así mis ojos se cerraron con torpeza, las ganas de tener sexo se fueron esfumando poco a poco y en menos de un minuto caí rendida ante el sueño.

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