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Portada de la novela El sexy chico del café

El sexy chico del café

Camila, una mujer de naturaleza soñadora, suele prendarse de extraños que desaparecen sin dejar rastro. Su vida cambia al cruzarse con Jake, el seductor camarero de una cafetería por quien desarrolla una intensa fijación. Para dar rienda suelta a su pasión, comienza a realizar dibujos eróticos de él en el mismo establecimiento. Tras ser descubierta, el pánico la invade: ¿la verá Jake como una pervertida o querrá materializar cada uno de sus deseos?
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Capítulo 3

Mis ojos se abrieron con dificultad, quería seguir durmiendo, pero había demasiada luz entrando por mi ventana, las cortinas estaban abiertas.

Restregué mis párpados como pude y bostecé, estirando mis brazos, que cansancio sentía. Mi cabeza daba vueltas junto a una leve jaqueca, me dolía. ¿Qué había pasado la noche anterior?

Los recuerdos eran borrosos, no entendía por qué. Había ido a casa de July, casualmente su hermano era el sexy chico que vi en el café y se llamaba Jake, de ahí no recordaba más nada.

¿Había bebido?

Por el dolor de cabeza supuse que sí, esperaba no haber hecho nada indebido sobre todo con Jake...

Busqué mi celular, no lo encontraba por ningún lado, revisé debajo de la almohada y la cobija.

Nada.

Me extrañó, pues siempre lo cargaba encima, pero tampoco estaba entre mis bolsillos. Me levanté para revisar mi bolso y nada, ¿lo habré dejado en casa de July?

Tuve que ir a la sala para poder verificar la hora en el reloj que estaba colgado a la pared.

10:24am.

Pensé que era más tarde. Me apresuré en ir al baño y arreglarme todo el desastre de mi rostro, el poco maquillaje que me había puesto se corrió y parecía una bruja, daba hasta miedo.

¿Jake me había visto así? Que vergüenza...

Aproveché en tomar un baño y refrescarme, para luego buscar una pastilla en el intento de aliviar el dolor de cabeza que se tornó más fuerte.

Como me daba flojera preparar el desayuno, decidí que iría a la cafetería (excusa que le di a mi mente para visitar a mi crush)

Al estar lista, con una ropa sencilla; camisa holgada y jeans azules. Me dispuse a salir, no sin antes servirle croquetas a Zeus que no dejaba de maullar mientras me seguía.

Vi las llaves en el suelo, un leve recuerdo pasó por mi mente en donde Jake estaba en mi habitación.

No puede ser.

¿Qué había hecho? ¿Algo vergonzoso? Era obvio, yo siempre de estúpida cometiendo errores de los cuales me termino arrepintiendo mucho.

Mi respiración se entre cortaba y mis mejillas se sentían calientes al pensar que algo pudo haber pasado entre nosotros y yo no recordar nada para masturbarme luego, carajo.

Alejé todo pensamiento confuso, agarré mi mochila y caminé hasta la puerta. Me despedí de Zeus y salí rumbo a la casa del frente.

Toqué la puerta.

Esperé unos segundos y volví a tocar.

—¿Camila? ¿Sucede algo? —Abrió Mykel, el esposo de mi amiga.

Me miró confundido y bostezó.

—Es que no encuentro mi celular y creo que lo dejé aquí —comenté.

—¿Buscaste bien? Jake lo tenía en su bolsillo cuando te fue a llevar—cuestionó, llevando una mano a su mentón—. Tal vez se le olvidó dejártelo.

Entonces Jake sí me había acompañado a mi casa, lo que quería decir que me embriagué demás la noche anterior, que pena, yo no era así, debí haberle dado una mala impresión a mi querido crush.

—Vale. ¿Está July? —pregunté, empezaba a ponerme nerviosa.

En mi celular tenía fotos de todos los dibujos que había hecho, hasta el de Jake y yo desnudos en la misma cama, por suerte solo tenía ese de nosotros dos, aunque era notorio que se trataba de él. Mi arte era muy realista, a parte que tenía muchos otros dibujos eróticos con chicos randoms que había visto en mi vida, en plan; el guapo chico del autobús que nunca más volví a ver.

—Sigue dormida, tuvimos una noche muy ajetreada —replicó, guiñándome el ojo.

—Oh, Mykel, ni se te ocurra darme detalles —Lo miré amenazante, señalándolo con mi dedo índice.

Soltó una carcajada, a él todo le causaba gracia, sobre todo cuando me molestaba.

—Mejor me voy, gracias por la información —agregué.

Que horrible imaginar a July y Mykel haciendo... Eso. Un escalofrío recorrió mi cuerpo de solo pensarlo, él se despidió con una sonrisa y cerró la puerta.

Suspiré, de todas formas planeaba visitar la cafetería, pero no era para entablar una conversación con mi crush pidiéndole mi celular, solo tenía planeado ir y observarlo para dibujarnos en un momento íntimo, pero al parecer el universo estaba en mi contra.

Me dirigí a la cafetería, por suerte no quedaba lejos de mi casa, necesitaba urgente el celular, ahí también tenía todos mis contactos y pedidos de cuadros o retratos, o sea; mi trabajo, no podía perder mi fuente de ingresos.

Caminé por una calle ajetreada ubicada en la ciudad de Vander, en donde se hallaban todo tipo de locales que tenían que ver con comida y bebida. Era una ciudad pequeña, pero muy poblada, siempre habían personas caminando de un lado a otro y lugares donde comer o comprar ropa.

Muy turística.

Casualmente La Onza de Oro quedaba en el centro de todos los locales, en frente tenía varias mesas en donde los clientes también se podían sentar, al aire libre, con una gran sombrilla que cubría toda la fachada de los rayos del sol, aunado a esto; algunas plantas decoraban los alrededores, sembradas en su respectiva maceta.

Era una entrada bastante bonita y limpia, una vista agradable que te invitaba a pasar y disfrutar del café. Yo prefería estar en el interior, había aire acondicionado y podía disfrutar más.

Al abrir la puerta, sonó la campana indicando que entró alguien, no muchos voltearon a verme. Busqué con la mirada a Jake, lo vi en el mostrador, hablando con unos clientes. Se veía tan maduro.

Me senté en la misma mesa que el día anterior, la que se encontraba cerca de la ventana, con vista hacia el exterior. El lugar no estaba tan lleno como esperaba.

Una chica que trabajaba allí se acercó a mí, con una sonrisa y el mini bloc de notas en mano.

—Bienvenida a La Onza de Oro. ¿Qué desea ordenar? ¿Ya revisó el menú? —habló con un tono de voz que me transmitía paz, era muy linda.

Tenía su cabello negro atado en una coleta, sus pequeños ojos me dificultaban distinguir su color. Me miró esperando respuesta.

—Me gustaría que me atendiera Jake, es que tengo algo importante que decirle —informé, me sentía un poco mal porque se tomó la molestia en venir.

—Oh, entiendo. Pero tendrás que esperar un momento, Jake está resolviendo un inconveniente que ocurrió hace un rato —respondió la muchacha, con amabilidad.

Le regalé una sonrisa.

—No te preocupes, puedo esperar —acaté, haciendo un ademán con las manos.

—De todas formas le avisaré que lo esperas —dijo, era mi oportunidad de hacer otro dibujo—. Este Jake, es tan solicitado por mujeres.

Soltó una pequeña risita y se marchó, su comentario me dejó pensando. ¿Acaso era cierto lo de ser un mujeriego? Por como lo dijo la chica, me sonó a que Jake atraía a muchas, y cómo no, si parecía un dios griego tallado por los mismísimos dioses...

Aún así, un sentimiento extraño me invadió, era como si mi corazón se sintiera pesado, triste tal vez, no sabía explicarlo con certeza. Me di unas palmadas en las mejillas, no debía afectarme algo tan trivial, después de todo no lo conocía, era un completo extraño para mí, nada más lo usaba para mis fantasías sexuales imaginarias.

Saqué mi cuaderno y lápiz, empecé a trazar líneas para crear el boceto de nuestros cuerpos unidos en uno, con su miembro rozando mi parte íntima... Yo estaba encima de él, sin meter por completo a su amiguito, mientras sostenía mis pechos con firmeza y mi cabeza estaba un tanto hacia atrás, disfrutando la sensación.

Terminé el boceto y procedí a colorearlo, solo con el lápiz, haciendo las sombras y dejando lugares sin tapar, creando las luces para que el realismo fuera impresionante, le dibujé la cara con una expresión de placer dirigiendo su vista a mi cuerpo.

Miré a Jake, seguía en el mostrador, entre cerré mis ojos para detallar más su rostro, tampoco es que se encontrara lejos, pero si tenía que agudizar mi visión.

Continúe detallando su expresión de lujuria y placer en el dibujo, vernos de esa manera me hacía desearlo cada vez más, querer que se hiciera realidad y experimentar la sensación de tener sexo.

Me mordí el labio inferior.

Crucé mis piernas, la humedad en mis pantis se hacía presente, lo que causaba solo un dibujo. Terminé de agregarle las sombras y me había quedado con demasiado detalle, era como si ambos estuviéramos dentro del cuaderno, disfrutando.

Mis mejillas se sentían calientes, lo cerré y guardé todo en la mochila al ver que mi crush venía.

Con las manos entre los bolsillos, su cara tenía una expresión de enojo, esperaba que no me tratara mal, capaz había tenido un pésimo momento con los clientes con los que estuvo hablando.

—¿Qué quieres? —preguntó, así sin más, ni me saludó.

—Mi celular —contesté, sin apartar la mirada.

Si él iba a tratarme tan cortante solo porque unos extraños lo pusieron de mal humor, no me iba a dejar pisotear.

Tenía que aprender a lidiar con ese tipo de situaciones, era normal que sucedieran en un trabajo como ese, siempre han existido los clientes tercos que creen tener la razón por todo, hasta cuando no están en lo correcto.

—Puedo pasar por tu casa cuando termine mi turno, de todas formas iré a visitar a July —añadió, su expresión era de fastidio.

Se dio media vuelta sin esperar mi respuesta.

—¡Oye tampoco te comportes así! —exclamé.

Me levanté de mi asiento, apoyando ambas manos de la mesa, esperando que volviera.

No lo hizo, simplemente se marchó, dirigiéndose de nuevo al mostrador.

¡Ni siquiera me atendió!

¿Tan molesto estaba? De todas formas no tenía que echarme su mierda a mí, nada más me transfirió su mal humor. Lo miré con rabia, solté un pequeño rugido de molestia y tomé mi mochila para salir del lugar, a paso rápido.

¿Qué le costaba entregarme el celular y ya? Podía hasta demandarlo por robo, no entendía cuál era la necesidad de extender el tiempo.

Furiosa entré en el local de al lado, donde vendían hamburguesas, las mejores de la ciudad. Yo solo quería desayunar un pan con queso junto a un café bien caliente, pero el señorito Jake vino a arruinar mi mañana.

Entré a BurguerMania, no había mucha clientela, solo unas dos mesas ocupadas. Me senté en las sillas que estaban frente al mostrador, era como una barra que tenían. Una trabajadora mayor me atendió con cariño.

—Bienvenida, querida. ¿Deseas una hamburguesa en específico? —preguntó.

—La normal, por favor —respondí, apoyándome en mi brazo—. Y un refresco.

La señora asintió y atravesó una puerta que seguro guiaba a la cocina, en donde preparaban todo, mientras esperaba la cajera me pidió mis datos para pagar mi pedido. Eso hice.

Todavía me sentía enojada con Jake, no había motivos pues era un desconocido, no tenía por qué reclamarle algo, me estaba comportando como una novia tóxica y no lo era, ni su amiga me consideraba.

No era nadie para él, eso en parte me entristeció.

—Aquí tiene —La señora me sacó de mis pensamientos.

Me entregó la bandeja con mi pedido, era una gran hamburguesa de una sola carne, lechuga y salsa, la más económica. A un lado había un pequeño bol con papas fritas, que delicia, mi estómago empezó a sonar por el hambre.

Le agradecí y tomé la salsa de tomate que me habían facilitado y le eché un poco a las papas, me comí una.

Que rico.

Bebí un sorbo de refresco y procedí en comerme la hamburguesa, un gran mordisco le di. Todos los sabores invadieron mi boca, sobre todo el pan combinado con las salsas que le echaron. Tragué antes de darle otro mordisco.

Haber llenado mi estómago hizo que se me olvidara el mal momento que pasé con el castaño. Me alivió comer algo sabroso, que deleitara mi paladar.

Le agradecí de nuevo a la señora que me atendió y me despedí.

(...)

La noche había llegado en un abrir y cerrar de ojos, no tenía noticias de mi celular y ya había ido tres veces a casa de July, preguntándole por su hermano, las tres veces me dijo que ya venía en camino o se quedó con sus amigos.

Mi paciencia estaba empezando a agotarse, me encontraba en la sala, específicamente acostada en el mueble, acariciando a mi pequeño Zeus. Todo estaba tan silencioso que solo se escuchaba su ronroneo.

Tocaron la puerta.

Me levanté a la velocidad de la luz y dejé al pobre gato tirado a un lado, estaba segura que era Jake.

El reloj marcaba las siete de la noche.

Abrí.

—¡Será aleluya que te apareces! —exclamé casi gritando, sujetándome del borde de la puerta.

—Ten —Me entregó el celular.

—¿Lo revisaste? —cuestioné, atemorizada.

—Tiene contraseña y tampoco es que me interese revisar tu porno —Sus palabras me dejaron en shock.

Pálida, avergonzada y con el corazón acelerado me puse, sentía que estaba empezando a sudar frío.

¿¡Por qué dijo eso!?

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