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Portada de la novela EL SECRETO DE TU SONRISA

EL SECRETO DE TU SONRISA

Aitor, un hombre de 25 años, con una novia, con quien lleva 3 años de relación, conoce una joven de 17 años con quien se hace un amigo incondicional, cuando estaba dispuesto a comprometerse con su novia, descubre que lo engaña y comienza una extraña relación de amistad con aquella joven; no estaba acostumbrado a amigas mujeres sin sexo, pero con esta joven aprende que es posible una relación de amistad entre un hombre y una mujer; sin embargo, sin darse cuenta se empieza a enamorar de su joven amiga.
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Capítulo 3

Aitor tomó su bebida sin respirar – ella es buena persona, no confía en todo el mundo, no a todos los trata como amigos. Téngale un poco de paciencia, seguro le va a caer bien. Yo la conozco hace poco y es muy simpática. – le sugirió Fernando – ya le dije que no soy su amigo – manifestó Aitor, ya su voz se escuchaba un poco pesada por el alcohol; varias de las meseras se acercaban a la barra a hacer sus pedidos, de pronto descubrió un particular aroma que sentía cuando ella se acercaba – maracuyá – manifestó Aitor sonriendo, una de las meseras que se encontraba en la barra en ese momento lo miró con el rabillo del ojo, Aitor le rodó los ojos y ella levantó la ceja mirándolo con desprecio, Yaiza regresó a la barra y él estaba encendiendo otro cigarrillo, esta vez no dijo nada. – te dije que me esperaras en los casilleros, ¿Por qué no podías obedecer? – preguntó en tono de autoritario Aitor sin mirarla, tenía su mirada sobre su vaso de wiski. – porque no eres mi jefe, me dijiste que no eres mi amigo y estas tomado, además fumas y no confío en los que fuman – respondió ella – otros 2 tequilas para la 8 – solicitó ella a Fernando, Aitor se giró y la tomo por la muñeca para quedar frente a ella - hoy, encontré a mi novia, en mi apartamento, con el que supuestamente era nuestro amigo, en mi cama y descubrí porque desaparecían mis corbatas. – murmuro él con molestia, tomó por sin soltar la muñeca a Yaiza – lo peor es que no hice nada, no dije nada, los dejé que siguieran, salí de allí y aquí estoy. – continuó Aitor. Ella tomó la bandeja con su pedido – otro whisky para el príncipe y lo pones a mi cuenta – pidió ella a Fernando y se retiró – ¿que acaso cree que no pudo pagar mis propias bebidas o qué? – exclamo Aitor en voz alta y Fernando le pasó la bebida. – que conste que yo ya no quería más – dijo Aitor levantando su índice, tomo el vaso y se lo llevo a la boca, sacó un cigarrillo, volteó a ver a aquella joven y lo guardó de nuevo.

El club cerró, de nuevo Aitor vio a aquel hombre que parecía el administrador entrar al otro lado de la barra, se quiso levantar para salir, pero su peso lo hizo caer sentado de nuevo, Yaiza se acercó y cuando nadie los veía, lo ayudó a levantar y lo llevó a la zona de los casilleros, lo acostó en el suelo detrás de aquellos cajones y regresó al salón para terminar de acomodar las sillas y las mesas. Casi dos horas después, empezaron a salir del bar todos los empleados, ella empezó a despertarlo y él no reaccionó, se sentó en dirección de la cabeza, la levantó y la puso sobre sus piernas. Las luces se apagaron, ella se quedó dormida en esa incómoda posición.

Aitor despertó al escuchar su teléfono, pero no lo alcanzo a contestar, sintió la incomodidad en su cuello, buscó su teléfono y encendió la linterna para iluminar el lugar donde se encontraba, quiso ver sobre qué estaba acostado que le había maltratado su cuello y vio aquellas piernas, subió la luz y era ella. Cuando iluminó su rostro ella hizo un gesto de desagrado e inmediatamente él le apartó la luz – ¿qué haces aquí? – preguntó él en susurro – ¿qué hago aquí? – interrogo de nuevo Aitor. El celular sonó nuevamente y lo contestó.

- Hola

- Hola, ¿dónde estás? no me digas que volviste a tu apartamento – saludo Charlie

- Nooo… lo peor es que no sé dónde estoy, está muy oscuro – estamos en el club aún - escuchó la voz de Yaiza en la oscuridad - no te podía cargar para sacarte y no podía dejar que el jefe te viera así, entonces como pude te ayude a caminar tras los casilleros para mantenerte escondido aquí, pero te quedaste dormido y no pude dejarte sólo así no seas mi amigo. Y pues aquí estamos. Ahora creo que no podemos salir. – continuó explicando ella.

- ¿Con quién estás?

- Estoy encerrado en el club – respondió Aitor

- En veinte minutos llega el administrador, no dejes que te vea en ese estado que me imagino que estas.

- ¿Qué hora es?

- Las 5:30

Terminó la llamada. – ¿que hice anoche? – preguntó Aitor – nada, tomaste como loco y fumaste como una chimenea… así no seamos amigos ¿lo puedo tutear? – pregunto ella – ¿porque no podemos ser amigos, acaso te tendrías que acostar conmigo para eso? – preguntó Aitor con una pícara sonrisa de lado que por la oscuridad ella no pudo ver - no, supongo que esa debe ser tu regala y por eso me dijiste que no somos amigos – respondió ella en la oscuridad – uuoo ¡yo dije eso! – comentó Aitor asombrado – sí y también me contaste que tu novia te engaño en tu apartamento, en tu cama y regaló tus corbatas – las luces se encendieron, ambos arrugaron el ceño por el fastidio de la luz. – llegó el administrador – dijo Aitor, ella se puso demasiado nerviosa. – no te preocupes, saldremos con cuidado para que no nos descubra. – explico él acercándose a la puerta, se escabulleron hacia la salida - ¿sabes que el único lugar donde no hay cámaras es en el salón de los casilleros y en los baños verdad? — preguntó Aitor – creo que estaremos en problemas – respondió ella. – no te preocupes, el administrador no tiene acceso, sólo algunos de seguridad y los dueños. – explico él – genial, seremos despedidos – respondió ella con una risa fingida. – te llevo a desayunar, tengo que compensarte lo de anoche – indicó Aitor abriendo la puerta del copiloto de un BMW deportivo negro. – definitivamente tu debes ser el 007 – dijo ella viendo aquel auto, él soltó una risa sonora y subió al lugar del conductor – debo ir a casa, mi abuela debe estar preocupada. – pidió ella. – debo compensarte. De verdad, siento lo que dije anoche, no recuerdo nada y tengo mucho dolor de cabeza – dijo Aitor presionando con sus dedos su entrecejo - pues me parece que anoche dijiste algo de dejarme el carro que tenías fuera, creo que te referías a éste – bromeo ella y él se carcajeo fuerte – Buen intento, pero este bebé nadie lo toca. – respondió él. – entonces ¿si somos amigos? – pregunto ella. Él la miró y asintió. - ¿qué vas a hacer con tu novia? – preguntó Yaiza, él apretó el volante y puso la cabeza hacia atrás – debí haberlos reventado en ese mismo instante. ¿Supongo que sabes lo que duele que te rompan el corazón? – preguntó él - ¿es igual a los cólicos menstruales? – él abrió la boca como intentando decidir algo y entre cerrando los ojos – no lo sé, no me dan cólicos, no lo creo – contestó pausadamente él – entonces si no es igual a los cólicos, no, no sé cuánto duele que te rompan el corazón – él sonrió. – deberías conseguirte una novia, demostrarle que lo sabes y que no te afectó porque ya tenías a alguien más. Que sólo estabas buscando la manera de terminar con ella. Listo. No le demuestres que te duele. – aconsejó ella. Él respiró profundo – que le digo a mis padres. Tampoco quiero hablar mal de ella. – se escuchó preocupado – tú no estás hablando mal de ella, ella sola lo está haciendo. Pero pues puedes hacer lo mismo, presentarles a tu nueva novia. Voltea por aquí por favor. – Aitor obedeció y se quedó pensando en lo que ella le había aconsejado. Ella buscó en su bolso algo, sacó un marcador permanente, retiro la tapa con sus dientes y en el semáforo tomó la mano de él y apuntó su número. – si quieres hablar aquí me ubicas dijo ella y sonrió guiñándole un ojo. – déjame en esta esquina para que no tengas que voltear más. – pidió ella. – no, te dejo frente a tu casa, no quiero cargos de conciencia si en cinco pasos te fracturas un pie. – ella sonrió - entonces voltea aquí – dijo ella indicando con su dedo.

Después de conducir por cuatro cuadras más en una angosta calle, llegaron a una casa verde con ventanas amarillas – aquí – dijo ella mostrando aquella casa de dos pisos – déjame adivinar quien escogió el color – expresó Aitor mirando aquella casa. – yo – respondió ella con su habitual sonrisa - y también la pinté yo misma. Si necesitas alguien que pinte tu casa me llamas – dijo ella antes de bajar y le guiño el ojo – pero yo escojo los colores – ella sonrió fuerte – ¿no te gusta el verde? Con azul también quedaría genial – dijo ella, él sonrió y levantó su mano para despedirse.

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