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Portada de la novela El Secreto de Pandora

El Secreto de Pandora

Casada con el influyente magnate Ace Beringhelis, Tamara Ford ha pasado un lustro soportando humillaciones bajo una apariencia gris y dócil. Su esposo la desprecia, ignorando que esa fachada de sumisión es solo una máscara para proteger su verdadera esencia. Sin embargo, tras la imagen de esposa abnegada, Tamara resguarda una identidad poderosa y una vida clandestina. El equilibrio se romperá cuando su secreto real amenace con revelarse ante todos.
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Capítulo 2

[En la actualidad...]

POV: ACE. (Parte I)

Tamara acaba de entrar a mí despacho, la he citado aquí porque necesito que firme unos documentos de la empresa, la observo mientras se acerca a mí escritorio y me parece tan desagradable, no entiendo como he podido aguantar cinco años de matrimonio.

Claro, estoy consciente que todo este tiempo, rara vez hemos cruzado palabras, solo lo hacemos para discutir asuntos importantes como ahora.

"La verdad es que me incomoda mucho mirarla, por eso prefiero mantener distancia"

—¿Para que me llamaste querido... esposito?.— Dice y yo ruedo los ojos. «Que voz tan incomoda tiene» Algunas veces pienso que hace ese resoplido a propósito para molestarme.

—Te he pedido de mil maneras que no me llames así cuando estemos solos. — Me quejé. — Necesito que firmes esto, es de la empresa de tu padre. —Sus labios se curvan simulando una diminuta sonrisa.

Viéndola desde este ángulo se le forman unos pequeños hoyuelos en sus mejillas.

¿Que? «Agité muy fuerte mi cabeza»

¿Pero que diablos estoy pensando?.

—¿Y, de que otra forma podría llamarte? "Esposito" — Se apresuró a firmar, luego se dió media vuelta para marcharse, yo la miré con total desagrado.

— Tamara, deberías tratar de arreglarte un poco más. ¡Te ves espantosa! —Ella no se tomó el tiempo de mirarme, como era su costumbre me sacó el dedo medio y luego se perdió por el pasillo.

«¿Por qué carajos es tan descuidada?»

Llevaba puesto unos pantalones deportivos anchos y una sudadera casi cinco tallas más grandes, nunca mostraba ni un centímetro de su piel, era tan conservadora como sus padres...

De seguro, tampoco, se sentía cómoda con las imperfecciones de su cuerpo y por eso no las mostraba, o tal vez era algo regordeta y no estaba conforme con su peso.

La verdad, no me imaginaba que podría haber debajo de esa ropa de indigente que siempre cargaba encima.

Otra cosa espantosa, era su cabello, este era un completo desastre, peor que un nido de pájaros, siempre andaba con el cabello atado y esas gafas de pasta negra, eran tan gruesas que sus ojos se veían saltones a través del cristal.

"Suspiré calmadamente"

Ahora que lo pienso bien nada, me vendría mejor que un divorcio.

Cuando me casé con ella, acepté porque su padre es dueño de "GroupFord"

La empresa automotriz más importante del país, el se veía bastante interesado en una fusión, por eso no podía perder la oportunidad de cerrar éste trato.

Sino lo hacía yo, tarde o temprano lo haría otro y eso me pondría en desventaja delante de la competencia.

Necesitaba el poder, hacerme camino en esta industria me había costado, digamos que el capital financiero de mi familia no estaba en su mejor punto y este era el medio más rápido para obtener dinero y librarnos de la quiebra.

Hoy en día somos la empresa número uno y todo eso es gracias a mi sacrificio, estar con una mujer tan horrible no es nada fácil y más cuándo se es un hombre como yo que tengo mis propias  necesidades.

Nunca he tenido contacto con ella, de solo imaginarlo mi estómago se retuerce, la única noche que dormímos juntos en la misma cama, fue en nuestra noche de bodas y eso pasó porque estaba tan ebrio, que no podía moverme.

Tampoco recuerdo absolutamente nada de lo que pasó, aunque no creo que haya pasado mucho, ni con todo el licor del mundo podría hacerle algo, es que solo tienen que mirar al adefecio y se darán cuenta de lo que hablo.

****

Nuestro matrimonio es solo un contrato, más no hay amor de por medio, en nuestro hogar cada quién está por su lado casi ni nos vemos porque siempre estoy de viaje y cuándo estoy de regreso tenemos poco contacto.

Incluso su habitación está lejos de la mía, no tenemos nada que ver el uno con el otro.

A mi tampoco es que me interesa su vida en lo más mínimo, no se lo que hace a diario, con quién se relaciona, las cosas que le gustan...

En conclusión; no se nada sobre mi esposa fea, solo se su nombre y los muchos millones que representa ser su esposo.

Aún tenemos la obligación de vernos la cara una vez al mes y pasar todo un día entero juntos en el domingo familiar.

Ya que, sus padres y los míos se reúnen religiosamente una vez por mes, según ellos para compartir tiempo de familia, luego de culminar con la farsa de matrimonio feliz, hacemos como si ninguno de los dos existiera.

«Lo hemos hecho así por cinco años y ya nos acostumbramos a ello, así que todos felices.»

[...]

Una llamada entra en mi móvil:

—¿Hola cariño, dónde estas? —De inmediato se dibujó una sonrisa en mi rostro.

— Megan mi vida, estoy en la oficina. — «Mentí»

Aún seguimos juntos, digamos que me ha demostrado fidelidad y también conoce toda la historia que hay detrás de mí matrimonio.

—Ven a la casa cariño, me haces mucha falta, estoy muy solita, necesito tu compañía. — Su tono de voz es mimado pero provocativo.

De inmediato mi cuerpo empieza a reaccionar solo de imaginarla con lencería la polla se me pone dura.

—Esta noche te quiero en lencería roja, en unos minutos estaré allá. — Colgué la llamada y miré a mi alrededor, no es que me importe que la fea sepa que tengo una aventura, porqué creo que ya lo sabe desde hace tiempo, pero soy un tipo reservado, por eso cuido mucho mis pasos.

Antes de irme subí a mi habitación para cambiarme y darme una ducha rápida, cuando estuve listo bajé pero escuché un par de risas en el salón, eso llamó mi atención.

Me asomé con cuidado y era la fea que hablaba muy entretenida con su chofer pobreton.

«Pobre de ella, me imagino que no le queda de otra que hablar con la servidumbre.»

Tampoco creo que alguien le llegue a prestar atención, tal vez si cambiara un poco las personas no la rechazarían, pero es tan... "Aburrida"

Tamara es una mujer joven, como puede llevar una vida tan desabrida.

Di media vuelta y salí de esa casa no quería seguir pensando en mi esposa fea.

Llegué al departamento qué compartía con Meg, había música y el aroma de la esencia de vainilla inundaba el lugar, subí de inmediato a la habitación y encontré a Megan tal como se lo había pedido «en lenceria»

Era una mujer bellísima, no la amaba pero si me gustaba estar con ella y sabía como complacerme en la intimidad.

Quité mi ropa lentamente hasta llegar a la cama quería hacerla mía, mis necesidades eran mucho más fuertes que yo...

Pienso que ya es hora de relajarme un Poco, me coloqué a su lado y comencé a besar su cuello.

—Te habías tardado cariño.— Susurra pegando su cuerpo más al mío.

—Bueno cielo, tenía trabajo llegue lo mas rápido que pude. — Bajé mi mano acariciando su cuerpo hasta que llegué a su zona íntima

Gimió cuándo sintió el contacto y aproveché de rozar mis dedos en su coño.

No quise esperar más tiempo y comencé a estimularla con dos de mis dedos en un ritmo tortuoso, el movimiento de mi brazo no era suficiente así que la levante para sentarla sobre mi polla.

Las paredes internas de su coño me recibían adaptandose a mí y fue el momento para desconectar mi mente de todo y comenzar a penetrarla.

Disfruté de su cuerpo durante todo el encuentro pero después de alcanzar el climax, pasaba lo mismo de siempre, terminaba sintiéndome, solo y vacío por dentro.

Luego de pasar tiempo juntos le pedí a Megan que saliéramos a un club, era viernes y no pasaban de las diez, ella no muy contenta aceptó ir, pues allí me encontraría con mi primo Ethan y ellos dos se detestaban.

[...]

Llegamos al «Inccubus» este club era sensacional, hace unos años quería hacerme con el control de este local pero la oferta estuvo fuera  de mi alcance. Su nuevo propietario convirtió el lugar de mala muerte en un sitio excéntrico con un estilo extravagante y una buena ambientación.

Desde bailarines semi desnudos en jaulas colgantes, exhibiciones en arte Bondage, hasta salas de castigos privadas, aquí se reunía la crema y nata de la sociedad pero era un sitio muy exclusivo, al cual no todos podían tener acceso.

El primer requisito para poder ingresar era cumplir con el acuerdo de confidencialidad, es por ello que el uso de antifaz era totalmente obligatorio.

Además de esto Inccubus contaba con una atracción principal por la cuál hombres y mujeres enloquecían, incluyéndome, en ese grupo de seres desesperados por tener aunque sea un minuto junto a la "Diosa Pandora".

Era la mujer más hermosa que mis ojos habían visto, tan llena de misterio como de sensualidad, tenía un cuerpo escultural y curvilíneo, su piel palida estaba adornada por una serie de tatuajes artísticos que la hacían ver poderosa, moría por tenerla cerca aunque sea un segundo, cosa que era realmente difícil porque Pandora era la dueña del club y llegar hasta su trono era prácticamente  imposible...

La seguridad que la rodeaba era impenetrable, nadie se acercaba a ella, solo un hombre tenía ese privilegio. «Capricornio» su guardaespaldas personal y sumiso favorito, el carbrón con más suerte de este país.

—Esta noche hay nuevo entretenimiento creo qué me voy a divertir mucho primito... —Me dice Ethan muy entusiasmado, aunque está comprometido con una hermosa mujer, el tiene una debilidad por las mujeres y pienso que eso será su mayor perdición.

—Si, hay nuevos miembros pero a mí me interesa solo una persona. —le dije mientras veía  atónito a la majestuosa mujer llegar con ese atuendo de diosa del inframundo tan sexy.

Lo que más me intrigaba era su rostro, siempre estaba cubierto por un antifaz, de verdad deseaba con todas mis fuerzas conocer los secretos de esa mujer, que para mí era una tentación andante, en su honor uno de los miembros ofreció una exhibición con una de sus sumisas.

La chica hacía una felación a su amo mientras una segunda mujer la castigaba con un látigo, todos mirábamos el espectáculo con placer, esa clase de comportamiento en este club era muy común así qué la mayoría solo disfrutamos de la vista.

—Estas loco, si crees que algún día tendrás la mínima oportunidad de acercarte, si me lo preguntas solo estás perdiendo tu tiempo. — Dice Ethan.

Bebí mi trago con amargura al saber que es cierto, jamás volvería a estar cerca de ella pero de igual manera toda la noche mis ojos estuvieron puestos en su dirección hasta que Megan me reclamó y me exigió llevarla de vuelta al departamento.

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