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Portada de la novela El Secreto de Pandora

El Secreto de Pandora

Casada con el influyente magnate Ace Beringhelis, Tamara Ford ha pasado un lustro soportando humillaciones bajo una apariencia gris y dócil. Su esposo la desprecia, ignorando que esa fachada de sumisión es solo una máscara para proteger su verdadera esencia. Sin embargo, tras la imagen de esposa abnegada, Tamara resguarda una identidad poderosa y una vida clandestina. El equilibrio se romperá cuando su secreto real amenace con revelarse ante todos.
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Capítulo 3

POV: ACE. (Parte II)

Debo reconocer que cada noche soñaba con ese cuerpo sin rostro y mi mayor anhelo era estar con esa mujer tan misteriosa, pero por ahora me conformaría con verla de lejos.

Casi siempre me quedaba a dormir con Megan, pero esta vez decidí ir a la casa de la fea, no me sentía cómodo con los reclamos y celos de Meg, por lo menos en la otra casa de los sustos se que nadie va a molestarme.

Llegué a mi hogar y todo esta en completo silencio, hasta pareciera que no hubiese nadie, subí a mi habitación me duche y cambié mi ropa, luego me acosté en mi cama para dejar que llegara el sueño estaba muy cansado...

Aquí podría estar tranquilo.

De repente me pregunté si la fea se daría cuenta de que llegué a nuestra casa.

¿Cómo puede ser tan descuidada?

Así cómo yo entré pudo haberlo hecho un ladrón, sin darme cuenta me levanté de la cama y ya estaba cruzando el pasillo, me paré frente a su habitación, pero aún no me decidía si tocaba o no a su puerta.

Lo pienso mejor y regreso a mi habitación, no quiero que se vaya a ilusionar conmigo, pensando que ella me importa cuando no es así.

Pasé el resto del fin de semana en la casa del terror, nunca me encontré con la fea.

¿Que tanto hace que no le queda tiempo de estar en su casa?

Por un instante se me pasa por la mente que la razón es porque tiene un amante pero tan rápido como pensé en la idea mi cerebro la desechó.

Comienzo a reírme de mi mismo, ahora sí que me volví loco, no estoy seguro de que tan valiente sería el tipo que se meta con la patito feo.

"Estoy exagerando, lo más probable es que este encerrada en su habitación y por eso no la ví, ya otras veces lo ha hecho".

En la tarde salí de mi despacho y ví a la patito en la cocina, tarareaba una canción mientras preparaba algo de comida.

—Dichosos los ojos que te ven. — Dije y despues me arrepentí.

« ¿Diablos por qué dije eso?» — Quiero decir, que por fin te veo. —Ella arqueó una de sus cejas y se quedó mirándome.

—¿Y, ahora, a ti que te pasa.? ¿por qué estás hablándome? — Fruncí mi ceño, para ser un patito feo es demasiado obstinada.

—No me pasa nada, solo se me hace extraño verte en casa, pensé que habías salido. —Ella se rió y en ese instante recordé la vez que la vi riendo con Sebastián el chófer pobreton.

Me quedé en silencio observandola, allí estaba otra vez esa sensación extraña, era la segunda vez que me pasaba y me estaba inquietando.

— Pues... Aquí he estado todo este tiempo, solo que no quería tener que hablar con alguien tan desagradable como tú.

—Auch. — Me dolió, no sabía que la fea me odiara tanto. —Esta bien patito no te enojes, quería ser cortéz contigo. — Ella rodó sus ojos, tomó su comida y subió por las escaleras.

Me pregunto cómo es que no se tropieza con esos harapos tan grandes.

—¡Oye! — Le grité. — Esos son muchos carbohidratos juntos vas a terminar rodando, si no haces ejercicio... — Añadí.

Ella otra vez sacó su dedo medio y sin darme cuenta yo le estaba sonriendo.

Agite mi cabeza, de seguro estos dos días encerrado me estaban volviendo loco.

* * * * *

[Dos semanas después...]

El lunes llegué a mí oficina había mucho trabajo pendiente, teníamos varios proyectos que se estaban desarrollando y debían pasar por revisión, mi secretaria ya me esperaba con una montaña de documentos que habían quedado desde el viernes pasado.

«Hoy tendría un día cargado, eso sin contar que por la tarde estaría ocupado con varias reuniones.»

Salí en horas de la noche de mi oficina me voy directo al departamento de Meg necesitaba distraer mi mente, ella ya estaba lista para mí, así que fuí directo hasta su cama dejando salir toda mi frustración del día, por suerte Megan siempre estaba dispuesta a todo y no me imponía ninguna condición, simplemente se ocupaba de mí sin joderme tanto, además me hacía sentir bien, cosa que agradecía.

— Cariño debo irme, ya es un poco tarde. — Le comenté y frunció el ceño.

—¿Porque no te quedas?. No veo cuál es la prisa por irte. — No quería entrar en discusión con ella pero ahí íbamos de nuevo.

—No es prisa cariño pero Tamara está sola en casa y por eso me voy. — Su boca se abrió ligeramente, no podía creer lo que había dicho y para ser sincero yo tampoco lo creía.

—¿¡Desde cuándo te preocupas por esa maldita «Fea» Ace? — Meg estaba a punto de un colapso y a mí ya me estaba cansando esa situación con ella.

—No se, es solo por ser solidario, ella está siempre encerrada en esa casa, no tengo otras intenciones con la patito ¡Estás loca!

Además, su padre me mataría si le sucede algo.

Salí del complejo residencial enojado, no se que es lo que le sucede a Megan últimamente.

Mientras iba en camino pensaba en la verdadera razón por la cuál me estaba regresando a esa casa, no compartía ni una sola palabra con la patito feo.

¿Entonces, por qué la necesidad de ir hasta allá?

—¡Estoy enloqueciendo! —Exclamé y comencé a reír como un desquiciado.

La casa estaba a oscuras y en silencio como siempre, de seguro la fea ya está dormida , las ganas de ir hasta su habitación me superaban no entiendo por que, pero me contuve como siempre y me fuí hasta mi recámara.

A la mañana siguiente bajé temprano para desayunar, pero igual que todos los días la patito no estaba, creo que nunca me había fijado en su ausencia.

Pero...

¿Qué es lo que hace? ¿A qué se dedica?

No puede ser que esté encerrada todo el tiempo en la habitación..

Entonces hice algo que jamás imaginé haría, le pregunté a nuestra ama de llaves Paty, por mi esposa.

— ¿Paty? ¿Podría hacerte una pregunta?. —Ella se giró un poco confundida, yo nunca le dirigía la palabra a mis empleados.

— Si, señor. ¿Que desea saber?.

— Verás, Paty, deseo saber sobre mí esposa.

Ya que nunca la veo en el desayuno y cuándo regreso tampoco sé de ella.— Hice una pausa.

— Imagino que ahora está dormida, pero me gustaría saber su rutina.

¿Que hace ella normalmente? —veo como Paty frunce el ceño.

—Señor Ace, me sorprende mucho su pregunta, la señora Tamara no se encuentra dormida, ella se fue como siempre muy temprano a su trabajo.

— Fue mi turno de fruncir el ceño.

¿La fea trabaja?

— ¿A su trabajo? Y de que trabaja la patito.. — Negué. — La señora Tamara. ¿Cómo es posible que yo no sepa nada?

—La señora Tamara tiene una revista que es muy reconocida en la ciudad señor.

«Esto sí no me lo esperaba, que otros secretos me ocultas patito feo»

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