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Portada de la novela EL SECRETO DE LA ASISTENTE DEL CEO

EL SECRETO DE LA ASISTENTE DEL CEO

La vida de la heredera Andreina Bravo se desmorona cuando su prima Ana la traiciona para robarle su prometido. Tras una noche forzada con el misterioso Pablo Montenegro, ella huye para regresar cinco años después como empleada de su propia empresa. Al descubrir que su nuevo jefe es aquel hombre, Andreina lucha por ocultar su identidad y la existencia del hijo que comparten. En un entorno de intrigas, ¿podrá el amor superar el peso de sus secretos?
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Capítulo 1

Era un viernes por la tarde, y el sol comenzaba a declinar, tiñendo el cielo con matices dorados. Andreina se encontraba en su habitación, ultimando los detalles de su atuendo para la noche. La vida le sonreía de manera radiante; en unos días, ella se casaría con el amor de su vida. Los preparativos para la boda habían sido intensos, y sentía que una noche de diversión era justo lo que necesitaba para relajar el estrés acumulado.

El sonido del teléfono interrumpió sus pensamientos. Miró la pantalla y vio el nombre "Dai" parpadeando en ella. Con una mezcla de curiosidad y emoción, deslizó el dedo para contestar.

-¿Amiga? -preguntó, sorprendida al escuchar la voz alegre de Dai.

-Hola, Andreina. ¡Te invito a tomar algo! Es viernes y el cuerpo lo sabe y lo necesita. -Dai rió, como si la idea de la salida nocturna fuera lo más natural del mundo. -Y muy pronto te vas a poner la soga al cuello en unos días y no podremos ir a mover el bote. ¿Qué me dices? ¿Aceptas salir esta noche?

Andreina sintió una oleada de felicidad ante la propuesta. La idea de relajarse con amigos antes del gran día la animaba mucho. -Nos vemos en el bar "El Búfalo" en una hora -respondió Andre, con una sonrisa que se dibujaba en su rostro.

Se apresuró a prepararse, eligiendo un elegante vestido que resaltaba su figura y unos tacones que hacían juego. Sabía que esa noche sería especial, un respiro antes del gran cambio en su vida. Mientras se maquillaba, su prima Ana llegó a la casa. Ana era su confidente y su compañera de locuras. Andreina la miró con complicidad.

-¡Ana! ¿Qué haces aquí? -exclamó Andreina con sorpresa y alegría.

-Vine a ver qué haces y a invitarte a salir. También quiero celebrar tu futura boda -dijo Ana con una risa contagiosa-. ¿Nos vamos al bar juntas?

-¡Perfecto! -dijo Andreina-. No puedo pedir una mejor compañía. Vamos.

Las dos primas se dirigieron al bar "El Búfalo", un lugar conocido en la ciudad por su ambiente vibrante y su excelente música. Al llegar, el bar estaba lleno de gente disfrutando de la noche. La música sonaba animada, y la iluminación, suave pero acogedora, creaba una atmósfera perfecta para relajarse.

Dai ya las esperaba en una mesa cerca de la barra. La saludaron con efusión, y pronto se encontraron rodeadas de copas y risas. El tiempo pasaba volando mientras las chicas disfrutaban de la compañía y los brindis. Dai levantó su copa con entusiasmo.

-Por Andreina, por su boda y por todas las noches como esta que nos quedan por disfrutar -brindó Dai, y todas levantaron sus copas en señal de celebración.

-¡Salud! -exclamó Andreina, sintiéndose más feliz que nunca.

Mientras la noche avanzaba, un camarero se acercó con una pequeña bandeja de chupitos. -¿Alguien quiere probar esto? Es una nueva bebida que estamos ofreciendo, dicen que tiene efectos sorprendentes -dijo el camarero con una sonrisa.

Dai, siempre aventurera, tomó uno sin pensarlo. -¡Vamos a probarlo! -animó a las demás.

Andreina, aunque con un poco de desconfianza, no quiso quedarse afuera y aceptó el chupito. No pasaron muchos minutos antes de que sintiera un calor inesperado recorrer su cuerpo. Pensó que era simplemente el efecto del alcohol, pero a medida que avanzaba la noche, ese calor se convertía en algo más intenso y casi desesperante.

Ana, que estaba en medio de una conversación animada, notó que Andreina se veía incómoda. -¿Todo bien, Andre? -preguntó, preocupada.

-Sí, solo... un poco... rara -respondió Andreina, tratando de mantener la calma mientras la sensación de calor se intensificó.

Cuando el reloj marcó la medianoche, Andreina decidió que era mejor irse a casa. Se despidió de sus amigas, con la esperanza de que el calor pasaría pronto. Al salir del bar, tropezó con la acera, sintiendo una creciente sensación de agitación.

-Debo irme a casa -murmuró, mientras intentaba caminar de manera estable.

Fue entonces cuando, en su estado alterado, no se dio cuenta de que alguien se acercaba rápidamente. Una figura masculina apareció frente a ella. Andreina, sin poder controlar sus movimientos, chocó con él. El impacto la hizo tambalear, y ambos perdieron el equilibrio.

-¡Oh, lo siento! -exclamó el hombre mientras intentaba sostenerse.

El hombre era alto, con un aspecto atractivo y una mirada que denotaba sorpresa. Sus brazos rodearon a Andreina en un intento de estabilizarla, pero el efecto combinado del afrodisíaco y el alcohol hizo que ambos, se sostuvieran de pie aún más. La sensación de calor en el cuerpo de Andreina era abrumadora y la proximidad del hombre solo parecía intensificarse.

-No te preocupes -dijo Andreina, tratando de alejarse un poco, pero su mente estaba nublada y sus movimientos eran torpes-. Me siento muy rara.

-Sí, yo también -admitió el hombre con una sonrisa preocupada-. ¿Estás bien?

Antes de que pudiera responder, la sensación de mareo y el calor comenzaron a hacer efecto en ambos. El hombre intentó sujetar a Andreina, pero su propia estabilidad estaba comprometida. Ambos se encontraron en el suelo, riendo nerviosamente mientras el entorno giraba a su alrededor.

La noche de celebración se había convertido en una situación inesperada. Andreina miró al hombre con una mezcla de confusión y risa, mientras el bar se desvanecía en la distancia. Sin poder sostenerse, se acurrucó en el suelo, riendo por la ironía de la situación.

Finalmente, las luces del bar brillaban a lo lejos mientras las risas y la confusión de la noche seguían su curso. Andreína el hombre en el suelo, con la noche de diversión transformada en un encuentro inesperado, se encontraban atrapados en un momento que ninguno de los dos había planeado.

Pablo y Andreina yacían en el suelo frente a la entrada del bar "El Búfalo". La confusión y la risa se mezclaban con el calor que ambos sentían. Andreina, agitada por el afrodisíaco, miraba a Pablo con una intensidad que era difícil de ignorar. Los dos compartían una mirada que, aunque estaba llena de sorpresas y desorientación, también tenía un destello de deseo.

-¿Estás bien? -preguntó Pablo, aunque sus palabras sonaban distantes y confusas debido al estado en el que se encontraba.

Andreina, luchando por controlar sus pensamientos y emociones, se movió más cerca de él. Su mente estaba nublada por el deseo y el calor, y la atracción que sentía por Pablo era palpable. Sin poder resistirlo más, se inclinó hacia él y lo besó con desesperación.

Pablo, sorprendido al principio, se dejó llevar por el beso. Sus labios encontraron los de Andreina con una pasión inesperada, y el calor que ambos sentían se intensificó. El beso era ardiente, un intento de escape y conexión en medio del caos de la noche.

Andreina, incapaz de mantener la compostura, se aferró a Pablo con fuerza. La intensidad del momento los consumía por completo. Pablo, todavía aturdido pero excitado, correspondió al beso con igual fervor. Los sentimientos eran intensos, y ambos se perdieron en la mezcla de deseo y confusión.

Finalmente, Pablo logró recuperar un poco de claridad. Miró alrededor y vio que la calle estaba tranquila, pero el bar ya estaba cerrado y no había taxis a la vista. Con una determinación repentina, se levantó con Andreina aún en sus brazos. Buscó un taxi con urgencia y, cuando finalmente encontró uno, le hizo una señal desesperada.

El taxi se detuvo rápidamente, y Pablo ayudó a Andreina a subir al vehículo. Ambos se acomodaron en el asiento trasero, todavía agitados por lo que acababa de suceder. Pablo le dio la dirección al taxista y se acomodó junto a Andreina, que ahora parecía más calmada pero aún afectada por el afrodisíaco.

Mientras el taxi avanzaba por las calles, Andreina miró a Pablo con una mezcla de vulnerabilidad y deseo. Las palabras eran innecesarias; la conexión entre ellos era evidente en cada mirada y cada gesto.

-No sé qué nos está pasando -murmuró Andreina, su voz temblorosa-. Pero necesito estar contigo, ahora mismo.

Pablo asintió, sus propios sentimientos desbordando. -Yo también. No entiendo esto, pero lo siento, lo siento en lo más profundo.

El taxi se detuvo frente a un hotel elegante. Pablo pagó al taxista rápidamente y ayudó a Andreina a salir del vehículo. Ambos se dirigieron a la entrada del hotel, cada paso lleno de anticipación y nervios. La noche estaba envuelta en una mezcla de incertidumbre y deseo para estos dos extraños.

Continuara...

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