Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El Sabor Amargo de la Victoria

El Sabor Amargo de la Victoria

El triunfo académico de Camila desencadena un brote de locura en su madre, Sofía. Bajo una retorcida sed de venganza por su otra hija, Isabella, la mujer encierra a Camila en un congelador y a su esposo, Ricardo, en un sauna, simulando un accidente fatal. Ricardo descubre entonces la crueldad absoluta: su hija tiene agujas en la boca. Enclaustrados y sin posibilidad de auxilio, la familia enfrenta una agonía desesperada mientras el tiempo se agota.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

La noticia llegó como un trueno en un día soleado, sacudiendo los cimientos de nuestra casa.

Mi hija, Camila, mi pequeña y brillante Camila, había sido nombrada la Mejor Estudiante de todo México.

El correo oficial, con su sello dorado y su tipografía solemne, reposaba sobre la mesa del comedor. Lo leí una y otra vez, mientras mi corazón se hinchaba de un orgullo que apenas podía contener.

Camila, a mi lado, sonreía con timidez, sus ojos brillando con una luz pura, la misma que tenía desde niña cuando resolvía un rompecabezas complicado.

"Lo lograste, mi amor. Lo lograste", le susurré, abrazándola con fuerza.

Fue entonces cuando sentí el cambio en el aire.

Sofía, mi esposa, estaba de pie en el umbral de la cocina. No sonreía. Su rostro, normalmente compuesto y elegante, era una máscara de hielo. Sus ojos no miraban a Camila con orgullo, sino con una frialdad que me heló la sangre.

"Felicidades", dijo, y la palabra sonó hueca, desprovista de cualquier emoción genuina.

Se acercó lentamente, tomó el sobre de la mesa y lo leyó. Su expresión no cambió.

"Justo ahora", murmuró, "justo antes de los exámenes de Isabella".

No entendí a qué se refería. Isabella, nuestra hija mayor, estaba en su habitación, como casi siempre desde el accidente. El accidente que la dejó en una silla de ruedas y a su tía, la esposa de Carlos, muerta.

"Sofía, ¿qué tiene que ver una cosa con la otra? Es una noticia maravillosa", dije, intentando mantener un tono alegre.

Ella me lanzó una mirada cortante.

"¿Maravillosa? ¿Te parece maravilloso que le restriegue su éxito en la cara a su hermana lisiada? ¿A su tío que perdió a su esposa en ese mismo coche?".

La acusación era tan absurda, tan injusta, que me quedé sin palabras. Camila, a mi lado, se encogió. La luz en sus ojos se apagó.

"Mamá, yo no...", empezó a decir, con la voz temblorosa.

"Cállate", espetó Sofía. "Sé perfectamente lo que haces. Siempre compitiendo, siempre demostrando que eres mejor".

Esa noche, la celebración se convirtió en una pesadilla. Sofía, con una calma aterradora, nos guio hacia el sótano. Nunca bajábamos allí. Era su dominio, un lugar lleno de cosas viejas y un par de cuartos que había mandado a construir hacía años: una cámara frigorífica industrial y un sauna de cedro, uno al lado del otro, separados solo por un grueso panel de cristal.

Nunca entendí para qué los quería. Ahora lo sé.

"Camila, tú entrarás aquí", dijo, abriendo la pesada puerta de la cámara frigorífica. Un vaho gélido salió del interior. El termostato digital marcaba -20 grados Celsius. "Necesitas enfriar un poco esa cabeza brillante tuya. Para que aprendas a tener un poco de humildad".

Camila me miró, con los ojos llenos de pánico.

"Mamá, por favor, no. Papá...", suplicó.

"Y tú, Ricardo", continuó Sofía, ignorándola y abriendo la puerta del sauna. Un calor sofocante, oloroso a madera caliente, me golpeó en la cara. El medidor indicaba 60 grados. "Tú te sentarás aquí y verás. Verás lo que se siente cuando alguien que amas sufre, para que entiendas un poco el dolor de Carlos y de Isabella".

Me empujó dentro del sauna sin darme tiempo a reaccionar. A Camila la metió a la fuerza en el congelador. Escuché el sonido metálico y pesado de los cerrojos al cerrarse.

Estábamos atrapados. Separados por un cristal que ya empezaba a empañarse por mi lado y a cubrirse de escarcha por el suyo.

"¡Sofía, por el amor de Dios, abre la puerta! ¡Esto es una locura!", grité, golpeando el cristal con las palmas de mis manos. El calor ya me estaba haciendo sudar profusamente.

Ella me miró desde el otro lado, impasible.

"Es justicia, Ricardo. Justicia para Isabella".

Caí de rodillas, el suelo de madera quemando mis rodillas a través del pantalón.

"Por favor, Sofía. Te lo ruego. A mí hazme lo que quieras, pero saca a Camila. Se va a morir de frío. Es una niña, ¡es tu hija!".

Mi voz se quebraba por la desesperación. A través del cristal, veía la silueta de Camila, acurrucada en un rincón, temblando violentamente.

"Ella dejó de ser mi hija cuando decidió humillar a su hermana", respondió con una voz gélida.

Mi desesperación se convirtió en ira. Me levanté y golpeé el cristal con los puños, gritando su nombre, insultándola, suplicando. Pero ella no se movió.

Entonces, su teléfono sonó. Lo puso en altavoz. Era Carlos, su hermano.

"Hola, Sofi. ¿Cómo está mi Isa? Hoy ha sido un día difícil para ella, recordó mucho a mi esposa".

La voz de Carlos sonaba genuinamente triste, ajeno a la monstruosidad que su hermana estaba cometiendo en su nombre.

"Lo sé, hermanito. Por eso estoy haciendo algo al respecto. Estoy impartiendo una lección de empatía", dijo Sofía, mirándome directamente a los ojos. Colgó el teléfono.

"¿Lo ves, Ricardo? El mundo sufre mientras tu hija celebra. No es justo".

Con una crueldad deliberada, se acercó al panel de control de la cámara frigorífica y bajó aún más la temperatura. La luz roja del termostato parpadeó y descendió a -25.

Un gemido ahogado vino del otro lado del cristal. Camila.

El calor en el sauna era insoportable. Me sentía mareado, el sudor me cegaba, mi corazón latía con una fuerza que amenazaba con romperme el pecho. Cada bocanada de aire era como tragar fuego. Miré a Camila. Apenas se movía. Su cuerpo era un pequeño bulto en la penumbra helada. Su pelo empezaba a tener rastros de escarcha.

"Sofía, llamaré a la policía. Te juro que lo haré", amenacé con la poca fuerza que me quedaba.

Ella soltó una risa seca.

"Inténtalo. No tienes tu teléfono. Y esta casa está insonorizada. Nadie te va a oír".

De repente, encendió un pequeño televisor que había en una repisa fuera de las cámaras. La cara sonriente de una presentadora llenó la pantalla.

"Y en noticias que inspiran, la Secretaría de Educación Pública ha nombrado a la joven Camila Mendoza como la Mejor Estudiante de la nación. Un prodigio destinado a un gran futuro".

La ironía era tan cruel que sentí ganas de vomitar. Mi hija, un prodigio destinado a un gran futuro, se estaba congelando hasta la muerte a un metro de mí.

Entonces, la imagen cambió. Un cintillo de "ÚLTIMA HORA" apareció en la pantalla.

"Interrumpimos este programa para informar de una tragedia. Fuentes no confirmadas reportan un fatal incidente en una residencia de Las Lomas. Las víctimas serían la galardonada estudiante Camila Mendoza y su padre, Ricardo Mendoza, quienes habrían fallecido en un aparente accidente doméstico. Repetimos, esta información aún no ha sido confirmada por las autoridades".

El mundo se detuvo.

El aire desapareció de mis pulmones.

Mi hija.

Yo.

Muertos.

Miré a Sofía. Ella sonreía. Una sonrisa de triunfo.

Y en ese instante, el dolor, el calor y la desesperación se fusionaron en una sola cosa: una furia pura y helada.

---

También te puede gustar

Portada de la novela Ascenso a la corona: la esposa traicionada, la reina coronada
8.2
Elara Vance sufrió el desprecio del Alfa Damian Blackwood mientras una maldición de sangre la debilitaba. Tras ser obligada a romper su vínculo y sobrevivir a un atentado de su prima Selena, Elara fingió su muerte para proteger a sus hijos. Cinco años después, regresa poderosa y cambiada. Damian descubre que solo ella puede activar su linaje y suplica perdón, pero la mujer que humilló ha desaparecido. Su arrepentimiento llega tarde ante la nueva reina.
Portada de la novela El antídoto.
9.0
Zoe Roberts vive una existencia ordinaria dedicada a sus estudios y a las expectativas ajenas, ignorando que su entorno es una compleja red de mentiras. Al confrontar sus dilemas personales, se ve envuelta en amenazas mortales que la sitúan al borde del abismo. Entre la pasión amorosa y la angustia, Zoe enfrentará pruebas extremas para subsistir. En este clima hostil, deberá cuestionar su propia identidad si desea sobrevivir a los peligros que la acechan.
Portada de la novela El Último Aliento de Sofía
8.1
Sofía espera gemelos cuando la traición de Ricardo Guzmán la destruye, influenciado por las calumnias de Camila Pérez. Tras ser señalada falsamente por infidelidad y brujería, le quitan a sus hijos y padece torturas inhumanas. Mientras Camila simula estar encinta, Sofía es forzada a confesar delitos para salvar a su amigo Diego. Tras fallecer en agonía, el descubrimiento de su inocencia sume al arrepentido Ricardo en una culpa irreparable.
Portada de la novela Indeleble
7.9
Al cumplir veintiún años, la realidad de Luna se quiebra tras descubrir que su humanidad es una mentira. Envuelta en una guerra milenaria entre vampiros, licántropos y brujas, la joven debe cargar con una maldición ancestral que la señala como la única salvación de su estirpe. Con el apoyo de su amiga Vicky y un amor marcado por el destino, Luna enfrentará desafíos letales mientras acepta su verdadera naturaleza para cumplir con su misión final.
Portada de la novela Kalila eclipse de luna.
9.7
Kalila, una humana con espíritu de cazadora, se ve envuelta en un conflicto milenario. Nuriel, el fénix del sol, asegura que ella es su destino, mientras Ikigaí, híbrido de elfo y hada, jura protegerla. A ellos se suman tres licántropos que buscan redimirse por orden de la diosa Aysel. Entre peligros y pasiones, Kalila enfrenta la devoción de estos cinco seres sobrenaturales que compiten por su amor en una travesía llena de acción y misterio.
Portada de la novela Lienzo Roto, Espíritu Indomable Surge
8.2
Tras alcanzar el éxito con mi arte, esperaba la felicidad junto a Axel, pero su desconfianza lo arruinó todo. Manipulado por las mentiras de su madre, me atacó brutalmente, destruyendo mi taller y provocando la pérdida de mi embarazo. Demasiado tarde, una llamada confirmó que el hijo que mató era suyo. Aunque ahora implora perdón sumido en el remordimiento, el daño es irreversible. Mi vida y mi obra han sido devastadas; ahora, solo vivo para ejecutar mi venganza.