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Portada de la novela El réquiem de un corazón roto

El réquiem de un corazón roto

Rachel sacrificó todo por Brian, esperando que su amor fuera recíproco. Sin embargo, la reaparición de una antigua novia de él y ser abandonada en su propia boda le revelaron su insignificancia. Tras enfrentar cirugías sin apoyo, decide alejarse para siempre. Cuando Brian descubre que ella tiene una enfermedad terminal, el remordimiento lo consume e intenta recuperarla. Pero ya es tarde: Rachel, libre de su obsesión, solo responde con una gélida sonrisa.
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Capítulo 3

Brian asintió levemente. "Adelante, te escucho".

Rachel respiró profundamente para tranquilizarse. "Si después de dos años aún no estás dispuesto a admitir públicamente nuestra relación, me marcharé sin armar ningún escándalo. Lo único que te pido es que no te interpongas en mi camino si decido dejarte". La voz de la joven vaciló; cada palabra fue como una espina que se le clavaba en la garganta.

"Está bien. Acepto".

Sin embargo, justo cuando el hombre pronunciaba esas palabras, una sensación inquietante se apoderó de su pecho: un pánico silencioso y abrumador, como una tormenta que se gestaba en el horizonte lejano.

"Muy bien", susurró ella, apretando las manos en puños y dejando que el filo de sus uñas la anclara al momento.

Dos años. Ese era el límite que ella misma se había fijado.

Lo había amado desde los quince años; fueron ocho largos años de devoción, de perseguir sombras y de esperar un poco de calidez.

Dos años más y sería una década completa; tiempo suficiente para poner a prueba las convicciones más firmes y erosionar hasta los corazones más inquebrantables.

Si para entonces Brian aún no podía llegar a amarla, Rachel daría un paso atrás y le daría la libertad que él nunca tuvo que pedir.

Sin embargo, en el fondo, ella oraba para que ese día nunca llegara, para que jamás tuviera que alejarse de la vida que había construido alrededor de él.

...

Tan pronto como Brian se fue a trabajar, sonó el celular de Rachel. Al ver que era una llamada de la abuela de su prometido, respondió rápidamente.

"Rachel, ¿estás desocupada hoy?". La cálida y familiar voz de Carol White llenó los oídos de la joven. "Ven a casa de inmediato. ¡Le pedí al chef que preparara tus platos favoritos!".

Rachel no pudo evitar sonreír. "De acuerdo. Voy para allá". Después de un rápido retoque, salió de la casa.

Al llegar a la finca de los White, se bajó del auto, pero inesperadamente sintió como si el mundo se hubiera inclinado y un intenso mareo la invadió.

Por suerte, el conductor, quien estaba a su lado, reaccionó rápidamente y la estabilizó. "¡Cuidado, señorita Marsh! ¿Se siente bien?".

Rachel exhaló lentamente, recuperando el equilibrio. "Debo de haberme levantado demasiado rápido. A veces mi nivel de azúcar en sangre tiende a bajar, pero no es nada grave".

Aun así, era consciente de que últimamente no había gozado de muy buena salud. Quizás todas esas noches de desvelo estaban pasándole factura.

Con su boda a la vuelta de la esquina, tenía que empezar a cuidarse mejor.

Al entrar en la gran sala de estar, sus ojos se posaron inmediatamente en la madre de Brian.

"Hola, Debby", saludó, manteniendo un tono sereno.

La aludida, quien nunca ocultaba su disgusto, la miró antes de esbozar una sonrisa burlona.

"Carol te invitó a almorzar, ¡pero mira la hora! Definitivamente, la puntualidad no es tu fuerte". Su voz era gélida y cada palabra estaba cargada de desprecio.

La joven bajó la mirada, momentáneamente sin palabras.

Luego, una suave calidez envolvió su mano.

Carol, apoyándose en su bastón, agarró los dedos de Rachel y se volvió hacia Debby con una expresión suave, pero firme.

"Rachel siempre ha sido muy considerada. Si se retrasó, seguro que no fue a propósito. Además, el almuerzo ni siquiera está listo, así que, ¿por qué dices que llegó tarde?".

Al oír eso, la joven sintió un nudo en la garganta y su visión se volvió ligeramente borrosa. Ella nunca había conocido el amor de una madre, porque la suya falleció en la mesa de operaciones el día que nació.

¿Y su padre? Era un hombre frío y distante, así que ni siquiera valía la pena pensar en él.

El único amor de familia verdadero que había conocido provenía de los abuelos de Brian.

Sin ellos, tal vez nunca habría sabido lo que se sentía ser amada.

Debby soltó un bufido exasperado antes de escupir: "Rachel ya es una adulta. No puedes seguir mimándola por siempre".

La expresión de Carol se endureció, mientras soltaba una feroz reprimenda.

"¡La protegeré mientras viva! Cualquiera que se atreva a molestarla tendrá que rendirme cuentas, y te juro que nadie podrá vivir en paz si lo intenta".

Con suave autoridad, la anciana guio a la joven hasta el asiento que estaba a su lado. "Por aquí, querida. Siéntate conmigo".

Debby se quedó helada y revolcándose en su ira. La actitud protectora de Carol no dejó lugar a discusiones, lo que la obligó a reprimir su creciente frustración. Una intensa oleada de celos le invadió al recordar que, aunque llevaba décadas casada con un miembro de la familia White, la anciana nunca le había mostrado tanta calidez.

Sin embargo, Rachel, solo porque se parecía a la hija de Carol, fallecida hacía mucho tiempo, gozaba de su afecto ilimitado.

¿Cómo podría Debby no sentirse menospreciada?

La situación se volvió aún más dolorosa para ella teniendo en cuenta que Brian se casaría con una hija ilegítima. La injusticia de todo eso le quemaba en el pecho.

Durante el almuerzo, su humor se ensombreció al ver que Carol servía cariñosamente comida en el plato de Rachel.

"Querida, debes de estar trabajando demasiado últimamente", comentó la anciana con preocupación, al notar la palidez de la chica. "Estás muy delgadita. Come más, por favor. Si Brian no está cuidándote bien, dímelo y lo pondré en su lugar".

En ese momento, la frustración de Debby estalló. "¡¿De qué sirve toda esta comida?! ¡Llevan años juntos y aún no han tenido hijos!".

Rachel se concentró en su comida, mientras pensaba en los preservativos que tenía en su recámara.

Ella comprendía perfectamente la ansiedad de Debby por tener un nieto, pues ella misma anhelaba ser madre, pero Brian decía no sentirse preparado.

Carol le lanzó una mirada de advertencia a Debby.

"¡Solo estoy afirmando hechos! Han estado juntos desde hace varios años y la salud de mi hijo es perfecta. Otras mujeres conciben en cuestión de semanas, pero ella, después de un año, aún no han logrado nada. Si Brian estuviera con otra mujer, en estos momentos ya tendrías un bisnieto", replicó Debbie con actitud defensiva.

Esas palabras impactaron profundamente a la anciana.

Más tarde, en el balcón bañado por el sol, Carol abordó el tema con delicadeza, mientras sostenía la mano de Rachel: "Querida, ahora que solo estamos nosotras dos, no necesitas ocultar nada. Si tienes algún problema de salud, debes saber que la medicina moderna ofrece muchas soluciones. Incluso la fecundación in vitro es una opción. Sabes que el dinero no es ningún problema para nuestra familia".

Al oír eso, el corazón de Rachel se llenó de una inmensa calidez.

A pesar de que Carol creía que podía ser infértil, su amor por ella se mantuvo firme.

Sintiéndose abrumada, la abrazó con fuerza. "No te preocupes. Estoy perfectamente sana".

Al oír eso, la anciana se sobresaltó. "Entonces... ¿Es Brian quien no puede...?".

"¡No, no!", exclamó Rachel rápidamente, con los ojos muy abiertos. "Él también está muy sano. Es solo que...".

En ese momento, un destello de comprensión brilló en los ojos de Carol. "¡Ah! Brian quiere esperar un poco más, ¿verdad?".

"Sí", confirmó la joven con voz suave. "Dice que primero quiere disfrutar nuestro tiempo juntos y esperar hasta que mi salud mejore", explicó.

"Siempre defendiéndolo. No ha estado maltratándote, ¿verdad?".

Rachel alzó la muñeca para mostrarle a la anciana su elegante pulsera. "¡Mira lo que me regaló!".

"Eso es maravilloso, querida".

Esa tarde, el nuevo chef de los White preparó deliciosos postres.

Los ojos de Rachel se iluminaron después de probarlos. "Carol, ¿hay más postres?".

"¡Por supuesto! ¿Quieres llevarle a Brian?", preguntó la anciana a sabiendas.

La joven se sonrojó.

"Sí... Le gusta mucho la comida dulce. Quiero llevarle algunos para que los pruebe".

El rostro de Carol se suavizó con afecto. "¡Desde luego!".

Cuando Rachel llegó a la oficina de Brian, este se encontraba en una reunión.

Como no quería molestarlo, dejó los postres en su despacho y se dio la vuelta para marcharse.

"¡Rachel!". Una voz familiar la llamó desde atrás.

"¿Tracy?". Rachel se giró, sorprendida por el inesperado encuentro...

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