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Portada de la novela El regreso de la heredera adorada

El regreso de la heredera adorada

Madisyn es desterrada de su hogar tras descubrirse que no es hija biológica, víctima de las intrigas de la verdadera heredera. Mientras sufre el desprecio público y la traición de su ex por Jenna, la joven descubre su verdadera identidad: es la descendiente del hombre más rico del mundo y cuenta con hermanos poderosos. Pese a su fortuna y éxito empresarial oculto, un enigmático magnate surge para custodiarla y enfrentar a quienes osaron humillarla.
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Capítulo 2

Al darse cuenta de su error, Jenna se desplomó en el sofá, se agarró las piernas con dramatismo y comenzó a quejarse: "¡Ay, mis piernas! ¡Me duelen mucho!".

Jeffry, en vez de enojarse con ella por su evidente mentira, culpó a Madisyn: "Por favor, entiende que Jenna es aún muy joven. No le guardes rencor...".

"Por supuesto. De hecho, no le guardaría rencor a un perro si me mordiera. Después de todo, aprendió ese comportamiento de sus dueños, ¿no?", respondió la fastidiada joven, pues había escuchado esa excusa varias veces.

Hizo una última mueca, con la que cortó la tensión en el aire, se colocó su sencilla bolsa sobre el hombro y se dirigió hacia la puerta, con pasos firmes e inquebrantables. No le dedicó ni una sola mirada a la familia que dejaba atrás.

Por su parte, los Chapman se quedaron furiosos por sus palabras.

Afuera, el chofer esperaba, ajeno al tumulto que se había desatado en el interior de la casa de sus jefes. Desde el regreso de Jenna, el respeto que el personal le mostraba a Madisyn había disminuido considerablemente; por eso, el chofer no la saludó cuando la vio acercarse.

La chica ignoró la presencia del empleado y pasó de largo; su postura era impecable y su actitud de evidente resolución.

"Me pidieron que te lleve a tu destino", dijo el trabajador, quien se había apresurado a alcanzarla.

"No es necesario. A partir de este momento, no quiero tener nada que ver con la familia Chapman", respondió ella, en un tono gélido, girándose ligeramente para verlo.

Tras dejar en claro su postura, paró un taxi y le pidió al conductor que la llevara a la dirección que Jeffry le había enviado previamente a su celular.

Su destino era un pueblo humilde y en ruinas, que no compartía nada con la opulencia que alguna vez había conocido.

Al llegar, notó el mal estado de la casa de sus padres biológicos; además, en el aire flotaban unos sollozos que le desgarraron el corazón.

Apenas entró, vio a muchas personas, aunque había un contraste evidente entre ellas: por un lado se encontraba un hombre, vestido con un traje impecable y elegante, rodeado de guardaespaldas; justo enfrente de él había una pareja llorosa, ataviada con la sencilla ropa de los campesinos.

Mientras la recién llegada absorbía el surrealista cuadro, el hombre se giró: tenía los ojos enrojecidos y la mirada llena de incredulidad. Luego, corrió hacia ella con los brazos abiertos y, a pesar de su imponencia y altura, declaró con la voz quebrada: "¡Hija mía! ¡De verdad eres tú! ¡No puedo creer que realmente estés viva!".

Madisyn se quedó perpleja.

¿Quién era él y por qué actuaba así?

Se concentró en la pareja de agricultores, con los ojos llorosos, que tenía frente a ella. Tras unos segundos de vacilación, rompió el silencio con voz temblorosa: "Mamá, papá, ¿qué está pasando?".

"No somos tus verdaderos padres. Jenna es la hija legítima de los Chapman, pero tú... tú no eres una de nosotros. Nuestro bebé nació muerto", suspiró el campesino, con la voz cansada por el peso de las verdades no dichas.

Luego de una pausa, señaló al hombre bien vestido y añadió: "Él es tu verdadero padre".

Los ojos de la joven se dirigieron al desconocido, percatándose de las innegables similitudes en sus rasgos.

"Madisyn, cuando te vi por primera vez en el hospital, algo en ti me llamó la atención, aunque lo desestimé entonces", explicó el hombre del traje, con la voz ahogada por la emoción, mientras sacaba un documento de su maletín con la mano temblorosa. "Después de escuchar que los Chapman habían encontrado a su verdadera hija, no pude evitar preguntarme si lo que pasó hace años fue un error. Esta prueba de paternidad confirma mis sospechas: tú eres realmente mi hija".

Ella tomó el documento y leyó la irrefutable prueba.

De hecho, incluso sin esta, el parecido en sus facciones hablaba por sí mismo.

Esa revelación, ese nuevo giro en su ya compleja vida, la abrumó a tal grado que se quedó callada, mientras su cabeza se llenaba con cientos de ideas.

"Yo sé que tienes mucho que asimilar, pero te aseguro que todo lo que te digo es verdad. La noche en que naciste, hubo un trágico error en el hospital y, por culpa de la negligencia de una enfermera, la vida de tres familias se entrelazó sin que lo supieran. Lo que pasó fue lo siguiente: el bebé de esta pareja fue declarado muerto y nos lo dieron a mi esposa y a mí por error; tú terminaste con los Chapman, y Jenna acabó aquí", continuó el hombre.

"Tu madre y yo estábamos devastados. Pensamos que te habíamos perdido para siempre. No tienes idea de lo mal que la pasó ella. Te está esperando ansiosa en el hotel, feliz de que por fin podrá conocerte", añadió, mientras sus ojos se humedecían.

Conmovida por su sinceridad, Madisyn asintió lentamente, aunque su mirada se posó en la humilde pareja.

"Todo esto fue un accidente. Ellos también son víctimas de toda esta situación y, aunque no puedo revivir a su hijo, les ofreceré una compensación por su pérdida", prometió él, en tono suave.

"No necesitamos ninguna compensación; saber la verdad es suficiente para nosotros", respondió firmemente el campesino, agitando su mano con desdén para restarle importancia al asunto. Su tono dejaba entrever su cansancio y desilusión, pues desde que Jenna, la joven que su esposa y él habían criado como suya, se reunió con su familia biológica, su relación se había deteriorado considerablemente: ella había roto todo contacto con ellos.

"Lo mejor es que se vayan a casa. No es fácil que su familia se reencuentre, así que no pierdan su tiempo aquí", dijo, con una expresión mezcla de tristeza y desapego, mientras guiaba a Madisyn y al hombre de traje hacia la puerta.

La joven siguió a su padre biológico hasta el reluciente Rolls-Royce estacionado en la acera. La opulencia del vehículo contrastaba enormemente con la humilde casa de la que acababan de salir.

"Soy Glenn Johns, tu padre. De ahora en adelante, estoy aquí para ti; cualquier cosa que necesites, no dudes en pedírmela", se presentó él, con voz suave, pero firme.

Madisyn se dio cuenta de algo: Glenn Johns no era un millonario cualquiera, sino el CEO del Grupo Johns y, por ende, el hombre más rico en Gemond.

Poco a poco, fue asimilando las implicaciones de su nueva ascendencia y cuando esa pesada y profunda verdad se instaló en su cabeza y en su corazón, asintió lentamente.

El Hotel Alpenglow era el más lujoso de Gemond. Jenna, envuelta en un holgado vestido Chanel, encarnaba la elegancia, mientras entraba en el gran vestíbulo con sus padres.

La ocasión era trascendental. Phyllis acababa de enterarse de que Lynda Johns, vicepresidenta de la Asociación de Danza y jueza de la competencia nacional, estaba en la ciudad.

Al instante, la madre vio que tenía una oportunidad de oro: si lograba que su hija estuviera bajo la tutela de tan distinguida figura, prácticamente le estaría asegurando el campeonato.

Con eso en mente, hizo que su vástago se pusiera su mejor atuendo y la llevó al hotel.

Sin embargo, no se esperó que la recibiría una sorpresa.

Madisyn estaba de pie, al otro lado del vestíbulo. A pesar de su atuendo simple, una playera y un pantalón de mezclilla, la serena gracia que poseía hacía que todas las miradas se volcaran en ella. A su lado estaba un hombre trajeado, cuya presencia era impactante, aunque Phyllis no podía ver su rostro desde su posición.

"¿Madisyn? ¿Qué está haciendo aquí?", murmuró entre dientes la confundida y molesta mujer.

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