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Portada de la novela El regreso de la heredera adorada

El regreso de la heredera adorada

Madisyn es desterrada de su hogar tras descubrirse que no es hija biológica, víctima de las intrigas de la verdadera heredera. Mientras sufre el desprecio público y la traición de su ex por Jenna, la joven descubre su verdadera identidad: es la descendiente del hombre más rico del mundo y cuenta con hermanos poderosos. Pese a su fortuna y éxito empresarial oculto, un enigmático magnate surge para custodiarla y enfrentar a quienes osaron humillarla.
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Capítulo 3

"Seguramente se filtró la noticia de la llegada de la señorita Johns. Parece que Madisyn también está interesada en aprender de ella. Un momento, ¿y si la señorita Johns no está enterada de que la expulsamos de nuestra familia? ¡Parece que ambas terminaremos siendo sus alumnas!", dijo Jenna en voz baja, con la voz llena de curiosidad y fingiendo inocencia.

El rostro de Phyllis se ensombreció a causa de la preocupación, al escuchar a su hija. Aceleró el paso, con la clara intención de interceptar a Madisyn antes de que pudiera establecer conexiones influyentes. Sin embargo, antes de que pudiera alcanzarla, la chica se metió a la Sala de Esmeralda, la habitación más exclusiva y privada del hotel.

La mujer se quedó perpleja; ¿qué hacían allí?

Jenna la alcanzó, igual de sorprendida que ella, y le compartió sus impresiones: "Mamá, ese recinto no está abierto para cualquiera. Parece que Madisyn está mejor relacionada de lo que creíamos. Supongo que debe tener algunas amistades muy influyentes".

"¿Qué clase de amigos podría tener?", murmuró Phyllis amargamente.

Al instante, su mente se llenó de suposiciones desfavorables. ¿Acaso la joven había ascendido socialmente revolcándose con un viejo millonario? De ser así, la reputación de la familia Chapman se vería gravemente dañada. Ese y otros pensamientos similares la disgustaron profundamente, pero sabía que no tenía tiempo para darle vueltas al asunto. Con urgencia, sacó su celular y marcó el número de Lynda.

"Disculpa, estoy ocupada con un asunto urgente", respondió esta, de forma brusca y distante, antes de colgar.

Jenna cedió ante la desesperación. Su ánimo se desplomó, así que se cubrió el rostro con las manos. Ni así pudo evitar que las lágrimas se escurrieran por sus dedos.

Jeffry la rodeó con sus brazos, y le dijo con una voz suave y llena de seguridad: "No te preocupes, hija. Ya habrá otras oportunidades. Te prometo que encontraremos la manera de contactarte con ella".

Mientras tanto, Lynda colocó nuevamente su celular en el cojín que estaba a su lado. Su hermano Glenn había convocado a una reunión familiar urgente, pues después de mucho tiempo, había encontrado a su hija perdida.

"Madisyn debe haber pasado por muchas complicaciones en su vida", comentó Kristine Johns, quien estaba sentada elegantemente a su lado.

Sus rasgos eran llamativos, su maquillaje exquisito y el vestido que llevaba puesto, bastante lujoso. Y aunque proyectaba la imagen de una dama refinada, su expresión revelaba su profunda preocupación.

"Escuché que su antigua familia la trató bastante bien. Puede que no haya enfrentado las dificultades que imaginamos", respondió la reflexiva Lynda.

"Es crucial que le brindemos nuestro calor y apoyo", contestó la muchacha, llena de convicción.

Lynda le acarició afectuosamente la cabeza a su alumna, orgullosa de su buen carácter.

Kristine había sido adoptada por la familia Johns. Su disposición a aceptar a Madisyn resaltaba su espíritu generoso y amable. Quedaba claro que no le preocupaba que el regreso de la chica pusiera en peligro su posición.

En una esquina, Elaine Johns estaba sentada en silencio, con la mirada fija en la puerta. Se veía ansiosa y expectante.

Kristine captó su intensa mirada y se sintió ligeramente inquieta.

Finalmente, la puerta se abrió, revelando primero al chofer, quien se hizo a un lado para dejar entrar a los recién llegados. La joven que entró era hermosa; sus rasgos exquisitos y su temple sereno replicaban de forma sorprendente los de Elaine, a tal grado que era innegable su parentesco. Kristine sintió un vacío inexplicable al verla.

En contraste, Elaine, incapaz de contener sus emociones por más tiempo, se lanzó hacia ella. "¡Mi hija!", exclamó mientras la abrazaba con fuerza y las lágrimas escurrían por sus mejillas.

La chica se quedó momentáneamente atónita por la intensa bienvenida y le dio unas suaves palmaditas a la mujer en la espalda. De repente, una nueva calidez se extendió en su interior. Por fin sabía qué se sentía tener una familia amorosa...

"Cariño, primero deja que Madisyn se siente", dijo Glenn con gentileza.

Mientras se acomodaban en el sofá, la madre se aferró a su hija, esforzándose por contenerse para que no se le quebrara la voz por culpa de las lágrimas: "Perdónanos por habernos tardado tanto en encontrarte. Debes haber sufrido tanto".

"Yo... No te preocupes. Estoy bien".

Las lágrimas de Elaine, cálidas y sinceras, goteaban sobre la mano de Madisyn, quien se sentía un poco desconcertada. Sin embargo, conmovida por la muestra de amor sincero, comentó para tranquilizarla: "No llores, mamá. Ahora estamos juntas".

La palabra "mamá" causó en Elaine una profunda alegría. "Sí, volviste. Y prometo arreglar todo", dijo con voz temblorosa.

Glenn observó el intercambio con una radiante sonrisa. Su entusiasmo era palpable mientras miraba a su retoño. La joven, sintiendo el peso de su mirada, volteó a verlo y musitó: "Ah... Papá".

"Estamos tan felices de que hayas vuelto a nuestro lado, mi Madisyn", soltó el sonriente hombre, con el semblante radiante, por la expresión de alegría pura que lo inundaba. "Déjame presentarte a nuestra familia. Esta es tu tía Lynda".

La susodicha la miró y le ofreció un leve asentimiento con la cabeza, en señal de reconocimiento; la chica le devolvió el gesto con una calidez educada.

Luego, intercambió formalidades con Kristine, quien le dijo con una sonrisa radiante. "No sabes cuánto tiempo llevo esperando para decir esto: ¡por fin tengo una hermana a la que puedo presumir!".

"Esta es Kristine. Perdió a sus padres cuando era muy joven y como tu papá y el suyo eran cercanos, la acogimos. Pero si eso te incomoda...", intervino Elaine, con un tono ligeramente dubitativo.

"Para nada", la interrumpió suavemente Madisyn, pues entendía la implicación.

"También tienes tres hermanos, aunque no están aquí ahora. ¡Nos aseguraremos de que los conozcas más tarde!", continuó la madre, cuyo rostro se había iluminado al notar el asentimiento de aceptación de su hija.

"Madisyn, seguramente pasaste unos años muy duros. Empecemos por intercambiar números", sugirió Glenn, sacando su celular.

"También pásame tu número", soltó Elaine con entusiasmo, siguiendo el ejemplo de su esposo.

La chica accedió y, apenas registró los números de sus padres, aparecieron en su celular dos notificaciones. Cada uno de sus progenitores le había enviado diez millones de dólares por Internet.

"Te mandé un poco de dinero para que lo gastes en lo que quieras. Si no es suficiente, siempre puedes pedirle más a papá", dijo el sonriente Gleen, con un tono lleno de una generosidad casual.

Su esposa no se quedó atrás y añadió: "Ya te compré algo de ropa. ¡Puedes probártela cuando lleguemos a casa!".

Esa avalancha de generosidad era desconocida para Madisyn, quien sintió que una calidez, que desconocía hasta ese momento, la envolvía.

En contraste, Kristine estaba inquieta y sorprendida. Glenn y Elaine acababan de transferir casualmente veinte millones de dólares a esa chica, una suma que eclipsaba su propia mesada mensual, que en honor a la verdad era relativamente modesta.

¿Acaso se mostraban tan generosos con Madisyn por ser su hija biológica, mientras que a ella la trataban diferente por ser adoptada?

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