Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El placer de lo prohibido

El placer de lo prohibido

Criada bajo un rigor religioso absoluto, Alma siempre ha sido la hija perfecta. Su mundo de obediencia se fractura con la llegada de su tío Samuel, un hombre que esconde una faceta perturbadora tras su fachada devota. Durante una misa, el control secreto de Samuel despierta en ella sensaciones desconocidas y oscuras. Atrapada entre la fe y una atracción pecaminosa, Alma inicia un peligroso descenso hacia la tentación que desafía todo su pasado.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Tres días después de esa primera vez, no podía pensar en otra cosa. Había rezado cada noche, había pedido perdón incansablemente, pero mi cuerpo no olvidaba. Durante las clases, en la iglesia, incluso en la mesa con mis padres, mi mente volvía a esa sensación.

Necesitaba más. Mucho más.

El viernes por la tarde, mis padres salieron a visitar a unos amigos, así que me quedé sola en casa.

—Volveremos en tres horas, Alma —me dijo mi madre desde la puerta—. No le abras a nadie.

—Sí, mamá —respondí como la chica disciplinada que siempre había sido.

Sin embargo, apenas escuché el auto alejarse sentí un hormigueo en el estómago. La casa estaba vacía. Tenía tiempo a solas. Era la oportunidad perfecta...

Fui al baño y cerré la puerta con seguro. Mi corazón latía muy rápido, como si estuviera haciendo algo prohibido. Y, bueno, en realidad sí lo estaba haciendo.

Me miré en el espejo. Mi rostro parecía el mismo de siempre: la misma chica obediente de siempre. Pero algo había cambiado dentro de mí.

Abrí la ducha y ajusté la temperatura. Me desnudé lentamente, dejando la ropa doblada sobre el inodoro. Era la primera vez que me veía desnuda con estos nuevos ojos, consciente de mi cuerpo como una fuente de placer.

Me metí bajo el agua y dejé que corriera por mi piel. Cerré los ojos. El agua caliente bajaba por mi pecho, por mi estómago, entre mis piernas, y se sentía muy bien.

Recordé entonces algo que había escuchado una vez en los vestidores del instituto, algo que una chica mayor que yo le había dicho a otra en voz baja: «La ducha puede ser tu mejor amiga».

Con curiosidad, ajusté la presión del agua y me coloqué de manera que el chorro cayera directamente sobre mi coñito. La sensación fue inmediata y me hizo gemir.

—Dios... —susurré, apoyándome en la pared.

El placer era diferente al que había sentido con mis dedos. Más difuso, pero constante. Moví mis caderas, buscando el ángulo perfecto. Cuando lo encontré, mis rodillas casi cedieron.

Pero quería más. Necesitaba más.

Mi mirada se posó en mi cepillo de dientes sobre el lavabo. Era uno sencillo, con un mango de plástico redondeado. Lo tomé con las manos temblorosas.

—¿Realmente voy a hacer esto? —me pregunté en voz alta, sin saber muy bien de qué lado oculto de mi mente estaba sacando esas ideas.

La respuesta era sí. Sí que iba a hacerlo.

Lo llevé conmigo bajo la ducha y lo mojé bien. Con una mano me separé los labios vaginales y con la otra acerqué el mango del cepillo. El contacto frío me hizo estremecer.

Nunca había introducido nada en mi cuerpo. Ni siquiera mis propios dedos. La idea me asustaba y me excitaba a partes iguales.

Presioné suavemente, sintiendo una leve resistencia. Respiré hondo y empujé un poco más. El mango entró apenas un centímetro, pero fue suficiente para hacerme soltar un gemido.

—¡Ah! —me tapé la boca, aunque sabía que estaba sola en la casa.

Era una sensación extraña, como si estuviera invadiendo mi propio cuerpo. No dolía, pero tampoco era completamente placentero. Era algo... nuevo para mí.

Moví el cepillo lentamente, entrando y saliendo apenas un par de centímetros. Con cada movimiento, mi cuerpo se acostumbraba más. El placer comenzó a crecer.

En mi mente apareció de pronto una imagen: alguien diciéndome qué hacer. No era nadie concreto, solo una presencia, una voz.

«Más profundo», imaginé que me ordenaba. Y obedecí, introduciendo el mango un poco más.

—Oh, Dios... —gemí, sintiendo cómo tocaba un punto dentro de mí que me hizo ver estrellas.

«Sigue —me ordenó la voz en mi fantasía—. No pares».

El agua seguía cayendo sobre mi cuerpo mientras movía el cepillo con más confianza. La voz en mi mente se volvió más clara y también más autoritaria. Decidí que era una voz de hombre. De un hombre que sabía exactamente lo que quería de mí. Y yo solo quería complacerlo.

«Más rápido», ordenó mi fantasía, y aceleré el ritmo.

El placer crecía y crecía. Mi otra mano encontró el punto sensible entre mis pliegues, mi clítoris, y comenzó a frotarlo al ritmo de las embestidas del cepillo.

—Por favor... —supliqué, aunque no sabía a quién.

«Aún no —me dijo la voz imaginaria—. Todavía no puedes terminar».

Hice que mis movimientos fueran más lentos, obedeciendo a mi propia fantasía. El control que ejercía sobre mí, incluso siendo imaginario, me excitaba aún más.

—Por favor —repetí, esta vez más fuerte—. Lo necesito... Lo necesito mucho...

«Ahora —me ordenó la voz—. Ahora puedes».

Y, como si mi cuerpo esperara ese permiso, el orgasmo me atravesó con una fuerza que me hizo caer de rodillas en la ducha. El cepillo cayó al suelo mientras mi cuerpo se convulsionaba de placer.

Me quedé bajo el agua un rato, jadeando. Las piernas me temblaban tanto que no podía levantarme. Finalmente, el agua comenzó a enfriarse y me obligué a ponerme de pie.

Me sequé y me vestí en silencio, pensando en lo que acababa de hacer. Peor aún, en lo que acababa de imaginar.

Recogí el cepillo y lo lavé muy bien. Lo miré un largo rato antes de devolverlo a su sitio, nunca volvería a verlo de la misma manera.

Me senté en el borde de la bañera, aún débil por la intensidad de lo que había sentido. Esta vez no vino la culpa inmediata como la primera vez. Estaba más bien confundida por la fantasía que había creado.

¿Por qué había imaginado a alguien dándome órdenes? ¿Por qué la idea de obedecer me excitaba tanto?

Salí del baño y me fui a mi habitación. Me acosté en la cama, mirando al techo. Mi cuerpo se sentía diferente, como si hubiera descubierto una nueva parte de mí misma.

Y sabía que no iba a parar, que esto era solo el principio.

Lo que no sabía era que esa voz imaginaria pronto encontraría un rostro real. Y que ese rostro cambiaría mi vida para siempre...

También te puede gustar

Portada de la novela La chica gordita que el CEO invalidó no quería amar
9.0
Aurora, acorralada por una deuda millonaria tras una traición, se ve obligada a aceptar un matrimonio de conveniencia. Su esposo es Damián, un CEO que vive aislado en su viñedo tras un accidente que lo dejó en silla de ruedas. Aunque el contrato estipula solo un año de unión, la vitalidad de ella choca con la amargura de un hombre que juró no volver a amar. En medio de una convivencia forzada y secretos, ambos descubrirán si este pacto será su ruina o su salvación.
Portada de la novela La especialista
8.2
Después de que su prometido la dejara plantada, Adeline Howland renace como 'La especialista'. Ahora, oculta sus emociones y usa su atractivo para triunfar en la alta sociedad mediante acuerdos fríos y rentables. Su fachada de acompañante ideal se tambalea cuando Cameron Black, un influyente magnate, le propone un trato de dos millones de dólares. Al aceptar, Adeline se adentra en una espiral de riesgos y pasiones que escaparán por completo a su control.
Portada de la novela La jaula de su mentira perfecta
9.0
Alejandro Garza me dejó bajo la lluvia para proteger su romance secreto, convirtiendo nuestra boda en un engaño. Traicionada por mi familia y despojada de mi arte por su amante, acabé cautiva en un sótano como un escudo humano. Para vengarme, provoqué un incendio en el penthouse buscando destruir al hombre que me humilló. Ahora, mientras huyo, él me rastrea por el mundo intentando demostrar que su amor es real pese a su oscuro pasado de mentiras.
Portada de la novela La Promesa Rota, El Amor Rescatado
9.5
Guiado por una profecía, Mateo Vargas vuelve a la vida de su exnovia. El antes cálido hombre es ahora un cirujano gélido cuyo rechazo a salvar al padre de ella provoca un desenlace fatal. Tras un accidente que le borra la memoria, ella despierta en un matrimonio ficticio con Mateo. Al recordar la verdad y su embarazo, descubre el trauma tras la crueldad de su esposo. Ante este secreto, deberá decidir si perdonar o sucumbir al rencor pasado.
Portada de la novela La sed de Dominar El Destino
8.9
Renuncié a mi éxito como bailarina por una boda de conveniencia con un magnate, pero el lujo solo ocultaba una soledad profunda. Tras hallar secretos turbios en su mansión, busqué refugio en un club selecto y en los brazos de Mateo. Todo resultó ser un engaño: mi esposo filmaba mis citas para venderlas a una élite perversa. Traicionada y tratada como un objeto, el dolor se transforma en una sed de venganza para recobrar mi libertad y mi destino.
Portada de la novela La Venganza de Sofía Romero
9.0
Sofía Romero recibe una segunda oportunidad tras ser asesinada en el desierto por Elena, su codiciosa tutora. Al despertar diez años atrás, justo el día en que su enemiga llegó para robarle su legado, Sofía decide cambiar el destino. Con el respaldo de su abuela Isabel, la joven deja atrás la ingenuidad para transformarse en una mujer implacable. Movida por el rencor, ejecutará una fría estrategia para proteger su herencia y destruir a quien la traicionó.