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Portada de la novela ¿¡El Padre de Mi Hijo es el Hombre Más Poderoso del Mundo?!

¿¡El Padre de Mi Hijo es el Hombre Más Poderoso del Mundo?!

El día de su boda, Kayla descubre la infidelidad de su prometido y, por azares del destino, acaba pasando la noche con un desconocido. Este encuentro fortuito la deja embarazada del hombre más rico y poderoso, quien es además el tío de su antiguo novio. Pese a sus intentos de huida, el influyente magnate la reclama legalmente como su mujer. Mientras su ex suplica otra oportunidad, ella deja claro que ahora está bajo la protección del único hombre al que todos temen.
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Capítulo 3

Jeremy se alzaba sobre todos los demás, pues por su altura era imposible ignorarlo. Había algo en él, una intensidad silenciosa, pulida y poderosa, que captaba la atención de todos sin esfuerzo.

Iba ataviado en un elegante traje negro que irradiaba un lujo discreto, impecable en cada detalle. Por otro lado, aunque su rostro era perfecto e impactantemente apuesto, también lucía distante.

Kayla contuvo el aliento; verlo allí la paralizó por completo.

Este hombre era demasiado impresionante y sereno.

Cuando la mirada de Jeremy se posó brevemente sobre ella, su corazón dio un vuelco y bajó los ojos instintivamente.

Afortunadamente, él dejó de prestarle atención y se alejó con su grupo de acompañantes, avanzando sin prisa.

Liam finalmente logró estacionar su auto, aunque tuvo que dejarlo cerca de un contenedor de basura maloliente.

"¿Entramos juntos?", le preguntó a su esposa a la vez que extendía una mano hacia ella.

Kayla retrocedió y espetó con un tono frío: "Puedo caminar sola".

Él dudó, pero se contuvo; no valía la pena montar una escena allí mismo. "Está bien", murmuró en respuesta.

El banquete familiar se desarrolló sin que Jeremy hiciera acto de presencia.

Los hombros de Kayla se relajaron un poco. Si él hubiera estado allí, todo habría sido desastroso y no habría dejado de sentirse ansiosa.

Se excusó para ir al baño, pero en realidad no fue allí. Se escabulló al jardín, deseando tener algo de aire y espacio.

El salón principal bullía con charlas y música; no obstante, allí afuera, el silencio la envolvía por todos lados.

Cada rincón de la mansión emanaba poder: una riqueza esculpida en senderos de mármol y fuentes que susurraban al pasar. Ahora entendía por qué Liam estaba tan desesperado por ganarse el reconocimiento de esta familia. ¿Quién no lo haría?

Kayla caminó sin un rumbo fijo, por lo que pronto se dio cuenta de que ya no sabía dónde estaba.

Finalmente llegó a un estanque, donde de repente escuchó un alboroto.

Allí había un hombre inmovilizado por dos guardaespaldas, que le metían la cabeza en el agua. Preso del pánico, no dejaba de gritar, jurando que no sabía nada con una voz temblorosa.

Al menos una docena de guardaespaldas los rodeaban, ataviados con trajes negros que los hacían ver como sombras.

La chica se ocultó detrás de un arbusto y se tapó la boca con la mano, con el corazón latiendo salvajemente, como si quisiera salir disparado de su pecho.

Sacaron al hombre cuando estaba a segundos de ahogarse, arrojándolo al suelo como si no fuera más que basura.

"¡Señor Graham, le juro que no sé quién entró en la habitación esa noche! ¡No vi nada!".

Uno de los guardaespaldas le propinó un puñetazo en la cara. "¿Por qué sigues fingiendo que no lo sabes?", gruñó a modo de reprimenda.

"¡Juro que no lo sé! ¡Me quedé dormido! ¡No vi nada, lo juro!".

Entonces, se escuchó un fuerte crujido y el grito del hombre resonó en la piedra. Acababan de romperle uno de sus dedos con suma facilidad.

Todo el cuerpo de Kayla se puso rígido al presenciar la escena. Escalofríos bajaron por su espalda y el sudor se pegó a su piel.

Obviamente fue Jeremy el hombre con el que se acostó esa noche, y ahora estaba buscando respuestas.

Esto significaba que no sabía que había sido ella con quien había intimado en esa ocasión.

Una ola de miedo atravesó a la chica, enredada con un delgado hilo de alivio. Sabía que tenía que huir de inmediato.

Desgraciadamente, justo cuando se dio la vuelta para escabullirse, dos guardaespaldas se interpusieron en su camino.

"¡Hay alguien aquí!", anunció uno de ellos bruscamente.

Kayla se congeló y forzó una sonrisa. "Solo estaba pasando por aquí, pero juro que no vi nada".

Edwin Bailey, el asistente de Jeremy, le dirigió una mirada rápida y escudriñadora antes de girar la cabeza y decir: "Señor Graham, es la esposa de Liam".

Lo que llegó después fue un silencio abrumador. Entonces, una voz profunda y suave respondió: "Tráiganla aquí".

Antes de que ella pudiera reaccionar, la sujetaron y la obligaron a caminar, empujándola tan bruscamente que tropezó.

La garganta de la joven se tensó mientras se ponía de pie, con la cabeza inclinada y tan asustada que ni siquiera se atrevió a mirarlo a los ojos.

Jeremy estaba recostado en una tumbona. Una camiseta negra de cuello en V se ajustaba a su figura, y sus pantalones sueltos y hechos a la medida colgaban de manera impecable. Solo una parte de su rostro estaba iluminada, pero lo que era visible parecía una verdadera obra maestra.

Entonces, sus ojos se fijaron en Kayla. Se veía demasiado pequeña, incluso frágil. Sus largas pestañas temblaban y su miedo se hacía evidente en cada movimiento.

Algo en su vulnerabilidad pareció despertar un sentimiento tenue en él.

"Levanta la cara y mírame a los ojos", le ordenó con una voz baja pero firme.

La otra apretó su vestido con todas sus fuerzas. Mordiéndose el labio, alzó lentamente la mirada para finalmente encontrarse con los ojos de Jeremy.

La expresión del hombre no revelaba nada. "¿Qué haces aquí?".

"Me perdí", susurró ella. "En ningún momento tuve la intención de interrumpirlos".

"¿Te perdiste?", espetó él con un tono gélido. "¿O Liam te envió para que husmearas?".

"¡No! ¡Para nada! ¡Lo juro!". La chica alzó una mano, como si hiciera un juramento; sin embargo, la mirada de su interlocutor permaneció fría e imperturbable.

Afortunadamente, él no insistió en el tema. Con un movimiento de su mano, indicó a los guardias que la soltaran.

El alivio la inundó, pero solo logró dar unos cuantos pasos tambaleantes antes de que su estómago se retorciera violentamente. Las náuseas surgieron de la nada.

Al ver un contenedor cerca de la tumbona, Kayla corrió hacia esa dirección. Pero de repente perdió el equilibrio y resbaló, cayendo con fuerza sobre Jeremy, colapsando en sus brazos mientras su estómago se retorcía.

¡Increíble!

Los guardaespaldas se sobresaltaron y se apresuraron, listos para apartarla de inmediato.

El rostro de Jeremy se oscureció, pero les hizo un gesto con la mano para detenerlos.

Kayla dio varias arcadas más contra su pecho antes de que la oleada de náuseas se detuviera. Afortunadamente, no salió nada, ya que solo fueron arcadas secas.

La mandíbula del hombre se tensó antes de apartarla bruscamente.

"¿Liam te envió para seducirme?", la cuestionó con una voz aguda, cargada de una frialdad y furia apenas contenida.

La joven cayó al suelo, totalmente desorientada, mientras lo miraba con unos ojos parpadeantes. "Perdón, pero no me siento bien. No te enojarás conmigo por eso, ¿verdad? Después de todo, somos familia".

Jeremy frunció el ceño; esta mujer era astuta, y lo demostró al sacar ventaja de la situación.

Cuando la luz cambió, él pudo apreciar mejor su rostro. Ella lucía pálida y asustada.

"Ya me tengo que ir", murmuró Kayla mientras se levantaba. "Adiós, Jeremy".

Pero no pudo avanzar mucho, ya que la mano del hombre se cerró con fuerza alrededor de su muñeca. Y sus ojos nuevamente se fijaron en los de ella. Eran penetrantes y no parpadearon ni una sola vez, como si pudiera ver más allá de su apariencia temblorosa.

El pecho de Kayla se tensó. ¿Él ya lo sabía? ¿Pudo ver su rostro esa noche?

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