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Portada de la novela El latido de tu corazón

El latido de tu corazón

Nicole se encuentra encadenada a una unión sin amor hasta que un siniestro accidente en su viaje de novios lo altera todo. Al borde del abismo, surge un protector inesperado que se interpone entre ella y quienes desean verla destruida. Durante su recuperación, nace un vínculo inquebrantable capaz de sanar sus cicatrices. Se trata de un relato cargado de intriga y peligro donde la pasión emerge como la única fuerza capaz de vencer a la adversidad.
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Capítulo 3

Patrick Lombardo dormía profundamente cuando su móvil comenzó a sonar con insistencia, eran cerca de las tres y media de la madrugada y se sobresaltó con ruido que hacía el bendito aparato. Estiró el brazo para tomar el teléfono y contestar.

— ¿Aló? — Dijo todavía con el vivo sueño.

— ¿Hablo con el doctor Patrick Lombardo?

—Sí, con él habla, dígame.

—Disculpe que lo despierte doctor, le llamo desde el hospital, acaba de llegar una paciente con traumatismo cráneo encefálico y el médico de turno en urgencias pidió que le llamara.

—Descríbame el cuadro clínico señorita.

— Paciente de unos 25 años, probablemente víctima de un accidente en la costa, el paramédico dijo que pudo caer de uno de los yates, tiene múltiples traumatismos y por supuesto el del cráneo, presenta pérdida de memoria, esa es la verdadera emergencia… parece…

—Oh, sí, deme 20 minutos y estoy allá —Colgando la llamada.

Se levantó con cuidado retirando el brazo de su novia que dormía a su lado, caminó hasta el baño y se dio una ducha de cinco minutos para sacarse el sueño y regresó para vestirse con el uniforme del hospital y suéter de algodón con mangas bajo la camisa para protegerse del frío, entraría a quirófano en un rato y de verdad detestaba el intenso frío del aire integral del lugar.

— Patrick no pensarás irte y dejarme sola —Dijo la joven a medio despertar —No es justo que siempre me estés dejando sola por ir a atender a gente que ni siquiera conoces —Protestó.

—Soy médico amor, no puedes pedirme que no salga a atender una emergencia, la vida de alguien está en riesgo, y yo me he pasado la vida estudiando para esto, yo decidí hacer esto toda mi vida, así que vete acostumbrando, porque cuando seas la señora Lombardo tendrás que estar consciente de ello.

—No seas malo conmigo mi cuchi… en serio, vas a tener que hacer algo con ese trabajo tuyo, ¿No puedes trabajar únicamente en el día y ya?

—No amor, no puedo, ya te lo he explicado un millón de veces, debo irme ya —Besando su frente —Nos vemos cuando regrese.

— ¿Y eso será como a las…?

—No sé, creo que voy a pasar de largo, tengo consultas en la mañana temprano, y esto que voy a atender ahora me llevará varias horas… —Suspirando.

— ¿Ves a lo que me refiero?, odio ese hospital, no me permite tenerte conmigo, te acaparan todo el tiempo.

—Paciencia —Dándole un tierno beso en los labios.

La chica lo tomó por la ropa y lo lanzó a la cama a traición jugándose con él.

—Si no fueras tan sexi y tan buen amante, ya te habría dejado por alguien que me diera el tiempo que necesito —Bromeó, o eso creyó él ella bromeaba.

—Sabes que te quiero —Llenándola de besos —Pero ya debo irme…

Tomó las llaves del auto y el móvil y salió disparado hacia el ascensor del edificio, al llegar abajo encendió el motor y puso en marcha el deportivo recién comprado que todavía mantenía el olor al cuero de los asientos, amaba el olor a cuero nuevo, respiró profundo y pisó el acelerador rumbo al hospital, llegó en lo que calculó, veinte minutos y corrió hacia la sala de urgencias.

—Doctor Lombardo, buenos días, por favor venga por aquí la paciente ha tenido complicaciones desde que lo llamé hace rato.

— ¿Complicaciones? ¿Cómo cuáles?

La enfermera lo dirigió hasta el ambiente en donde el médico de guardia y otra enfermera luchaban con los temblores del cuerpo de la paciente.

Lombardo entró rápidamente al ver desde fuera lo que sucedía.

— ¿Desde cuándo está presentando este cuadro de epilepsia?

—Desde hace solo unos minutos doctor, hemos tenido que ponerle varias paletas en la boca para evitar que se partiera los dientes, pero ya ve usted, las ha partido con la fuerza —Contestó el otro galeno.

— ¿Le hicieron una resonancia magnética?

—Todavía no doctor.

— ¿Algún otro estudio?

—No hemos tenido tiempo.

—Ok, se los haremos en el camino, prepárenla para cirugía y usted —Dijo señalando a una de las enfermeras —Tráigame un equipo portátil y usted —Señalando a la otra —Tome muestras de sangre y llévelas al laboratorio.

Patrick Lombardo puso a todo el mundo a correr, ese era su estilo, o la gente se movía con él o se movía, así de simple, además, era una emergencia real.

Le preocupaba que hubiera un coágulo de sangre obstruyendo alguna sección importante del cerebro, la paciente era una mujer joven, había que hacer lo posible por minimizar los riesgos de que sufriera un daño mayor, de hecho, ya existían riesgos si habían comprobado los problemas de pérdida de memoria, pero haría lo posible en cirugía por ayudarla, hasta donde pudiera.

Llamó a dos enfermeros más y movilizó a la paciente luego de que la prepararan para llevarla al quirófano, se puso un traje desechable para entrar el pabellón se lavó se puso los guantes y adentro ya lo esperaba el equipo completo de profesionales que lo asistirían en la operación.

—Señoras y señores, muy atentos todos, la situación puede ser delicada —Anunció antes de ponerse manos a la obra.

La cirugía duró largo rato, tal como imaginó un coágulo, estaba haciendo presión en cierta área del cerebro, todo salió bien, la paciente se recuperaría con éxito, de eso estaba casi seguro, pero aún había otras cosas que tratar, salió de pabellón para dejar que el traumatólogo hiciera lo suyo con un par de huesos quebrados y la cadera dislocada, era mucho para la pobre chica, pero necesario.

Luego de haber salido y mientras se cambiaba llegó a su mente el rostro de la joven, era linda, realmente hermosa, era una lástima que una mujer así tuviera que pasar por un trance tan amargo, solo esperaba que se recuperara pronto y que todo estuviera mejor para ella.

Y ahí se quedó Nicole, en la mesa de operaciones, mientras los médicos seguían trabajando en su maltratado cuerpo, salió de cirugía un par de horas después, directo a observación y luego a recuperación, cuando despertó, estaba sola y adolorida, levantó la cabeza un poco, pero se sintió mareada y con unas náuseas terribles, era como si hubieran metido su cabeza dentro de un tambor y alguien lo golpeara con fuerza, era insoportable, llamó a la enfermera y le rogó que le diera algo para el dolor.

—Por favor, deme algo, cualquier cosa, no lo soporto…

—Señorita, ya se le administró el tratamiento que el médico indicó, no puedo ponérmele nada más, es peligroso.

—Búsquelo entonces, llámelo y dígale que no lo soporto, que venga y le diga que me puede administrar, se lo ruego…

La enfermera se retiró y volvió al cabo de una media hora con el doctor Lombardo a sus espaldas.

—Doctor, esta es la paciente que usted operó esta mañana, dice que necesita que se le ponga algo más fuerte para el dolor, le expliqué que no puedo hacerlo sin su consentimiento, pero ella insiste en hablar con usted.

—Buenas tardes, señorita…

—No recuerdo mi nombre…

—Ok, llamémosla María, ¿Le parece?

La joven asintió con la cabeza.

—Bueno, María, verá, ya se le ha dado una dosis muy alta de medicamentos, debe ser fuerte, usted tiene cara de ser valiente.

—No lo soy en realidad, no aguanto ese dolor, le ruego que haga algo para que se vaya.

Lombardo anotó algo en un trozo de papel sacado de su libretita de bolsillo y se lo dio a la enfermera.

—Por favor prepáreme esto, voy a ponérselo en el suero.

—Como usted diga doctor.

El galeno puso el medicamento en la bolsita del suero y se acercó para informarle a la paciente lo que acababa de hacer.

—Ya está, con esto seguramente dormirá hasta mañana, temprano vendré a verla para saber cómo va su evolución. Nicole sacó su blanca mano de debajo de la colcha y lo tomó por el brazo antes de que el hombre se fuera.

—Le ruego que no me deje, por favor, me siento sola, no sé quién soy, no tengo a nadie conmigo, quédese… al menos hasta que esto haga efecto y me duerma. A Patrick Lombardo le causó pena ver a la joven tan sola y en semejante estado, por lo que asintió con la mirada y se sentó justo a su lado, acarició su cabello con cuidado, era sedoso y suave, y tomó su mano hasta que se quedó dormida.

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