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Portada de la novela El Joven Guardaespaldas

El Joven Guardaespaldas

Harta de las limitaciones impuestas por su padre, May se ve forzada a aceptar la vigilancia constante de un guardaespaldas. Lo que comenzó como un método para controlar su carácter rebelde y arrebatarle su libertad, pronto se transforma en una dinámica imprevista. Al convivir bajo el mismo techo, la hostilidad inicial hacia su custodio se desvanece, dando paso a una atracción prohibida. Ahora, su desafío se convierte en un juego de seducción de alto riesgo.
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Capítulo 1

- ¡No quiero! (Exclamo en tono de capricho).

- No se trata de lo que vos querés, se trata de lo que necesitás.

May: ¿No te parece que soy demasiado grande ya para que decidas por mí?

- No (contesta con total tranquilidad, sin siquiera mirarme).

Esos son los típicos momentos en los que menos tolero a mi padre, cuando trata de controlarme, ignorando que ya no soy esa nenita que antes tanto mimaba. Ya crecí, tengo dieciocho años y hace varios meses que soy universitaria. El grave problema es que él no lo entiende, ni lo acepta o.…quizás sí, pero a su modo.

Desde que era chica, tratar de ejercer cualquier clase de dominio sobre mi o hacer algo que fuera contra mi voluntad era el primer paso para ganarse mi desprecio y más aún a esta edad. Odio y siempre odié que me digan que hacer. Seré egoísta como dice mamá a veces, pero prefiero aceptar eso y ser independiente en mi vida, no que mis acciones dependan siempre de otras personas.

May: ¿Mi opinión en esta casa nunca cuenta no? (Me mira). ¿Ni siquiera cuando eso cambia algo en mi propia vida?

Suspira y, por primera vez desvía sus ojos de esa pantalla. Se quita los anteojos y los deja colgando del cuello de su camisa azul.

Tomás: Sos cabeza dura eh.

Dice y lo primero que se me pasa por la cabeza es que cambió de opinión. Cierra su notebook y se pone de pie, dejando vacío ese sillón inglés de color negro que siempre suele ocupar cuando está en casa. Visualizo a mamá bajar por las escaleras. Se acerca a nosotros cuando el está por retirarse.

Cathy: ¿A dónde vas? (Pregunta con ese tono alegre que tanto la caracteriza).

Tomás: A trabajar a otro lado, los ataques de tu hija no me dejan concentrarme (dice yéndose).

Luego de dar un par de pasos se voltea.

Tomás: Acordate que el chico nuevo te lleva a la facultad mañana.

Mamá suspira, mientras lo ve desaparecer por ese enorme pasillo que termina en la cocina por un lado y en su oficina por otro. Me dejo caer en el amplio diván, colocado en el centro del salón, delante del hogar a leña, el cual está oscuro, ya que estamos en verano. Ella toma asiento en el sillón de mi padre.

Cathy: ¿Otra vez pelearon?

May: Sabés perfectamente quien empieza las peleas mamá.

Cathy: Y.…tu papá dice lo mismo de vos.

May: Mi papá dice cosas que ni él entiende.

Cathy: No digas eso. El problema no es el, sos vos (la miro). Miralo a tu hermano sino, se llevan de diez.

May (suelto una pequeña risa): Porque a Oliver le gusta que lo controlen como a un maniquí y a mi no. En eso somos diferentes...por suerte.

Dicho eso me pongo de pie y abandono el salón, subiendo a mi cuarto. Cierro la puerta detrás de mí, enciendo el Home Theatre y subo el volumen de la música a más no poder. Minutos más tarde, alguien toca la puerta. Lo ignoro. Vuelve a tocar. Bufo y la abro, maldiciendo por dentro.

May: ¿Qué querés? (Cuestiono con enojo al verlo).

- Que bajes el volumen, necesito estudiar y me explotás el cerebro con eso.

May: Uy que pena hermanito (sonrío malévolamente). Chau.

Trato de cerrar la puerta, pero apoya su mano del otro lado de ella y me lo impide.

Oliver: Hablo en serio tarada.

May (suspiro): Está bien, ahora lo bajo. Andate.

Entra, ignorándome y se sienta en la silla de mi escritorio.

Oliver: Te volviste a pelear con el, ¿no?

May: ¿Por? ¿Lo querés consolar nenito de papá?

Oliver: ¿Nunca vas a entender que todo lo que hace lo hace por vos? Es por tu bien, dejá de atacarlo por cualquier cosa.

May: Claro, contrata a un guardaespaldas para que me siga hasta a la facultad y me deje como una idiota adelante de mis amigos y es por mi bien, claro.

Oliver: Es increíble que lo único que te importa es lo que piensen de vos.

May: Andate de mi cuarto y no jodas, ¿sí?

Oliver (suspira): Ni chance de que vos madures.

May: ¡CHAU! (Grito, tirándole una de las pequeñas almohadas que se encuentran desparramadas sobre mi cama).

Finalmente se va y vuelvo a cerrar la puerta con llave. Media hora después, escucho la voz de Luisa, la única persona de la casa que me entiende o, al menos me escucha. Abro la puerta y avisa que está llamándonos a todos a cenar. Le pido que no cuente que me vió, porque no tengo hambre, aunque, honestamente sé que la verdadera razón es que no quiero ni ver la cara de mi padre. Ella promete no decir nada...de todos modos, podría haber estado dormida y ni haber oído su voz.

Le doy una breve leída a mis últimos apuntes de la facultad y, luego de una rápida ducha, me acuesto, lo que es muy raro en mí, debido a que nunca suelo dormir tan temprano.

Abro los ojos y descubro que es de día cuando suena la primera estrofa de "Summer" en mi oído. Esa canción que antes amaba y que luego odié, cuando se convirtió en mi tono de alarma de todas las mañanas. Bufo y me levanto de la forma más lenta y negligente posible. Debido a lo cálido que está el día, bajo usando un short rojo y una musculosa blanca estampada. En la cocina me encuentro con mi mamá, que desayuna mientras intercambia unas palabras con Luisa. Me uno a ellas y, luego de haber comido, salgo de casa. Apenas cierro la puerta, visualizo el Mercedes S600 negro, en el que siempre suelen llevarme a la facultad. Camino hacia el auto con la cabeza agachada, concentrada en mi celular. Cuando me acerco, escucho como alguien abre la puerta y ocupo el lado derecho del asiento trasero, sin siquiera levantar la vista. Segundos después, aun sigo en mi lugar con el teléfono en mis manos cuando una extraña voz me hace reaccionar.

- ¿Se abrocha el cinturón por favor?

May: ¿Qué? (Pregunto, ignorando su presencia).

- Que se abroche el cinturón. Sino no puedo arrancar.

De todos los hombres que alguna vez trabajaron o trabajan para mi padre, nunca nadie me dirigió palabra alguna si no fui yo la que preguntó algo. Me sorprende la actitud de este nuevo guardaespaldas. Levanto la vista con enojo, planeando "callarlo", hacer que encienda el motor sin decir más idioteces y entonces lo veo por primera vez, mirándome con una pequeña sonrisa formada en sus labios, gesto que nunca noté de otros como él.

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