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Portada de la novela El Jardín de la Inocencia

El Jardín de la Inocencia

Durante siglos, el feroz guardián del umbral entre dioses y humanos ha vivido en un aislamiento total. Pero ahora, la carga de una soledad eterna pone en riesgo su misión sagrada en el Jardín de la Inocencia. Todo cambia cuando una joven aparece por error en sus dominios, despertando sentimientos que él jamás había experimentado. El protector deberá entender su propio corazón y averiguar si este nuevo afecto podrá ser correspondido alguna vez.
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Capítulo 3

Ya habían pasado 3 días desde el incidente. La búsqueda de Verónica continuaba, pero todo era en vano. Uno de los hombres por descuido tropezó y su pie entró en los límites del jardín de la inocencia, antes de que pudiera tomar conciencia de lo ocurrido, su pie fue amputado de manera limpia y recta, fuera de esto, no había nada más que contar.

El padre de Verónica se unió a la búsqueda y sólo por él y Roberto, la comunidad seguía ayudando en un rescate que ya todos sabían que, no tenía sentido.

Desde el jardín de la inocencia dos pares de ojos observaban cómo seguían la búsqueda.

— ¿No crees que sería magnánimo de tu parte entregar a la mujer a los que la están buscando? — pregunta Jadurus al Guardián.

— Aún no

— ¿Y cuándo esperas a hacerlo?

— A su tiempo. Aún no despierta.

— ¿Acaso espera que vea tu linda cara?

El Guardián se aleja del lugar y se dirige a la cabaña a una velocidad que no era humana, recorriendo 50 kilómetros en 1 segundo.

Dentro de la habitación de una pequeña cabaña, ubicado en los terrenos más profundos del jardín de la inocencia, la joven que era buscada por todos, se encuentra recostada en múltiples sábanas de exquisitas seda y satén que estaban dispuestas en el suelo, con los ojos abiertos mirando sus manos como si la viera por primera vez. Su atención es captada por un apuesto hombre que ingresa a la habitación con una espada en su mano y que la deposita en el umbral de la puerta. Él era alto, con largo cabello negro qué caía como una cascada sedosa sobre su amplia espalda. Su cuerpo era esbelto y musculado, muy simétrico, casi llegando a la perfección, su hermoso rostro lo decoraban sus ojos grises que demostraban que habían visto más que cualquier otro mortal, pero a su vez, tenían la delicada luz de la inocencia de un niño pequeño. En definitiva, aquel hombre era un ser divino, puesto que era un semidiós.

Se acerca a la mujer que lo miraba y que por fin había despertado.

— Te he traído hasta aquí para cuidar de tus heridas hasta que estés bien. Mi nombre es Aeolus — la mujer lo miraba sin entender, así que continúa — estás en los terrenos del jardín de la inocencia, qué es como tu gente le dice a mis tierras. Soy el Guardián y protector del jardín ¿Cuál es tu nombre?

La mujer lo seguía mirando sin entender, pero finalmente sonríe. Aquel hombre no sabía si realmente ella le comprendía, o no le hablaba porque no podía hacerlo.

— ¿Puedes hablar? no temas, no te lastimaré.

La joven sonríe y extiende los brazos esperando ser cargada como si fuese un niño pequeño en espera de ser levantado por su padre. Aeolus se acerca y se sienta al lado de ella, la toma suavemente desde los hombros para poder colocarla en posición sentada. Jadurus ingresa por él umbral de la puerta al ver la escena.

— Creo que no habla, el golpe del acantilado la tiene que haber dejado estúpida.

— Creo que aún está aturdida por el golpe — lo decía mientras acomodaba el cabello de la mujer y vuelve a hablarle — ¿puedes entender lo que digo? — la mujer seguía mirándole sonriente, pero ahora prestaba más atención a aquel conejo que estaba al lado del hombre.

Era un conejo color café claro, como cualquier otro, con la excepción de que este tenía unos pequeños cuernos en la cabeza de color rojo brillante al igual que sus ojos, del mismo tamaño que sus orejas peludas, y sus patas traseras eran muchos más grandes y fuertes que las de un conejo normal.

—¿Qué miras niña? no te culpo por maravillarte al ver tan digno espécimen como yo. Soy Jadurus y tú debes de tener un nombre.

— La llamaré por ahora Clara, hasta que recuerde su nombre – decía Aeolus mirándola tranquilamente.

— No deberías ponerle un nombre, es como tener una mascota, deberías entregarla a los suyos

— Te agradezco la opinión que nadie te ha pedido, y te agradecería más que salgas de aquí

— No quería perturbarlo con mis palabras mi señor — sonríe Jadurus de manera maliciosa, da una reverencia y sale de lugar

— No te preocupes por ese amargado — se lo decía nuevamente a la joven que lo miraba de forma inocente — siempre ha sido un viejo gruñón. Cuando te encuentres mejor te llevaré afuera, ahora descansa — le acaricia el cabello y la recuesta delicadamente cubriéndola con las sábanas. Ella lo ve salir de la habitación y antes de dormir le regala una última sonrisa.

Afuera de la cabaña está Jadurus esperándolo. Aeolus se acerca al viejo conejo.

— ¿Aún sigues aquí?

— Ahora entiendo porque tu instinto de protección del jardín no se activó con esa mujer

— ¿Y cuál sería tu argumento? — Aeolus lo mira interrogante

— Al tocar el suelo después de la caída, sentiste su aura de pecado, pero el golpe reinicio su mente y con esto su aura — se lo decía pensativo y de manera sabia.

— Continúa, por favor — Aeolus escuchaba sorprendido

— ¿Ahora si quieres saber lo que pienso?

— He dicho que continúes - responde molesto el Guardián.

— Ella reinicio su vida y es como un recién nacido, su memoria y su pasado han sido borrados, por eso ya no sabe hablar, dudo que sepa caminar o hacer cualquier cosa, es el motivo del porque no está sorprendida al verme o al verte a ti.

— Eso es bueno, está libre del humano corrompido

— Eso es pésimo — decía Jadurus con su sabiduría característica — Sí recuerda quién es y cuál es su pasado, ¿tu instinto de protección seguirá intacto y darás fin a su vida? o ¿la dejarás vivir para que te haga compañía?

— Nada asegura que su aura de pecado regresé a ella

— Así como se fue, así también puede regresar.

— Sólo el tiempo lo dirá — Aeolus le da la espalda para marcharse, pero Jadurus insiste

— Deja a la mujer, no cometas otra vez el error que por poco te transforma en un humano totalmente

— No necesito de tu preocupación, si me hablas así, significa que nunca me has conocido

— Te conozco más de lo que tú crees — Aeolus no lo siguió escuchando y se marcha dejándolo solo, pero Jadurus lo miraba preocupado mientras se alejaba — Es un error y lo sabes mi querido amigo.

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